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El Forum del Feeling: entre la felicidad de Ela O’Farrill y el adiós. Parte 3 (final)

«La dimensión histórica de las cosas no es sino la expresión de los sufrimientos del pasado»

Theodor Adorno

 

 

ACLARACIÓN: Por la importancia de reproducir aquí el testimonio personal de Ela O’Farrill, este texto es deudor de la colega y amiga Marta A. Martínez y de su libro “Cuba en voz y canto de mujer”. Mayra realizó en México importantísimas entrevistas a Ela O’Farrill, que aparecen resumidas en esa publicación y que resultan cardinales para conocer y comprender la obra y la vida de la gran cantante y compositora cubana. Gracias, Mayra, por permitirme acudir, citar y compartir tu excelente trabajo.

 Ela, la inspiración y el entorno

Cuando ocurren los sucesos de 1963, Ela O’Farrill vivía un momento de singular esplendor creativo.  En varias ocasiones, antes del infortunado suceso con su canción Adios felicidad, Ela O’Farrill se refirió a las motivaciones que le inspiraban entonces como compositora. El año anterior había sido entrevistada por el periodista A. M. Monsanto para el diario El Mundo:  “Cualquier cosa puede inspirar una canción. Me inspira cualquier cosa. Muchas de las canciones se me han ocurrido andando en ómnibus –le confiesa Ela-. Yo soy gente alegre. Lo que pasa es que en la vida se tiene sus momentos de tristeza, y los autores debemos reflejar unos y otros, los de tristeza y los de alegría.”[1]

Poco después, en otra entrevista publicada en la sección Por la libre, del diario Revolución, justo en los días en que transcurría el Forum del Feeling, Ela habla al periodista de aquello que le inspira y le motiva a componer una canción:  “Caminando por la calle, en la guagua viendo a la gente, los edificios, las cosas que pasan, vienen muchas melodías a la mente. Desde mi casa hay una vista muy linda, se ve el mar, la bahía, desde la ventana de mi cuarto. Una tarde es triste, y otra, alegre, mirando los colores del cielo.  Yo siento que hay música hasta en las cosas más pequeñas.  Cuando me viene una melodía a la mente, una melodía mía, yo la oigo ya en la voz de algún cantante que me gusta, y hasta oigo el arreglo de la orquesta. Y eso me pasó con Adios felicidad.” [2]Y ahí, Ela contó al periodista la esencia de la historia de la canción.

El periodista se asegura de que esto quede justo al comienzo:  “Ela es una mujer que trabaja, integrada a la Revolución.  Dirigió una brigada de alfabetización en Oriente.”[3]  En cuanto a su relación con los episodios de la Revolución cubana que transcurren en esos tiempos, en posteriores entrevistas, Ela mostró orgullo por haber participado, como maestra que era,  en la gran epopeya del conocimiento.  A propósito de su experiencia como alfabetizadora, Ela contó a la periodista y musicógrafa Mayra A. Martínez:

“… yo había alfabetizado en 1961 en la Sierra Maestra, en el Central Pilón, en una zona campesina con un nombre muy chistoso,´Las Puercas´, donde por cierto a las diez brigadistas nos nombraron ‘las puerquitas’. Allí nos hicimos de otra familia, más que de amigos. Me tocaron unos adventistas y debía ‘guardar el sábado’, como ellos, que no guisaban, ni hacían nada hasta el domingo, rezando y cantando, lo cual no me resultó extraño pues mi tía adorada, la que había fallecido, era de esa misma religión. Cuando llegamos al lugar todos los campesinos escogían a su preferido. Íbamos mi prima Silvia y yo, y pedí que nos mantuvieran cerca, a una distancia posible de caminar. Entonces, un matrimonio, Elba y Roberto ‘me adoptaron’ y sus vecinos a mi prima. Y no sólo enseñábamos a leer y escribir, si no a conocer más de higiene, de modos de alimentación, sin imponerles algo. No teníamos ni un equipo de radio, sólo el jefe de la zona. Fue una linda experiencia, sobre todo siendo maestra. Aunque el regreso a La Habana desde Oriente fue en unos vagones de trenes muy incómodos, pero divertidos. Y era muy impresionante, cuando paraba el tren en cada estación y llegaba la gente, de modo espontáneo, a darnos agua, refrescos, comida, y eso desde Manzanillo hasta La Habana. Fueron experiencias muy emocionantes, hasta sacarnos las lágrimas. En verdad, nunca me arrepentiré de haber ido a alfabetizar.”

¿Qué dejó el Forum del Feeling?

Durante las semanas del Forum, la prensa mostró tanto simpatías como animadversiones, según qué columnista o redactor.  Quien se escondía tras el seudónimo de Guillotino, publicó en su columna del diario Revolución un texto ambiguo, en  pretendida, pero frustrada clave humorística, bajo el título ¿Está enfermo el filin? (sic).  Entre sus primeras frases, esta perla:  ¿Qué es el filin? El domingo hubo un “forum” para hacerle la autopsia. Así, en frío, es una cuestión de acordes.” Y después de intentar caracterizar a sus figuras más representativas, y enfatizar el peligro que para los grandes cabarets representaban los pequeños clubes donde cantaban, el tal Guillotino intentó hacer un resumen: “El filin está grave. De un lado, los grandes cabarets desgastan sus defensas.  Del otro, el forum penetra en sus entrañas. Guillotino pregunta:  ¿Se morirá el filin?  Guerrero, que es un experto, afirma: Murió. Tiene UNEAC. Para el filin es una enfermedad terrible. RIP.  Moraleja: las canciones nocturnas no pueden pasear de día.”[4]

El lector del diario Revolución no tuvo que esperar mucho para leer la respuesta de la UNEAC, firmada por los intelectuales Juan Blanco, Roberto Fernández Retamar, Lisandro Otero y Bienvenido Suárez. “Lo que no resulta comprensible es que un periodista revolucionario, en un periódico revolucionario, siga con tal bobería. ¿A santo de qué presentar a los escritores y artistas de Cuba (los hay de todo pelaje, pero quienes han quedado en Cuba al lado de su Revolución son sin dudas los mejores) como bichos raros y estirados que tengan que pedir perdón por ser intelectuales? ¿Por qué seguir intentando desprestigiar ese término, a la manera de la burguesía corrupta cuando el nuestro es un gobierno de obreros, campesinos e intelectuales? ¿Quién le ha dicho a Guillotino que el forum del filin va a ser (según él, “fue”) lo que él se imagina? ¿No sabe que son precisamente compañeros como José Antonio Méndez y César Portillo de la Luz los que van a discutir fraternalmente allí, a sugerencia suya, y lo van a hacer porque consideran que la UNEAC es la casa común de escritores y artistas cubanos?[5]

Carlos Franqui, entonces, director de Revolución decidió darle una página completa a la sección Por la libre al día siguiente de inaugurado el Forum del Feeling, la que tituló Lío con 3 cartas, y, restándole presión al asunto, continuó la línea picaresca iniciada por Guillotino: publicó el texto de marras identificándolo como “el cuerpo del delito”, la carta de la UNEAC y una prevísima nota suya, seguida de la respuesta del tal Guillotino.[6]

En las páginas de Revolución y de la revista Bohemia, además de incidentes como aquel,  la mayoría de las referencias al feeling defendían su pertinencia y sus altos valores culturales. Las instituciones también intentaron mostrar la cara amable de la aceptación: en medio del Forum, el Consejo Nacional de Cultura organizó varios conciertos del feeling. El 24 de abril de aquel convulso año de 1962, la sala teatro de la Biblioteca Nacional acoge un recital de Doris de la Torre, acompañada por la pianista Enriqueta Almanza, que es anunciado expresamente con el nombre de feeling y un repertorio con obras de Justo Fuentes Clavel, Rosendo Ruiz Quevedo, José Antonio Méndez, Niño Rivera, Ñico Rojas, César Portillo de la Luz, René Touzet, Adolfo Guzmán, Juanito Márquez, Piloto y Vera, Marta Valdés, y Ela O’Farrill. Algunos de estos compositores no se reconocían a sí mismos dentro del movimiento del feeling, pero sin dudas, éste influye en su obra de creación y sobre todo, en el estilo de las intérpretes. Al día siguiente, el Palacio de Bellas Artes abría sus puertas al concierto de los guitarristas Ñico Rojas y Elías Castillo dentro del ciclo Historia de la Música Popular Cubana, dedicado esta vez a la música instrumental, en su primera parte con obras de Ñico Rojas y en la segunda, con arreglos del propio Ñico sobre obras de compositores cubanos entre las cuales figuraban piezas de Ela O’Farrill, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez y Niño Rivera.

Así, otros conciertos y recitales se produjeron sobre todo en la capital, antecediendo al magnífico colofón que representó el concierto de clausura del Forum del Feeling.

En el cuerpo de Ela

Parecía que la tormenta había cesado. En los meses siguientes del año 1963 y en 1964,  Ela continuó trabajando en El Parisién y en El Gato Tuerto y sus canciones sortearon los prejuicios en determinados espacios. En El Gato Tuerto, Ela comparte cartel con Bobby Jiménez, César Portillo de la Luz, El Siniestro, Elsa Balmaseda, el pianista Kemal Kairuz.  En agosto de 1965, la O’Farrill decide crear su propio combo, al que poco después denominará Ela y Ellos, haciendo del club La Gruta, en La Rampa, su sitio habitual.

La capacidad de inspiración y creación que marcó el exitoso paso de Ela por la vida musical cubana en los años 60 no necesita ser explicada: ahí está su obra grabada en Cuba, publicada en discos o no, según datos de los archivos de los Estudios Areíto (EGREM), y también según discografías de otros sellos minoritarios existentes en los años 60 en Cuba:

Adiós felicidad fue grabada por Oscar Martin, Orquesta Aragón, Juanito Márquez, Omara Portuondo, Eddy Gaytán, Justo Betancourt, Bola de Nieve, Fernando Mulens; Ahora no voy a callar, por Leonora Rega; Buscando un perfil amigo, por Elena Burke y Meme Solís; Cosas que pasan, por Ela Calvo, Pacho Alonso y el Conjunto Roberto Faz; Cuando pasas tú, por Elena Burke; Esta es mi Cuba, por Jorge Raúl Guerrero con Nelia y Reneé; Freddy, por la propia Fredelina García, la inolvidable Freddy;  Mientras duermes, por René Ferrer;  Nada son mis brazos por Gina León; Ni llorar puedo ya, por Elena Burke y Oscar Alvarado;  No tienes por qué criticar, gran éxito llevado a disco por Olga Guillot, y también por Doris de la Torre, Fernando Álvarez, Berta Rodríguez y el trío Voces de Oro; Una melodía, por Gladys León; Y puedo vivir, por Nicolás Alonso, Colacho.

En los años 60, cuando Ela aún vivía en Cuba, también se grababan una obras suyas en Nueva York: Olga Chorens y Tony Álvarez, recién emigrados de la Isla,  incluyen Adiós felicidad en el primer disco que consiguen grabar –bajo el sello Parnaso-, esta vez con la dirección musical del gran Julio Gutiérrez, mientras que The Alegre All Stars con su voz lider, el boricua Yayo “El Indio” Peguero, registraba No tienes por qué criticar.[7]

En marzo de 1967, Ela y su grupo se presentaban en el Bar Sirena, y en enero de 1968, vuelve a El Gato Tuerto, como solista, alternando con actuaciones en El Patio, del Hotel Habana Libre.[8] A partir de esta referencia, el nombre de Ela O’Farrill comienza  a estar ausente de la prensa que anunciaba o reseñaba la vida nocturna.  Aquí parece terminar el camino artístico de Ela O’Farrill en Cuba.

Los años siguientes al Forum del Feeling son los mismos en que se desatan las acciones represivas contra las personas de orientación sexual no binaria.  Ser homosexual en medio de una Revolución que exaltaba la masculinidad como esencia y mérito, era considerado incongruente y en un contexto de obsesión defensiva frente a las consecuencias de agresiones políticas y militares ya consumadas y en planes, los considerados “débiles” eran vistos también como potenciales “enemigos”, susceptibles de ser “penetrados ideológicamente” por el bando contrario .  Es justo en esos años de la segunda mitad de los sesenta en que se comienzan a desarrollar las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las nefastas UMAP, sin duda uno de los grandes errores del gobierno cubano en aquellos años de fuerte enfrentamiento con los Estados Unidos, en medio de un panorama de beligerancia extrema tras la implantación del bloqueo/embargo, con una presencia soviética creciente y abarcadora dentro de  la isla influyendo en todas las esferas de la vida del país –incluída la cultural-, e inmersa ya Cuba dentro de la órbita geopolítica del conflicto Este-Oeste.

La persecución y las acciones coercitivas contra quienes eran “diferentes”, centradas en homosexuales, religiosos y cierto sector de la intelectualidad, entre otros, llegaron también a Ela O’Farrill.  Así lo contó la compositora a Mayra A. Martínez.

“Cuando fueron a buscarme a mi casa, en Infanta y Humboldt, fue durante una las redadas a homosexuales y a quienes consideraban ‘raros’, y me llevaron a un centro de detención, el llamado DTI, frente al Museo de Bellas Artes, en la Habana Vieja. Yo salía de mi edificio cuando vi un taxi estacionado delante y de este salieron dos morenos, que me agarraron de los brazos y me dijeron ‘venga con nosotros’. Sorprendida pregunté ‘¿pero, por qué…?’ A lo que contestaron ‘luego se lo diremos’. Nada más. Desaparecí para mi familia y mis amigos Y me detuvieron una larga semana, preguntándome a diario los nombres de los homosexuales y lesbianas que pudiera conocer dentro del medio artístico, con agobio sicológico, sacándome a interrogatorios a medianoche, con luces en la cara. Y les repetía ´yo no conozco la vida privada de la gente´. Me tocó un interrogador de apellido Capdevila, lo cual me resultaba paradójico y se lo dije, pues igual se nombraba el defensor de los estudiantes cuando el caso injusto de la Colonia.[9] Cuando salí de ese triste episodio, sin explicaciones, mi vida cambió. Había sobrellevado lo de ‘Adiós felicidad’. Pero, sentía miedo y decepción de todo. Seguí actuando, con limitaciones. Ya cuando pasó lo de la canción me sentí mal y algunos intérpretes dejaron de cantar mis composiciones por temor, y andaba como ‘marcada’.”

Ela O’Farrill decidió emigrar a México, con todas las consecuencias imaginadas e insospechadas que el desarraigo traería a su vida.  A la pregunta de Mayra A. Martínez, acerca de la elección de México como destino y sus inicios allí, la compositora respondió:

“Sobre todo, porque era un país amigo de Cuba. Y yo quería esto para traer a mis padres, pero los comienzos fueron sumamente difíciles. Sobre todo, mi padre, al ser comunista de siempre, no aceptaría irse a Estados Unidos. Ya antes había viajado a México, de vacaciones, conocía algo, y pensé que en el medio musical entenderían mis obras. Fue todo lo contrario, porque yo entré como transmigrante, es decir, ‘de paso’, y me planteaban las autoridades mexicanas que no podía quedarme en el país. Sin embargo, insistí y lo logré tras muchas broncas y no poco dinero, sin poder trabajar como cantante. Por suerte, conocí al director de la editora de los discos Orfeón, de los Azcárraga, y me planteó que requería de una persona capaz de seleccionar la música según sus posibles intérpretes, como si fuera repertorista y, además, hacer guiones si era necesario. Ya con permiso de trabajo comencé como Promotora, e iba a las compañías disqueras con un cassette grabado con piezas de compositores pertenecientes a la editorial. Ninguna mía, pues no estaba nacionalizada, y no podía inscribirme en la Asociación de Compositores. Recién llegada tenía muchas limitaciones, dentro de la ley. Además, muchos consideraban mis canciones como raras, complicadas, rebuscadas…[…]

Aquí el feeling era ‘una mala palabra’. No lo conocían, ni les interesaba a los cantantes. A lo sumo, ‘Contigo en la distancia’ resultaba ‘curiosa’, ‘interesante’, pero hasta ahí… Y si en cierto momento César y José Antonio fueron aceptados, luego ya pasó, se acabó, tuvo una época. Después, eran las rancheras y los corridos, en tres por cuatro, y cuatro por cuatro, es decir, con cuatro acordes y ni uno más, porque no se entendían por el gran público, quien pagaba por los discos. Y prevalecían las canciones repetitivas, con ‘no te quiero, no te quiero…’, o ‘te amo, te amo’, etc. Muy simples. Todo accesible para el oyente promedio. “Y no me presentaba en clubes ni otros escenarios, pues no tenía permiso para actuar. En verdad, emigrar es muy difícil, es duro, tú lo sabes, lo viviste, así que no debe extrañarte que mi carrera se truncó. Finalmente, me nacionalicé en el periodo presidencial de Vicente Fox, el primero en dar facilidades a los residentes extranjeros de años para hacerse mexicanos. Y no regresé de vacaciones a Cuba hasta después de 1980. Para colmo, al inicio no tuve cuidado al tomar agua en los restaurantes donde comía y agarré una amebiasis tremenda, estuve grave y durante seis meses anduve con el intestino por fuera. Todo estando aquí sin mi familia, sólo apoyada por una amiga y su mamá. ¡Fue una etapa tan triste y difícil! Más tarde, de Orfeón pasé a Editorial Musical Latinoamericana, propiedad del compositor dominicano Mario de Jesús, a quien conocí en un almuerzo de negocios. Y él buscaba alguien que le escribiera los guiones de música y visitara a los cantantes. Me contrató, me dio un mejor sueldo, mi oficina donde recibía a los compositores, le daba mis sugerencias, y si me parecía de calidad los guiaba hasta conseguir un intérprete. Conocí a todos los directores artísticos del país. Pero, mi música quedó guardada”.

Los dos incidentes estremecedores que debió enfrentar la cantante y compositora en Cuba ocurrieron en momentos en que su carrera continuaba en alza, pero en México, en su nuevo lugar, la prolífica creatividad de Ela quedó paralizada, salvo una tardía excepción: nunca más pudo volver a escribir una canción.  “Como dije, en México casi dejé de componer, sólo hubo una canción que me gustó, ´Sabes´, que me grabó Freddie Noriega, gran amigo”. –dijo a Mayra A. Martínez. Tuvieron que pasar muchos años para que brotara Señora sentimiento, en tributo póstumo a su gran amiga Elena Burke, y del que Ela diría “no me satisfizo, no creo haber conseguido algo a su altura”.

Ela O’Farrill en México.  Años 90. Foto: Mayra A. Martínez.

Tampoco la voz y la guitarra de Ela O’Farrill volvieron a escucharse en la intimidad de un night club, el escenario de un teatro o en un estudio de televisión. Ela no quiso o no pudo salir del ambiente íntimo del salón de su casa o de la de algunos amigos, y solo así,  guitarra en mano, rememoraba sus días gloriosos en aquella Habana nocturna que la vio triunfar.

Tal fue el impacto que en el cuerpo y la siquis de la joven compositora y maestra esperanzada, dejara  la huella del extremismo y  de la ideologización que soltó las manos de los represores. El arte, sin embargo, tiene su propio proyecto de vida, la obra suele independizarse de su propio creador y andar su propio camino.

En los años 70, en pleno boom del movimiento de la salsa, el cubano Justo Betancourt, uno de sus cantantes, y la mexicana Amparo Montes le graban Adiós felicidad. En México, Pina Narváez graba en 1974 Porque tú no eres libre y ese mismo año Javier Marc llevó a disco Soy de ti. En un excelente revival de la obra de Ela O’Farrill, en 2006 Francisco “Pancho” Céspedes incluye su versión de Adiós felicidad, enaltecida por el piano de Gonzalo Rubalcaba, en el album Con el permiso de  Bola –donde toma como paradigma la versión que más amó su autora:  la de Bola de Nieve-; y ese mismo año en España, la cantante Martirio asume Cosas que pasan en su album Primavera en Nueva York, gestado de la mano de Fernando Trueba y Nat Chediak para Calle 54 Records. Dos años después, Omara Portuondo incluye Adiós felicidad en su memorable album Gracias, en una excelente versión arropada por el bajo de Avisahi Cohen, el piano de Roberto Fonseca y producción de Swami Jr. Al año siguiente, en 2009, s Lazarito Valdés con su agrupación Bamboleo sorprenden con el disco Bolero for Delia, donde encuentra espacio, con aires de jazz, Adiós felicidad. Ese año, Sara González canta Nada son mis brazos en su album Cantos de mujer. Vol.II.

En tiempos más recientes, varios cantantes jóvenes en conciertos en directo incorporan temas de Ela O’Farrill a su repertorio. Tal es el caso memorable de Haydeé Milanés, que se ha aproximado con éxito a Nada son mis brazos y Cuando pasas tú,  mientras Haila ha devuelto a los escenarios su versión de Freddy, o la mezzo-soprano griega Alexandra Gavras canta acompañada por Los Macorinos ese gran himno intimista y sincero que es Adiós felicidad, por solo citar algunos ejemplos.

Ela O’Farrill moriría en México DF, el 24 de octubre de 2014 y desde su salida de Cuba hasta ese momento final, pero también mucho después, sus canciones no han dejado de ser interpretadas y grabadas, para convertirse ya, algunas de ellas, en verdaderos clásicos de bolero y el feeling. Su obra continúa haciéndose presente de vez en vez, como diciendo “sigo aquí, y seguiré”.  Pero la huella de la malevolencia y la sin razón quedaron para siempre en su cuerpo breve: aunque su amor por su país, su nación y su público se mantuvo incólume, Ela nunca más cantó sobre un escenario.  Ela ya no pudo seguir componiendo canciones.

 

©  Rosa Marquetti Torres

NOTAS

[1] Citado de: Martínez, Mayra A.: Ela O’Farrill siempre en la música.  En Cuba en voz y canto de mujer. Pag. 153.

[2] Anónimo: Música popular. Ela O’Farrill y sus canciones. En sección Por la libre. Diario Revolución. 8 de abril de 1963. Pag. 20.

[3] Anónimo: Música popular. Ela O’Farrill y sus canciones. En sección Por la libre. Diario Revolución. 8 de abril de 1963. Pag. 20

[4] Guillotino:  ¿Está enfermo el filin? En diario Revolución. 8 de abril de 1963. Pag. 15.

[5] De la UNEAC a Revolución. Carta dirigida a Carlos Franqui, Director del periódico Revolución, fechada 2 de abril de 1963.

[6] Sección Por la libre. En diario Revolución. 8 de abril de 1963. Pag. 12.

[7] www.discogs.com

[8] Orejuela, Adriana:  El son no se fue de Cuba. Claves para una historia 1959-1973. Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Venezuela.2011. Pp. 343-395.

[9] Se refiere aquí Ela O’Farrill a Federico Capdevilla, el defensor de los 8 estudiantes de medicina acusados de profanar la tumba del periodista Gonzalo Castañón, fiel defensor de los intereses de la corona española en Cuba,  y fusilados en 1871 por decisión de un Consejo de Guerra, constituído por la máxima autoridad colonial española en Cuba. Capdevilla se negó a firmar la sentencia.

FUENTES

  • Orejuela, Adriana: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia. 1959-1973. Editorial Letras Cubanas. La Habaa, 2006.
  • Martínez, Mayra A.: Cuba en voz y canto de mujer.  Eriginals Books LLC. USA. 2015.
  • Borges Triana, Joaquín: Ela O’Farrill: «Todo el amor del mundo para mi gente de Cuba». En El Caimán Barbudo. Noviembre-diciembre, 2011, pp. 14-15
  • Notas e información en discos citados.
  • www.discogs.com
  • Archivo Estudios Areíto-EGREM (versión Access)
  • Revista Bohemia.
  • Diario Revolución.

Alquízar, Cuba. Soy una apasionada de la historia de la música y los músicos cubanos, de la memoria histórica y de asegurar su presencia historiográfica en las redes. Me gusta la investigación. Trabajo además en temas de propiedad intelectual y derechos de autor. Escucho toda la música... y adoro....la buena. Desmemoriados... es la interaccción. Todos los artículos son de mi autoría, pero de ustedes depende que sean enriquecidos.

2 Comentarios

  • Jaime Jaramillo

    La vida de esta gran compositora escrita en 3 partes por Rosa Marquetti, es un relato conmovedor de una persona cuya pasión por la música y su honestidad así como la excelencia de su obra la colocan a la vanguardia de ese grupo de personas cuya pasión por la música las ha llevado a dejar obras de carácter eterno. Es incomprensible que en este siglo, después de ver ese tipo de retardados que se amparan en su posición para imponer sus pensamientos absurdos que parecería que ya habían desaparecido pero estas personas siempre estarán al acecho como ese «Cap de Villano» que prácticamente obligaron a Ela a desaparecer de su amado país que siempre quiso. Rosa ha tenido el valor de escribir estos artículos para ilustrar a la gente sobre el peligro de estos manipuladores y también exaltar la obra inmortal de Ela, que ya está dentro de mi corazón por esas bellas canciones.

  • Rosa Marquetti Torres

    Muchas gracias, Jaime, por leer y comentar. En realidad, me interesó junto con los aspectos biográficos de Ela O’Farrill, abordar e l contexto político de los incidentes de extremismo y exclusión a los que ella se tuvo que enfrentar, y cuáles fueron sus consecuencias.

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