«Años» de Pablo Milanés…. El tiempo pasa…

Este año 2021 se cumplen 25 años de la grabación del disco más universalmente difundido y aplaudido de la música cubana después de 1959 (y probablemente también antes): Buena Vista Social Club, con el cual músicos cubanos volvieron a la primera línea del mercado y la atención internacional.  Se volvió un mantra afirmar que “tuvieron que venir de afuera a rescatar a los viejitos geniales”, pero la historia dice que no fue exactamente así, pues siempre hubo, dentro de la intelectualidad cubana, almas sensibles y cerebros bien dotados que se preocuparon por no dejar morir tanta gloria y talento empírico acumulado.  Cierto que muchas de esas iniciativas fueron individuales, pero terminaron por arrastrar tras su obsesión justiciera a instituciones, ministerios, y hasta ignorantes empoderados que por inteligencia o por cansancio decidieron hacerle caso a quienes sabían y sentían más. En todo caso, y hay que subrayarlo, el empeño originario en el caso de Buena Vista Social Club corresponde al músico cubano Juan de Marcos González que desde siempre quiso rescatar la música de sus mayores, ahí está su obra al frente del grupo Sierra Maestra.  Su diferencia en cuanto a los demás empeños, que no trascendieron a escala internacional, fue saber que era una necesidad ineludible contar con aliados foráneos bien posicionados en la industria de la música a nivel mundial para  que la idea saliera y triunfara más allá del Malecón y sus resultados tuvieran también un sentido comercial.

Decididos a que la trova no muriera con la desaparición física de sus cultores, probablemente el primero fue el notable cineasta Héctor Veitía cuando en 1966 filmó el documental La herrería de Sirique, invaluable testimonio de los últimos años de un grupo de trovadores y soneros absolutamente ausentes en los medios de difusión y entre los que se encontraban Sindo Garay, Salvador Adams, Rosendo Ruiz, Silvano Shueg “El Chori”, María Granados, Ciro Rodríguez y Rafael Cueto –integrantes del trío Matamoros, Nené Enriso, Isaac Oviedo, Graciano Gómez, el rumbero Mario Alan con su grupo, y muchos otros. En un esfuerzo personal, y en una suerte de espacio de resistencia cultural, Alfredo González Suazo, Sirique, los reunía algunos domingos en su taller de forja en El Cerro y en un intento casi desesperado de devolverlos a planos de actualidad formó con algunos de ellos el grupo Los Tutankames (“un bohemio en cada instrumento y en conjunto, un asilo de ancianos” rezaba el lema con que los presentaba Sirique). A 55 años de este hecho, el documental de Veitía se revalida como un testimonio audiovisual incomparable, si se tiene en cuenta, además, la escasez de imágenes de aquellos grandes del son y la trova tradicional cubana.

Sin embargo, en el ámbito discográfico, nuestros veteranos músicos no corrían la misma suerte y salvo algunos esfuerzos antologadores (los LPs Antología de Sindo Garay, y los de las Hermanas Martí con la música de Manuel Corona, Rosendo Ruiz y Alberto Villalón, por ejemplo), poco más se había hecho y mucho menos con un sentido de reactualización y continuidad, a no ser por los acercamientos personales de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú al entorno de la trova tradicional.

Hasta que en 1980 irrumpe Pablo Milanés con el disco Años (Areíto, LP-3853), a mi juicio, una de las grandes joyas de la discografía cubana, y en particular de la casa discográfica EGREM, bajo cuya producción ejecutiva se realizaron las sesiones de grabación y también el primer prensaje mundial de este disco, hoy, en el catálogo de Universal Music.

Luis Peña «El Albino» y Pablo Milanés»

A cuarenta y un años de distancia, Pablo cuenta a Desmemoriados:  “El proyecto surge, porque nosotros – me refiero a Silvio y a mí- íbamos casi todos los domingos a las reuniones que armaban los hermanos Rodríguez Rivera, entre los que el único intelectual y escritor era Guillermo, y los demás eran médicos –Luis y Alipio-.  Ahí descargábamos, ellos eran soneros, eran santiagueros todos, muy revolucionarios, habían participado en el Movimiento 26 de Julio…. Armábamos unas fiestecitas de lo más lindas, tocando música cubana. Una vez Silvio y yo llevamos a Cotán y al Albino, y entonces la descarga se hizo más completa, más bonita, porque los Rodríguez Rivera también tocaban guitarra, descargaban, uno con las claves, otro las maracas, y otro la guitarra… de lo más rico, y además, tenían un repertorio!!…, pero un día surge la idea: por qué ustedes no graban?…”.[1]

Así se comenzó a concebir el primer disco, donde nada estuvo exento de la juiciosa pasión de los entendidos:  Años se convierte pronto en Años I, porque le seguirán Años II y Años III, para conformar una suerte de antología de lo mejor que compusieron y cantaron trovadores y guitarristas soneros, y un desfile de imprescindibles que, por fortuna, tuvieron tiempo de vida suficiente para coincidir en el plano terrenal con Pablo Milanés:  Luis Peña “El Albino”, Octavio Sánchez “Cotán”, Lorenzo Hierrezuelo, Adriano Rodríguez y Francisco Repilado “Compay Segundo”  Los tres discos se graban en los famosos estudios Areíto (antiguo Panart) en la calle San Miguel, en La Habana.

Carátula del LP Años I

Años I (Areíto LP-3853. 1980)

Treinta años separaban a esos dos hombres en estado de gracia, el único posible para generar esa maravilla de disco.  Pablo con 36, hace posible el acto de justicia hacia Luis Peña “El Albino”, extraordinario guitarrista en una peculiar circunstancia, que destaca Guillermo Rodríguez Rivera en las notas del disco, dejando constancia de la ignorancia colectiva:  “¿Sabe usted quién es Luis Peña? Porque, a pesar de sus sesentaiséis años y sus casi cincuenta como guitarrista y tresero, de su labor como acompañante, de su sostenida participación en la ya histórica Peña de Sirique, de su trabajo como director e integrante de varias agrupaciones musicales, el nombre de Luis Peña (o, mejor, su sobrenombre de “El Albino”) solo era familiar para una minoría de “conocedores”. Este es, en efecto, su primer trabajo discográfico.”[2]

Es impresionante la selección de temas que hacen Pablo, El Albino y los hermanos Alipio y Luis Rodríguez Rivera, todos transmutados en productores:  Reclamo místico y Mariposita de primavera (Miguel Matamoros), Tu alma y la mía (Manuel Corona) y Sublime ilusión  (Salvador Adams) son propuestas inmejorables, verdaderos clásicos del cancionero trovadoresco cubano, que se unen a obras como En Guantánamo (El Albino) y Años, Ya ves y Si el poeta eres tú (Pablo Milanés), en simbólico equilibrio de permanencia de la trova tradicional cubana y continuidad manifiesta en la obra de los iniciadores de la Nueva Trova.  Luis Peña se hace cargo de la guitarra de doce cuerdas y del tres, junto a Pablo con su guitarra,  únicos acompañamientos para las voces, además de la pertinente intervención de Panchito y Frank Bejerano –padre e hijo- en el bongó, claves, maracas y cencerro.

“Quien escuche estas grabaciones advertirá que la maestría vocal de Pablo Milanés está asistida por el trabajo de un auténtico experto de las cuerdas: disfrútese el sabio contrapunto de la guitarra a las voces en “Tu alma y la mía”; apréciese el vibrante tres sonero de “En Guantánamo”, oígase el lírico, inédito uso de la guitarra de doce cuerdas en “Y ya ves” – sugiere Guillermo Rodríguez Rivera en las notas.[3]

La magia de Años I se completa con el buen hacer de Jerzcy Belc, ingeniero de sonido de nacionalidad polaca que vivía y trabajaba entonces en Cuba, sin cuyo nombre es imposible escribir la historia de EGREM. “Un grabador extraordinario”, al decir del propio Milanés, que trabajó con él en buena parte de los discos que grabara con la disquera cubana. Del diseño se ocupó José M. Villa y de las fotos, nada menos que Korda.

Años I no solo fue un rescate de un tiempo sonoro para muchos desconocido, o lejano para otros, sino también la constatación de la genialidad múltiple de Pablo Milanés y la coherencia con que había asumido el trovar renovador de la tradición que reafirmaba con ello su vigencia.   Sencillamente, en medio de tanto pop, rock, y de las sonoridades vanguardistas que nos traían Juan Formell y Chucho Valdés, con Años I Pablo nos hizo volver la vista y el oído a un pasado que se resistía a serlo, para estremecernos.

Carátula del LP Años II

Años II (Areíto LD-4352.  1986)

Guillermo Rodríguez Rivera continuó siendo el cronista por excelencia de la serie Años y en las notas del segundo volumen deja constancia de lo que fue previsible:  “Casi enseguida que el proyecto Años estuvo en marcha, intuimos que esa unión sería no solo memorable, sino también perdurable. Por dos razones capitales:  la calidad alcanzada por las interpretaciones de Pablo y El Albino, y la riqueza de un acervo musical que apenas si asomaba en aquel disco.  “Años II” está aquí para demostrar que esa unión, además de perdurar, ha crecido.  A ella se suma Octavio Sánchez (Cotán), un auténtico maestro en la ejecución del bolero, la canción y el son cubano.[4]

En efecto, Pablo se lanza seis años después a concretar Años II, intuyo que de un modo más determinado y abarcador en cuanto a músicos, repertorio y staff de producción.  La entrada de Cotán en la guitarra solista asegura que estaremos asistiendo al diálogo sublime de guitarras virtuosas, casi únicas,  y ancladas en lo mejor de la tradición trovadoresca y sonera, como elemento distintivo de excelencia.  Pablo brilla, sin dudas, dominando un medio que le es propio y así lo hace saber  con su orgánico desempeño en cada uno de los cortes del disco, en la mayoría de ellos con El Albino en la segunda voz, y en otros, con dos invitados de leyenda:  Adriano Rodríguez, con su tremenda voz de barítono en Flor de ausencia (Julio Brito); y Lorenzo Hierrezuelo en Veinte años, donde se mantiene el tempo de habanera original del tema, en un segundo tan memorable que hace imposible no recordarlo cuando cantaba a dúo con la autora, la gran María Teresa Vera. Otro dúo memorable hace Pablo con el médico Luis Rodríguez Rivera, apasionado y empírico cantante que realiza en este disco su única grabación.  De su incursión, escribe su hermano Guillermo: “Su versión de “Todo a tus pies” se inserta como para recordarnos que la trova es, antes que todo, un hecho vivo en quien la ama y la cultiva, y que desborda eso que suele llamarse la música profesional.”

Cotán y El Albino se crecen junto a Pablo en un recorrido magistral por piezas como Ella y yo (Oscar Hernández), Mercedes (Manuel Corona), Retorna, La bayamesa y Guarina (Sindo Garay), Juramento (Miguel Matamoros), Yo sé de esa mujer (Graciano Gómez), Frutas del Caney (Félix B. Caignet), y Con palo de yaya (Octavio Sánchez, Cotán). El engarce perfecto que logra Pablo con sus invitados se siente tan natural, como lo es su inserción orgánica en el estilo de la vieja trova y del son montuno, de todo lo que bebió en su infancia bayamesa escuchando la música de sus padres, pero también gracias a una versatilidad interpretativa y una condición espiritual que le permite abordar cualquier género, por difícil que sea, pero sobre todo, los que tienen que ver con la canción como expresión vocal.

Sobre la grabación de Años II, cuenta Pablo:  “No sé por qué, estaba ocupado el estudio grande de la EGREM. El estudio pequeño que había abajo estaba casi inhabilitado  y como Frank Bejerano, nuestro baterista, sabía grabar, pues fue él quien lo grabó. Se nota que no hay mucha calidad en la grabación, pero yo quería cantar con Lorenzo Hierrezuelo, que ya estaba muy viejito, y no quería yo perder esa oportunidad, ni posponerlo. Canté con él Veinte años y él quiso tocar la guitarra. Se nota su guitarra ahí, peculiar. Está también la guitarra de El Albino.[5]

Al igual que su antecesor, Años II tuvo en la dirección musical al propio Pablo y en la producción a Eduardo Ramos,  su amigo y compañero de batallas trovadorescas.  Otro recordado productor de EGREM, Tony López tuvo a su cargo la grabación y la mezcla.  El diseño del album estuvo al cuidado de uno de los grandes diseñadores cubanos: Alfredo Rostgaard.  Korda repite con sus fotos, ahora acompañado de otro importante fotógrafo cubano: Ernesto Fernández.

Carátula LP Años III

Años III (Areíto LP-4664.  1990)

Cuatro años después, Pablo, El Albino y Cotán vuelven a reunirse en el estudio de grabación, para grabar el tercer y último volumen de la serie Años, pero ahora invitan a otro grande y olvidado:  Francisco Repilado, Compay Segundo, que hacía ya mucho había dejado la música y había vuelto a su anterior oficio de tabaquero. El acercamiento de Pablo Milanés motivó a Compay a salir de su ostracismo musical y ayudó a que su guitarra y su voz sonara de nuevo, animando las tardes en un apartado hotel de la barriada habanera de Kohly.   Faltaba todavía un año para que el músico español Santiago Auserón (Juan Perro) publicara y documentara, tras acuciosas investigaciones  en un proceso de encantamiento y asimilación, el recopilatorio Semilla del son, con la certera guía de nuestro recordado Bladimir Zamora.  Santiago Auserón impulsó, al calor de esto, el descubrimiento de Compay Segundo para el público español, antes de que formara parte del mainstream con una tardía, pero merecida fama universal, con Buena Vista Social Club.

En Años III, Pablo y Compay Segundo cantan tres temas:  Huellas del pasado, Chan chan y Macusa, todos de la autoría de Repilado, en versiones interpretativas que para muchos son las mejores conseguidas por su autor, engrandecidas por un Pablo Milanés en dominio total de un canto certero y apasionado, y con la sabrosura del son oriental allí donde hace falta. En particular, en  Chan chan  lo que logran Pablo y Compay es de una autenticidad y grandeza tal, que hay que volver una y otra vez a esta versión, limpia, genuina, sin afeites ni aportes sonoros más actualizados por obra y gracia de la tecnología, como los que vendrían después.  Los sorprendentes solos de Cotán demuestran el portento que era como guitarrista.  No queda a la zaga la participación de Pancho Amat con su tres en varios cortes del disco, pero se destaca de modo notable en el solo irrepetible que hace en Chan chan. Los Bejerano -Panchito y Frank- se encargan de las percusiones, mientras Pablo, implicado al máximo,  vuelve a asumir la dirección musical y los arreglos, confiando de nuevo la producción a Eduardo Ramos. La grabación y mezcla estuvo al cuidado de Alejandro Rodríguez y el diseño, a cargo de Eduardo Potrillé.

La trova tradicional nunca se ha apartado de Pablo, ni él de ella: en su obra autoral, en su manera de cantar y trovar, y en su discografía hay suficientes pruebas. Nadie mejor que Pablo encarna la continuidad y a la vez el tránsito y renovación en la canción cubana. Pero, más allá de mostrar su profundo conocimiento del arte de los grandes trovadores cubanos, de los grandes soneros de Oriente, la trilogía Años revela su faceta de productor visionario y exigente, que, probablemente sabía que estaba haciendo historia y sobre todo, dejando un legado justiciero al revivir a aquellos grandes músicos que invitó a acompañarle en esta aventura.

Cuarenta y un años después del primer volumen de la serie, y ahora que el catálogo completo de la obra de Pablo entra en los modos actuales de distribuir y escuchar música, vuelve a hablarse de Años: para unos será revisitar la banda sonora de tiempos ya pasados; para otros, el descubrimiento de una faceta maravillosa en la vida musical de Pablo Milanés cuando él, y solo él, fue el primero en hacer volver a los estudios de grabación a legendarios trovadores y soneros, y reactualizar su vigencia. Pero el tiempo pasa, el mantra se repite como si fuera el oráculo, y es necesario restablecer la verdad histórica, la verdadera.

Agradecimientos muy especiales a Pablo Milanés y Nancy Pérez Rey.

 

© 2021.Rosa Marquetti Torres

 

Notas

[1] Conversación de Pablo Milanes con la autora.  Madrid, 7 de junio de 2021.

[2] Guillermo Rodríguez Rivera: Notas al  LP Años.

[3] Ibidem

[4] Guillermo Rodríguez Rivera. Notas al LP Años II.

[5] Conversación de Pablo Milanes con la autora.  Madrid, 7 de junio de 2021.

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