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Bewitched. Buscando a Maggie Prior

La noche llega rotunda a la esquina de las calles 23 y L, en El Vedado, ese día de un año impreciso de la década de los setenta. Por alguna razón intrascendente, aún estoy esperando a alguien en el lobby del hotel Habana Libre. Mientras tanto, contemplo el ir y venir de esa peculiar pasarela que era entonces aquel amplio vestíbulo. Entra ella y supe de inmediato que era diferente: su estatura y elegancia, la hacían notable; dueña de un peculiar refinamiento, se desplazaba rítmicamente, erguida y cimbreante en dirección al bar El Patio, como si su forma de andar fuera también una manifestación de esa música que la obsesionaba. Allí, en aquel lobby bar, donde solía descargar por entonces, comenzaron a esparcirse inmisericordes, más allá de ese espacio, lo mismo un blues, un tema de la Fitzgerald, un bolero de Portillo de la Luz, o una canción de Edith Piaff. Así recuerdo mi primer encuentro con Maggie Prior. Pero tras poco más de cuatro decenios, su imagen y su voz van desdibujándose empecinadamente, sin el asidero de un registro sonoro o una imagen, y sólo aquellos que ya casi llegan a las seis o siete décadas pueden hablar del modo de cantar que la hizo singular y de los demonios que la atormentaron y terminaron venciendo su proverbial tenacidad: la necesidad de expansión de sus cualidades interpretativas tantas veces escamoteada; los extremos antagónicos en que se dividieron siempre las loas y los ataques al ponderarla; la pertenencia inconsciente a una época que no la comprendió, ni podía hacerlo; la incapacidad para asimilar la pendiente en descenso, el paso de los años; el engaño; el trágico final…
Pero esto casi nadie lo sabe. Ni Margarita Prior Kindelán, ni Maggie Prior han existido hasta ahora en los diccionarios y textos analíticos y enciclopédicos sobre música cubana. Tampoco ningún cronista se ha ocupado de ella, salvo las atinadas excepciones de algunos textos referidos al jazz que la mencionan y contextualizan: los escritos por el ensayista y jazzman Leonardo Acosta; el saxofonista y escritor Paquito D’Rivera, y la investigadora colombiana Adriana Orejuela, quienes la sitúan puntualmente en el contexto del jazz.[1] Nadie puede confirmar las fechas de su nacimiento y muerte. No abundan fotos suyas y las cintas con su voz, transidas de tanto olvido, decidieron desaparecer. Sin embargo, su nombre está irremediablemente ligado a la historia de ese género en Cuba y también de otros no menos importantes. Leonardo Acosta afirma que fue“(…) Maggie Prior, la única cantante además de Delia Bravo que se mantuvo durante más de treinta años dedicada al jazz”.[2] En el intento de deconstruír su huella en la vida músical de la última mitad del siglo XX cubano, el punto de partida, es sin duda, el jazz, en definitiva, principio y pretexto en su largo y azaroso camino de hallazgos y desalientos. Es el jazz su seña identitaria.

Maggie Prior en los 60. Archivo personal de Zenaida González

Pero también las muchas Maggies que habitaron en ella son recordadas, para bien o para mal, devolviéndonosla como alguien con un perenne espíritu de búsqueda, apreciada por adeptos y denostada por detractores; alguien que, al decir de Gilberto Valdés Zequeira[3], era portadora de una contagiosa y burbujeante alegría y una fuerte personalidad, alguien que, en modo alguno, podía pasar inadvertida y mucho menos, obviada. Decido comenzar un verdadero peregrinaje, casi arqueológico, tras sus huellas, empecinada en encontrar entre los que la conocieron y aún pueden contarlo con coherencia, su imagen, su temperamento, su obstinación por cantar, siempre cantar; apresar la rebeldía de su espíritu y la ternura que intuyo en su gesto, y sobre todo, constatar las claves conflictuales que marcaron, en ciertas etapas, su cuestionable capacidad de inserción y aceptación de una realidad político-social con la que tuvo que interactuar, irremediablemente.

SOPISTICATED LADY

Alguien que la conoció en sus primeros años habaneros afirma –sin que hayamos podido comprobarlo- que Maggie tuvo ancestros paternos en la caribeña isla de Barbados[4], pero ella rechazaba referirse a ese vínculo filial y ocultaba tras el silencio el trauma perceptible asociado a la figura del padre. Habría nacido en Santiago de Cuba, un acuariano 25 de enero de 1942[5], desde donde viajó muy temprano a La Habana. A finales de la década de los 50, ya Maggie formaba parte de ese grupo de jóvenes que peregrinaban hasta las zonas más increíbles de la ciudad, para escuchar un nuevo disco, leer la última revista sobre música norteamericana o bailar y cantar hasta la extenuación, siempre jazz, todo el tiempo blues, jazz, mezclado también con un estilo composicional e interpretativo que ya se iba identificando como feeling.

En Prado y Neptuno, en el espacio que antes acogiera a una afamada “academia de baile”; en el Bodegón de Goyo, el Bodegón de Celso, también en las descargas dominicales de Tropicana y cuanto sitio fuera propicio para escuchar y bailar, incluso algunas casas en las que sus dueños se transmutaban en diligentes anfitriones, que propiciaban el acceso a las últimas grabaciones llegadas del Norte, y el disfrute de voces y guitarras, a veces piano, y donde convergían los adeptos del feeling y los cultores del jazz, que podían ser los mismos o diferentes. Pablo Marquetti la conoció en el Bodegón de Celso, una bodega de barrio situada en Gervasio y San José, en la zona del actual Centro Habana; la aparición de Maggie en el singular establecimiento era rutinaria, pero esperada por algunos asiduos, prestos a escuchar a “la princesa” que, al parecer, aún no rebasaba las dos décadas. Tras revisar los últimos discos que Goyo había hecho traer desde Nueva York o Miami, Maggie comenzaba su espontáneo performance. Eran tiempos en que aprendía, escuchaba, desplegaba cada vez con más insistencia sus deseos de cantar. Así la recuerda Gilberto Valdés Zequeira, quien, la conoció entre 1957-1958, en el barrio de Buenavista, poco tiempo después que la Prior abandonara su ciudad natal y se instalara en La Habana. Maggie intentaba febrilmente crear su primera formación musical, con la que se empeñaba en apresar la voz y el temperamento de Ella Fitzgerald, de Sara Vaugham, –sus grandes referentes-, para proyectarlos como lo que ella pretendía ser en ese momento: la voz líder de un cuarteto en ciernes que no lograba despegar. Desde entonces. Maggie se aferró al jazz y lo hizo parte y pasión de su vida.

A sugerencia del guitarrista y bajista Alberto Menéndez –vinculado al movimiento del feeling– Gilberto refiere haberle montado las primeras voces para aquel endeble cuarteto, cuyo nombre se perdió en el olvido. Con Valdés emprendería, muy a inicios de la década de los sesenta, su primera aventura musical de cierta envergadura: ocurrió que Alberto Menéndez y su esposa Mercy Hernán, -conocida cantante en el ambiente del feeling– integraban entonces el grupo instrumental Los Modernistas[6] de Gilberto Valdés, pero llegado un momento, deciden abandonarlo. Será Maggie quien sustituya a Mercy Hernán, en lo que sería su debut dentro de una formación musical. Con el cuarteto Los Modernistas de Gilberto Valdés y en el Casino del Hotel Deauville, en Galiano entre San Lázaro y Malecón, se inició el camino de Maggie sobre los escenarios. José Eugenio Yllareta, uno de sus integrantes rememora esos inicios: “Tuve la oportunidad de comprobar, sin siquiera pensar que lo estaba haciendo, las facultades vocales de Maggie. Estando Gilberto Valdés y yo a la caza de algún trabajo, nos acercamos al administrador del Deauville y le planteamos que teníamos un grupo que sería la propuesta ideal para «amenizar» en el entonces existente Casino de Deauville. Nos aceptaron y nos plantearon que debíamos estar a las 2pm en el Casino. Eran las 10 am y nosotros no teníamos grupo alguno…A correr, con algunas monedas rumbo al teléfono más cercano!!! …..Y armamos el grupo con los que habían aceptado: Columbié, Juan Bringues Ochoa, Gilberto Valdés, José Eugenio Yllareta y Maggie Prior. Ella fue la última en entrar, pero pudo demostrar de manera fehaciente sus cualidades, ya que, prácticamente sin ensayo, logró interpretar un repertorio de standards en un momento en el que de esa actuación dependía el contrato, y ella lo hizo. Fue una prueba de su alto nivel de profesionalismo”.[7] Entre los temas interpretados por Maggie con Los Modernistas de Gilberto Valdés, se recuerdan Tenderly, My Funny Valentine, That all black magic, Sofisticated Lady, Summer Time, Autumn Leaves…y otros que ella dominaba a la perfección tanto desde el punto de vista musical, como idiomático.[8]

En ese tiempo, una versátil Maggie Pior frecuentaría también las descargas y conciertos organizados por el recién fundado Club Cubano de Jazz.[9] Otros cantantes que actuaban en sus conciertos y jamm sessions, además de Maggie, fueron el veterano de mil batallas filineras y jazzísticas y Dandy Crawford; también la cantante de jazz y feeling Doris de la Torre, entonces con el grupo de Felipe Dulzaides.

Una de las características más sobresalientes de Maggie era su capacidad para intuír dónde se estaba gestando una idea interesante, avanzada, y su ductilidad para insertarse en el grupo que la sostenía. A inicios de los sesenta se siente atraída musicalmente por lo que hoy se reconoce como “la segunda generación de feeling” –Marta Valdés, Frank Domínguez, Ela O’Farrill, Giraldo Piloto Bea y Alberto Vera –el memorable dúo autoral Piloto y Vera-, y otros… Se acerca a ese grupo de compositores y cantantes, y se le recuerda con aportes interesantes en sus descargas y presentaciones en night clubs como el Sky Club del Hotel St. John, elScherezada o el Club 21, todos en el entorno de la entonces mágica Rampa, en El Vedado.

En 1960, la vieja casona de la calle O entre 17 y 19, en el Vedado habanero recibe a Felito Ayón y algunos amigos, cuya iniciativa la convierte en un espacio signado por el buen gusto en su decoración y en su ambiente. “El Gato Tuerto” comenzó a ser sitio obligado de artistas, estudiantes, escritores, músicos, intelectuales…. El dúo de Marta y Daisy “Las Capellas” cantan en su inauguración, pero estrenando las noches de cada día se podía escuchar a cantantes y músicos de filiación filinera, como Elena Burke, Frank Domínguez, Miguel D’Gonzalo, Doris de la Torre, el Cuarteto de Meme Solís y otros que llegado el momento, descargaban también.[10] Maggie Prior comenzaría a ser presencia y voz frecuentes en “El Gato…”, al igual que en otros espacios donde convergía lo que Adriana Orejuela denominó “esa bohemia alternativa”, variopinta y diversa, que seguía el “feeling”. Su personalidad, extrovertida y dramática, si no se imponía, al menos llamaba la atención en los círculos que solía frecuentar; se relacionaba también con figuras del mundo intelectual: pintores, actores, dramaturgos… Martínez Pedro, Felito Ayón, Virgilio Piñera, Carlos Piñeiro…

Maggie continuaba manejando un repertorio de standarts y canciones norteamericanas más o menos conocidas: The Man I love, Hojas Muertas, September Song…; se proyectaba con elegancia; demostraba intensos deseos de superación y a pesar de ser autodidacta, no despreció posibilidades para cultivarse. Si algo no soportaba era la vulgaridad, al decir de su gran amiga de esos años, la filóloga Aries Morales. Había en ella un refinamiento adquirido, pero expresado de modo natural y orgánico.[11] Su ansia de parecer y estar enterada, y en posesión de lo más reciente en cuanto a información cultural y esencialmente musical, la hacían explorar otros caminos y permearse de todo aquello que consideraba de vanguardia. Comenzó a admirar a Edith Piaff e hizo suyas muchas de sus canciones inmortales. Descubre a Miriam Acevedo, un portento que ya entonces se revelaba, desde su soberbio desempeño como actriz, con un modo muy personal de cantar o de decir y un repertorio de canciones y textos que la singularizaba.

Guillermo Cabrera Infante y José Hernández Artigas en 1957. Foto de Ernesto Fernández. Cortesía de Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco

En la primera mitad de los 60 conoce y se involucra con el escritor e intelectual José Hernández Artigas, conocido entre sus amigos y compañeros como Pepe el Loco y quien en esos años, además de poeta y narrador, era jefe de despacho de Antonio Ortega, director de la importante revista “Carteles”; también amigo del escritor Oscar Hurtado y del ya descollante crítico de cine Guillermo Cabrera Infante. Hernández Artigas se vinculaba a los jóvenes intelectuales que escribían en el semanario “Lunes” del periódico “Revolución”, quienes le reconocían como un escritor de prometedor talento con aportes interesantes y próximos a un género con escasos exponentes entonces y dentro lo que hoy llamaríamos ciencia ficción. Maggie frecuentaba con Pepe estos círculos, y sus integrantes también acudían con frecuencia a escucharla. La Prior y Hernández Artigas vivieron juntos en el mismo departamento de la calle San Lázaro entre Oquendo y Soledad, que continuó siendo el hogar de la cantante tras poner punto final a su relación amorosa, la cual ya se tornaba problemática, a juzgar por ciertas características de la personalidad del poeta y periodista. Sin embargo, al menos dos hechos pueden considerarse como saldo a favor de Maggie en esta relación: la influencia que ejerció sobre ella el propio Hernández Artigas y el entorno intelectual en el que se movía, acercándola y ganándole la simpatía y aceptación de muchos de los que lo integraban; y el nacimiento de su hijo Flavio. El apartamento de San Lázaro acogió sus momentos de mayor esplendor; con una excelente ubicación, allí la recuerda el mimo y actor Ramón Díaz, en un barrio con fuerte presencia de músicos y artistas: Aida Diestro, la directora del famoso Cuarteto; Omara Portuondo, Antonio Arcaño, Olga Flora y Ramón, Néstor Milí, el creador de Los Zafiros… actrices, actores, modelos, bailarines, y en las proximidades de la céntrica Rampa, que comenzaba a ser el epicentro de la noche capitalina de los 60.

En 1961, las descargas de jazz de Tropicana se trasladan al Habana 1900, en las calles O y 25, concentrándose en la zona de El Vedado la mayoría de los sitios donde se podía disfrutar de este género.[12] Maggie, lo frecuenta a la vez que continúa presentándose en enero y febrero de este año en “El Gato Tuerto” junto a Marta y Daisy (Las Capellas) y Luis García.[13] Otras jams continuaban proliferando por la ciudad. Regenteando el INIT[14] de manera centralizada los cabarets y clubs habaneros, se decide promoverlas los días de descanso de los shows en los diferentes centros nocturnos. De este modo, durante el mes de marzo a Maggie podía vérsele en la llamada “Descarga del Capri”, junto a Bobby Jiménez, Víctor Franco, René Ferrer y Ela Calvo, Leonel Bravet y el Grupo de Frank Emilio, entre otros. A juzgar por estos nombres, no era sólo jazz, sino tambien feeling lo que podía disfrutarse en ellas.[15]

De abril a junio de 1962, Maggie se presentaba en el “Descarga Club”, compartiendo escenario con Armandito Sequeira y su grupo, y Leonel Bravet.[16] Debió ser ya muy interesante su trabajo en esos días, para que Orlando Quiroga, en su sección “De viernes a viernes” en la revista Bohemia, comentara: “…somos muchos los que deseamos ver en 17 pulgadas a Maggie Prior cantando Hojas Muertas…”[17] A sus referentes afroamericanas, había sumado también a Edith Piaff y se inclinaba ya por una entrega honesta y desprejuiciada, con una clara proyección performática.

Poster del show «La Caperucita se divierte» en el Cabaret Capri.

Maggie vuelve al Capri en octubre este 1962, esta vez para asumir uno de los roles principales del famoso show “La Caperucita se divierte”, con dirección de Joaquín Riviera y coreografía de Tomás Morales, y un elenco que integraban también Juana Bacallao, Dandy Crawford, el Cuarteto de Meme Solís, entre otros.[18] En su sección “De viernes a viernes”, en la Revista Bohemia, el crítico Orlando Quiroga reseñaba sus impresiones: “…lo mejor es la música… la gente del feeling: Moraima –su “Alivio” es antológico- Los Meme, Maggie Prior, Dandy Crawford y la gran dama de todo esto: Juana Bacallao. En este show Joaquín Riviera y Tomás Morales han logrado la mejor producción de cabaret presentada al público cubano durante todo el año”[19]. El éxito fue rotundo, al punto que provocó que este show se mantuviera en cartelera durante diez meses. Maggie interpretaba, como siempre, canciones norteamericanas en inglés, integradas a la historia que, en el cabaret, recreaba el famoso cuento de Perrault.[20] Al finalizar 1962, el diario “Revolución” seleccionó los artistas más destacados por su quehacer durante el año. En la categoría de “cantante de jazz” fueron elegidos Leonel Bravet y Maggie Prior. Aparecía también Maggie dentro de la selección del mejor show de cabaret, al premiarse a “La Caperucita se divierte”.

A unos pocas decenas de metros del Capri se encontraba el club “La Gruta”, en el sótano del cine La Rampa en la calle 23 entre O y P, una verdadera cueva que acogía a uno de los fenómenos más interesantes del jazz en Cuba por entonces, al decir de Leonardo Acosta: las descargas del grupo Free American Jazz, formado por los músicos norteamericanos Mario Lagarde y Erick de la Torriente, que habían recalado en Cuba. “La Gruta” se convertiría en uno de los refugios nocturnos de Maggie desde 1962, cuando toma parte en las descargas del grupo, junto a Esther Montalván y más tarde con Elsa Balmaseda y César Portillo de la Luz.[21]

Cuenta el guitarrista Rey Montesinos que fue allí donde la vio por primera vez. En 1963, Montesinos tocaba ocasionalmente con el Free American Jazz “… y una noche se apareció y descargó con nosotros. Era la primera vez que yo veía ante mí lo que había escuchado en grabaciones: a una cantante hacer scat… y era una cantante cubana!! Ella era seguidora de Sarah Vaugham y Ella Fitzgerald; se notaba que conocía parte de los repertorios de estas dos cantantes jazzistas que eran las mejores del mundo en ese estilo. Eso se repitió muchas veces, pues Maggie frecuentaba los lugares donde se hacía el jazz. Descargó también en las jam sessions que se hacían en un local del ICAIC, en la esquina que forman las calles 23 y 10, donde asistíamos todos los músicos de jazz de la época. Eso hizo que nuestras relaciones se hicieran más sólidas. Un día me preguntó si estaba dispuesto a acompañarla como guitarrista en un concierto en la sala teatro El Sótano y por supuesto, le dije que sí, y eso se hizo reiterativo en diferentes teatros y sitios culturales, como la sala teatro de la Casa de las Américas, por mencionar sólo uno. Para mí fue muy importante acompañarla, pues así yo me obligaba a superar tanto mi técnica como un estilo de acompañamiento. Su repertorio iba desde lo más movido hasta el slow, basado principalmente en los standards del jazz y algunos temas del feeling. Creo que fue una buena cantante… siempre la recuerdo como una jazzwoman.”[22]

Con el Maestro Montesinos, coincide la poetisa y ensayista Nancy Morejón, amiga entrañable de la Prior, a quien, reconoce, le unía una hermandad muy especial: “Ambas adorábamos el jazz y el cancionero norteamericano. Cuando la conocí ya Maggie manejaba a la perfección un repertorio de standarts del jazz y canciones norteamericanas, principalmente de figuras negras: “Someone to watch over me”, el irrenunciable “My funny Valentine.” A veces le ayudaba con las letras.” Y afirma algo sumamente curioso: “Estas canciones formaban parte, de un modo muy natural y orgánico, del ambiente sonoro de algunos barrios de La Habana, principalmente la zona del hoy Centro Habana, hecho que aporta una característica muy especial al modo de acercarse a esa música y asumirla, y que se remonta a una época donde todo esto –cantar en inglés- era algo totalmente natural e incorporado en el modo de vida y comportamiento de los jóvenes.”[23]

STORMY WEATHER

Ya en 1962 se dejaban sentir las escaramuzas en contra de la presencia del jazz como género en la radio y la televisión, así como en espacios nocturnos, a juzgar por lo que, en su sección “De viernes a viernes” de la revista bohemia, publicaba Orlando Quiroga el 14 de diciembre:

“(…)el redactor quisiera conocer a los extremistas por cuya culpa el jazz, música de nuestro siglo, ha desaparecido de los programas de televisión. (…)los que amamos el jazz, que es una manifestación anti-imperialista desde el momento que proviene de los ritmos negros del Sur y representa, como los lamentos negros cubanos, una protesta contra la discriminación racial (…) no podemos escucharlo.” Algunas voces empoderadas incriminaban a quienes cantaban en inglés o asumían cualquier actitud no convencional, que podía ser tildada de “extranjerizante”. Pero otras voces, simplemente desde la música, resistían el embate, arropadas por el brillo de la noche habanera.

La Prior comienza a explorar otras posibilidades de expresión. En uno de sus primeros acercamientos al teatro, de que se tienen noticias, resulta memorable su versión de la canción tema de «Yago tiene feeling”, pieza teatral del malogrado dramaturgo, músico y actor Tomás González Pérez y que fuera estrenada por Pablo Milanés especialmente para la puesta en escena en 1962.[24] Este tema, con letra del propio González y música de César Portillo de la Luz, fue retomado por la Prior, haciendo una interesante recreación, según recuerda Zenaida González. En abril de 1963 está en las descargas del Capri, con un repertorio que también la identifica con el feeling. Esto, a juzgar por varios de mis entrevistados, era lo natural, pues entre músicos y adeptos no era muy posible establecer diferencias rampantes entre jazz y feeling. En esa misma sección, Orlando Quiroga recomendaba: “Si quiere encontrarse, en La Habana p.m. con algunos ejemplares de cabeza del movimiento triunfante en el público y en el fórum de la UNEAC, busque a Elena y a Colacho en el “Scheherazada”; baje hasta el Capri y busque a Los Meme, con Moraima, y a Maggie Prior.” [25] Además del Capri, en 1963 Maggie figuró entre los músicos habituales que se presentaban en el Descarga Club, en Neptuno entre Hospital y Aramburu, en el barrio de Cayo Hueso, sitio que se convirtiera durante tres años en la meca de los amantes del jazz en La Habana, sustituyendo al Havana 1900 y por donde pasaron músicos como Armandito Sequeira, Carlos Emilio Morales, Jorge Varona, Rembert Egües, Ahmed Barroso, y muchos otros.[26]

También en 1963, justo en mayo, tiene lugar, al decir de Leonardo Acosta, el mayor suceso jazzístico después de la desaparición del Club Cubano de Jazz: el Festival de Jazz del teatro Payret, primero en su género, organizado a iniciativa de Miguel de la Uz, quien fuera integrante del cuarteto vocal Los Modernistas.[27] Por el escenario del teatro del habanero Paseo del Prado desfilaron agrupaciones que serían las más destacadas de esa década: el Quinteto Instrumental de Música Moderna, el Free American Jazz, un quinteto dirigido por Leonardo Acosta, los cuartetos vocales Los Modernistas y del Rey; Omara Portuondo y otros músicos, y por supuesto, Maggie Prior, quien acompañada por la banda de Leonardo Timor, interpretó My Funny Valentine y Embraceable you.[28] Con la orquesta de Timor, Maggie se presentaría en otros espectáculos y lugares, a partir de su inserción ocasional en el formato de jazz band. La revista “Cuba” publicaba en su edición de junio un amplio artículo firmado por Jorge Timossi, dedicado a este evento, pero lamentablemente, la presencia femenina fue ignorada por completo.[29] En marzo de 1964, volvía Maggie al Salón Capri, esta vez en las Descargas de Lunes, compartiendo escenario con Los Armónicos de Felipe Dulzaides, Ela Calvo y Free American Jazz, entre otros. También descargaba, en algunos de los calurosos días de junio, en el club Atelier, de 17 y 4 en El Vedado, hoy curiosamente renombrado como Submarino Amarillo– junto a Free American Jazz , y muy de moda entonces, cuando los noctámbulos estaban de vuelta de todo y la noche se resistía a la llegada del amanecer.

Maggie Prior junto a Rolo Martínez y Bobby Carcassés en Cienfuegos. Archivo personal de Bobby Carcassés

Bobby Carcassés la recuerda por esos años, en que la conoció, justo cuando el polifacético showmanabandona el Teatro Musical, que dirigía Alfonso Arau, y comenzaba a trabajar en cabarets en la capital y ciudades del interior. Según Carcassés, el cabaret y el night club eran, de momento, el medio que la Prior tenía a su alcance, pero esto no la hacía totalmente feliz; prefería otros escenarios, siempre estaba a la espera de oportunidades de mayor impacto cultural, por lo que luchaba denodadamente. En su opinión es a mediados de los 60 que se evidencia en Maggie la influencia del llamado “happening”, que ella decodifica de modo consciente y con un sello personal. En la pista, su proyección escénica se refuerza, con un desbordado dramatismo; interactúa con músicos y público, desde la esencia misma de lo que cantaba, e implica a quienes presencia su actuación, de acuerdo al modo con que asumían su entrega.[30]

Juan Formell, en conversación con la autora, aseguró que también la conoció en estos años, rememoró las características de su singular personalidad y valoró positivamente sus facultades interpretativas y su especial entrega.

Su información musical crecía, al tiempo que asimilaba la influencia de su entorno inmediato, y de las relaciones adquiridas en aquellos convulsos años de los sesenta. Maggie, al igual que muchos, leía lo mismo a Calvert Casey que a Cortázar, a Carpentier que a Franz Fanon, en aquella Habana en que lo normal era intentar cultivarse y estar al día en el conocimiento. Esto le permitiría trascender los límites de la réplica del cancionero jazzístico norteamericano y asumirlo con un sentido creativo y renovado. Era común que ciertas salas de teatro acogieran también recitales y conciertos. Nancy Morejón recuerda uno muy especial, en la desaparecida sala Arlequín, donde Maggie, en esta línea, mezcló canciones, poemas y textos dramáticos. Declamó un poema de Morejón: “Putain cou coupe” consiguiendo un clímax de tal magnitud que motivó los gritos elogiosos y los aplausos de Virgilio Piñera, admirador declarado de Maggie, quien formaba parte del público. Las canciones ese día abordaban un amplio espectro, desde el blues a la canción internacional pasando por el feeling, desde la Fitzgerald y la Vaugham, hasta Edith Piaff y Judy Garland. Según Nancy Morejón, “…era Maggie en ese momento una especie de chanssonier femenina, lo que marcaba la diferencia respecto a los cantantes masculinos de jazz, como Leonel Bravet, Reinaldo Henríquez, Ezequiel Cárdenas –llamado el Nat King Cole cubano-, que hacían mayoritariamente éxitos del cancionero americano.[31]

Maggie Prior, como casi todos, vivía a plenitud aquel esperanzador presente que se gestaba en los años 60. Eran años de fervor patriótico y revolucionario, de profundos cambios en las estructuras sociales; habíamos alimentado la certeza de que estábamos construyendo el futuro mejor que deseábamos. Y dicen que Maggie apostó sinceramente por estos cambios y por ese futuro promisorio. Corrían tiempos de reafirmación racial y de validación de lo afrocubano en nuestra cultura; también de expresión de apoyo a las aspiraciones que en otros países movilizaban a amplios sectores de la juventud y la intelectualidad. Eran también los años de lucha en todo el mundo contra la guerra en Vietnam. Nos hacíamos eco de las batallas de los afroamericanos contra la segregación racial, por los derechos civiles. Algunos de estos luchadores, comenzaron a hacerse presentes en La Habana. Uno de los primeros, Robert Williams, además de contribuir a la toma de conciencia sobre las luchas por las reivindicaciones raciales en USA, también ayudó en la organización de aquel primer festival de jazz en mayo del 63, inaugurándolo él mismo con una alocución que invitaba a la reflexión sobre la verdadera naturaleza del jazz, su universalidad y vinculación intrínseca con las luchas de los negros norteamericanos.[32] El discurso de Williams encajaba oportunamente en la línea que pretendía detener los ataques que ya sufría el jazz, sus cultores y la música anglosajona, que comenzaban a ser etiquetados como nocivos a la idílica pureza propuesta como ideal de alcance inmediato.

TENDERLY

Durante la primera mitad de los sesenta, Maggie, relacionada como estaba con muchos intelectuales cubanos, conoce al escritor argentino Julio Cortázar, quien por aquellos años descubriría una Habana seductora, que reconocería su ideario en los proyectos de cambios sociales que se producían en la isla y que lo convertiría en un apasionado defensor y recurrente visitante. Su entorno inmediato sería el más próximo a Casa de las Américas, al ser invitado en 1963 y 1967 como jurado del Premio Casa y tras largas sesiones diarias de lecturas, El Gato Tuerto le abriría cada día sus brazos y sus puertas, como un paliativo dulce para inaugurar la noche. El jazz sería uno de esos vasos comunicantes que propiciaron entre Maggie Prior y Julio Cortázar una especial empatía, que devendría fuerte y significativa relación. Glosando una anécdota de aquellos encuentros, que demuestra el papel de la música en este vínculo, cuenta Leonardo Acosta: “En el consultorio y clínica del doctor Caíñas había un local con piano en el que además, ensayaron agrupaciones como el Tres más Uno y la Orquesta Los Van Van de Juan Formell. Ahí organizamos la cantante Maggie Prior y yo una descarga para el escritor argentino Julio Cortázar, gran fanático del jazz y trompetista aficionado, quien unos años más tarde y en otra visita pudo conocer y escuchar a nuestros dos trompetistas del momento: Arturo Sandoval y Jorge Varona.”[33]

Algunos aseguran que Cortázar hizo mucho para que Maggie lo siguiera a París, pero no fue suficiente para reventar todos los cerrojos que abrirían a la cantante las puertas hacia Europa. Otros lo desmienten y afirman que Maggie, a pesar de la situación de decadencia existencial por la que ya empezaba a transitar, nunca quiso aceptar la invitación de Cortázar a seguirlo a París, incapaz de soportar como emigrada la tierra prometida, de renunciar a lo que le era raigal, y decidió permanecer en La Habana, contra todos los vientos y todas las mareas que la azotaron.

Proyectaba seguridad y firmeza, pero al parecer, no tuvo fuerza suficiente para enfrentar los escollos que sobrevendrían a raíz de su vínculo con el escritor argentino, en una época donde una relación íntima entre algunos cubanos y ciertos foráneos, era no sólo mal vista, sino también arriesgada por los problemas sucesivos que entrañaba.

BUT NOT FOR ME

A partir de la segunda mitad de los 60, cobra auge el movimiento de la Canción Protesta en muchos países, y Cuba no fue la excepción. Tres trovadores muy jóvenes están haciendo en Cuba una canción diferente, portentosa, y ya iniciado 1967 otros músicos e intérpretes comienzan a seguirles. En su edición de febrero de ese año, la revista Cuba publicaba el artículo “Música joven”, firmado por Félix Guerra, Víctor Casaus, Antonio Conte y Pedraza Ginori, en el que llamaban la atención sobre lo que venía ocurriendo, principalmente, con un grupo de trovadores y otros músicos que ya seguían ese movimiento emergente: “…La temática de sus canciones no desprecia, por supuesto, el amor, pero se amplía hacia nuevas facetas del asunto, hacia nuevos asuntos, irrumpiendo en lo cotidiano de las cosas. Es un grupo y un movimiento en desarrollo que se engrosa constantemente con nuevas creaciones y nuevos valores. Al grupo inicial de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, se suma ahora un nuevo trovador: Eduardo Ramos; un guitarrista y musicólogo: Sergio Vitier, y varias intérpretes: Omara Portuondo, Maggie Prior y Marina Pérez. Es un movimiento que por otro lado se enlaza y comienza a confundirse con el de los jóvenes poetas, mientras entre los trovadores algunos comienzan a escribir el poema, entre los poetas algunos esgrimen la guitarra y ponen música a sus letras.”[34]

Maggie Prior, Marta Valdés, Pablo Milanés, Olga Flora Fábregas y Noel Nicola en Casa de las Américas. Agosto 1968. Cortesía del Archivo Fotográfico de Casa de las Américas

En efecto, desde los primeros meses de 1967 en Casa de las Américas se suceden una serie de conciertos que unieron a un grupo de músicos, unos ya adentrados en el gusto popular, otros menos conocidos, o de incipiente, aunque prometedor desempeño, pero interesados todos en ese tipo de canción de contenido social, que ya venían haciendo y que cantaba contra la guerra en Vietnam y en favor de las luchas sociales y las libertades en todo el mundo. Allí estuvieron los que comenzaban ya a ser íconos del aún inexistente Movimiento de la Nueva Trova –Silvio, Pablo, Noel-, junto a Eduardo Ramos, Martín Rojas, Belinda Romeu, Los Dimos, Olga Flora, Ramón Díaz y otros. Maggie Prior también participó en todos los conciertos. En una entrevista reciente, Omara Portuondo contó que fue Maggie Prior quien la invitó a participar en estos conciertos. Aceptó hacer la segunda parte del que compartiría con Maggie y fue allí donde cantó «La era está pariendo un corazón», de Silvio Rodríguez. En esos encuentros -me revela Marta Valdés- estrenó “Hagamos la canción”, tema de su autoría e inspirado en una impactante foto de los sucesos bélicos en Vietnam. Marta recuerda lo singular de la entrega de Maggie, en un arreglo que exigía de la guitarra acompañante una función percusiva de raro protagonismo. Ella misma la acompañó en la interpretación de este tema, que estrenara en Casa de las Américas. Al decir de Marta, Maggie Prior se destacó por hacer con su música y su voz, en esa época, lo que nadie hacía.[35]

Maggie Prior y Sergio Vitier. Conciertos de la Canción Protesta. Casa de las Américas. 1967.
Cortesía del Archivo Fotográfico de Casa de las Américas

En esos conciertos de creación y entrega colectiva Maggie cantó acompañada de músicos que hoy son verdaderos íconos: Pablo Milanés, Martín Rojas, Eduardo Ramos, Sergio Vitier…. El bajista, compositor y productor Eduardo Ramos, uno de los fundadores del movimiento de la Nueva Trova y del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC – participante en estos conciertos- recuerda que Maggie cantó un tema de Noel Nicola y también estrenó la canción “Creare due, tre, multi Vietnam”, del compositor italiano Luigi Nono, entonces simpatizante de la Revolución cubana, quien es visita frecuente en la Isla. Eduardo ponderó las cualidades interpretativas de Maggie en éste y otros temas que llevó a esos memorables conciertos.[36] Ramón Díaz recuerda también la versión que la Prior hizo en aquellos encuentros del tema “Terezin” de Silvio Rodríguez. A la memoria de Nancy Morejón vienen los versos de aquella canción de Noel Nicola,- sin nombre en su memoria- que Maggie interpretaba en Casa de las Américas, y cuya letra mencionaba a los intelectuales afrocaribeños Aimeé Cesaire y Franz Fannon. Al decir de Nancy Morejón, “…en esta época Maggie se inserta ya de un modo legítimo en el ámbito de la llamada canción protesta.”[37]

Martín Rojas, Eduardo Ramos, Omara Portuondo, Sergio Vitier y Maggie Prior en conciertos de la Canción Protesta. Casa de las Américas. 1967. Cortesía del Archivo Fotográfico de Casa de las Américas.

En agosto, la Casa organizaba, como culminación de esas jornadas, el Encuentro de la Canción Protesta, invitando a músicos y cantantes de varios países, pero por Cuba sólo participó Carlos Puebla, a juzgar por las grabaciones del álbum doble producido por EGREM y Casa de las Américas como fijación sonora de lo acontecido en el evento.[38] La canción protesta, esa música joven, comenzó a decantarse hacia lo esencialmente trovadoresco: la poesía, la voz, un artista y su guitarra. Así nos llegó y nos abrazó esa música, como forma de expresión por excelencia. Pero Maggie era, para entonces, sólo una cantante que actuaba, o una actriz que cantaba.

En 1968, otro evento importante, el Salón de Mayo trajo aires de vanguardia europea y con ellos, a los máximos representantes de las más importantes corrientes artísticas y estéticas.

Maggie Prior y Sergio Vitier en Casa de las Américas.1967.
Cortesía Archivo Fotográfico de Casa de las Américas

SOMEONE TO WATCH OVER ME
En contraste, 1968 es también el año de la llamada Ofensiva Revolucionaria, que, entre otras medidas, provocó la intervención de los pequeños negocios, y en particular, el cierre -temporal en unos casos, definitivo, en otros- de los cabarets, night club y clubes de jazz. Aunque pronto el error se hizo ostensible y hubo que abrir algunos de los principales centros nocturnos, los más pequeños no corrieron la misma suerte, dejando sin trabajo a un gran número de músicos y cantantes, que torpemente, entre el asombro y la angustia, comenzaron a enrumbar sus vidas y sus sueños por los más diversos caminos.
A mediados de 1972, la abogada negra norteamericana Angela Davis devenía figura icónica y durante poco más de un año la lucha por su liberación se convertía en una causa mundial y también de los cubanos. Maggie es una de las múltiples voces femeninas cubanas que interpreta “Por Angela” dedicado por Tania Castellanos a la Davis. Según los recuerdos de Ramón Díaz, fueron la cineasta Sara Gómez, la actriz Olga Flora Fábregas, la cantante Maggie Prior, de las primeras en Cuba en llevar el pelo afro “a lo Angela Davis”, como muestra de una asunción de identidad y compromiso.[39] Cada una, desde su espacio de creación, validó esta experiencia, expresó sus ideas y demostró sus convicciones. Fueron parte de esa explosión creativa que caracterizó la segunda mitad de la década de los sesenta y como tal, Maggie presenciaba y también participaba en acontecimientos sociales y culturales que estremecían la vida intelectual cubana.
Pero su gesto o no se entendía o no se consideraba en toda su dimensión; no todo estaba ganado, ni mucho menos, en el terreno de las reivindicaciones sociales en Cuba, y muchos prejuicios provocaban que funcionarios venales hicieran del poder un instrumento personal de selección y descarte. Los sesenta fueron también los años de la ya mencionada, conocida y reconocida estigmatización del jazz y sus cultores, a partir de una serie de acciones que todavía, casi al final de la década siguiente, dejaba este género a merced de las polémicas y prohibiciones que lo mezclaban con las posiciones políticas de quienes dirigían determinados espacios y decidían qué y cómo debía ser la cultura de mi país. Son los años en que Maggie Prior, como muchos otros, tuvo que soportar las devastadoras consecuencias de las evaluaciones de 1968 en el sector musical, cuyos veredictos se dejaron permear en numerosos casos, de criterios extramusicales, venales y sumamente excluyentes. Maggie fue una víctima de aquel proceso.
Descubro que aquí arreciaron, acaso, los primeros conflictos y el inicio de un angustioso camino para la cantante: a las evaluaciones, a la disminución de los espacios donde tocar y cantar, a la reticencia “administrativa” en los medios frente al jazz por seguir considerándolo, increíblemente, “la música del enemigo”, se sumaba el hecho de que los mismos instrumentistas dejaban poco espacio a los cantantes del género “porque los músicos de jazz se proyectaban únicamente hacia lo instrumental, al jazz sin voz”. Ya no eran tiempos de cantantes, sino de músicos obsesionados por demostrar un grado de información y virtuosismo que los hiciera competitivos, principalmente porque la evolución de este género había modificado la relación misma del músico con su instrumento, afianzando su vínculo indisoluble y liberador.[40] Este enfoque comenzó a prevalecer y se extendió en lo adelante. Por si esto fuera poco, la Prior debió enfrentar además, la venalidad de los dirigentes de turno, cuando se le prohibe, entrar en el edificio de la Radio y la Televisión, justo por llevar el pelo afro, y con la condición sine qua non de que “si quieres regresar tendrás que hacerlo cuando te hayas peinado correctamente”, encarando Maggie airadamente al censor, con las consecuencias que cabía suponer entonces.[41]
Tomo prestada una frase de Ramón Díaz: “…eran años de aceptar diversas preferencias, al tiempo que de persecución de todo lo que se saliera un poco de la norma… y Maggie se salía….”[42]
Era Maggie Prior era una mujer negra paradigmática en muchos sentidos, era rupturista, avanzada, contestataria, libre, con una sensibilidad a flor de piel, y para colmo, era –y quería que se supiese- profundamente cubana en su cosmopolitismo. Para las que éramos muy jóvenes entonces, Maggie representaba un vanguardismo que entonces no podíamos definir muy bien: sólo sabíamos que ella era icónica, llamativa, diferente. Era los años que inauguraban una nueva década, finalizando los 60. Años demasiado convulsos para ser olvidados.
Por esos años finales de los sesenta, Maggie inicia una relación sentimental con el actor Rolen Hernández, quien la acercó aún más al teatro, estimuló su presencia en la escena musical e intentó dar respaldo a su a veces insegura actuación ante los escollos que cada vez más atravesaban su camino. Se le ve en el elenco de un grupo de teatro de aficionados del que salieron importantes actores, como Daisy Granados, Francisco García y Susana Alonso. Tomó clases con José Milián y Pepe Santos. Esta experiencia le valió para vincularse después, por corto tiempo, al grupo teatral La Ronda. En años de la llamada “parametración”, está cerca también de su amigo Vicente Revuelta y del “Grupo de los 12”; de ellos también nutrió su interés por el teatro, al tiempo que ayudó mucho espiritual y materialmente a directores, dramaturgos y actrices que fueron víctimas de este absurdo y devastador proceso.
Junto a su talento interpretativo, se habían pronunciado rasgos de su personalidad que obstaculizaban el crecimiento de su carrera: según cuentan: muchas veces era desbordada y explosiva; otras, depresiva e inconstante. No siempre encaraba con sagacidad los numerosos obstáculos que encontraba, comenzaba a abandonarle la paciencia y afloraban en ella sentimientos de frustración y desesperanza, lo que le restaba fuerza a sus exigencias y razones y desembocaban en crisis de angustia y depresión.
Maggie debía y quería trabajar; continúa presentándose en escenarios nocturnos habaneros que habían sobrevivido tras la tormenta de 1968. En noviembre de 1972 vuelve al Capri, en un elenco formado por el grupo Tres más Uno, Los Enríquez, Vilma Valle, el Conjunto Casino y otros.[43] Por esos años acudía también al antiguo club “Johnnys Dream”, ahora denominado “Río Club” de Miramar, y que por aquellos años los propios músicos lo convirtieron en el lugar de los jazzistas y las descargas. Descargaba en “El Johnnys…” con Pucho López, Pablo Menéndez, Nicolás Reynoso, Emiliano Salvador y otros.
Canta también en el cabaret Caribe del Hotel Habana Libre; vuelve al cabaret Capri con la orquesta de Leonardo Timor, quien se encarga especialmente de orquestarle las canciones popularizadas entonces por la italiana Mina; pero no deja el jazz, sólo que para trabajar en estos lugares tenía que alejarse un poco del repertorio anglosajón e interpretar canciones y temas de otros géneros y procedencias. Siempre incluía canciones como “Te voy a dar”, compuesta por ella y por Ricardo Mosquera, y otras de la llamada canción social. También se le podía ver en ocasiones en el cabaret Copa del hotel Riviera, en el concierto de la medianoche con acompañamiento de guitarra a cargo de Zenaida González, y también de la orquesta de planta del cabaret. Canta en la inauguración de una exposición del escultor cinético de origen rumano Sandú Darié.
Sobreviene entonces el segundo cierre de los cabarets y se vuelve a quedar sin sitios donde trabajar, aunque no se aleja del teatro. Hace cuatro recitales en la sala Hubert de Blanck, en los que cantó esencialmente, blues, jazz, canciones filineras; impacta con sus versiones muy personales e inolvidables de Cachita y Drume Negrita y aún se recuerda su The Man That Got Away, acompañada únicamente por Zenaida González, esta vez sin la guitarra, pero con una tumbadora, por decisión de la propia Maggie. Ahora las casas de Carlos Piñeiro, Felito Ayón y la suya propia serían los sitios de asidua concurrencia para descargar.[44]
La creación por Bobby Carcassés en 1979 del Festival Jazz Plaza podía suponer para Maggie la acogida en un foro que debió serle natural. Sin embargo, no fue exactamente así. No hubo un espacio fácil allí para los cantantes de jazz, al menos en sus años iniciales. No es hasta en 1988, según explica Leonardo Acosta, que el Festival Jazz Plaza concedió un sitio amplio a algunos cantantes, que en las últimas décadas habían estado ausentes de los espacios dedicados a este género en los diferentes medios. Por los escenarios del evento pasaron Mayra Caridad Valdés y Bobby Carcassés, y también Maggie junto a otras cantantes, no esencialmente jazzistas, pero que de algún modo se acercaban al género, como Beatriz Márquez, Argelia Fragoso y los grupos Eco y Vocal Juventud.[45] Como excepción, en la década de los 80, indica Leonardo Acosta, Maggie subió al escenario en algunas ediciones del Festival de Jazz, haciéndose acompañar por el trío de jazz Fusión 3, formado por el pianista Freddy González, con Jesús Fernández en el bajo y René Lauzurique en la batería.
El programa de televisión «Y algo más«, dirigido por Pedraza Ginori, dedicó parte de su emisión del 15 de febrero de 1983 al jazz, presentando a Arturo Sandoval, Mayra Caridad Valdés, Maggie Prior y a Gilberto Torres y Los Bailadores de Jazz de Santa Amalia. Quizás sea ésta la última referencia sobre la presencia Maggie en la televisión cubana.
Cansada de tantos molinos de viento, ya por los ochenta, Maggie rinde las armas del jazz, al menos, públicamente, y comienza a transitar un camino de renuncias y reveses por la llamada música popular. El declive y la marginación en escenarios y medios cubanos la obliga a derivar poco a poco hacia la balada y la canción, donde no brillaría como antes. Se integra a diversos espectáculos diseñados por Alexis Vázquez, su compañero en la vida por aquellos años, y se presenta en varios países de Europa del Este y Japón, sin mayor trascendencia ni mediática y artística. Ya nunca más fue la misma. Se apagaba su esplendor; comenzaría una larga estela de conflictos familiares y la frustración la abatiría definitivamente. Se inicia así el conteo regresivo. Son los primeros pasos hacia la soledad y el olvido.
En 1988, cuenta su hijo Flavio, sufrió el primer accidente cerebrovascular: el reto de una secuela motriz que ella se empeñó decididamente en superar. Cuatro años después, sobrevendría el segundo y tras varios meses de lucha tenaz por su rehabilitación en el hospital Hermanos Ameijeiras, de La Habana, dicen que Maggie perdió junto a sus deseos de vivir, sus facultades esenciales. Su hijo asegura que moriría un día de 1992, olvidada y abandonada por todos.[46]
Más allá de sus dotes y aptitudes como cantante, Maggie Prior fue absolutamente importante, porque supo desde su condición de mujer resistir y defender el jazz, en circunstancias adversas y hasta hostiles. Es esta la razón de ir tras sus huellas e intentar encontrar algo más que ese recuerdo intangible y la constatación de cuán laboriosa ha sido la desidia.
La interactividad que reclamo para mi blog quizás permita que alguien aporte una imagen perdida, una foto gastada, o una pista, aunque sea mínima, para encontrar las cintas que atesoró su amiga entrañable Carmen Pous Pariña, ejecutiva de Cubana de Aviación ya fallecida, y cuyo destino es incierto. En esas cintas está el registro de aquellas canciones que Maggie pidió prestadas a Sara, a Ella, a Edith, a Miriam o a César Portillo, a Marta o a la otra Ela, para siempre.
…Y YO SIGO PENSANDO EN TI
Un día cualquiera del año 2006, Aurora Bernárdez, editora, traductora, viuda del escritor y poeta argentino Julio Cortázar, regresa al apartamento que compartieron en París. Hurgando en estantes y gavetas de una vieja cómoda, encuentra una gran cantidad de manuscritos, y entre ellos, un poema: Blues for Maggie. Estos textos y versos quedaron recogidos, tras un arduo trabajo de edición, en el volumen “Papeles inesperados[47]. “Blues for Maggie” forma parte de los once poemas inéditos del autor de “Rayuela” y por alguna razón fue elegido por Bernárdez y Carles Alvarez –estudioso de la obra de Cortázar- para ver la luz en esta publicación póstuma.
Cortázar y Maggie se conocieron e intimaron en La Habana, en los años tempranos de la década de los sesenta. Muy especial debió ser la relación que se estableció entre ellos, para que el escritor y poeta argentino escribiera este Blues for Maggie, muy presumiblemente, dedicado a ella, y escrito, al parecer, años después de sus recurrentes visitas habaneras, con el Malecón como referente idílico y el extraordinario tema “Ya ves” de Pablo Milanés, cantado por Maggie Prior, en la memoria.
BLUES FOR MAGGIE
Ya ves
Y yo sigo pensando en ti
Canción de Pablo Milanés.
Ya ves
nada es serio ni digno de que se tome en cuenta
nos hicimos jugando todo el mal necesario
ya ves, no es una carta esto,
nos dimos esa miel de la noche, los bares,
el placer boca abajo, los cigarrillos turbios
cuando el cielo raso tiembla la luz del alba,
ya ves,
yo sigo pensando en ti,
no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa
y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube
y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia.
Nos hicimos jugando todo el mal necesario,
el tiempo pone el resto, los oseznos
duermen junto a una ardilla deshojada.
Julio Cortázar
Agradezco inmensamente a todos los amigos que compartieron conmigo sus recuerdos, datos y otros aportes: a mi querido por siempre Juan Formell (RIP); a Bobby Carcassés, Marta Valdés, Eduardo Ramos, Gilberto Valdés Zequeira, Sergio Vitier, Rey Montesinos, Leonardo Acosta, Enrique Pla, Nicolás Reinoso, Nancy Morejón, Ramón Díaz, Rolen Hernández, José Dos Santos, Aries Morales, Alexis Vázquez, Víctor Casaús, Carlos Velazco, Elizabeth Mirabal, Elsa Padrón, Pablo Marquetti, José E. Yllarreta, Ingrid González, Georgina Almanza, Cary Enríquez, Flavio Hernández Prior, Cristina Arestuche, Jamila Castillo (Jamila Purofilin) y muy especialmente a Zenaida González y las personas del Archivo Fotográfico de Casa de las Américas.
FUENTES CONSULTADAS

  • Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Editorial Museo de la Música.
  • Adriana Orejuela: El son no se fue de Cuba. Editorial Letras Cubanas.
  • Paquito D’Rivera: My sax life. A memoire. Northwestern University Press.
  • Toni Pinelli: La evaluación: error o acierto?. 2010 (artículo)
  • Carlos Velazco y Elizabeth Mirabal: Buscando a Caín. Ediciones ICAIC 2012
  • Jorge Fornet: El 71. Anatomía de una Crisis. Editorial Letras Cubanas.
  • Revista Bohemia Años 60 y 70.
  • Revistas Cuba y Cuba Internacional Años 60 y 70.
  • Revista Show. Años 60
  • Revista Revolución y Cultura. Añoso 60 y 70
  • Fonotecas Radio Rebelde, Radio Progreso, CMBF y Radio Habana Cuba.
  • Archivo Fílmico ICRT
  • Archivo Fotográfico Casa de las Américas.
  • Documental «Canción Protesta» de Alejandro Saderman.
  • El Blog de Pedraza Ginori ( http://elblogdepedrazaginori.blogspot.com)
  • Blog de Inés María Martiatu (http://inesmariamartiatu.blogspot.com)

[1] Leonardo Acosta: El Jazz en Cuba. Ediciones Museo de la Música, 2012; Adriana Orejuela: El Son no se fue de Cuba. Editorial Letras Cubanas; Paquito D’ Rivera: Mi vida sexual.
[2] Leonardo Acosta: Obra citada. Pag. 178
[3] Gilberto Valdés ha sido baterista e integrante del Cuarteto Les Cavaliers, Los Modernistas de Gilberto Valdés. Vinculado al entorno del jazz desde la década de los 50. (Nota de la autora)
[4] Entrevista con Gilberto Valdés. 4 de febrero de 2014.
[5] Este dato no ha podido ser confirmado a través del registro civil .
[6] Cuarteto anterior a la creación de Los Modernistas de Fernando Mulens. (Nota de la autora)
[7] Testimonio de José Eugenio Yllareta a la autora. Emails fechados 4 y 26.03.2014
[8] Idem al anterior. También en entrevista de la autora con Gilberto Valdés. 4 de febrero de 2014.
[9] Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Editorial Museo de la Música. 2013. Pág. 178
[10] Adriana Orejuela: El Son no se fue de Cuba. Pág. 162-163. Editorial Letras Cubanas.
[11] Entrevista de la autora con Aries Morales. 28 de febrero de 2014, en Ciudad de La Habana.
[12] La Revista Show, en su edición del 28 de mayo de 1961, señala la nueva sede de las descargas que antes se realizaban en el cabaret Tropicana.
[13] Adriana Orejuela. Obra citada. Pag. 445 y 446
[14] INIT – Instituto Nacional de la Industria Turística. Institución desaparecida.
[15] Testimonio de Zenaida González, productora y músico, quien fuera amiga y también guitarrista de Maggie Prior por algún tiempo. También en Adriana Orejuela. Obra citada. Pág. 446
[16] Adriana Orejuela. Obra citada. Pág. 454
[17] Revista Bohemia, 18 febrero 1962. Se refiere a la aparición de Maggie en programas musicales de televisión.
[18] Adriana Orejuela. Obra citada. Pag. 456
[19] Orlando Quiroga: “De viernes a viernes” en Revista Bohemia. 23.11.1962
[20] Orlando Quiroga en sección “De viernes y a viernes”(Noches de La Habana, por El Duende). Revista Bohemia. 5 de julio de 1963. Pag. 40.
[21] Adriana Orejuela. Obra citada. Pag. 456. También Revista Bohemia. 5.10.1962
[22] Testimonio del guitarrista Rey Montesinos, a solicitud de la autora, vía email. 12 de febrero de 2014.
[23] Conversación de la autora con Nancy Morejón. La Habana, 12 de febrero de 2014
[24] Testimonio de Zenaida González.
[25] Quiroga hace referencia aquí al famoso encuentro sobre el feeling de 1963 y a la polémica en torno a la canción “Adios felicidad” de Ela O’Farrill. Revista Bohemia, edición del 19 de abril de 1963.
[26] Leonardo Acosta: Un siglo de jazz en Cuba. Pág. 190. Ediciones Museo de la Música. 2012
[27] Leonardo Acosta. Ibidem. Pág. 202
[28] La única foto encontrada de Maggie cantando en este evento forma parte del Archivo Fotográfico de la Agencia Prensa Latina. Las normativas comerciales de esta entidad impidieron a la autora obtener una copia digital para compartirla con los lectores de este artículo.
[29] Revista CUBA. No. 14. Junio 2013. Pp. 63-71. De este evento, en el archivo fotográfico de la Agencia Prensa Latina se conserva una única foto de Maggie sobre el escenario. La autora no ha podido tener acceso a su utilización en esta investigación.
[30] Entrevista a Bobby Carcassés. La Habana, 21.1.2014
[31] Entrevista a Nancy Morejón. La Habana, 12.5.2014
[32] Leonardo Acosta. Obra citada. Pag. 186. Para ampliar véase artículo “Jazz en Cuba”, de Enrique López Oliva y Jorge Timossi. Revista Cuba, 1963
[33] Leonardo Acosta: Obra citada. Pp. 205-206
[34] Revista Cuba. Febrero de 1967. Pág. 35
[35] Conversación de la autora con Marta Valdés. La Habana, 7 de febrero de 2014
[36] Entrevista de la autora con Eduardo Ramos. La Habana, 5 de marzo de 2014.
[37] Entrevista de la autora con Nancy Morejón
[38] También el realizador Alejandro Saderman recogió el testimonio audiovisual en su documental “Canción Protesta”.
[39] De la entrevista vía email a Ramón Díaz por la autora.
[40] Basado en la entrevista telefónica de la autora con Sergio Vitier, músico y compositor. La Habana, 26 de febrero de 2014
[41] De la entrevista de la autora con el dramaturgo y director teatral Alexis Vázquez, último esposo de Maggie Prior.
[42] Ramón Díaz en email a la autora. Enero de 2014.
[43] Adriana Orejuela. Obra citada. Pag. 514
[44] Testimonio de Zenaida González en entrevista con la autora. 10.5.2014
[45] Leonardo Acosta. Obra citada. Pag. 254.
[46] Entrevista con Flavio Hernández Prior. 19.05.2014.
[47] Julio Cortázar: Papeles Inesperados. Alfaguara. Mayo 2009
© Rosa Marquetti Torres

Alquízar, Cuba. Soy una apasionada de la historia de la música y los músicos cubanos, de la memoria histórica y de asegurar su presencia historiográfica en las redes. Me gusta la investigación. Trabajo además en temas de propiedad intelectual y derechos de autor. Escucho toda la música... y adoro....la buena. Desmemoriados... es la interaccción. Todos los artículos son de mi autoría, pero de ustedes depende que sean enriquecidos.

40 Comentarios

  • Humberto

    excelente y necesario, como siempre, para rescatar a Maggie Prior. Me pregunto, aquellos fotógrafos que siempre estaban en el Jazz Plaza, no tendrán imágenes de ella? Cala, Salas … Saludos y gracias, también como siempre …

  • raúlciro

    Dios, mío… Mira, belleza, empecé a leer tu nueva entrada escuchando de fondo a King Crimson, su segundo disco “Larks' Tongues in Aspic” (una copia francesa, que curiosamente me costó en un “Cash Converter”- ese infierno…-, un euro con cincuenta céntimos) y entre el disfrute inusual… (de lo que leía), me comenzaba a preocupar el levantarme del sofá y cambiar de cara… No sé, o sí, esto que he leído esta vez, me ha sacado las lágrimas en gran parte de su extensión (larga para mi suerte y las de otros). Ha habido un momento (espero explicarme con otros elementos luego, si puede ser y “él quiere”) que he parado de seguirte y bueno…
    Luego, sí… Es tremendo, hará un tiempo que le comentaba a mis amigos, Humbe y Joaquín que era necesaria… otra perspectiva, otro prisma de…, para la (crónica, la memoria) crítica… musical… Ya sé que no me explico muy bien, pero mira (y sí, es rotundo, definitivo), esta percepción tuya (y ojalá fragüe en otras visiones diferentes, hasta opuestas, fuera de ti; ojalá) es lo que yo precisaba como entusiasta, amiga. No puedes imaginar, las fuerzas (las luces renovadas) que me da esta tu tesis desprejuiciada y auténtica, maravillosa… Puedo imaginarme entonces (sin intención alguna de ofender a nadie, lo digo muy convencido) locamente enamorado de esa mulata -de esa negra-, sí…
    Ojalá pudiera explicarme mejor, lo siento; he viajado a zonas que idealizaba desde la ignorancia total, desde la intuición. Y sí, no estaba equivocado, había una talla allí, en esos tiempos y usos (horarios…) que narras tan magistralmente. Bendita eres, amiga, bendita seas. Gracias, créeme; de verdad muchísimas gracias. Esa es “la mecánica”…, sí eso. Dios mío, qué bueno. Podría seguir, pero no. Un beso, abrazos. Te quiero mucho (más después de leer esta maravilla)

  • rosamarquetti

    Gracias, Humbe! Como siempre, tus comentarios me animan muchísimo y me esclarecen más. Te cuento que ni Ernesto Fernández, ni Helio Ojeda, ni Robert Bellos -estos dos últimos totalmente vinculados a los conciertos de jazz- tienen fotos de Maggie. Tampoco los archivos de Bohemia. La única foto de Maggie en pleno escenario jazzístico durante el 1er. Festival de Jazz del Teatro Payret, la tiene Prensa Latina en sus archivos, pero yo no clasifico para adquirir el derecho a una copia digital.

  • rosamarquetti

    Raúl, cariño, el que me ha sacado las lágrimas eres tú. Créeme que me animas muchísimo a seguir creyendo que es útil lo que hago. Maggie me ha tenido obsesionada desde diciembre pasado y aún no termino: aún espero porque aparezcan datos fidedignos de su nacimiento y muerte, pero sobre todo: que aparezca su música, su sonido, la prueba de su entrega sincera y desprejuiciada, total, como la recuerdan muchos de los que aportaron aquí sus remembranzas. Sin ellos no habría sido posible acercarnos a la "ninfa de azúcar prieta", como la calificó en algún lugar de internet, alguien que la conoció. Gracias de nuevo, querido.

  • rosamarquetti

    Mientras investigaba la vida de Maggie Prior, gracias a Leonardo Acosta me contactó la cantante cubana radicada en Galicia, Jamila Purofilin (Jamila Castillo) quien había musicalizado algunos poemas de Julio Cortázar en su disco "Julio Cortazar Songs" (juliocortazarsongs.wordpress.com). Uno de ellos es "Blues for Maggie" y Jamila me pide que comparta este link con ustedes para que escuchen su versión.

    https://soundcloud.com/user324067474/blues-for-maggie/s-aCevO

  • rosamarquetti

    Adiciono en el texto un dato que fue de los primeros que hallé, pero por esas cosas, quedó omitido en una de las tantas versiones de esta investigación: en 1967-1968 fue Maggie quien invitó a Omara Portuondo a asistir a los conciertos de la Canción Protesta. Omara aceptó hacer la segunda parte del concierto compartido con Maggie y fue ahí donde cantó "La era está pariendo un corazón", de Silvio Rodríguez. Así lo contó Omara en una entrevista.

  • Yin Pedraza Ginori

    Estimada Rosa: Soy Pedraza Ginori. Desde 1992 vivo en Galicia. Ya estoy jubilado y más tranquilo que estate quieto. No conocía tu blog y de casualidad he llegado hoy hasta él. Me ha parecido muy buena, seriamente documentada y muy agradable de leer tu crónica sobre Maggie. Yo viví con intensidad esos años y me has hecho recordar muchas cosas y emocionarme. Me ha gustado tanto que prometo leerme todas y cada una de las piezas que has escrito. Te acabo de invitar a ser mi amiga en Facebook. Yo también tengo un blog donde estoy contando mis recuerdos y "batallitas" en el mundo de la televisión, las variedades, la prensa y la música en Cuba. El enlace es http://www.elblogdepedrazaginori.blogspot.com.es Me hace mucha ilusión que me leas. Y si en mis crónicas encuentras algo que te sirva para las tuyas, puedes tomarlo sin problema alguno.
    En tu escrito aparezco (junto a Félix Guerra, Casaus y Conte) como uno de los redactores de un trabajo publicado en la revista Cuba de febrero del 67 sobre los jóvenes trovadores que irrumpían por entonces en la escena musical cubana. Yo tengo en mi poder casi todos (pienso que a lo sumo me faltan dos) los reportajes que hice para "Cuba" y ése que citas ni lo tengo ni recuerdo haberlo hecho. ¿Habrá alguna forma de que me lo hagas llegar ya sea en formarto de foto o de documento de texto? Si es así, te lo agradecería muchísimo. Mi dirección de email es tanamigoscomosiempre@gmail.com Recibe mi mejor saludo, encantado de haberte descubierto. Y i n

  • rosamarquetti

    Gracias, Yin, por tus comentarios y me place mucho que te haya gustado el artículo sobre Maggie. Ya te he enviado al email que me indicas ese reportaje que cito y no tienes. Está en formato imagen. Dime si te llegó bien todos. Abrazos.

  • Tenchy Tolón

    Rosa, inapreciable la de datos que ofrece tu blog. Hoy leo emocionada sobre la Prior, a quien apenas conocí de oídas a través de Mario Lagarde, este excelente músico norteamericano radicado en Cuba era visita asidua de mi casa por ser un gran amigo de mi madre, la soprano María Teresa Tolón (otra olvidada en su propia tierra, hace cuatro años escribo un Blog por su memoria con algún material de archivo que conservo). También a Lagarde le fue prohibido interpretar Jazz y canciones norteamericanas (su propia música), eso lo destruyó emocionalmente. En su velorio solo estuvieron sus vecinos del solar donde vivía, un caserón destartalado al doblar del Capri y poquísimos amigos. La última vez que le vimos tocar, estaba de pianista en el Restaurante “El Bosque”, en Nuevo Vedado. Es posible que algún vecino de Mario (el solar era su familia) conserve algo de su archivo personal, donde habían innumerables fotografías, y seguramente algo de esa maravillosa jazzista que no tuve oportunidad de escuchar, Magali Prior, Mario Lagarde hizo varios arreglos para ella. Un saludo y agradecida por hacer valer nuestra Memoria!

  • Emilio

    Rosa, muchas gracias por permitirme conocer la figura de Maggie Prior, además del maravilloso recorrido por el mundo del jazz y La Habana de los sesenta.Imagino que el guitarrista Alberto Menéndez debe ser el mismo que era vecino mío en la calle Velázquez. Creo que alguna me dijo (no estoy seguro, yo era muy niño) que había estado en un cuarteto llamado Loquimabia Jazz o algo parecido. Cuando lo conocí trabajaba en el ICAIC. Aquí aparece en un video del portal de You Tube del caricaturista Hernán H. El enlace al video es este: https://www.youtube.com/watch?v=6gPJfZ22mpM . Felicidades de nuevo por el artículo.

  • rosamarquetti

    Tenchy, aprecio mucho tus elogios y mucho más la información que compartes sobre Mario Lagarde, otro personaje instalado en las leyendas del jazz en Cuba. Es triste todos estos finales…. Pero no tengas duda de que iré tras sus huellas. Un fuerte abrazo.

  • rosamarquetti

    Gracias a ti, Emilio, por la lectura y el comentario. Hay algo mágico en esto: ayer mismo preguntaba yo a Gilberto Valdés Zequeira por Alberto Menéndez. No he podido saber qué fue de él, así que la pista que me das, me ha de llevar a la calle Velázquez. Podrías darme más datos de la dirección, si es que la recuerdas? En cualquier caso, Menéndez de ya ser octogenario o nonagenario, si aún vive. Quería localizarle a él o a familiares, porque sé que integró el grupo Loquibambia Swing, fundado por José Antonio Méndez y luego estuvo en varias formaciones ligadas al jazz y al feeling. Tu ayuda será muy importante si recuerdas más de dónde vivía. Gracias de nuevo!!!

  • Emilio

    Sí Rosa, mira, por lo que supe desde hace ya mucho tiempo -y también por lo que parece según el video del cual te puse el enlace- Alberto y toda su familia (cercana, al menos) están en Miami. De inmediato, lo único que se me ocurre es escribirle al propio Hernán H. a través de su canal de You Tube a ver si sabe cómo contactarlo. El video es, aparentemente del año 2007, y Alberto se ve mayor, pero todavía bien y cantando. Deja ver qué puedo hacer y te contacto por aquí mismo.

    Por lo demás, la calle donde vivíamos era Velázquez entre San Joaquín e Infanta, a una cuadra de la esquina de Tejas. Alberto me consiguió mi primera guitarra y me insistió para que entrara al Conservatorio de Guanabacoa; cosas de juventud, ya que no soy músico en absoluto aunque me intereso por la música desde una perspectiva más cultural en general. (Por cierto, en 1990 publiqué una entrevista con Rafael Ortiz en El Caimán Barbudo, que va y a lo mejor te puede ser interesante; mi nombre completo es Emilio García Montiel y la entrevista se llama "La vida es una semana"; apareció, según lo tengo anotado, en El Caimán Barbudo, año 24, edición, 269, abril, 1990.) No la tengo aquí conmigo, si no, te la copiaba y te la enviaba.

    Te reitero mis felicitaciones por el blog. Y en cuanto tenga alguna noticia de Alberto o su familia, te escribo.

  • Anónimo

    Rosa!!! Ya había escrito, pero desapareció el comentario… Eres maravillosa cronista e investigadora. Gracias por este pe'azo de artículo. Yo estaba fascinada por Maggie y Cortázar; y traté de investigar sobre ella y fue imposible. Tu trabajo es encomiable. Te felicito y trataré de darte toda la información que pueda encontrar sobre ella. Un beso grande, y adelante con todos los injustamente olvidados músicos cubanos que puedas reseñar. Jamila 'Purofilin' Castillo.

  • armando

    Rosa q bella labor no me cansare de decirtelo, pero esta de un reencuentro con magui Prior es excelente, pues no solo ella, han sido muchos los interpretes q nos dieron su talento en el jazz y en la musica bella de fitzgerald, vouhgan, Sinatra, matis, etc y de los q jamas supimos como Bobby jimenez, leonel bravet, etc,,,,,pero es lindo recordar todos aquellos espacios nocturnos en q Magui era buscada para disfrutarla, su voz, su presencia, su magestad, gracias por ese studio q has realizado con vehemencia sobre una de las grandes cancioneras de los 60 y 70, otro orgullo de Cuba q no se puede olvidar, gracias y recuerda q hay muchos mas q hay q reencontrarse con ellos por el bien de la etrnidad de la musica cubana, gracias

  • rosamarquetti

    Copio a continuación los recuerdos que el dramaturgo Raúl Alfonso ha compartido conmigo, vía Facebook, sobre Maggie Prior. Me ha autorizado a subirlo a este blog. Por su importancia, recomiendo altamente su lectura:

    "Tuve el privilegio de conocer a Maggie Prior y de dirigirla en un monólogo a partir de Jesús, de Virgilio Piñera. El proyecto, bastante fallido- fue ensayado en La Ciudad Celeste, galería mágica ubicada en la casa del gran Yony Ibañez, artista plástico, poeta y exiliado interior – me permitió conocer a una mujer frágil, intensa e impredecible, hecha de aire, que vivía a medio camino entre la realidad y el sueño. La amé en su inconstancia y por su talento, casi lo único que la mantenía en pie.

    No me olvido de aquella noche en la que Yony, exasperado, le cortó las uñas pintadas de verde para que no me arañase la cara, jajajaja, y ella se dejó hacer. "Eres un barbero, te llamas Jesús", le decía Yony. Ella sonreía desde su delgadez y comentaba, "Córtalas, Yony, ya crecerán."
    Si no me equivoco fue en 1989 o 1990, no lo tengo claro, para un festival del Monólogo de la Habana…dimos esa única función y falló tooodooo!

    Yo lleguè a ese Jesús por casualidad, creo que la primera idea la manejaron Carlos Piñeiro y Adolfo Llauradó, pero ninguno asumió el texto, es decir, escribir un monólogo a partir de la pieza de Virgilio, Yony Ibañez, íntimo de Maggie y de Virgilio les habló de mí y me propuso la escritura… finalmente ellos desistieron por diversas razones y Maggie, Yony y yo nos quedamos solos con aquello… fueron jornadas duras, pues ya Maggie no se encontraba muy bien, se dispersaba y le costaba fijar el largo texto, por otra parte, nos lo pasamos estupendamente ensayando en La Ciudad Celeste, la galería lateral de la casona de Yony Ibañéz- que era y es la casa museo de Juan Gualberto Gómez, su abuelo materno- … en fin, como dice nuestra amiga Tenchy, ¡la memoria! Por suerte la mía es buena, o eso pienso. Conservo ese texto amarillento y lleno de notas, tal vez me entusiasme e intente una revisión escénica, pero no sé, soy muy perezoso y llevo una vida de claustro, jajaja. Un abrazo y muchas gracias!

    No tengo fotos de aquello, pero indagaré con un amigo a ver si por casualidad… de existir la tendría Yony, y él tambièn se marchó hace más de dos años, ¡ah, mi gran amigo y cómplice, cuánto te extraño!… ahora recuerdo una imagen en blanco y negro de Maggie, con el pelo muy corto y su camisa blanca… a lo mejor está en mis sueños, probablemente…" Gracias, Raúl, esto es importante!!!!

  • studiomar

    Que trabajo de rescate tan importante. Es imprescindible que se restaure la historia de nuestros artistas olvidados, los alternativos que buscan su propio camino en contra de la marea de moda y del momento como lo fue Maggie Prior a quien no conocí . Muy triste pero valiente la lucha de esta artista por ser fiel a su voz.
    Yo crecí en ese barrio de la Habana , en Virtudes y Oquendo , recuerdo esta época aunque era una adolescente…mis padres tenían amigos que maquillaban en ellos, pero con el exilio y el tiempo también se perdieron esas conexiones y los nombres. Quedan en mi los nombre famosos : El Gato Tuerto, La zorra Y el Cuervo, El Copa, La Gruta, El Sotano, Olga Flora, El Chino de los Zafiros, creci rodeada de esto en ese barrio callejero, popular, culto y bullicioso, con olor a bahia, sabor a salitre y en mi niñez a empanadas de guayabas… un barrio que todavía influencia mi trabajo como artista visual. De casualidad encontre este blog y me parece fantástico, y quizas no de causalidad mi madre es prima de uno de los Memes, Miguelito, y mi padre tenia un amigo intimo llamado Marquetti, los dos eran choferes en la piquera de San Lazaro, el mismo barrio donde Maggie Prior tenia su apartamento. Me pregunto si mi padre la habra conocido? Eso fue en los años 1960-1971. Le preguntare.
    He encontrado una foto de Maggie Prior en el internet. Ojala que ayude a reconstruir la vida y la obra de La Prior. Gracias y mucha Suerte. Aqui: http://www.cubanet.org/opiniones/cortazar-y-la-revolucion-surrealista/

  • rosamarquetti

    Muchas gracias por su maravilloso comentario. De personas como usted es que se nutre este pequeño homenaje a muchos de los olvidados de nuestra música. Gracias por compartir esos recuerdos del increíble barrio de Cayo Hueso. Me leí el artículo de Tania en el link que me envió, pero la foto no se abre. Me encantaría ver esa foto!!! Menciona también nombres que me son entrañables desde la memoria: El Chino de Los Zafiros: lo encontré de casualidad en una guagua meses antes de morir, sentí pena ajena de lo depauperado que estaba. Los Meme ocupan un lugar importantísimo en mi juventud y creo que en la de muchos de mi generación. Y sobre mi apellido, no sé quién podría haber sido ese chofer, seguramente fuimos parientes, pero ya no tengo a quien preguntar. Gracias nuevamente!!

  • Erick Gonzales

    Dios mio, cuanta cultura en un solo "Blues".
    desde Juana Bacallao hatsa Pedraza Ginori y para colmo el mismisimo maerstro se reporta por aca.
    Sin palabras de como agradecerle este espacio pero : GRACIAS POR TANTA INFORMACION CULTURAL

  • Carolina de la Torre

    Rosa, veo con alegría infinita el exito de tu blog. Las investigaciones que lo sustentan, las entrevistas y la amplitud de la informacion son excepcionales. Estoy muy orgullosa de ser tu amiga. Pero además de amiga, te leo para ESTUDIAR.

  • Carlos Rodriguez

    Buena noche Rosa,,,,,!!!!!!

    Escribo a esta hora frustrado por haberle escrito previamente un comentario el cual envíe por no sé qué medio y creo se perdió, qué difícil resulta escribir a quienes no lo tenemos por profesión, así que ante mi fracaso por la impericia en esto del internet, me he impuesto no postergar una respuesta a su atención de escribirme para hacerme partícipe de la entrada sobre el Tosco, lo cual agradezco, posteriormente escribiré sobre la misma.

    Intenté responder su amable mensaje previo a la entrada del Tosco, mas no encontré su mail por ningún lado en el blog seguramente es porque, como ya le comente, no soy versado en esto de la informática social .

    Me viene a la mente que esta es la entrada por la que llegue a su blog, la misma me fue enviada en un mail por un connacional suyo que radica acá en México de nombre Luis Fernando Rovira, quien a su vez la recibió o tomó de Jazz Carhueso del grupo de Jazz Mestizo, Luis me pidió, recomendó, que la leyera con atención de principio a fin, infiero porque conoce de mi fascinación por la musica de Cuba y por la Habana. Desde que comencé a leer la cita de la intersección de 23 y L, intuí que que algo bueno me esperaba, no me equivoque, la mezcla de referencias que hace en cuanto a lugares en los que se tocaba música en el Vedado y en otros lugares de la Habana, con músicos, temas, géneros musicales, personajes de la cultura, etc, hicieron de esta lectura una delicia, algo parecido al disfrute que me dio la lectura de algunas partes de Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante. Más lo mejor de todo fue el saber que existió y sigue existiendo, en parte gracias a personas como Ud que no dejan que muera del todo, sobre todo por la falta de registros sonoros, una «cantante» de nombre Maggie Prior, a lo largo de la lectura se fue gestando en mi imaginario auditivo la voz de Maggie, en cuanto a lo físico me quedan las imágenes que acompañan su escrito, una artista de la talla de Maggie debe permanecer en la memoria colectiva de todos los melomanos de la música cubana.

    Permítame hacerle un comentario muy personal, al ir discurriendo en la lectura y conocer los varios géneros que interpretó Maggie, entre ellos el filin, me vino a la mente el maestro Rey Montesinos por la música que hace e interpreta, conozco y he compartido con el maestro, pensé en preguntarle al maestro sobre Maggie infiriendo que pudo conocerla, grande es mi sorpresa al leer que se menciona en el escrito posteriormente a mi evocación.

    Rosa, le aseguro que sus aportaciones en este blog, más allá de lo académico que se puede encontrar en otro tipo de contribuciones en la red y que por ende va dirigido a otro tipo de lectores, contribuyen a conocer y conservar viva, vigente, la obra de los músicos cubanos que ya no están; a promover, impulsar, reconocer , etc., la obra de los que aún viven, muchos, desde luego yo entre esos «muchos», desde la «tribuna melomana» y sin ser músicos, agradecemos y reconocemos este encomiable esfuerzo.

    Carlos Rodríguez
    Ciudad de México

  • Rosa Marquetti Torres

    Muchas gracias por sus alentadoras palabras, Carlos. Espero le haya sido útil la más reciente entrada sobre El Tosco y sus discos olvidados. Mi email es: rrosa.marquetti@gmail.com y desde ya me quedo con el suyo, que aparece junto a su comentario.

  • Aries Morales

    Realmente te agradezco profundamente este articulo sobre Maggie Prior, insisto que no podemos darnos el lujo de perder la memoria y olvidar a personas trascendentes en la cultura de nuestra Isla. te agradezco y te agradeci que me incluyeras en las entrevistas pues realmente una de mis grandes amigas, en esta larga vida de 67 años, fue Maggie. Juntas hicimos tanto… vivimos tantas y tantas cosas juntas, que ahora que la veo en fotos, no he podido evitar cierta nostalgia, una que otra lágrima. Juntas nos acercamos a amigos como Noel y Silvio, ella me presentó a Leonardo Acosta que seria mi esposo y compañero de vida entonces. Como olvidar las noches de jazz y las tardes dominicales en la Clinica de veterinaria del Dr. Caiñas Sierra en Linea y E en pleno Vedado donde a pesar del calor y el espacio, disfrutábamos del sonido de Leonardo en el sax, Ondina en el piano, Cachao en el bajo y Barreto en el drums, y por supuesto las improvisasiones de muchos mas que pasaban y Maggie, como voz femenina que envolvia el espacio atestado de jaulas para perros y un pequeño piano vertical. Fue una mujer preciosa, una amiga excepcional, una madre extraordinaria, una persona en permanente búsqueda de conocimientos, nunca estaba completa, siempre abierta a todo lo nuevo. esa era y es mi amiga, mi hermana Maggie Prior. Su amistad a mi me costó, en aquella época bien dificil bastantes críticas, donde todo era ¨malo¨, su jazz, su color de la piel, su pelo natural, su naturalidad al conducirse y su elegancia, todo era criticable en esa época. Contra aquellos enemigos luchamos ambas, nuestra amistad fue inquebrantable, eran épocas de grandes confusiones, molestaba la otredad, la diferencia, no se entendía la individualidad, las opiniones adversas y actitudes hostiles de muchos de nuestros funcionarios de la cultura, distorsionaban y ensuciaban el ambiente, convirtiendo la belleza de la música y la poesía en algo malsano para la sociedad. Realmente fue bien diifícil y no todos sobrevivieron. Se que su voz en una Cuba como la de hoy, hubiese sido mas escuchada, cuando veo a jóvenes jazzistas en la Habana de hoy me siento feliz y pienso en mi amiga Maggi Prior, y como hubiese disfrutado a Luna manzanares, a la Arocena, a bateristas como Yissy y cantantes como Haydée Milanés. Lastima que mi hermana no pudo disfrutarlo, Me queda la tranqulidad de que su voz aun sigue en los rincones de la ciudad y que lo que está pasando hoy en día en las sonoridades habaneras, son la continuidad de aquella Habana en el underground que vivimos ambas. Gracias Rosa por recordar a Maggie Prior, mi amiga y hermana de la vida. (quiero acotar que no soy socióloga, sino filóloga, pero en fin da igual, lo importante es la memoria).

  • Juliett Farnesse

    Que bello e inteersante entrada. Que figura, cuantas fueron olvidadas. Ojala se pudiera rescatar esa memoria musical que le pertenece. Muy conmovedor trabajo el suyo, Rosa Marquetti y que excelente figura Maggie Prior. Yo tantas veces escuche ese tema en voz de Milanes y ni me imaginaba esa historia detras del tema. Creo que Milanes podria haber divulgado mas el autor y la motivacion o sea la figura de Maggie Prior.

  • Rosa Marquetti Torres

    Muchas gracias, Juliett, por comentar. Solo debo aclararle algo que parece usted no entendió bien: PABLO MILANES ES EL AUTOR DEL TEMA «YA VES», LA LETRA Y LA MUSICA SON DE PABLO MILANES. Maggie Prior fue una de los muchos cantantes que interpretó luego ese tema, pero NO FUE MAGGIE PRIOR LA INSPIRACION DEL AUTOR. Después, cuando ella lo cantaba en El Gato Tuerto, parece ser que fue la inspiración para que Julio Cortázar escribiera ese poema BLUES FOR MAGGIE. Y eso se ha desvelado hace solo pocos años, cuando ocurre la historia que narro al final de mi artículo. es decir, cuando se encuentra ese poema entre los «papeles inesperados» del escritor y poeta argentino. Gracias nuevamente por su interés y contribución.

  • Rosa Marquetti Torres

    Aries querida: Ahora revisando veo que mi respuesta a tu comentario no se fijó aquí, supongo que la conexión me jugó una mala pasada. Sólo agradecerte tu acertado comentario y también nuevamente, por haber accedido a compartir conmigo .y yo con los internautas- tus recuerdos sobre Maggie.

  • Ernesto Daranas

    Qué artista y mujer tan hermosa! Muy bien documentada y sabrosa de leer tu reseña. No conocía a Maggie hasta hace unos minutos y ahora la siento tan vigente y cercana. Gracias Rosa.

  • wyomia

    Yo la conocia fdesde wque su hijo era pequeno viviamos muy cerca yo en San Lazaro entre Hospital y Aramburu la vi mucho cantando con Leonardo Timor Jazz pero no sabia en el fondo la trayectoria tan fantastica que tenia,otro crimen a nuestra cultura pues era casi desconocida por las generaciones que siguierron a la mia,muchas gracias por este trabajo tan fantasticio sobre nuestra cultura y sobre aquellas voces que dseran eternas.

  • Ángel Manuel

    Gracias Rosa muy interesante, como todo, la vi una sola vez y me encantó ¿existen grabaciones de ella? Donde encontrarlas por favor me ayuda. Gracias

  • Rosa Marquetti Torres

    A ti, Angel Manuel, por leer. Como digo en el texto de 2014, sus grabaciones se perdieron. O «las perdieron». Durante todos estos años, he seguido buscando y de momento, la única esperanza es que el Maestro Juan Piñera consiga encontrar aquel cassette que Maggie regaló a su tío, el gran Virgilio Piñera. Maggie no hizo grabaciones para discos.

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