La Emperatriz Paulina

Si el danzonete continuó en el recuerdo de muchos, si alguien siguió recordando  este género alguna vez, habrá que agradecérselo a Paulina Alvarez.  Y no solo porque su nombre se une sin pausa al apelativo de La Emperatriz del Danzonete, sino porque después que se escucha su voz, el danzonete y todo lo que se le oiga cantar, ya no podrá ser olvidado.

Llegó a ser la intérprete más notoria y aplaudida de ese género de vida breve y popularidad fugaz, derivación sui géneris del danzón, que tuvo otros cultores, como su acreditado creador, el matancero Aniceto Díaz con su orquesta y su cantante líder Arturo Aguiló; la otra voz femenina que lo hizo famoso:  Dominica Verges; Frank Grillo Machito, entonces cantante de la orquesta de Gerardo Calabaza Pérez, primera en introducir el con la danzonete en La Habana; el jovencísimo Panchito Riset cuando cantaba orquesta de Tata Pereira, y los soneros cantantes Abelardo Barroso,  Fernando Collazo y  Pablo Quevedo, tempranamente malogrados, Alberto Aroche, Joseíto Fernández, Cheo Marquetti…  Pero, Paulina era la mejor de todos.

A nadie se le ocurre omitir, junto a su nombre, el inseparable apelativo, cual título nobiliario que anuncia poder y estirpe: La Emperatriz del Danzonete, en esa suerte de mutación onomástica que extiende nombres y apellidos a la caracterización de su mayor mérito:  campear como dueña y señora en el género. En cierto modo, el apelativo que, según ha trascendido, recibiera del locutor, actor y animador Rafael Ruiz del Viso[1], es en sí mismo restrictivo, no hace justicia a la voz poderosa, clara, afinada con que la naturaleza la distinguió, ni tampoco a su versatilidad en la interpretación –igual de excelente- de géneros diversos como el danzón, la canción, el bolero, y todos en los que incursionó.

Paulina en 1939. Foto: Cortesía Colección Díaz Mijares

Nació en Cienfuegos, en la calle San Luis, muy cerca del Teatro Terry, el 29 de junio de 1912.   La existencia de Paulina no fue muy larga, murió con 53 años cumplidos, pero vivió una vida musical intensa y prolongada; su voz y gracia personal destacan desde muy temprano, de un modo diferente, porque a Raimunda Paula Peña Alvarez desde que nació fue seducida por la música. Canta todo el tiempo: “Comencé a cantar a los trece años.  Y no he dejado de cantar ni un solo día.”- diría al periodista José Sánchez Arcilla cuando estaba en la cúspide del éxito con el danzonete.[2] Su madre  supo tempranamente que el canto era su vida y puso afán y recursos, a los que sumó al resto de la familia, para hacer valer el talento de la pequeña Paulina. Le facilita estudios elementales y apoyo práctico  Los cuatro hermanos que junto a la madre se trasladan de Cienfuegos a La Habana, hacen todo para que Paulina logre lo que anhela, a pesar de la reticencia del padre –también músico en activo, en Cienfuegos- a ver convertida a su hija en una artista del escenario.  En La Habana, estudia en el Conservatorio Municipal de Música  (hoy Conservatorio “Amadeo Roldán”) y con apenas 19 años ya se le ve y escucha como cantante de la Orquesta Elegante, una formación estilo charanga que dirige Edelmiro Pérez.  Era lo nunca visto: una mujer como cantante principal en una orquesta masculina de este tipo, pero lo cierto es que Edelmiro probó a varios cantantes hombres y ninguno dio la talla, solo cuando fue convencido de probar a aquella muchachita delgada y jaranera supo que había encontrado la voz que empastaba de maravillas con su orquesta.  Son los inicios de la carrera profesional de Paulina y su voz comenzó a proyectarse por los micrófonos de la radioemisora CMCJ. 

Foto:  Cortesía Jaime Jaramillo

La prensa de la época demuestra que con la Orquesta Elegante, Paulina Alvarez tiene una  profusa actividad que la lleva desde las más populares emisoras de radio  a las verbenas y fiestas en las sociedades de naturales españoles radicados en Cuba, de asociaciones gremiales y fraternales, y a los escenarios de los teatros más populares a inicios de la década de los treinta. Por aquel tiempo, el pianista de la orquesta Elegante es Obdulio Morales y, Paulina llega a compartir escenario con la orquesta de Aniceto Díaz, durante la temporada que éste se presenta en La Habana, por el año 1932.  Probablemente fue por esas fechas que conoció y se aprendió lo que sería su mayor éxito de todos los tiempos y el mayor y más recordado danzonete:  Rompiendo la Rutina, del propio Díaz, y del que haría una verdadera e irrepetible creación.   Para 1933, Paulina es reclamada por otra popularísima orquesta:  la de Neno González, con la que debuta a inicios de diciembre de 1932 con la que permanece cerca de cuatro años. Con estas dos orquestas – la Elegante y la de Neno González– transcurren los años de mayor éxito para Paulina, como intérprete estelar del danzonete, aunque ya en 1937 Paulina se hace acompañar también por la orquesta de Castillito.

 

Paulina con la orquesta de Neno González. En la foto junto a las hermanas Grecia y Africa Domech. Foto: Cortesía Colección Díaz Mijares.

Son además los tiempos del machadato, años convulsos en la capital cubana, donde las noches cobijan la violencia política que estalla en 1933 con la caída del gobierno de Gerardo Machado. Junto al respeto y la protección de sus compañeros de orquesta, que Paulina se gana, tiene también el cuidado de su familia para poder trabajar actuando en espacios nocturnos.  A mediados de la década pasa por la orquesta de Cheo Belén Puig, orquesta típica que se caracteriza por la excelencia de sus cantantes:  Pablo Quevedo, Alfredito Valdés, Vicentico Valdés, Alberto Aroche y la única mujer: Paulina Alvarez. Trabaja también con las orquestas de Ernesto Muñoz y Hermanos Martínez.  En cuanto a su proyección radial –medio imprescindible entonces- a partir de 1934 firma como artista exclusiva de la emisora CMQ.[3]  Son los tiempos en que  logra hacer popularísimas sus interpretaciones de Lágrimas Negras (Miguel Matamoros) y Mujer divina (Agustín Lara).   

Grabar en tiempos del danzonete

Sería con la orquesta danzonera Castillito, con la que tendría su primera experiencia fonográfica, al ser incluída en las sesiones de grabación con las que la RCA Victor reanudaría en 1937 los registros sonoros en La Habana, tras el impasse provocado por la complicada situación durante el machadato y su violento final, que mantuvo la inestabilidad en la isla durante los años siguientes.[4]  En el pequeño local del Rumba Club, en el tercer piso del edificio de la agencia automovilística Dodge en calle 23 de El Vedado, donde poco después estaría el cabaret Montmartre, Paulina con la Orquesta Castillito abriría las maratónicas grabaciones de múltiples agrupaciones “…el 15 de junio cantando en la madrugada de 12 de la medianoche a las 2.30 am en seis números…[5]  Serían los danzonetes:  Duerme, Arrepentido y Traición; el danzón Linda guarachera; y la guaracha-son Alegre en el cañaveral.[6] 

Paulina con el periodista José Sánchez Arcilla en 1939.  Foto: Archivo de la autora.

Sin embargo, en la citada entrevista con José Sánchez Arcilla, la Emperatriz afirmaría: “He grabado mucho, y todos para la RCA Victor.  Ultimamente grabé tres, que se pondrán a la venta de un momento a otro:  “Cacarajícara” –bolero; “Pimienta” –rumba; y “Por ti solo vivo” –bolero.[7]  Además, mi orquesta, bajo la dirección de Morales, grabó dos danzones:  “Almendra” y “Lala”.[8]

Paulina con la orquesta de Neno González. 1937. Foto: Cortesía Jaime Jaramillo

A inicios de 1938 se le ve como cantante con la orquesta danzonera de Cheo Belén Puig.  Hasta que poco después  decide crear y liderar la suya propia.  Es sin duda un relevante hecho, que la convierte en precursora, pues todo parece indicar  que fue ella la primera mujer en poseer y dirigir una orquesta de música popular cubana integrada por hombres, entre los que se destacan prominentes músicos como el flautista Manolo Morales, el pianista Everardo Ordaz –años después de notable ejecutoria, el bajista Rodolfo O’Farrill, Gustavo Tamayo en el güiro, entre otros.

El homenaje en los Jardines de La Polar

La popularidad de Paulina Alvarez había alcanzado niveles increíbles en 1939, al punto de que se organiza una gran verbena en su homenaje en Los Jardines de la Polar para el sábado 2 de septiembre, donde actúan diecisiete orquestas y numerosas atracciones, con un gran barraje publicitario.  A juzgar por la entrevista que le hace el crítico José López Arcilla y publicada a página completa  nada más y nada menos que  en el exclusivo Diario de la Marina, Paulina estaba en la cúspide de la fama y según el periodista: “Ha triunfado.  Remontó la empinada cuesta con valentía inigualable y hoy nadie le discute la corona imperial del danzonete”.  Paulina, por su parte, comenta:  “Estoy verdaderamente abrumada con tantas pruebas de cariño.  He recibido millares de cartas de adhesión…. La República entera ha respondido desde el primer momento y yo no sé cómo agradecer tantas bondades.”[9]

Los organizadores preveían una monumental afluencia de público por lo que adoptaron medidas especiales para garantizar el acceso del público.  Era tal la excitación que el mismo diario anunciaba, como parte del homenaje a la Emperatriz, que “el sábado, después de las cinco de la tarde, el aviador cubano Montenegro volará en honor a Paulina Alvarez por sobre el Parque Central y la Plaza de la Fraternidad, arrojando 200 entradas que darán derecho a sus poseedores a asistir gratuitamente al Homenaje”.[10]

Paulina y  su orquesta en la Fuente de la India.1939.Foto: Archivo de la autora.

Semanas después, Paulina participa en la serie de cuatro conciertos que organiza y produce el Maestro Ernesto Lecuona, en el Teatro Auditorium, inusual coliseo entonces para el tipo de música que resonaría el 24 de septiembre cuando subiría a escena el cuarto concierto titulado “La rumba” con un cartel encabezado por La Emperatriz y su orquesta,  junto a Jorgelina Junco, Fernando Collazo, La Sonora Matancera, Oscar López Joseíto Núñez y los compositores Gilberto Valdés, Santos Carbó y Bola de Nieve.[11] Helio Orovio, en su Diccionario de la Música Cubana, afirma que fue la primera vez que una orquesta típica sonaría desde el escenario de tan exclusivo teatro.[12]

Paulina, artista exclusiva de la RCA Victor. 1939. Foto: Archivo de la autora.

En el entrecruce de la existencia de sus dos orquestas, Paulina con su orquesta graban también para la RCA Víctor:  el danzón Almendra (aunque instrumental, se le acredita); la rumba Pimienta y sal,  la guaracha Cacarajícara y el danzón instrumental Lala, en octubre de 1939.  Y en septiembre de 1940, casi un año después, registraría con su orquesta los danzones instrumentales Salvaje, El romántico, Yeyeo y Sentimental  y en la voz de Paulina, el danzón Mi mariposa (al parecer de su autoría); además, el bolero son Honda pena, la conga Hasta fuera con mi tambó, la rumba Cataplán plan plan y la guaracha Marinerito marinerón, y No te importe saber (René Touzet) clasificado en el disco como género son.     Con la nueva década llega también el auge de los conjuntos en detrimento de las orquestas dedicadas al danzón; va pasando la moda del danzonete y  la cantante cienfueguera debe enfrentar un nuevo panorama que, por desconocido no le asusta: por el contrario, acepta el reto de la nueva competencia, busca más conocimientos, más estudios, más preparación, va adaptándose y dando de sí mucho más de lo que se espera de ella.  Con su esposo Luis Armando Ortega, violinista, funda su segunda orquesta, con músicos como el violinista  Ovidio Pérez; Gonzalo Vergara en el timbal, Oliverio Valdés en la tumbadora, Eladio Vergara, güiro y maracas y dos músicos que años después también, como ella, harían historia:  el flautista José Antonio Fajardo, líder de Fajardo y sus Estrellas, una de las más grandes charangas de Cuba en los años cincuenta; y el pianista Rubén González, uno de los más extraordinarios de la música popular cubana, mundialmente conocido por su inclusión en el Buenavista Social Club.  Fajardo recordaría con claridad décadas más tarde el paso del gran  Dámaso Pérez Prado por la orquesta de Paulina en calidad de pianista por varios meses.[13]  Debió ser a inicios de la década del cuarenta, cuando ya el Cara de Foca tocaba en el cabaret Kursaal.[14] En 1943 Paulina  con su orquesta centran un programa radial en la emisora CMQ, como continuidad de su contrato exclusivo.[15]

Paulina canta respaldada por Arcaño y sus Maravillas. Ca. 1948. Foto: Cortesía Jaime Jaramillo.

A finales de la década de los cuarenta e inicios de los cincuenta se produce un impasse en su carrera, una especie retiro que al final, sería breve, pues en octubre y noviembre de 1953, se presenta por primera vez en el cabaret Tropicana, ya en calidad de solista, como parte de dos shows de aliento español y flamenco:  Majas y Toros y Patio Andaluz, dirigidos por Roderico Neyra, Rodney, en su segundo año en el cabaret bajo las estrellas, con el grupo vasco Los Xeys, el Conjunto de Senén Suárez  y  el acompañamiento de la orquesta de planta, bajo la dirección de Armando Romeu.[16] Al año siguiente, en marzo, La Emperatriz vuelve al escenario de Tropicana como parte del elenco del show Mayombe, en el que Celia Cruz reina como cantante principal.[17] Antes, en febrero había figurado entre las luminarias que actuaron en el homenaje que la dirección del cabaret Tropicana ofreció a Rodney por su 42 cumpleaños:  era lo que más valía y brillaba en los escenarios en esos momentos: las cantantes Celia Cruz, Olga Guillot, Esther Borja, Olga Rivero, el pianista Felo Bergaza, la orquesta Solera de España, el Conjunto de Senén Suárez y muchos otros.[18]  En febrero de 1955 otro de los grandes centros nocturnos habaneros contrata a Paulina, quien aparece en Sans Soucí en el show Serenata Mulata, junto al Conjunto de Facundo Rivero, Carlisse Novo, el crooner Ray Carson y el cómico italiano Harry Mimmo.[19]

En paralelo continúa en programas radiales en CMQ y Radio Progreso, y donde comparte micrófonos con la orquesta Aragón, Rosendo Rosell, Leopoldo Fernández y muchas otras figuras. [20]

En su edición de abril de 1956, la revista Show señalaba que “Paulina Alvarez, un valor permanente de nuestro arte, ha sido contratada por la Malta Cristal para actuar con la orquesta Aragón.”[21], en clara referencia a la participación de La Emperatriz en una acción de anuncios comerciales junto a la afamada tropa liderada por Rafael Lay.  Pero aquí, lo importante va a ser el vínculo de Paulina con la orquesta Aragón, que sería recurrente en escenarios hasta su mismo final.

El filme mexicano-cubano Yambaó, cuyo rodaje comenzaría el 13 de febrero de 1956, reuniría bajo el mando de su director Alfredo Crevenna a un importante número de artistas cubanos afrodescendientes: Olga Guillot, Merceditas Valdés, Moraima Secada, Trinidad Torregrosa, Dandy Crawford y muchos otros, entre los que también estuvo Paulina Alvarez.[22] Sería acaso su única aparición en el celuloide.

Tres grandes: Celia Cruz, Paulina Alvarez y Merceditas Valdés. Década de los 50.  Foto: Archivo de la autora.

En diciembre de 1956, Paulina vuelve al cabaret bajo las estrellas en los shows Prohibido en España y Noche Cubana, que reportaban llenos totales provocados por un team work donde además aparecían Elsa Marval, Miguel Herrero, Carmelita Vázquez, Leonela González, Adriano Vitale, el barítono Ramón Calzadilla, Los Rufinos, y la pareja de bailes Ana Gloria y Rolando.[23] Paulina continúa en Tropicana en los shows que siguen y que crea Rodney para ser estrenados en febrero de 1957: Tambó y Copacabana con las actuaciones estelares de la propia Emperatriz, junto a Celia Cruz, Merceditas Valdés, Adriano Rodríguez y el Conjunto de Paquito Godino, el cantante norteamericano Richard Robertson y los bailarines Leonela González, Ana Gloria y Rolando.[24]


Con La Sonora Matancera, Benny Moré y su Banda Gigante, Rolando Laserie, las orquestas Aragón, Sensación, Sublime y Chepín-Chovén las orquestas Melodías del 40 y Hermanos Cardoso, el conjunto Jóvenes del Cayo, los cantantes Olga Guillot y Fernando Albuerne, Paulina se presenta el 26 de abril de 1957 en un gran concierto en el habanero Estadio de La Tropical.[25]

Paulina fotografiada por Armand.  Década de los 50.  Foto: Cortesía Jaime Jaramillo.

Entre 1958 y 1959 Paulina graba dos temas para el sello Panart:  La violetera, en versión guaguancó, y el chachachá Mimosa.

En 1959 La Emperatriz realiza la antológica grabación de su mayor éxito: Rompiendo la rutina, con Gilberto Valdés y la Gran Orquesta Típica Nacional, formada por prominentes músicos danzoneros y asesorada por Odilio Urfé y Rodrigo Prats, que saldría editado por el sello Areíto (LP-3744) como Paulina Alvarez y Gran Orquesta Típica Nacional.[26] Nótese que Paulina no había grabado antes el tema que mantuvo su popularidad.  A la par retoma su presencia en la vida nocturna habanera y en octubre de 1959 le puede escuchar en los night clubs Autopista y Sierra, donde como cantante solista se acredita exitosas presentaciones.[27] Continúa trabajando en cabarets como figura legendaria que se mide de tú a tú con los valores más jóvenes y populares: pasa al Night and Day, donde sus fieles seguidores disfrutaban de su interpretación de Ecué,  Negra triste, Son de la loma y su clásico Lágrimas Negras, entre otros temas, y vuelve después a presentarse con mucho éxito en el Autopista donde se mantiene casi todo el año  1961, compartiendo cartel, en ocasiones, con la entonces popular  cantante Gloria Arredondo.[28]

Es reclamada también por Gilberto Valdés en 1960  como figura trascendente, para presentarse en un gran concierto de música cubana que organiza y que incluye a Merceditas Valdés y Adriano Rodríguez.[29]

Entra en el estudio en 1960 para grabar una serie de temas bajo la dirección de Rafael Somavilla y los arreglos de Rolando Baró, Enrique Jorrín y Severino Ramos.  Las piezas fijadas entonces, serían los últimos registros fonográficos realizados por La Emperatriz del Danzonete.

En 1961 forma parte del gran número de músicos que Odilio Urfé convoca para participar en el Primer Festival de Música Popular Cubana, acaso el acontecimiento musical más relevante del año, por el trascendental rescate cultural que su cartel y concepción proponen. A Paulina le corresponde presentarse el 24 de agosto con un programa en el que se pudo escuchar a la Orquesta Típica de Santiago de Cuba, la Orquesta Típica de La Habana dirigida por José Urfé, la Orquesta de Cheo Belén Puig, Arcaño y sus Maravillas, La Charanga Típica de Barbarito Diez en la que se inserta Paulina dirigidos por Urfé, mostrando lo mejor y más característico del danzón y el danzonete.[30] 

Tropicana estrena en marzo de 1962 el show Yumbambé, para el cual Paulina es contratada, junto a las cantantes María Teresa Tolón, Ela Calvo, Mercedes Fernández, Yolanda Brito y el pianista Felo Bergaza, y donde permanece el resto del año.  Comenzado 1963, Paulina sigue en Tropicana, ahora en el show transitorio que incluye a Luis Carbonell, Gina León y Roberto Barceló, y que permanece en cartel hasta marzo, pues el 1º de abril, su voz intacta, vibrante, cálida y potente, hará valer su vigencia en el nuevo show Senseribó, junto a los cantantes Caridad Cuervo, María de los Angeles Rabí, Miguel Angel Ortiz, Roberto Barceló  y la aparición de alguien que meses después acapararía los titulares de las páginas musicales de los diarios:  Pedro Izquierdo Afrokán, en lo que sería el preludio del surgimiento del ritmo Mozambique.[31]  Y Paulina, a los cincuenta y un años, parecía seguir imbatible.  En la escena durante los meses restantes de 1963, Senseribó conquista un notable éxito de público y crítica, en la línea de los míticos espectáculos que caracterizan la historia del afamado centro nocturno.

En estos años se presenta con frecuencia en populares espacios televisivos como el programa San Nicolás del Peladero y otros.  La Emperatriz se presenta en el canal 6 de la Televisión Cubana en un memorable programa junto a la Orquesta Aragón, interpretando Pena, y a dúo con Barbarito Diez, Lágrimas Negras (Miguel Matamoros).  Sería su última actuación.  Era el 18 de mayo de 1965.  [32]

Paulina en el programa San Nicolás del Peladero, con Barbarito Diez y el conjunto campesino de Miguel Ojeda. Año 1993. Foto. Cortesía Jaime Jaramillo.

Con la salud seriamente quebrantada, Paulina no consigue recuperarse y moriría el 22 de julio de 1965, en La Habana.[33]

Como homenaje póstumo se publican aquellas grabaciones que, bajo la dirección de Rafael Somavilla realizara en los estudios Areíto en 1960:  el LP “Homenaje a la Emperatriz Paulina Alvarez” (Areíto LP3149), un derroche de excelencia en representativos géneros de nuestra música:  en los boleros Campanitas de Cristal (Rafael Hernández), Obsesión (Pedro Flores), No vale la pena  y Flores negras (Sergio de Karlo); los boleros-mambos Vagando (José Slater Badan) y Ahora seremos felices (Rafael Hernández), los pregones –donde hace verdaderas creaciones- El verdulero (Benito González Roncona), Echale salsita (Ignacio Piñeiro) y El Panquelero (Abelardo Barroso); las guarachas Apriétame más (Rafael Inciarte) Solfeando (José Slater Badan) y el recién estrenado ritmo “pa-mí” de Enrique Jorrín  Ritmo pa mí. Cuatro de estos temas (Echale salsita,  Vagando, Ahora seremos felices y Flores Negras) saldrían también en el extended-play de 45 rpm Areíto ERA-1060)

Tres temas grabados por Paulina con el Conjunto de Senén Suárez y que corresponden a los tiempos en que ambos compartían escenario en el cabaret Tropicana, han sido publicados hace algunos años en el CD Guaguancó Callejero (sello Fresh Sound Records): se trata del bolero Alma de mujer y la guaracha Picarona.  En otros recopilatorios ha aparecido la grabación de Amor y más amor.  Se conserva también en archivos de los estudios Areíto una grabación de Paulina con la Orquesta de Neno González en  el chachachá Ya usted lo ve, ya usted lo sabe.

Pincha aquí para ver a Paulina Alvarez y Barbarito Diez cantan “Esas sí son cubanas”

Y aquí para ver a Paulina cantando Rompiendo la rutina.

Si su Rompiendo la rutina ha devenido el tema emblemático de su repertorio y ha perdurado mucho más de lo que su autor, Aniceto Díaz, pudo haber imaginado, en mi opinión, su interpretación de Flores Negras, de Sergio de Karlo, resulta algo estremecedor, entre las muchas versiones de ese cuasi-clásico de la canción cubana. Pero esa, la de Flores Negras, es otra historia….

 

Agradecimientos a Jaime Jaramillo, Vicente Prieto, Roberto Marquetti Torres, y a la Colección Díaz Mijares.

NOTAS

[1] Esto lo afirma Francisco Gutiérrez Barreto en “El Libro de la Farándula Cubana. 1900-1960. Tomo II. Pag. 193.  Rafael Ruiz del Viso era conocido a finales de los treinta como “Siboney” por la marca de jabón que anunciaba a través de las ondas radiales

[2] José Sánchez Arcilla:  “Paulina Alvarez, la Emperatriz del Danzonete, ha conquistado su corona luego de largos años de éxitos”. En Diario de la Marina. Año CVII. No. 207. 31 de agosto de 1939. Pag.46

[3] José Sánchez Arcilla:  Idem.

[4] El Diario de la Marina (Año CV. No. 302 del 19 de diciembre de 1937. Pag. 24) comenta acerca de estas grabaciones de la RCA Victor en La Habana y publica una relación de los músicos que hicieron registros fonográficos en esa ocasión.

[5] Cristóbal Díaz Ayala.  Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana/Orquesta Casino de la Playa.

[6] El danzón Zamacayu, la sexta pieza grabada por la Orquesta Castillito, aparece  como instrumental en la obra de Cristóbal Díaz Ayala antes mencionada, en la voz correspondiente a la Orquesta Castillito.

[7] Debe tratarse de la obra “Pimienta y sal”.  Sin embargo, el bolero “Por ti yo vivo” no aparece en los registros discográficos recogidos por Cristóbal Díaz Ayala.  Vale destacar que las obras Duerme, Arrepentido y Alegre en el cañaveral aparecen en el catálogo de la RCA Victor de 1938 como interpretados por la Orquesta de Paulina Alvarez).

[8] José Sánchez Arcilla: Artículo citado.

[9] Idem

[10] “En honor a P. Alvarez volará mañana el aviador Ríos Montenegro”.  En Diario de la Marina.  Año CVII. No. 209.  1 de septiembre de 1939. Pag. 10.

[11] Escenario y Pantalla.  En Diario de la Marina. 17 de septiembre de 1939. Año CVII.  No. 223. Pag. 8

[12] Helio Orovio: Diccionario de la Música Cubana. Biográfico y Técnico. Editorial Letras Cubanas. La Habana. 1992.

[13] Sergio Santana:  Pérez Prado ¡Qué rico el mambo!. Ediciones Santo Bassilón. Medellín, Colombia. 2017. Pp-36-37, citando a Max Salazar: Who invented mambo? Latin Beat Magazine. Vol. 2 (8-9)

[14] Ned Sublette:  Cuba and Its Music.  Chicago Review Press.  2004.  Pag. 512

[15] Cristóbal Díaz Ayala:  Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana/Paulina Alvarez.

[16] Rosa Lowinger and Ofelia Fox:  Tropicana Nights. The Life and Times of the Legendary Cuban Nightclub.   Harvest Book. Harcourt Inc. 2006. Pp.213 y  386

[17] Ibidem. Pag. 215

[18] Revista SHOW. Año 1 No.1. Marzo 1954. Pag.44

[19] Revista SHOW. Año 1 No. 3 Marzo 1955. Pag.

[20] Liliana Casanella Cue:  Orquesta Aragón. Más allá de la música. Ediciones CIDMUC. La Habana, 2015.Pag. 39

[21] Revista SHOW. Año 3 No. 26.  Abril 1956. Pag. 52

[22] Arturo Agramonte y Luciano Castillo: Cronología del Cine Cubano (1953-1959) Tomo IV.  Pag. 264

[23] Revista SHOW. Año 3. No. 35. Enero 1957. Pag. 68.

[24] Revista SHOW. Año 3 No.36.  Febrero 1957. Pag.68.

[25] Héctor Ulloque German.  Orquesta Aragón. Editorial Nomos. Bogotá, Colombia. 2004. Pag. 37

[26] Cristóbal Díaz Ayala.  Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana/Paulina Alvarez. Radamés Giro:  Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana. Tomo 1.  Editorial Letras Cubanas.  La Habana. 2007. Pag. 49.

[27] Adriana Orejuela Martínez:  El son n o se fue de Cuba. Claves para una historia (1959-1973) Editorial Letras Cubanas.   La Habana, 2006.  Pag. 435

[28] Adriana Orejuela  Martínez: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia (1959-1973). Editorial Letras Cubanas. La Habana. 2006. Pag. 189

[29] Adriana Orejuela Martínez: El son no se fue de Cuba. Claves para una historia (1959-1973). Editorial Letras Cubanas. La Habana. 2006. Pag. 157

[30] Adriana Orejuela Martínez. Obra citada. Pag. 205.

[31] Adriana Orejuela Martínez. Obra citada. Pag. 246

[32] Héctor Ulloque.  Obra citada. Pag. 38

[33] La fecha del fallecimiento de Paulina Alvarez ha sido tomada del Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana de Radamés Giro.  Alicia Valdés Cantero, en su Diccionario de Mujeres Notables en la Música, aporta la fecha del 29 de de julio del mismo año, como fecha de muerte.

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