¡Ponme la mano aquí, Macorina! ¿Quién le cantó primero?
Lo declaró al periodista Guillermo Villarronda hace 68 años y la revista Bohemia lo publicó: ella detestaba el sobrenombre que le habían endilgado. “Daría lo que tuve y lo que falta por borrar ese mote de mi vida […] Me llamo María Calvo Nodarse. Es desalentador que sepan de nosotros por una palabra que nos hiere en lo más profundo.”
Macorina en la calle
La Macorina fue famosa en los inicios de la Cuba republicana, por más de una razón, no solo por haber sido la primera mujer en conducir un automóvil en Cuba, ni por su vida disoluta y desinhibida, pero no seré yo quien escriba aquí sobre su vida: mejor que yo lo hizo Virginia Ramírez Abreu en Santa Camila, ni María Antonia: La Macorina, publicado en Alas Tensas (5.9.2025)[1] Conversando con ella, decidí indagar cuánto la bella e intrépida cubana había inspirado a los compositores e intérpretes de su época, porque no, no fue Abelardo Barroso, ni mucho menos Chavela Vargas, los primeros que le cantaron a la musa sobre ruedas, cuya displicencia y osadía la catapultó a una fama que la música se encargó de expresar y perpetuar.
La prensa de la época menciona algunos hechos que demuestran que el nombre de La Macorina apareció en el título de algunos danzones, en los tiempos en que éstos eran puramente instrumentales, pero también en algunas rumbas que glosaban el popular estribillo: “Ponme la mano aquí, Macorina, pon, pon, Macorina…”: según el Diario de la Marina, en junio de 1914 la orquesta de Enrique Peña animaba una fiesta en la Sociedad Rosalía de Castro y en su programa se incluía un danzón titulado Macorina.[2] Otras noticias del mismo año confirman la presencia de este danzón en el repertorio de la orquesta de Peña y de otras formaciones musicales.

María Calvo Nodarse, La Macorina, en uno de sus automóviles. Foto tomada de https://rciudadhabanaoficial.blogspot.com/
Semanas después, el 7 de agosto, la Banda de la Sociedad Monterroso, Antas y Palas del Rey, y la de la Sociedad Cuba y España incluyen también el mismo danzón en sus festejos. El 30 de ese mes, en la Fiesta de San Agustín, en los salones de La Tropical, el programa a interpretar por la orquesta de Mateo Marsicano incluía el danzón Macorina.[3] Incluso, algunos anuncios de fiestas y reuniones en sociedades de naturales españoles radicados en Cuba, sin desvelar el intérprete, anticipaban el programa de danzones para bailar, que incluía Macorina, sin más datos, lo que apunta a su popularidad por esas fechas. En 1915, La Macorina seguía en la memoria colectiva inmediata: la orquesta de Felipe Valdés también interpretaba un danzón homónimo en verbenas y festejos similares; un cronista deportivo oculto tras el seudónimo de Mercurio, apelaba a la macorina como un ritmo o estilo de baile, al comparar una pelea -¿de lucha o de boxeo?- con el toreo: “Veremos: hoy se tumba y soy partidario del hombre que con sus dos bracitos, hace bailar la macorina y la cañandonga al toro más bravío sea de Miura o Gaona…”.Y vuelve a utilizar el símil mencionando al baile de la macorina al referirse a un combate de jiu-jitsu entre un peleador cubano y otro japonés.[4]
La Macorina en los fonógrafos
Las grabaciones realizadas por Columbia, uno de los sellos líderes en la fonografía estadounidense de la época, mostró también el influjo del célebre personaje en los compositores y el modo en que las casas disqueras tomaban el pulso de los sucesos cotidianos: en la discografía derivada del legendario teatro Alhambra en la década del 10, Columbia recoge también al menos dos grabaciones dedicadas a la famosa motorista: Merced Macorina, clasificado como “diálogo cómico y rumba” e interpretado por Vilches (se desconoce su nombre) y Galleguito (José Parapar), con referencia C-2800. El anuncio publicado en el Diario de la Marina permite suponer que pudo ser grabada en 1914 o los primeros meses de 1915. Las cosas de Macorina (C-2811) es un diálogo cómico hablado escrito por Jorge Anckermann e interpretado por Hortensia Valerón y Gustavo Robreño, según R. Spottswood.[5] Aparece en el anuncio publicado por Columbia el 20 de mayo de 1915 entre los discos dobles de 10” que habían llegado a Cuba para su venta.
Los archivos del proyecto Discography of American Historical Recordings de la Universidad de Santa Barbara, California, documentan la grabación en fecha aproximada a 1913 (Díaz Ayala indica la fecha cercana a 1916) del danzón Macorina Pon Pon por la orquesta de Jaime Prats (padre de Rodrigo Prats). Según esta fuente, el autor era Antonio Torroella, Papaíto, y el fonograma publicado por Columbia tiene referencia C-2780 y matriz 48050. En junio de 1917, según la misma fuente, la Orquesta Herrera lo grabó para el sello Edison, que lo publicó en cilindro y en disco de 10” (76001).
A las orquestas de dos titanes del danzón -Antonio María Romeu y Cheo Belén Puig- se le acreditan sendos temas titulados Macorina. Los títulos de todos estos danzones, en sí mismos, ya anticipaban parte del estribillo que, a todas luces, correspondía a una suerte de tonada que ya era popular al menos en las calles y salones de La Habana. El sello Edison grabó el 6 de julio de 1917[6] a la Orquesta Herrera, (de la que no se han hallado más datos), Ed-60028 Macorina: atribuida su autoría a F. Corona y publicado en disco de 78 rpm con referencia ED-60028, según datos de la Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana, de Cristóbal Díaz Ayala.
¿Y qué hubo con Camín y La Macorina?
Si bien la inspiradora de sus versos no fue María Calvo Nodarse “La Macorina”, Alfonso Camín es quien logra imprimirle mayor alcance al legendario personaje que estremeció La Habana en los tiempos del gobierno de Mario García Menocal, al ubicar el nombre de Macorina en una historia vivencial de amor fogoso con una muchacha rubia y campesina en las cercanías del Cauto, que creció al compás de aquel ¿son, rumba o guaracha?
Poeta, periodista y narrador asturiano Alfonso Camín (Gijón, 12 de agosto de 1890-Gijón, 12 de diciembre de 1982) vivió y trabajó en La Habana en una primera estancia entre 1905 y 1914, donde se inicia en el periodismo, siendo redactor de los periódicos La Noche y del Diario de la Marina, y llegando a dirigir la revista Apolo. En 1926 publicó por primera vez su famoso poema Macorina como parte de su poemario Carteles, publicado en Madrid por la editorial Renacimiento, donde se recogen sus primeros poemas negros, inspirados en sus vivencias cubanas, agrupados bajo un subtema bajo el título Estampas criollas. Era el gran poeta de Asturias, pero también el precursor de la llamada poesía afroantillana, el primer autor en la isla en convertir el contexto y el ritmo de la población negra en un hecho literario impreso.[7]
Años después, en 1931 Camín volvió a incluír Macorina en su célebre poemario Carey (Poemas de Cuba), publicado también en España, donde aborda la cotidianidad cubana, la naturaleza singular de la isla, y sobre todo, la herencia africana y el mestizaje, en ocasiones desde la exaltación de la sensualidad y el erotismo. Eusebia Cosme, la célebre declamadora afrocubana, incorporó el poema de Camín a su repertorio, destacándose su desempeño en el recital que ofreció el 11 de agosto de 1934 en el Teatro Principal de la Comedia. [8] Según testimonio del periodista Juan Bonich, que la entrevistó, Eusebia Cosme incorporaba música al declamar, «…ligando el canto a la poesía, entonaba eI estribillo:«Ponme la mano aquí…»»
Décadas después, Camín relató la historia de su poema Macorina en su libro de memorias Entre Palmeras (1958), el relato de un amor tierno y lascivo al compás de un danzón, que, lo aclara él bien, nada tiene que ver con María Calvo, la Macorina original, “… sin ninguna concomitancia con la bella cortesana habanera, a no ser en el estribillo”[9],
“Yo pensé si aquella mujer era de fruta y no de carne y hueso. Me recordó a la guanábana, que es toda carne blanca y perfume. Se olvidaba de sí misma, como bandera vencida que va descendiendo por el asta. Calló la orquesta para volver de nuevo,«Ponme la mano aquí, Macorina» Era un idilio casi mudo. Terminó el quinto, el sexto, el octavo danzón y la llevé hasta el asiento….”[10]
¿Y de la música, qué?
En su poema Camín califica indistintamente como son (2 veces) y danzón (5 veces) la música de la orquesta que suena, enervando sus sentidos, lo que evidencia que conocía la existencia de alguna tonada con el famoso estribillo: Ponme la mano aquí, Macorina. Pon, pon pon, Macorina, pon.
Se entiende que, en rigor, no debió ser un danzón, ya que el género era aún instrumental, carente de letra y de voces. En 1914, el mismo año en que Camín abandona Cuba, el Diario de la Marina aporta una prueba que permite confirmar que ya ese estribillo rodaba, al menos, por las calles de La Habana: el cronista deportivo anónimo daba pormenores del viaje del equipo Occidente de baseball para enfrentarse a su rival en tierras de pinareñas: “Al son de la rumba Pon, pon, Macorina, pon pon… hicimos nuestra entrada en Consolación, donde ya hacía rato nos esperaban los jugadores del Occidente y un numeroso público…”.[11] Nótese que el periodista califica el estribillo como rumba. Esta mención en un periódico de 1914 evidencia que los versos Ponme la mano aquí, Macorina, pon pon, Macorina, atribuidos al poeta asturiano Alfonso Camín, eran conocidos como expresión popular, cuando menos, de moda aquel año 1914, y refractarios a la fama de la bella y cuestionada muchacha guanajayense.
¿Sería entonces que Camín se refería a la misma rumba que glosó el cronista anónimo del Diario de la Marina en la noticia que cito a continuación? No lo sabemos. En todo caso, Camín -que volvió a Cuba huyendo de la Guerra Civil Española y permaneció en la isla de1936 a 1939- publicó en 1945 la última versión de su famoso poema Macorina, que transcribo a continuación:
Veinte años y entre palmeras.
Los cuerpos, como banderas.
Noche. Guateque. Danzón.
La orquesta marcaba un son
de selva ardiente y caprina.
El cielo, un gran frenesí:
“Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina.”
Alumbran el barracón
grandes faroles de China.
Finas plantas de criolla
que bordan el canevá
de aquel danzón, que se enrolla
como en la palma el majá;
y alguien que dice que “arrolla”
tu cuerpo, ritmo y pasión!
Como guitarra en tensión
tú ibas temblando, temblando;
yo iba pulsando, pulsando
un bordón y otro bordón.
¡Aún hoy no sé dónde queda
la piel y empieza el linón!
¡Para mí todo era seda
caliente en aquel danzón!
Un pañuelo carmesí
que voló del corazón
de algún negro lucumí,
y entre bagazo y pasión
se quedó temblando allí.
“Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina.”
Aire entre esencia calina.
¡La Luna es un tiburón
que va tragando anilina!
Estaba el cielo de Oriente
caldeado como tu frente.
Tus pies dejaban la estera
y se escapaba tu saya
buscando la guadarraya;
que, al ver tu talle tan fino,
las cañas azucareras
se echaban sobre el camino
para que tú las molieras,
como si fueras molino.
“Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina.”
¡Tu pelo, jíbaro y fiero,
una manigua cubana
para mi amor guerrillero!
Tu acento, suave y dulzón,
sinsonte que en la mañana
todo su canto desgrana.
Cocuyos hechos canción,
tus ojos de calentura;
tu sangre, notas de un son;
tu boca, una bendición
de guanábana madura;
tus senos, carne de anón,
¡y era tu fina cintura
la misma de aquel danzón!
Vaho de caña y maní:
“Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina.”
Olor a verde limón,
a naranja mandarina.
Dulces, aguardiente y ron.
Después, el amanecer
que de mis brazos te lleva,
¡y yo, sin saber
qué hacer
de aquel olor a mujer,
a mango y a caña nueva,
con que me llenaste al son
caliente de aquel danzón;
gallo de fino espolón
en un bardal primitivo;
un tambor de piel de chivo,
un timbal y una ocarina!
“Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina.”
Yo bebo el último ron
y quedo pensando en ti.
En ti y en aquel danzón.
En el viejo barracón
ya no hay faroles de China.
¡Todos se han hecho carbón!
Inmortal Macorina
En los 50, varios compositores e intérpretes retoman el nombre y el mito de Macorina: en las grabaciones, Julio Cueva y su orquesta incluyen el famoso estribillo en un medley o potpourrí (LP Defiéndete, Puchito MLP-150). Pero ninguna pegó tanto, ni es hoy tan recordada como La Macorina que la orquesta Sensación, cantando el gran Abelardo Barroso, grabara en 1959 en el álbum Danzón Cha (Puchito, MLP 557).
Los discos que recogen la grabación de Barroso omiten la identificación el compositor, lo que contribuye a la hipótesis de que su estribillo y probablemente hasta una buena parte de la letra, correspondan a la tradición popular en los inicios del siglo XX:
Ponme la mano aquí,
Macorina, pon, pon, pon,
Macorina, pon, pon, Macorina.
Yo conozco una vecina
que me tiene alborotao,
me enteré que en Los Parados
la llaman la Macorina.
Ponme la mano aquí, Macorina,
que me muero, Macorina,
ponme la mano aquí, Macorina,
que estoy loco, Macorina.
Ella gasta gasolina en su carro colorao,
y sigue con el tumbao
que ella es la gran Macorina.
Allá va la Macorina
en su carro colorao,
ella va pa’ los saraos
con su tremendo tumbao.
Le dicen la Macorina
con su carro colorao.
En 1982 Luis Carbonell retoma el poema de Camin en su álbum La rumba y otros poemas (Lp Siboney 209). Los Muñequitos de Matanzas en su CD De palo pa’rumba incluyen Macorina, una columbia, con un texto diferente al poema de Camín, pero manteniendo el famoso estribillo.
Luis Carbonell recita Macorina, de Alfonso Camín.
Cuando en los años 60 Chavela Vargas reflota el casi centenario nombre de La macorina, mucha agua había pasado por debajo de los puentes, y mucha vida vivida por su memoria andariega. Lo que narró al poeta y periodista cubano Roberto Cazorla, los pormenores que dibujó, evidencian que La Macorina que dice haber conocido en Cuba no era la auténtica María Calvo que revolucionó las calles y las alcobas habaneras. Juzguen ustedes mismos sus palabras y compárenlas con las fotos:
“Yo iba mucho a Cuba, cuando me sentía deprimida en mi país, tomaba un avión y enseguida estaba en La Habana: Cuba nos curaba de todas nuestras crisis sentimentales. Ya allí conocí a La Macorina. Era una mujer excepcional… una mulata hija de negra y chino: un ejemplar femenino que solamente he visto en Cuba. Macorina tenía un color de piel exacto a la hoja del tabaco. Sus ojos eran verdes y tenía los cabellos lacios que le llegaban a la cintura…”.[12]
Chavela Vargas grabó por primera vez su Macorina en 1961 con el guitarrista Antonio Bribiesca, para el disco Noche de Bohemia. En el fonograma no se indican los autores de las canciones, ni se hace referencia en el caso particular de Macorina, que la trovadora tico-mexicana había empleado versos del poema homónimo de Alfonso Camín, reduciendo la extensión del original y adaptándola a la música. Camín se encargaría, ya en su ancianidad, de refrescar la memoria de la gran cantante y hacer valer su crédito de autoría en la mundialmente difundida canción.
El nombre de Macorina reaparece con fuerza en la discografía antecedente de la salsa de Nueva York, cuando Johnny Pacheco crea y graba su famoso El güiro de Macorina, si bien el gran músico dominicano no emplea el famoso estribillo, solo apela al nombre femenino. Toño Rosario lo lleva a ritmo de merengue y Eliades Ochoa mantiene las esencias del son montuno en su difundida versión. Macorina aparece también en grabaciones de Joe Cuba, Cheo Feliciano, Nelson Pinedo, y otros.
El sobrenombre que disgustaba a su auténtica portadora, reencarnó no solo en danzones, sones, rumbas y guarachas, sino también en muchas mujeres que vieron en La Macorina un espejo de lo que deseaban ser y conquistar, y mutando de género, hasta en algún delincuente lo asumió como identidad en los bajos fondos.

María Calvo Nodarse «La Macorina». Foto tomada de la revista Bohemia y regenerada con IA.
Ni modo, aquella belleza despampanante que fue La Macorina pasó a la historia por más de un símbolo de poderío e influencia, no solo por ser la primera mujer en manejar un automóvil en Cuba, y también una de las más disputadas y deseadas de La Habana. Como confesó al periodista, “lo mejor fue, sin duda, aquella época en que más de una docena de hombres permanecían rendidos a mis pies, anegados en dinero, suplicantes de amor.” Pero debió agregar que lo mejor también ha sido la eternizacion de aquel estribillo donde millones de manos han recorrido durante más de un siglo la geografía humana de la sensualidad, para pedir, suplicante siempre sugiriendo o urgiendo el lugar del deseo: “¡Ponme la mano aquí, Macorina!”
Agradecimientos a mis queridos Virginia Ramírez Abreu, Ileana Álvarez y Manuel Iglesias.
© Rosa Marquetti Torres
NOTAS
[1] Ramírez Abreu, Virginia. Ni María Antonia ni Santa Camila: La Macorina. En revista digital Alas Tensas: https://alastensas.com/opinion/ni-maria-antonia-ni-santa-camila-la-macorina/
[2] Sociedades Españolas. Rosalía de Castro. En Diario de la Marina, 9 junio 1914. Pag.5.
[3] Círculo Avilesino. Fiesta de San Agustín. En Diario de la Marina, 7 de agosto de 1914. Pag. 5.
[4] Mercurio: Cine deportivo. En Diario de la Marina, 5 de mayo de 1915. Pag. 6 y 17 de mayo de 1915. Pag. 6
[5] Spottswood, Richard K.: Columbia Records C Series, 1908–1923. 1923. A draft numerical list, including all known releases. PDF. Pag. 120
[6] Díaz Ayala aporta la fecha el 13 de noviembre de 1916
[7] Véase: Henríquez Ureña, Max: Panorama histórico de la literatura cubana (Tomo II): La Habana, Ediciones de la Universidad de La Habana, 1963.
[8] Eusebia Cosme, esta noche, en el Principal. En Escenario y pantalla. Diario de la Marina, 11 de agosto de 1934. Pag. 6
[9] Tomado de Biblioteca Cubana | Alfonso Camín: “Macorina” (del libro de memorias “Entre palmeras”) En revista Alas Tensas. https://www.arbolinvertido.com/cultura/alfonso-camin-macorina-del-libro-de-memorias-entre-palmeras
[10] Camín, Alfonso: Entre palmeras. Tomado de: https://www.arbolinvertido.com/cultura/alfonso-camin-macorina-del-libro-de-memorias-entre-palmeras
[11] El Baseball en Pinar del Río. Impresiones de un viaje. En Diario de la Marina, 14 agosto 1914. Pag.7.
[12] Citado de Díaz Ayala, Cristóbal: Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana.
OTRAS FUENTES CONSULTADAS
- Madrid, Alejandro y Moore, Robin D.: Danzón. Diálogos de música y baile por la cuenca del Caribe. Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
- Sarabia, Nydia: Eusebia Cosme, la rosa canela. Ediciones Caserón. Santiago de Cuba.
- Díaz Ayala, Cristóbal: Cuba canta y baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana. (online)
- Colección Gladys Palmera (online)
- www.discogs.com


