La chambelona: la conga que fue casi himno de guerra.
La conga La Chambelona está histórica y vivencialmente ligada al devenir político de Cuba en las primeras décadas del siglo XX. Los destinos y ambiciones del Partido Liberal marcharon a ritmo de la conga chambelonera, que se repetía como letanía acompasada
Aé, aé, aé, la chambelona
Paradójicamente, estas cinco palabras estaban muy lejos de expresar cualquier sentimiento de simpatía o animadversión, cualquier orden conminatoria, sin embargo, muy pronto el contexto las dotaría de un simbolismo explícito, restallante, duradero. No puedo asegurarlo, pero con su estribillo gozador, que incita a “arrollar” calle arriba, calle abajo con la conga, La chambelona podría ostentar el record de ser en Cuba la primera pieza musical bailable en mutar a grito de guerra. Eso ocurrió entre 1916 y 1917, en Cuba. Y la historia dio para mucho.
Los orígenes
Según el etnólogo y antropólogo cubano Fernando Ortiz, los orígenes musicales de La Chambelona están en una vieja tonadilla española, descartando así el presunto origen africano, que algunos le han adjudicado, sin fundamentos precisos: africano es según Ortiz, solo el compás que ha popularizado la vieja conga. Sobre su título o nombre, se preguntaba si la palabra «chambel» sería el origen etimológico de la popular chambelona y no el toponímico Chambas,[1] el poblado que había pertenecido a la antigua provincia de Las Villas y hoy, a la de Ciego de Ávila. «Chambelona», según algunos, quiere decir “música de Chambas”, pero esto último podría ser mera suposición, y aunque se puso de moda llamar «chambelonas» a las congas en las campañas electorales de las primeras décadas del siglo XX, los cubanos conocimos siempre que una «chambelona» era un caramelo plano sujetado por un palito de madera, algo así como la pre-historia del «chupa-chups».
Helio Orovio, investigador y musicólogo cubano coincide con la opinión de Ortiz: la define como “canto popular, en ritmo de conga…” y explica que su autor la compuso “utilizando la estructura de una vieja cancioncilla española mezclada con elementos rítmicos de origen congo…” [2]


Anuncios publicados en el Diario de la Marina en 1916 y 1917.
La chambelona entra en política
El estribillo, al parecer, se usaba en contextos políticos desde los años 80 de siglo XIX en coplas que relacionan a los gobernadores españoles con la situación económica de Cuba. Ortiz cita a Ramón A. Catalá para narrar que el periodista Felipe López Briñas había improvisado para el diario habanero La lucha, una redondilla que decía:
Desde que se fue Chinchilla
Y ha venido Polavieja
Yo no como … mantequilla
Ni tampoco “ropa vieja”
¡Aé, aé! ¡Aé, la chambelona![3]
(Se refería a José Chinchilla y Díez de Oñate nombrado por España Capitán General y Gobernador de la isla en 1890, siendo sustituído por Camilo García de Polavieja, hasta 1892).
En 1908, a solo 6 años de vida de la República, había evidencias del uso de la tonadilla también con fines políticos: el propio Ortiz afirma que los liberales ya la empleaban[4], mientras que algunos cronistas afirman que, a inicios del siglo XX por la zona central de la Isla, ya se cantaba una tonadilla que mencionaba a una famosa y bella mulata de rumbo que llamaban La Chamberona o La Tamberona.
Del poblado de Camajuaní, cercano al de Chambas, era un músico llamado Rigoberto Leiva Matarana (1886-1979) y, según se documenta, fue él quien la convirtió en lo que, definitivamente, llegó a ser La Chambelona, la conga de los liberales, casi un himno de guerra en medio de la encarnizada batalla por la presidencia entre los candidatos de los partidos Liberal (Alberto Zayas “El Chino”) y Conservador (Mario García Menocal) durante los comicios presidenciales del 1 de noviembre de 1916.
Alfredo Zayas y Mario García Menocal
Pero el evento no pudo transcurrir con normalidad: ocurrió un masivo fraude electoral perpetrado por el entonces Presidente Menocal, que pugnaba por la reelección. Pocos meses después de las elecciones, al sentir que podía perder el poder, Menocal, fraude mediante, se proclamó reelecto, arrebatándole el triunfo a los liberales de La Chambelona, y su líder, el expresidente José Miguel Gómez –quien en realidad fungía como jefe de la organización-, se alzó en armas contra esta maniobra en una guerrita que quedó recogida en la historia de Cuba como “el alzamiento de La Chambelona”, lo que desató una violenta, pero breve guerra civil, de febrero a mayo de 1917. El protagonismo y popularidad de la famosa conga callejera como himno de combate explica tal denominación.
Se cuenta que Rigoberto Leiva era rabiosamente liberal y que con un numeroso grupo realizó la travesía desde Camajuaní a La Habana, llevando la alegría del apoyo a Zayas convertida en una conga, que no podía ser otra que La Chambelona. Llevaban tambores, otros idiófonos percusivos, y un cornetín. Cuando descendieron del tren en la Estación Central cantándola y bailándola, de camino a la residencia de Alfredo Zayas, fueron interceptados por la policía, pues en los versos que cantaban se había colado de nuevo la imaginación popular traducida en ofensas a García Menocal, aún Presidente de la República, quien, según ellos debía regresar al central azucarero Chaparra donde había sido ingeniero y administrador, y a su esposa, la Primera Dama, Mariana Seba, a quien sugerían mandar para la “zona”, el área de la prostitución tolerada.
¡Aé, aé, aé La Chambelona!
Menocal para Chaparra,
Marianita pa’ la zona.
¡Aé, aé, aé La Chambelona!
Hubo muchos versos molestos para los conservadores, como : «Nos comimos los puerquitos / y también a la lechona»
La autoridad pública no pudo parar el avance de la tropa liberal, ni el choque entre los dos bandos, que copaban el panorama político en la capital cubana. El músico Rigoberto Leiva estaba en todas partes con su conjunto cantando La Chambelona, cuyas improvisaciones y estribillo molestaban terriblemente a los del Partido Conservador. Pero, asombrosamente, la industria del disco se había anticipado al suceso histórico.
La chambelona al disco
Más allá de la popularidad que en 1916 ya tenía la famosa conga, siempre me he preguntado qué razones tuvo el sello Victor para grabar La Chambelona en el formato instrumental que la llevó como himno de guerra a las calles de La Habana. Si no fue el primerísimo, esta legendaria conga fue uno de los primeros temas musicales de campañas políticas electorales en ser grabados en Cuba. Pero donde sí parece tener el record, es en su perdurabilidad a través de las versiones que tuvo a lo largo de casi un siglo.
A nivel de la industria musical, lo interesante es que los ejecutivos del sello Victor reaccionaron con increíble inmediatez, meses antes de la famosa guerrita y en medio de la popularidad general de La Chambelona, que, llegado el caso, cantaban por igual, aunque con versos en el sentido que les convenía, tanto liberales como conservadores.
En plena efervescencia de la campaña electoral llegaron a La Habana los técnicos de la Victor y realizaron grabaciones a numerosas agrupaciones y solistas entre el 17 de octubre y el 15 de noviembre de 1916, incluídos algunos artistas del teatro Alhambra. El 24 de octubre graban a los actores Ramón Espígul y Lola Mayorga en el dúo cómico hablado con final cantado La Chambelona (Victor 69256), con Eliseo Grenet acompañándoles al piano. Llama la atención que Espígul y Mayorga, provenientes del teatro vernáculo cubano, tan acostumbrado a reflejar críticamente en clave satírica la política criolla, no cantan para el disco la versión que, según Cristóbal Díaz Ayala se había hecho popular en el teatro:
Aé, aé, aé la chambelona
Aspiazu me dio botella
y yo voté por Varona.
Yo no tengo la culpita
ni tampoco la culpona.
(Aspiazu era el candidato a la alcaldía de La Habana por los conservadores, y Varona el de los liberales. La palabra «botella» significaba aquí la concesión de un puesto o empleo público del que se cobraban los sueldos sin trabajar).
En el diálogo grabado Mayorga y Espigul apelan a la tradicional escena del negrito pícaro y la mulata casquivana. Al final, eso sí, suena, sin más, el famoso estribillo Aé, aé, aé La Chambelona. El disco de Espígul y Mayorga indica como autor a Ramón Espígul (al parecer, suyo era la mayor parte del diálogo).

Dale PLAY para escuchar la grabación de Espigul y Mayorga:
Un hecho que dice mucho de la popularidad que la famosa conga electorera había conquistado en ese momento, fue la decisión de los ejecutivos de la Victor de grabar al día siguiente, el 25 de octubre de 1916, otra versión: el Son de la chambelona con un grupo al que identifican como Coro Chambelona y que, presumiblemente, podría ser el conjuntico que lideraba Rigoberto Leiva. El disco tiene la referencia V-69185 y se indica a Leiva como autor. Tal parece que los representantes de la Victor en Cuba no quisieron comprometerse con ninguno de los partidos en pugna, ante el inevitable triunfo de uno sobre otro, pues en ninguno de los dos casos se evidencian “tiraderas” de los liberales a los conservadores.
En el caso de la grabación del Coro Chambelona solo recoge el conocido estribillo cantado por dos voces (coro), siempre acompañados del toque uniforme y fuerte que recuerda los idiófonos metálicos, característico de las congas del carnaval santiaguero. Donde debían ir los versos, éstos brillan por su ausencia y son sustituidos por originales improvisaciones de un cornetín. Diecisiete días después, el 8 de noviembre, la Victor hace un tercer registro con el título La chambelona, esta vez un danzón por la orquesta de Félix González. Como autor se indica a M. Zequeira y es publicado en el disco V-69179-B.

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Cerca de 1918, La chambelona vuelve al disco de nuevo como diálogo cómico teatral y rumba (C-3295), según los créditos, en las voces de Luz Gil y Mariano Fernández y la autoría de Jorge Anckermann. Era la reacción del sello Columbia a la primacia establecida por su contrincante, la Victor, con la conga de moda. En los años sucesivos, Columbia regresaría sobre el tema, grabando en 1919 a la orquesta de Enrique Peña en el danzón escrito por Felipe Valdés La nueva chambelona (C-3862) y en 1920 el son Ráscame chambelona, que el sello disquero identifica como «son santiaguero», interpretado por el Terceto Habanero, integrado, según la documentación de la grabación, por María Teresa Vera, Rafael Zequeira y Manuel Corona.
Fundado en 1878, el Partido Liberal permaneció como una de las diversas estructuras del espectro político cubano durante la República desapareciendo de él únicamente en 1959 con la llegada de Fidel Castro al poder.
Sobreviviendo a los liberales
Durante esos años, La chambelona no abandonó ni el escenario político ni el festivo en Cuba: no había campaña electoral donde las congas, no presidieran a golpe de música las contiendas de los candidatos. Pero tampoco hubo un carnaval donde no sonara su pegadizo estribillo.
Tampoco pararon de grabarlas los músicos ni las disqueras: en Nueva York se hicieron grabaciones de danzones titulados La Chambelona por las orquestas Frisco y Lacalle y en 1919 la de Enrique Bryon graba otro bajo el mismo título, pero con Felipe Valdés como autor. De esos años, la más conocida será La Chambelona del Sexteto Habanero, que la lleva a discos en 2 ocasiones: el 21 de marzo de 1927 (V-79397) y a inicios de 1948 (V-23-0831). El catalán Xavier Cugat, siempre atento a lo que sonaba en Cuba para replicarlo y sumándose a la locura de la conga en Nueva York, la grabó en 1938 con su orquesta del Waldorf Astoria (V-25831-B).
En los 50, tuvo otras grabaciones en Cuba: un registro de un programa de Radio Progreso de 1953-1954 nos permite escuchar a Celia Cruz con Estanislao Sureda «Laíto» y La Sonora Matancera cantando la famosa conga (CD Celia Cruz Con La Sonora Matancera – En Vivo Radio Progreso (1953-1954) Vol. 1 -Barbaro Records B-226).
Odilio Urfé e Ignacio Piñeiro, como productores, no dudaron en incluír La chambelona entre las más trascendentales rumbas y congas que grabaron en 1955 como parte del trabajo del Instituto Musical de Investigaciones Folklóricas, recogidas en el álbum Festival in Havana, publicado originalmente bajo el sello Riverside (RLP-4005). Los músicos y cantantes eran lo mejor que vivía en la época en estos géneros, agrupados en un fugaz Grupo Folklórico Tradicional formado para la ocasión: Oscar Velazco, Florecita –trompeta; Pedro Mena –quinto; Pedro Aspirina, Adriano Rodríguez, Giraldo Rodríguez, Raúl Díaz “Nasacó”, Gerardo Valdés y Nicolás Muro –percusión afrocubana; Carlos Embale –voz prima; Bienvenido León -voz segunda; Adriano y Giraldo Rodríguez, Gracio Endio y Ana María García –coros.
Después de 1959 este trascendental álbum fue reeditado bajo el sello ICAIC (1005) y por Areíto-EGREM con el título La rumba y la conga (LP-3458).
En Cuba, después de 1959, en un país con un único partido y sin contiendas electorales, La chambelona se resistió a morir, permaneciendo en la memoria colectiva, en la música y el baile como referente inamovible que resurgía en ambientes festivos y en la menguante tradición del carnaval.
Chambelona internacional: Santo Domingo, Panamá, España
Dentro del renovado impacto de la música cubana en las décadas de los 60 y 70, estimulado por la incesante migración de músicos a Nueva York y Puerto Rico, músicos caribeños retomaron la famosa conga liberal en diferentes claves: el percusionista puertorriqueño Ramón González “Chorolo” creó su combo y retomó el significado grupal del famoso vocablo, nombrándolo Chorolo y su Chambelona y además, en su álbum debut, grabado para el sello Gema de Guillermo Álvarez Guedes, incluye un potpourrit (medley) donde mezcla una tamborera panameña con el legendario estribillo “aé, aé, aé La chambelona”.
Algo similar hizo el panameño Armando Boza, pero con una jazz band: mezcló en un potpourrí mambo, tamborera y La chambelona, modificando ligeramente la letra del famoso estribillo. Lo grabó para el sello Tamayo (LPT-1006), cerca de 1974.
El pianista dominicano Francisco Simó Damirón la llevó a su versión charanguera en su LP Damiron and His Charanga (Montilla FM-174).
Muy notable resulta el recorrido de ida y vuelta de La chambelona cuando en España, el famoso cantaor Pericón de Cádiz (1901-1980)–cuyo nombre real era Juan Martínez Vílchez– tomó la estructura de la célebre conga cubana, recreándola dentro de los palos del flamenco. La tituló La chamalona y la clasificó como «tango rumbero», tal como aparece recogida en su álbum Pericón de Cádiz – Cantaores Gaditanos Vol. 5 (Hispavox), y después en otros recopilatorios. Resulta interesante que en lugar de «chambelona», el cantaor y su coro dicen «chamelona», pero los versos “yo no tengo la culpita ni tampoco la culpona, aé, aé, aé, la chamelona” así como la música no dejan lugar a dudas del origen de su versión flamenca. La grabación de Pericón de Cádiz, realizada en 1972, posee el valor histórico de ser la primera y única translación oficial de esta conga cubana al formato de disco de flamenco realizado en estudio.[5]
Para escuchar a Pericón de Cádiz cantando La Chambelona, pinchar AQUÍ
La chambelona pasó de la política criolla a ser uno de los exponentes más populares de la conga callejera como expresión nacional músico-danzaria de Cuba. En los tiempos que corren cuando parecen acechar los fantasmas y los efectos de la reconcentración de Weyler, la guerra hispano-cubano-americana de 1898 y el tutelaje de Estados Unidos, resulta demasiado tentador preguntarse si volverán, reciclados más de un siglo despúes, los tiempos de conservadores y liberales, al ritmo de la conga y La Chambelona.
NOTAS
[1] Ortiz, Fernando: Un catauro de cubanismos. Apuntes lexicográficos. Extracto de la Revista Bimestre Cubana. La Habana, 1923. Pag.264. Aquí Ortiz define el chambel como “aparato de pesca formado por una varita horizontal atada. sus al cordel, que sostiene en cada uno de extremos una pita o reinal con un anzuelo.”
[2] Orovio, Helio: Diccionario de la música cubana. Biográfico y técnico. Editorial Letras Cubanas. La Habana, Cuba. 1992. 2ª. edición. Pag.132.
[3] Ortiz, Fernando: Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba. 1981. Pp. 577, 578, 580, 581.
[4] Idem. Pp. 580 y 581.
[5] Núñez, Faustino: Flamencópolis. https://expoflamenco.com/flamencopolis/index.php?pagina=libro-flamencopolis-rumbas-audios-y-videos-
© Rosa Marquetti Torres


