Premio Nacional de la Música en Cuba: malformaciones congénitas
El Premio Nacional de Música de Cuba vino al mundo como un bebé mutilado y con malformaciones congénitas: según la información pública disponible, refrendada en ECURED, enciclopedia colaborativa cubana con subordinación oficial –y a falta de la resolución constitutiva disponible a consulta pública en forma digital- el Premio “…se le otorga a los músicos cubanos, vivos y residentes en Cuba por el conjunto de su obra en los campos de la creación y la interpretación.”[1]
Otorgado por primera vez en 1997, el Premio Nacional de Música llegaba tras 38 años de exclusiones, olvidos voluntarios, exaltaciones inmerecidas, reescrituras interesadas y censuras por el que había transitado la creación y el reconocimiento histórico de la música cubana después de 1959, y se ratificaba en ese camino errático: los músicos cubanos fallecidos y los que no residían en Cuba no podrían ser reconocidos con tal distinción.
En esta limitante también ha estado implícita, al parecer, la deriva hacia un visible control político y burocrático en las decisiones sobre el otorgamiento del premio: tal decisión mostraba el desinterés de las instituciones culturales cubanas en reconocer los aportes trascendentales de quienes llevaron la música cubana por el mundo a planos gloriosos y que ya habían fallecido al momento de constituirse el Premio, con lo cual, con escasa sutileza, se evadía el reconocimiento al período de la República, tan prolífico y decisivo para la música cubana, tanto en su capacidad de creación, como en su expansión internacional. Quedaban fuera, así, nombres tan incuestionables como María Teresa Vera, Ignacio Piñeiro, Benny Moré, Ernesto Lecuona, Arsenio Rodríguez, Dámaso Pérez Prado, los integrantes del Trío Matamoros, Jorge Bolet, Gisela Hernández, Gonzalo Roig, Antonio Machín, Bola de Nieve, Antonio María y Armando Romeu, Rita Montaner, Amadeo Roldán, Chano Pozo, Israel López “Cachao”, Carlos Embale, Elena Burke, Alejandro García Caturla, Merceditas Valdés, Machito, Mario Bauzá, entre muchísimos otros.

La otra limitante para recibir el Premio de la Música -la de residir en Cuba- ha resultado notablemente reduccionista, con un impacto que se ha agravado con el tiempo. Entre 1997 y principios de 2025, Cuba ha experimentado uno de los mayores éxodos de su historia, intensificado drásticamente a partir de 2021 y hasta 2025, cuando se estima que más de 1 millón de personas han abandonado la isla, lo que representa cerca del 10% de la población total actual.[2] En ese éxodo, que se sumó a los miles de emigrados anteriores, que, en goteo o chorros incesantes han llevado a los cubanos a vivir en cualquier parte donde fuera posible, hubo y hay miles de músicos, que siguieron y siguen creando y haciendo música cubana.
En un país como Cuba, prolífico por excelencia en parir músicos y músicas en proporción desmedida con respecto a su tamaño y población, en un país con una música que por décadas ha conquistado reconocimiento mundial antes de que existiera un ministerio de cultura ni un instituto cubano de la música, las razones para entregar el Premio deberían basarse estrictamente en criterios musicales, creativos y artísticamente enriquecedores, que sean incuestionables en la obra del candidato a premiar, y fuera de cualquier consideración política. Así debería ser, pero ya se sabe que no hay voluntad para que así sea. Y no me vale que se eche mano al manido argumento de que todo es política.
Con todos estos hándicaps que voluntariamente se han impuesto las instituciones que dicen dirigir la cultura en nuestro archipiélago, el Premio Nacional de la Música se ha hecho un adulto de 28 años, pero sustancialmente envejecido, anquilosado y secuestrado por quienes piensan que ellos mismos son más importantes para la cultura cubana, que Miguel Matamoros, Celia Cruz, Arsenio Rodríguez o Ignacio Piñeiro. El Premio Nacional de la Música es un adulto que continúa rengo, sigue mutilado como cuando nació, o quizás peor, pues sus progenitores no parece que piensen siquiera en mejorar su condición con una prótesis, que lo ayude a caminar acorde a los tiempos que corren, cuando, poniéndonos en modo therian, los gusanos no son gusanos sino crisálidas invitadas a aportar sus recursos a la posible salvación del desastre económico de una selva donde fueron repudiados.
El Premio Nacional de Música de Cuba continúa sin considerar todo el talento musical cubano que vive, crea y defiende la música cubana fuera de Cuba, conquista espacios y reconocimientos, muchos de los cuales superarían con mucho una comparativa con las preferencias oficiales. El Premio Nacional de Música da la espalda a quienes, con méritos suficientes, pero sin vocación de sumisión política, no regalan el oído a los decisores, no escalan tribunas, o simplemente, deciden hacer música y solo música, y vivir en Cuba por su propia conciencia y decisión.
El Premio Nacional de Música ignora también su propia capacidad simbólica que debería premiar también a quienes viviendo en Cuba son depositarios de prolongados, incuestionables y sólidos legados musicales. Pienso en quienes con méritos personales propios y muy altos, también han sostenido esos legados familiares en la música cubana: Zenaida Romeu, la primera mujer directora orquestal sinfónica, que además de sus relevantes méritos, representa a la familia de más larga contribución y en activo en la música cubana; Rafael Lay Bravo, actual director de la legendaria orquesta Aragón, artífice de la articulación generacional de un legado sonoro que mantiene viva la charanga como formato orquestal; pienso en quienes tienen una trayectoria incuestionable y parecen olvidados, como Pedro Luis Ferrer, con una sólida obra que une, como pocas, poesía, trova y algunos de los géneros de la tradición popular. Pienso en Rembert Egües, con una impresionante carrera en la composición, dirección orquestal e interpretación, que abarca otros ámbitos como el cine y el teatro en Cuba y numerosos países. Pienso en muchos otros, pero señalo solo estos, a modo de ejemplos.
El Premio Nacional de Música ha sido entregado, desde 1997 a 2025, a 54 músicos cubanos residentes en Cuba, pero en ese mismo período muchos de sus colegas viviendo en otros países han dado glorias a Cuba por el mundo, y no hay dudas de que su exclusión de estos premios, no aminora su grandeza, ni el hecho de ser merecedores del reconocimiento mayor, que es el de la historia. Entre los ya fallecidos, solo algunos: Celia Cruz, Bebo Valdés, Israel López “Cachao”, Zenaida Manfugás, Ivette Hernández, Aurelio de la Vega, Alberto Bolet, Chico O’Farrill, Olga Guillot… De los que aún viven con una notable carrera y significativos aportes en su haber: Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Román Díaz, Juan de Marcos González, entre otros, y alguien quien desde hace mucho merece el Premio Nacional de Música de Cuba: el Dr. Cristóbal Díaz Ayala.
La música cubana se hace y defiende allí donde un músico cubano la asume y recrea desde los códigos de su tiempo preservando las esencias de su grandeza. El fenómeno migratorio cubano obliga a que el Premio Nacional de Música refleje esta realidad y también a liberarse de los dictámenes políticos y voluntarismos que se han percibido en ciertas decisiones. De lo contrario, está en juego su veracidad y su capacidad de reflejar la capacidad regenerativa de la música cubana y lo que en ella, verdaderamente, merece ser premiado.
PALMARÉS DEL PREMIO NACIONAL DE MÚSICA (CUBA)[3]
2025 Amaury Pérez Vidal
2024 Miriam Ramos
2023 Roberto Sánchez Ferrer
2022 Jesús Ortega
2021 José María Vitier
2020 Edesio Alejandro y Huberal Herrera
2019 Joaquín Betancourt y Ildefonso Acosta
2018 Jesús Gómez Cairo y Marcos Urbay
2017 José Luis Cortés “El Tosco”
2016 Enrique Bonne
2015 Beatriz Márquez y Guido López-Gavilán
2014 Sergio Vitier y Leonardo Acosta
2013 César “Pupy” Pedroso y Adriano Rodríguez
2012 Bobby Carcassés
2011 Pachi Naranjo
2010 Pancho Amat
2009 Teresita Fernández
2008 Adalberto Álvarez
2007 Marta Valdés
2006 Omara Portuondo, Digna Guerra, María Teresa Linares, Arístides Soto “Tata Güines”, Roberto Valera, Cuca Rivero
2005 Pablo Milanés, María Antonieta Henríquez, Rosita Fornés, Frank Fernández
2004 César Portillo de la Luz, Adolfo Alfonso, Jorge Luis Prats, Alfredo Diez Nieto, Silvio Rodríguez.
2003 Juan Formell, Luis Carbonell, Celina González, Manuel Duchesne Cuzán, Domingo Aragú, Lázaro Ros.
2002 Juan Blanco y Harold Gramatges
2001 Richard Egües, Esther Borja, Electo Silva
2000 No entregado
1999 No entregado
1998 Chucho Valdés y Leo Brouwer
1997 Isaac Nicola
NOTAS
[1] https://www.ecured.cu/Premio_Nacional_de_M%C3%BAsica
[2] Esta información proviene principalmente de estudios demográficos independientes y análisis de datos de agencias fronterizas internacionales, consultados con IA.
[3] Con información de Wikipedia, Ecured y prensa cubana.



Un comentario
Osmel Reyes Vaillant
Hola Rosa, muy atinado y necesario tu comentario.
Desgraciadamente esas exclusiones -claramente motivadas por razones de control ideológico- aparecen en otros Premios Nacionales también. Por ejemplo duele saber y cuesta trabajo aceptar que dos portentos del talento cubano como Reynaldo Miravalles (EPD) y Susana Pérez no ostenten el Premio Nacional de Cine. Cuando vez eso, cualquier otra cosa se puede esperar.
Y entristece saber que los jóvenes de mañana (e incluso de hoy) no puedan valorar por igual la obra de Silvio y la de Pedro Luis, o la de Santiago y la de Donato o Varela, o la del Benny o de Formell y la de Celia, dependiendo de su posicionamiento “ideológico”. Y sobre todo que instituciones oficiales que se dicen culturales estimulen esa segregación con sus actos selectivos.
Por eso considero y valoro tanto tu labor que se enfoca en resaltar el talento y la huella de los músicos y artistas cubanos y punto.