Giraldo Piloto, el de “Añorado encuentro”… duele…

(A propósito del medio siglo de la EGREM)

Sí, es el mismo de ese dúo sonoro y popular: Piloto y Vera. Es el mismo que compuso ese Añorado Encuentro que cada mujer quisiera haber inspirado en un trance de pasión y desenfreno.  Y si además te menciono Fidelidad, Duele, Debí llorar, Perdóname conciencia, Y deja, Scherezada cha cha cha, Aquí o allá, Y sólo tú y yo, convendremos entonces en que se trata  de dos compositores enraízados  en la historia de la buena, buenísima, canción cubana, gracias también a la empatía  con  intérpretes como Elena Burke, Vicentico Valdés, Gina León, Frank Emilio, Pablo Milanés, Beatriz Márquez, Machito, Fajardo y sus Estrellas, Fernando Alvarez y otros muchos no menos relevantes.

Pero en sus 38 años de una vida fecunda, truncada prematura y lamentablemente, Giraldo Piloto Bea hizo mucho más que componer canciones.  Cuando su viuda y eterna enamorada Josefina Barreto Brown habla de su tema preferido –la vida y obra de su esposo- impresiona constatar cuánto hizo este hombre apuesto, culto, apasionado, cubanísimo  y, al parecer, muy especial,  y cuánto dejó de huella en la música cubana.  Digo especial, porque también leyendo y escuchando a Marta Valdés el calificativo se confirma con creces.   Piloto cursó hasta quinto año de violín, a la par que se graduaba con título de Constructor Civil en la Escuela de Artes y Oficios de La Habana –fue  allí donde conoció a Alberto Vera- y luego pasó a trabajar en una institución dedicada a la cartografía.  Sólo el tiempo que le quedaba libre –como la gran mayoría de los compositores y hasta intérpretes entonces-  era el que podía dedicar a la música.   Cortejando a Josefina Barreto- quien después sería la mujer de su vida- comienza a frecuentar el barrio de Santa Amalia, en la periferia de la capital.    En dos casas contiguas ubicadas en la calle Rivera, vivía la música.  La familia Barreto, con el patriarca del clan Primo Barreto, violinista y clarinetista, y con tres hijos instrumentistas –Guillermo, Alejandro “Coco” y Roberto “Robby”- y tres muchachas –Lita, Josefina y Estela– que estudiaban música, tocaban y cantaban todo el tiempo, tenía como vecinos inmediatos a Bebo Valdés y su hijo Chucho. Ambas casas eran el punto de encuentro de muchos músicos –hoy figuras icónicas, en su mayoría-  que lo mismo iban a ensayar, a encargar un arreglo, encontrar una canción, que a escuchar jazz, en aquellos discos que Guillermo Barreto conseguía –traídos por marinos norteamericanos- en sus incursiones por los bares del puerto. El nivel de actualización sonora era muy grande y de esas aguas bebió, y mucho, Giraldo Piloto.  Sin dudas, haber conocido a Josefina y frecuentar el ambiente de Santa Amalia, además de los discos y revistas especializadas de jazz que recibía de su padre desde Nueva York, influyeron en el enriquecimiento de su acervo musical y en su nivel de  actualización respecto a lo más novedoso de las producciones discográficas  en Norteamérica.

 Giraldo Piloto Bea

En el camino de la música, Giraldo Piloto dejó importantes huellas.  No hablaré aquí de sus empeños, junto a un grupo de ágiles y emprendedores compositores, en la creación y desarrollo de la editora musical  Musicabana, iniciativa liberadora  y necesaria entonces, capítulo éste de la vida de Giraldo Piloto poco conocido.  Tampoco abundaré en su acuciosa labor como periodista en el extinto diario Revolución a inicios de los sesenta, cuando en sus páginas escribía la columna “Jazz y algo más”,  genial actualización de lo que ocurría en la escena jazzística internacional y donde encontró reflejo el quehacer del Club Cubano de Jazz, en momentos en que por su intermedio visitaron La Habana importantes jazzistas norteamericanos, como Vinnie Tanno, Harold McNear,  Zoot Sims, y  Philly Joe Jones.  Esta columna especializada le sería encargada por la dirección del diario Revolución, atendiendo a sus probados econocimientos, cultura e influencia.  Tanto el papel que desempeñó en la editora Musicabana, como la labor de Piloto como cronista de jazz son hechos que merecen un abordaje aparte y sustancioso, y una más amplia difusión.

Ahora que la casa comercial EGREM festeja sus 50 años en el mundo del disco  como sello y entidad productora,  quiero regresar a los primeros años de la década de los 60, en que, como antecedente glorioso, se funda el sello Areíto y con él, la impresionante colección que con los sellos Palma y Areíto se agrupó bajo la marca CUBARTIMPEX.  Nada mejor que citar aquí a Marta Valdés, partícipe y gestora privilegiada de ese momento, con las mismas palabras con las que en su libro “Donde vive la música”, recuerda al amigo con quien anduvo en creación irrefrenable de canción en canción:

“Cuando en 1960 supe que se crearía un sello discográfico con una óptica puramente cultural y tuve la oportunidad de opinar al respecto, lo propuse [a Giraldo Piloto Bea]  para asumir la dirección y fue aceptado.  Su pasión por el disco hizo que se realizara desde este sitio que tenía un alcance puramente nacional en términos de mercado y, años después, al crearse una línea de exportación de discos, se le promovió para que la dirigiera.  Piloto, desde ese sello discográfico, fue una garantía para que los más asombrosos brotes de la música cubana en la década de los sesenta quedaran registrados para siempre”.[1]  La propuesta de Marta fue más que acertada.  Siempre le seremos deudores de esa elección iluminada, pues en  Piloto confluían esa pasión por los discos que lo hacía poseedor de un  amplio conocimiento del mundo musical tanto en Cuba, como en Estados Unidos y otros países; una sensibilidad paradigmática para apreciar las artes visuales y ese rara virtud de estar en posesión de información inmediata y amplia, tan deseada y tan necesaria cuando de producir y difundir la música se trata.   Su fino gusto  y su estado de absoluto conocimiento respecto a lo mejor y más novedoso del ámbito musical cubano  y –no menos importante- su participación personal en los sucesos mismos;  su entrega total a un proyecto que le apasionaba,  lo hacían la persona ideal.   

En los primeros tiempos la oficina de Piloto, como jefe de ventas de CUBARTIMPEX –empresa comercial creada para la venta internacional de productos culturales- , radicaba en Palacio Aldama, a donde llegaba cada mañana con un hervidero de ideas en su cabeza, la música como acompañante sempiterna y una desbordada energía.  Las grabaciones más relevantes del sello Areíto eran reempaquetadas en LPs con un diseño diferente, atendiendo a las exigencias del mercado internacional, con un alto nivel artístico en su portada y contraportada y notas trilingües en español, inglés y francés.  A mediados de los sesenta, CUBARTIMPEX registra –a iniciativa de Piloto- fonogramas que han devenido referentes absolutos en la discografía cubana:  las primeras grabaciones deChucho Valdés, como Jesús Valdés y su Combo, prensadas para distribución  nacional bajo el título de Descarga., Volumen I y II [2], y para el mercado internacional como Jazz Nocturno; el despegue definitivo de Omara Portuondo como solista, anticipado en el  extended play Como un milagro, y confirmado con  la salida del LP Esta es Omara Portuondo, ambos al cuidado de Juanito Márquez,  en la dirección musical  y producción musical, y con algunos temas de su propia autoría;  la feliz empatía lograda por Felipe Dulzaides y sus Armónicos con Doris de la Torre, en el disco Armonía con Los Armónicos. [3]

  LPA 1010 – Jazz Nocturno  (Jesús Valdés y su Combo). Diseño y obra plástica: Silvio Gayton
  

Dos carátulas para un mismo disco de Felipe Dulzaides: LP-1014 “Armonía con los Armónicos”. Diseños y obras plásticas de Silvio Gayton y  Aldo Amador, respectivamente

La aguda intuición de Piloto permitió los primeros registros de artistas entonces emergentes o recién llegados a la popularidad, como Los Zafiros, el Cuarteto de Meme Solís, el Cuarteto Los Bucaneros,  de Roberto Marín;  y Amado Borcelá “Guapachá”.  En este último caso, las grabaciones producidas por CUBARTIMPEX se convertirían, sin proponérselo, en  el legado póstumo de este increíble cantante.  Gracias a aquel Piloto apegado al feeling y sus cultores,  hoy tenemos registros importantes –algunos primigenios- de la voz y la guitarra de José Antonio Méndez; el Combo de Juanito Márquez, de Ñico Rojas a la guitarra;  el Noneto de Jazz de Pucho Escalante; Leonardo Timor y Generoso Jiménez, ambos como instrumentistas y muchos otros.

 LPA-1035 “Mírame fijo” de Los Zafiros. Foto: Roberto Salas. Diseño:  Silvio Gayton
LPA-1049  “Son los Meme”del Cuarteto Meme Solís. Foto Mario García Joya “Mayito”. Diseño: Eduardo Potrillé
 
LPA-1033 “Leonardo Timor instrumental”. Foto:  Mario García Joya “Mayito”
Dos carátulas para el LPA 1011 Jazz Cuba – Noneto de Pucho Escalante. Diseño  de la primera: Aldo Amador

Si la música recogida en el catálogo de CUBARTIMPEX  puede ser representativa de lo mejor de aquellos años, pienso que  el diseño de sus carátulas significó una verdadera revolución en la producción discográfica, en lo que a imagen se refiere.  Quizás por primera vez en Cuba, se integran con expresa  intencionalidad  un elevado nivel de diseño, una  obra plástica o fotográfica de altos quilates, y  la aportación sonora del soporte musical, con la carga espiritual y la invitación al disfrute que ellos  suponen.   Con el bagaje de sus años relacionados con la visualidad, Piloto convocó a fotógrafos de probado oficio, como Mario García Joya “Mayito” yRoberto Salas, por sólo mencionar algunos; a diseñadores como Eduardo Potrillé, Silvio Gayton, Aldo Amador, artistas plásticos ellos mismos también.  Un lugar especial en mi gusto personal lo ocupan las portadas realizadas por Eduardo Muñoz Bachs para los discos  La engañadora, de la Orquesta de Enrique Jorrín y Ñico Rojas, del notable guitarrista y compositor, donde aporta dos obras en las que la síntesis, el ingenio y la inocencia son los sellos distintivos de un estilo absolutamente personal.  Opino que sucesivas producciones de discos de EGREM, en diferentes etapas, recibieron la influencia de la imagen CUBARTIMPEX y continuaron cuidando con celo el equilibrio entre diseño, arte y entrega sonora

 Carátulas de Eduardo Muñoz Bachs. LPA-1028 y 1019, respectivamente

Piloto era un incansable promotor, en cuyas manos, el catálogo discográfico CUBARTIMPEX era ponderado con conocimiento de causa. Así, como parte de su estrategia de ventas internacionales, uno de los puntos fuertes del pabellón de Cuba en la Exposición Mundial Expo-67 en Canadá, fue la presentación de los discos cubanos, producidos  y  defendidos por Giraldo Piloto, entre los principales productos portadores del mensaje de un país que proponía renovarse  en todos los sentidos.

De regreso a La Habana, el avión en que viajaba Giraldo Piloto sufre un catastrófico accidente.  La inhalación del humo producido por el incendio fue una carga insoportable para las secuelas de aquella dolencia pulmonar que una vez sufrió. Muere el 6 de septiembre de 1967 en Gander, Canadá.  Había nacido en La Habana, 29 de julio de 1929.

Todo indica que las producciones bajo el sello CUBARTIMPEX continuaron publicándose hasta los primeros años de la segunda mitad de los sesenta, y alcanzaron una cifra cercana a los 50 discos de vinilo (LP).  Hoy, son tentadores objetos de coleccionistas y portadores definitivos de lo mejor que se grabó en música cubana en la década de los sesenta.

Rosa Marquetti Torres

FUENTES

Marta Valdés:  Donde vive la música. Ediciones Unión. La Habana, 2004.

Leonardo Acosta:  Un siglo de jazz. Ediciones Museo de la Música. La Habana, 2012.

Notas a los discos del catálogo CUBARTIMPEX

Agradezco especialmente a Josefina Barreto Brown y Marta Valdés, por compartir conmigo sus vivencias y recuerdos.

[1] Marta Valdés:  Donde vive la música. Ediciones Unión. 2004.  La Habana, Cuba. Pág. 179

[2] Areito. Jesús Valdés y su Combo – Descarga . Volumen I  y Descarga . Volumen II – LP-3146 y 3163.  Año 1964. La edición de CUBARTIMPEX hace una selección de ambos discos de larga duración, por lo que no aparecen en ella la totalidad de los temas grabados en ambos fonogramas (Nota de la autora).

[3] En el catálogo CUBARTIMPEX, con la referencia 1014 existen dos diseños diferentes del disco FELIPE DULZAIDES Y LOS ARMONICOS CON DORIS DE LA TORRE: una con diseño de Silvio Gayton y otra, de Aldo Amador.  En esta última se omite, al parecer por error, el título Angel Eyes, error que se corrigen en la versión editada a cargo de Gayton. (Nota de la autora)

© 2014. Rosa Marquetti Torres

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