¡Pon tu pensamiento en…! El agua de Clavelito
En Santiago de los Caballeros, República Dominicana, en 1938 el niño Juan Azarías Pacheco Knipping se empinaba sobre sus primeros pasos todo lo que le era posible desde sus 3 años, sin saber aún que llegaría a ser mundialmente conocido como Johnny Pacheco, cuando Miguel Alfonso Pozo, un joven guitarrista y poeta campesino nacido Ranchuelo, asombraba con sus primeros éxitos en la radio local, cantando las décimas del personaje Pepe Cortés –una suerte de Robin Hood criollo- en la radioemisora CMHI de la ciudad de Santa Clara, en la zona central de la isla de Cuba. Su dueño y creador, el empresario tabacalero Amado Trinidad, con mucho ojo para el descubrimiento de talentos, le había dado la oportunidad y el guajirito no lo defraudó, sino que, por el contrario, se convirtió en un fenómeno creciente de popularidad radial, que incidió positivamente en la importante presencia de la música campesina y las controversias guajiras en la programación de la radio en Cuba.
En su paso, ya en La Habana, por La Corte Suprema del Arte, en las controversias temáticas, como aquellas sobre las mujeres rubias y trigueñas, en sus presentaciones en el famoso Rincón Criollo, Miguel Alfonso Pozo fue cincelando el personaje de Clavelito, no muy distante ni diferente de lo que era, en sí mismo.

Clavelito. Foto de la década de los 50. Cortesía Colección Gladys Palmera
Miguel Alfonso Pozo era el menor de 11 hermanos, llamados todos Los Clavelitos, por el apellido de la longeva abuela materna –Clavelo- muy conocida en Ranchuelo, que llegó a vivir 105 años. Y Clavelito será el nombre artístico que el joven trovador elegirá para sí.
No pretendo hacer aquí la historia del popular e influyente músico campesino y después fenómeno mediático: para saber de esa vida tan interesante y prolífica les recomiendo buscar el libro Clavelito: el hombre detrás del mito, en el que su hijo Narciso Alfonso condensa las memorias que dejó escritas su padre, junto a testimonios, análisis de la prensa de la época y resultados de investigaciones propias como autor.[1] Sí me detendré en el impacto social y mediático que tuvo Clavelito como hábil repentista y compositor, con un manejo cabal de la música de nuestros campos, a la vez que personaje mediático que puso en función de su relato, desde su propia honestidad, sus creencias y filiación al espiritismo, y su reflejo en la música.
Clavelito y La Calandria en grabación de su programa radial en los años 40.
El buzón de Clavelito
Si desde finales de los 30 y durante toda la década de los 40 tuvo un éxito creciente en su paso por CMHI en Santa Clara, y después en La Habana por RHC Cadena Azul, más los 13 años que estuvo contratado por CMQ Radio en su famoso dúo con Nena Ruiz, La Calandria, con diversos programas, su popularidad alcanza la cima de la mano de Gaspar Pumarejo, genio creativo y empresarial de la televisión, que lo contrata en 1952 en Unión Radio para liderar el programa El buzón de Clavelito. La apoteosis se produce cuando en marzo de ese año, con sentido performático e interactivo –involucra al público radioyente como verdadero protagonista- Clavelito lanza su famosa cuarteta
“Pon tu pensamiento en mí / Y harás que en este momento /
Mi fuerza de pensamiento / Ejerza el bien sobre ti”
Tras recibir la carta de una oyente que aseguraba haber sanado a su hijo lavándolo con un vaso de agua que había colocado sobre el radio mientras Clavelito cantaba, el empresario Gaspar Pumarejo le sugirió convocar al público a hacer lo mismo, momento en el cual Clavelito improvisó la famosa cuarteta completa que el público reduciría a su primer verso, relacionándolo para siempre con el famoso repentista campesino. Clavelito instaba a su audiencia a colocar un vaso de agua cristalina sobre la radio para escuchar su programa El buzón de Clavelito. Esa acción comenzó a ser repetida por decenas de miles de personas a todo lo largo y ancho del archipiélago cubano. El programa logró los índices de sintonía (rating) más altos jamás registrados en la radiodifusión de Cuba, estableciendo un récord histórico de audiencia. Ni soñar entonces con los tiempos de internet: la comunicación era a través de cartas que los radioescuchas le enviaban a la celebridad campesina; un camión de correos debía transportar diariamente a la emisora en sacos entre 3,000 y 4,000 cartas. En una sola semana llegó a recibir más de 50,000 cartas, convirtiéndose en la persona que más correspondencia ha recibido en toda la historia del correo cubano, según consigna Narciso Alfonso en su libro.[2]
El impacto del programa fue tal, que cada mañana, una multitud inmensa tomaba por asalto los estudios de Unión Radio. La aglomeración replicaba lo que ocurría al comenzar al programa: a lo largo y ancho de la isla, el país prácticamente se paralizaba a las 10:30 a. m. para escuchar la transmisión.
“Clavelito, llamado el hombre del destino, se ha levantado sobre la actualidad nacional. Lo estaba invadiendo todo. No se habla de otra cosa en las casas de apartamento de la capital y en el bohío humilde del sitio más escondido de la Isla. Se comentan y se afirman sus milagros. El agua magnetizada es panacea para las gentes sencillas.”[3]

Así escribía el famoso cronista Germinal Barral “Don Galaor” en reportaje-entrevista exclusivo de la revista Bohemia el 3 de agosto de 1952. Reproducía las palabras de uno de los admiradores que, con fe, esperaban al improvisador popular en las afueras del estudio de Unión Radio:
“Clavelito no pide nada. Nada más que silencio mientras él expresa un consejo. Es el poeta de lo humilde. De lo que andan por la vida sin fe y sin estímulo. In alivio a sus necesidades y dolores. Las gentes sencillas lo obedecen. Ponen sobre el aparato recepto un vaso, o una botella o una jarra de agua. Clavelito magnetiza el agua. La magnetiza con sus palabras. Con su pensamiento puesto en lo que sufren. Y las gentes incrédulas, las gentes sin fe, lo ven en el agua. Como una aparición milagrosa. Los que lo ven, pueden, pueden utilizar el agua. Beberla si padecen males internos. Echarla sobre la parte dolorida si padecen de males externos. Y el milagro se produce.”[4]

Tarjeta promocional impresa de Clavelito en los años 50. Cortesía Colección Gladys Palmera.
Clavelito estaba convencido de sus poderes, se sabía predestinado desde niño para ello, a ser, como solía autodenominarse, “un hombre del destino,” aunque afirmó muchas veces que no lograba comprender cómo hacía lo que hacía, ni muchos menos, cómo lo conseguía.[5] Lo suyo, según él, no era ni curanderismo, ni espiritismo, ni adivinación, ni cartomancia: era un misterio que se basaba en los poderes con que había venido al mundo. Su fama crecía como la espuma y su impronta se expandía más allá de su programa radial: el reconocido dramaturgo Carlos Robreño escribió un sketch humorístico titulado El agua de Clavelito, que servía como fin de fiesta a la puesta en escena de la zarzuela Luisa Fernanda en el teatro Blanquita, con Gonzalo Roig y Rodrigo Prats dirigiendo la orquesta del teatro y figuras en roles protagónicos como Rosita Fornés, Candita Quintana, Alicia Rico, el Chino Wong y René Cabel, entre otros. Era, sin dudas, un gancho para atraer más público y, aunque nació como una burla, la parodia terminó multiplicando aún más la fama de Clavelito. Roberto Garriga escribió la radionovela Clavelito, el hombre del destino, que, por su habilidad al tratar el tema, no pudo ser censurada por la Comisión de Ética Radial, alcanzando gran popularidad.
Estalla la bomba
Un día después de que Bohemia publicara la entrevista de Don Galaor, el 4 de agosto de 1952 Clavelito es suspendido de la radio, al considerar las autoridades y comisiones reguladoras que su programa promovía la superchería, el curanderismo y creencias contrarias a la ciencia, la moral y la religión. La cancelación de Clavelito fue apoyada por la iglesia católica, el Colegio Médico y la Comisión de Ética Radial, argumentando que la transmisión radial infringía las normas de propaganda comercial y que realizaba prácticas que enfrentaban a la ciencia y la fe. La Comisión de Ética Radial sirvió en bandeja el detonante legal, al redactar y dar a conocer días antes, el 25 de julio, la Circular No. 47 para borrar el programa del aire por considerarlo “altamente nocivo y perturbador”.
En un breve reporte titulado “Programas sustituídos por la Comisión de Ética Radial”, el influyente Diario de la Marina –opuesto a Clavelito- se hacía eco de la decisión censora, que afectaba además a otros 2 programas –El consultorio síquico del Doctor Barú de la emisora COCO, y la radionovela Luz María, de CMQ– y dictaminaba que “en lo sucesivo solo serán permisibles aquellos programas que tengan por finalidad ofrecer con carácter general, consejos o sugerencias que, sin fundarlos en fuerzas sobrenaturales, tiendan de manera efectiva al robustecimiento de los valores morales inherentes a la sociedad.”[6] El Ministerio de Comunicaciones intervino finalmente alegando que las predicciones e interpretaciones de sueños estimulaban creencias contrarias a la civilización y al orden social.
La cancelación de Clavelito trajo alegría al corazón de las radioemisoras de la competencia, que ni de lejos podían manejarse ni emular con los niveles de audiencia que generaban el vaso de agua sobre el aparato receptor y las décimas del inefable poeta campesino esparciéndose por el éter.
Estaba Clavelito al aire, había comenzado puntualmente, a las 10.30 am, su programa del lunes 4 de agosto, cuando varios ministros del gobierno de Fulgencio Batista y un gran despliegue policial dirigido por el jefe de la Policía Secreta, irrumpieron en el estudio de CMQ, entonces en las calles Monte y Prado, en La Habana Vieja. Arrestaron a Clavelito, siendo conducido a una unidad policial, aunque su arresto duró menos de una hora y él mismo debió pedirle calma a la multitud que se aglomeró frente al edificio en su defensa. Las autoridades clausuraron también por 24 horas las oficinas de Unión Radio y suspendieron por 15 días las transmisiones de la Cadena Oriental de Radio, que retransmitía el El buzón de Clavelito. Dos vigilantes de la policía fueron apostados en la planta de transmisión para asegurar que no se violara la orden de clausura.
Una semana después de la entrevista de Don Galaor, y 6 días después del asalto y clausura del programa del popular decimista e improvisador, Bohemia le cedía sus páginas para que respondiera, también en décimas, al agravio: bajo el título La suspensión de Clavelito y con 9 fotos, el poeta campesino asumía el rol de víctima y respondía con sus versos:
Ya tú lo ves, campesino,/lo único que te quedaba
/el que la fe te llevaba/ te lo quitan del camino.
Hago el bien y con desdén/hoy silencian mi intervalo/
Suspenderme es el regalo/que hasta me asombra este día
Pues yo en verdad no sabía/que hacer el bien era malo.
En los dos primeros versos, Clavelito parece coincidir -o ellos con él- con la opinión de dos voces que, desde la ciencia, intentaban encontrar explicación a la devoción popular, como veremos más adelante. En los versos que siguen a continuación, Clavelito parecía transparentar su vocación mesiánica:
Soy la voz de la verdad /la que en campos y ciudades
Canta las necesidades/que tiene la humanidad.
La gente inundó con miles de cartas y telegramas de protesta a las autoridades, incluyendo al Presidente Fulgencio Batista. La presión popular consiguió el regreso de Clavelito a las ondas radiales 10 días después de su suspensión, pero con determinadas exigencias inapelables: se le prohibió estrictamente continuar haciendo predicciones, vaticinios o siquiera mencionar el vaso de agua, y el cambio de nombre del programa, que pasó a llamarse Clavelito y su pueblo. Así narró la revista Bohemia el tono que marcó el regreso de Clavelito:
“Habían cesado sus recomendaciones, sus consultas y sus vaticinios provocadores de la clausura. El hermano Clavelito volvió a ser el inofensivo trovador guajiro de siempre. La lira del poeta había desplazado al vaso de agua del taumaturgo. Sin embargo, en sus palabras, en sus décimas, había un adolorido reproche para los que evitaron que “él continuara haciendo el bien”.[7]
Impacto de los incidentes. La polémica
El fenómeno Clavelito y su agua magnetizada en 1952 trascendía la mera disputa mediática por las cuotas de sintonía, encubierta con la moralina local, provocando una reacción en cadena en la élite artística, literaria e intelectual de Cuba, que se dividió entre la parodia humorística, la adopción musical y la dura crítica mediática: en la misma edición del 10 de agosto, 5 días después del incidente censor contra Miguel Alfonso Pozo, Bohemia publicaba el artículo Clavelito: un caso de hipnosis colectiva firmado por M. Velilla de Solórzano, Profesor de Sicología Social de la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana, que analizaba el fenómeno de masas en que se había convertido el ya célebre improvisador de décimas campesinas, sus causas y su singularidad:
“Nunca antes de ahora se había producido en Cuba –ni creo que tampoco en el extranjero; si así fuera, no ha trascendido- un fenómeno como éste, por ser ésta la primera vez que se utiliza un medio difusorio de tan gran penetración como lo es la radio, para un servicio que podríamos titular jocosamente “curanderismo hertziano” -concluía el profesor.
El filósofo, periodista y ensayista Jorge Mañach se pronunciaba también en Bohemia, que, en su edición del 24 de agosto, publicaba Barú, Clavelito y compañía[8], su conocido ensayo sociológico sobre este fenómeno en el contexto de la crisis política y social que vivía Cuba tras la muerte por suicidio el 16 de agosto de 1951 de Eduardo Chibás, uno de los líderes políticos más populares y esperanzadores en esos momentos, y el golpe inconstitucional perpetrado por Batista apenas 5 meses antes, el 2 de marzo de 1952, para hacerse con la presidencia de la república.
El poeta Nicolás Guillén, en su trabajo periodístico, interpela públicamente a Clavelito desde la ironía y cierto irrespeto, con unos versos en boca de su personaje Juan Descalzo, que ponía en solfa las intenciones humanistas que el propio bardo campesino proclamaba. Las décimas integran sus famosas «Coplas de Juan Descalzo» con el número VIII:
Mi querido Clavelito
me perdonarás seguro
que te ponga en un apuro
mas tu opinión necesito.
Si tu poder es bendito,
(como asegura la gente)
dime, amigo, urgente
dónde pudiera encontrar
el modo de trabajar
sin llegar a delincuente.
El agua magnetizada
que use según tu consejo
debo confesarte, viejo,
que no me sirvió de nada.
En la cocina apagada
ni un mal caldo hierve ahora
y yo igual que mi señora
te juramos que hace un mes
jAy!, no sabemos lo que es
tomar comida a su hora.
Yo soy tu hermano y tu amigo
y por serlo en realidad
es que con toda lealtad
te digo lo que te digo.
Con paso seguro sigo
el camino de Marti
incorporate que aqui
Cuba luchando te vea…
Por una vez aunque sea
jPon tu pensamiento en ti!
El poeta campesino con dotes divinos regresó a la radio con un programa diferente y censurado, pero era inútil: en poco tiempo, había dejado huellas indelebles en la vida cubana del momento, en la cultura popular, la música y la escena cubanas. A partir de los incidentes ocurridos en agosto de 1952, Clavelito rentabilizó tanto su éxito, como su cancelación, a niveles insospechados, transformando su gigantesca audiencia en una proyección que muy bien se podría considerar multimedial, a pesar de no existir entonces tal calificativo, concretado en numerosos contratos radiales, su prolífica actividad autoral, y la vuelta al negocio editorial, que iniciara en 1947 con la publicación de sus revistas mensuales Rincón campesino y Los amigos de la radio y que ahora retomaba para publicar sus propios libros, con los que continuaría fidelizando a su radioaudiencia. Además, aquel mismo agosto de 1952, la revista Bohemia comenzó a publicar en exclusiva cada semana un capítulo de Esta es mi vida, la autobiografía escrita por el propio Clavelito.[9]
Aunque este hecho ocurrió en 1954, lo subrayamos para confirmar la continuidad del fenómeno Clavelito: el enorme arrastre popular que le dejó la censura provocó que ese año el expresidente Ramón Grau San Martín lo promoviera como candidato a Representante a la Cámara. Clavelito rentabilizó esto política y mediáticamente sin gastar un solo centavo de su bolsillo.
Clavelito, devenido en el antecedente de los telepredicadores y de los influencers que hoy muestran un enorme poder de convocatoria en amplios sectores sociales, se distinguía por algo fundamental que, según, evadía la impostura: Clavelito creía en lo que proclamaba.
El agua de Clavelito llega a la música. La Orquesta Aragón
Clavelito y su agua magnetizada dieron para mucho en la música en la década de los 50. En medio de los incidentes de 1952, el Trío Servando Díaz (Los Trovadores Sonrientes) grabó para el sello Panart la guaracha A Clavelito no le da el santo (D. Darias); el trío Samá, cantando Armando Cuní, registra con la marca Sonoro otra guaracha: A Clavelito; José Ramón Sánchez “El madrugador”, y Raúl Rondón “El camagüeyano” fijan en un sencillo para el sello Puchito los puntos cubanos Canto a Clavelito y Milagros de Clavelito, respectivamente.
En este contexto, surge la más famosa y recordada canción dedicada al acontecimiento: la cienfueguera Orquesta Aragón que comenzaba ya su andadura en la capital cubana, también se suma al fenómeno Clavelito. El 9 de junio de 1953 la Reina de las Charangas realiza las dos primeras grabaciones que se prensarían en su primer disco: El agua de Clavelito (con letra y música de Miguel Alfonso Pozo) y Mambo inspiracional (de Rafael Lay Apesteguía), ambos consignados como danzones en el soporte original bajo la referencia RCA Victor 23-6048. El agua de Clavelito es, al decir de Gaspar Marrero, biógrafo de la Aragón, la primera pieza que comercialmente grabara la orquesta, y como bien señala, aunque se indique en el disco que es un danzón, es en realidad, ya un cha cha chá, el nuevo género que está posicionándose en esos años, con un ritmo que va en ascenso hasta evidenciar reminiscencias soneras y una línea descargosa gracias a la flauta de Rolando Lozano y el piano de Pepe Palma.[10] El texto replica los versos con que Clavelito comenzaba su legendario programa y suma al final un pegadizo estribillo.
Grabación original de la Orquesta Aragón, disco de 78 rpm – 1952.
Al lanzar la canción a mediados de 1953, cuando la polémica social por el “vaso de agua” aún estaba fresca y en boca de todos, el disco se vendió y se promocionó de forma masiva en todo el país, gracias a la polémica y la polarización precedente y a la devoción que la gente todavía sentía por el legendario Clavelito.
En 1953 Johnny Pacheco tenía 18 años y no he encontrado evidencias que permitan afirmar que conoció por esas fechas en tiempo real el fenómeno Clavelito, su encumbramiento en el favor popular y su historia de cancelación y triunfo.
El agua de Clavelito y el movimiento charanguero de los 60 en EE.UU.
De lo que sí hay sobradas evidencias es de la pasión inicial de Pacheco por el sonido de las orquestas charangas cubanas, como la Aragón y Fajardo y sus Estrellas, y la influencia definitiva que ellas ejercieron en su obra como autor e intérprete, pero eso, eso es otra historia.
Emigrado el flautista cubano José Antonio Fajardo a Nueva York con parte de sus “estrellas”, contribuye al boom de las orquestas charangas en Estados Unidos, que se había iniciado en la segunda mitad de los 50 bajo la influencia de la primera charanga formada allí por el músico y compositor cubano Gilberto Valdés. Los nombres imprescindibles de este proceso -para quienes la palabra «charanga» era a la vez formación instrumental y ritmo-, son la Duboney de Charlie Palmieri, la orquesta Broadway de los hermanos Zervigón y la Nuevo Ritmo de Armando Sánchez en Chicago y, por supuesto, Johnny Pacheco y su charanga, fundada por él tras separarse de la Duboney.
En 1961, el gran músico y productor dominicano graba Pacheco y su charanga (Alegre Records LPA-801), cantando Elliot Romero, su primer álbum con su formación charanguera. Contrario a lo que algunos piensan y han declarado, aquí Pacheco honró su obligación de consignar el autor de El agua de Clavelito, indicando el nombre de Miguel Alfonso Pozo, lo mismo que en el álbum Los amigos (JM-00540) de 1979, con Héctor Casanova, donde también incluyó esta éxito de su repertorio.

La Orquesta Aragón en la década de los 50 (no es la alineación que grabó El agua de Clavelito).

Rafael Lay Apesteguía – Segundo director de la Orquesta Aragón. Ya lo era cuando se grabó El agua de Clavelito

Rafael Lay Bravo y Rafael Lay Sánchez, continuadores del legado en la Orquesta Aragón
A nivel discográfico, la Orquesta Aragón, en la formación de 1987, volvió sobre El agua de Clavelito en su álbum Recordando a Lay (EGREM LD-4285), homenaje a su eximio director Rafael Lay Apesteguía, padre y abuelo respectivamente de los Rafael Lay que hoy defienden y mantienen las razones por las que la Aragón sigue siendo la reina legendaria de las orquestas charangas.
La expansión hemisférica de la salsa de Nueva York de los 70 convirtió la versión de Johnny Pacheco de El agua de Clavelito en un clásico del repertorio salsero, replicado, imitado y modificado por otros solistas y orquestas. La oportunista y descomunal estrategia de comunicación de Fania; el embargo/bloqueo estadounidense que sacó a Cuba del mercado internacional de la música, con la ayuda eficaz de las instituciones culturales del nuevo gobierno cubano, que decidieron subvalorar las enormes conquistas internacionales de la música cubana durante el período de la república anterior a 1959, congelando su difusión y atentando contra su continuidad, son algunas de las causas que propiciaron el empoderamiento de la versión de Pacheco.
Pero la historia real de la canción y de su creador Miguel Alfonso Pozo, Clavelito, es la que les he contado aquí. El mérito y la denominación de origen corresponden únicamente a la legendaria Aragón de Cienfuegos, y al inefable Clavelito (Ranchuelo, 29 de septiembre de 1908-La Habana, 21 de julio de 1975)…. …. Ah! Y por supuesto al vaso de agua sobre el receptor de la radio.
© Rosa Marquetti Torres
NOTAS
[1] Alfonso Gómez, Narciso Ramón: Clavelito, el hombre detrás del mito. Editorial Unos & Otros. Miami, USA. 2020.
[2] Alfonso Gómez, Narciso Ramón: Clavelito, el hombre detrás del mito. Editorial Unos & Otros. Miami, USA. 2020. Pp.32, 32 y 35.
[3] Don Galaor: Clavelito, el hombre del agua magnetizada. En revista Bohemia. La Habana, Cuba. 3 de agosto de 1952. Pp. 80-81
[4] Don Galaor: Clavelito, el hombre del agua magnetizada. En revista Bohemia. La Habana, Cuba. 3 de agosto de 1952. Pp. 80-81.
[5] Don Galaor: Clavelito, el hombre del agua magnetizada. En revista Bohemia. La Habana, Cuba. 3 de agosto de 1952. Pag.82.
[6] Programas sustituídos por la Comisión de Ética Radial. En Diario de la Marina, 5 de agosto de 1952. Pag. 14.
[7] Otra vez en el aire. Sección Tele-Radiolandia. En revista Bohemia, 17 de agosto de 1952. Pag.43.
[8] Mañach, Jorge: Barú, Clavelito y compañía. En revista Bohemia. 24 de agosto de 1952. Pp. 54 y 91.
[9] Alfonso Pozo, Miguel: Esta es mi vida. En revista Bohemia. 24 de agosto de 1952. Pp.88 a 90.
[10] Marrero Uría, Gaspar: La reina de las charangas. Orquesta Aragón. Unos & Otros Ediciones. Miami, USA. 2021. Pag.


