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Heriberto (Filiberto) e Isidro Rico llevaron el son a París

En sus crónicas desde París, publicadas entre 1928 y 1939 en la revista cubana Carteles, Alejo Carpentier menciona en diversas ocasiones de manera destacada el nombre de Heriberto Rico y hace referencia a su orquesta, la legendaria Rico’s Creole Band, que en muchos textos se relaciona con el nombre de Filiberto Rico. Como testigo y protagonista de lo que está ocurriendo en la escena parisina con la música cubana, el escritor, novelista y ensayista cubano no duda en señalar a Rico, junto a su padre Isidro, como precursores de la música cubana en el París de aquel tiempo. Su making a orillas de Sena era el eco de lo que ocurría en La Habana con el auge del son y el reconocimiento del aporte de negro a la formación de la nación cubana y su cultura.

La relevancia del apellido Rico en este contexto no ha escapado al interés de musicólogos y musicógrafos –como los británicos Bruce Bastin y John H. Cowley-, aunque, hasta donde sabemos, nadie ha podido resolver la controversia respecto a si Heriberto y Filiberto Rico eran una o dos personas diferentes, pues ambos nombres aparecen referenciados en hechos y momentos remarcables para la música cubana en Europa.

A falta durante décadas de un intento más abarcador para estudiar y fijar la experiencia histórica de los músicos cubanos en Francia durante los 6 primeros decenios del siglo XX, el mayor esfuerzo en documentar la vida y obra de Rico se concretó en el libro La Habana en París. Músicos cubanos en París (1925-1955), una extensa e imprescindible bitácora que ilustra y documenta la presencia de nuestros coterráneos a orillas del río Sena, recopilada y escrita por el coleccionista, discógrafo e historiador musical Alain Boulanger con la participación decisiva del escritor, editor e historiador Dan Vernhettes (Jazzedit, Francia. 2025).

Este texto que les propongo solo pretende aportar información y valoraciones adicionales que se sumen a las anteriores y ayuden a comprender el papel de Heriberto Rico en la historia de la música cubana por el mundo, dejando claro que Heriberto y Filiberto Rico no son dos músicos, o dos hermanos que interactuaron en un tiempo y espacio común: son una misma persona a la que se le han atribuido dos nombres. Si hubiera que habla de un par que luchó por abrir un espacio a la música cubana en Europa, esos serían Heriberto Rico e Izquierdo y su padre, Isidro Rico y Valdés.

En Cuba

Toda la historia anterior al momento en que emigra a Europa, documenta a Heriberto Rico como un joven y muy prometedor flautista.

Algunas fuentes indican el año 1910 como el de su nacimiento en La Habana; sin embargo, el muchacho, al salir de Cuba por primera vez en 1925 declara tener 20 años, con lo cual pudo nacer en 1905. Su padre, Isidro Rico Valdés, era clarinetista y ostentaba el cargo de profesor titular en la Banda Municipal de La Habana[1] y educó a su hijo Heriberto para que siguiera sus pasos en la música, aunque el chico se decanta, en primera instancia, por la flauta. La primera referencia a Heriberto Rico que encuentro en la prensa cubana de la época data de 1917[2], cuando contaba 12 años: era el concierto de entrega de premios a los alumnos de la Academia Municipal de Música, en la calle Zanja 87, efectuado el 30 de septiembre de ese año y jerarquizado con la presencia del alcalde de la ciudad. En el programa, “Nocturno. Behr. Trío para flauta, violín y piano, por los alumnos Heriberto Rico Izquierdo, Rafael Cabrera Boza y Laudelina Fernández Abreu.”[3] Heriberto era tutelado por su maestro, el reconocido Modesto Fraga, quien años más tarde llegaría a co-dirigir la Banda Municipal de La Habana.[4]

Al año siguiente, el mismo periódico destaca la participación del joven Rico en un evento similar del Conversatorio de Música, con representatividad más selectiva: gana el primer premio y es quien representa a la sección de flauta, interpretando Konzertstück (W. Popp) en dúo con la pianista Blanca Luz Barreiro.[5] Ese año 1918, con 13 de edad, Heriberto se presenta en un concierto en la Unión Fraternal –sociedad de instrucción y recreo de negros y mulatos- interpretando una pieza para flauta y piano, junto a Lolita Quesada y participando en otra de conjunto.[6] En 1919, Heriberto toca por primera vez en el teatro Nacional, en el concierto por el 20º. aniversario de la Banda Municipal: ya son palabras mayores cuando el joven se atreve con Rêverie Russe, el gran dúo virtuoso para flauta, clarinete y piano de Ernest Cavallini, junto a Blanca Luz Barreiro.[7]

Desde la izquierda, Heriberto Rico, Zoila Gálvez y Gonzalo Roig, presumiblemente con la Filarmónica de La Habana. Años 20. Regeneración fotográfica del original mediante IA: Manuel Iglesias. Archivo de la autora.

Tales menciones prueban la formación académica que desde muy temprano fogueó al joven flautista y clarinetista y se confirma con sus primeras incursiones en el ámbito profesional, de las que se tienen evidencias desde 1923, con 18 años, cuando acompaña por primera vez a la joven soprano Zoila Gálvez en el aria Ardon gl’incensi de la ópera Lucía de Lammermour (G.Donizetti), el 29 de octubre en el homenaje que le brindan a la cantante en su ciudad natal, Guanajay. Lo repiten el 28 de enero de 1924 en otro acto social allí.[8] El 19 de enero del mismo año la acompaña de nuevo en un concierto en el teatro Oriente de Santiago de Cuba, y la colaboración se repite en el Club Atenas el 31 de mayo en un gran concierto donde Rico interpreta dos obras para flauta: la Fantasía Pastorale Húngara (Doppler) y Concertino (Cecile Chaminade) y respalda a la soprano en la antes citada aria de Lucía de Lammermour. El crítico del Diario de la Marina señalaba: “Heriberto Rico, con su maravillosa flauta, patentizó el renombre que le han oficialmente reconocido.”[9] Poco después, en el homenaje de esa institución al poeta Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, protagoniza un dúo memorable con su colega, el laureado flautista Juan Roberto Ondina. En otro momento del concierto Zoila Gálvez, en calidad de pianista,, acompaña a Rico en la obra Serenade (E.Titl).

Heriberto Rico es también uno de los músicos que aparecen en los primeros programas de la radio en Cuba, tras su inauguración en 1922. Apenas 1 año y 4 meses después, el 18 de diciembre de 1923 toca en la primera emisora fundada, la 2LC, el concierto para flauta Il vento (G.Briccialdi), acompañado por el reconocido pianista Vicente Lanz e interpreta el solo de flauta en la Fantasía Pastoral Hongroise (F. Doppler)[10]

Heriberto Rico en la programación de la radioemisora 2LC en La Habana. Diario de la Marina, 18.12.1923.

Tal recorrido prueba la sólida formación que a los 19 ya exhibía Heriberto Rico, elogiada, entre otros por su profesor y experimentado mentor Modesto Fraga, entonces subdirector de la Banda Municipal:

“Es mejor que te lleves de aquí a este muchacho que vale tanto. En este ambiente reducido muy poco podrá aprender y será uno más entre tantos… ¡Llévatelo, no pierdas más tiempo, que está en plena juventud!”-así glosó años después Isidro Rico las palabras de Fraga. Lo hizo en entrevista con el periodista Sergio P. Alpízar durante la visita que junto a Heriberto hiciera a La Habana en 1948, y publicada en el diario Noticias de Hoy, como único testimonio hallado a día de hoy con las palabras de ambos.[11]

A España

Isidro y Heriberto embarcan a bordo del vapor Montevideo el 27 de agosto de 1925 que pone rumbo a Nueva York, para de ahí, continuar a España. Entre familiares y amigos que acuden al muelle a despedirles, el Diario de la Marina destaca al flautista Juan Roberto Ondina y el violinista Virgilio Diago.[12] La lista de pasajeros[13] de aquel viaje indica el destino final –Barcelona- y la edad de ambos -55 y 20 años, respectivamente-. Un detalle en ese documento –un error- parece condicionar en lo adelante la identidad de Heriberto: aparece como Feliberto, en lugar de Heriberto, dato este que se repetirá a partir de ese momento en diferentes documentos migratorios y también en referencias artísticas, por lo que cabe inferir una hipótesis: un posible error en su pasaporte, que fue replicado por las autoridades portuarias de inmigración en la lista de pasajeros y otros documentos posteriores.

Lista de pasajeros del primer viaje de Isidro y Heriberto (Filiberto) Rico rumbo a España. 27.08.1925

Así recogió el periodista Sergio Alpízar el relato de Isidro y Heriberto Rico acerca de los días posteriores a su llegada a España:

“Padre e hijo tuvieron la suerte de encontrarse en Madrid con Zoila Gálvez, la brillante soprano que tantas glorias cosechara para sí y para nuestra patria. Zoila ofrecía entonces en la capital española conciertos de música selecta, que le ganaban la admiración unánime. Los Rico ingresaron en la orquesta que acompañaba a la artista del bel canto. Poco duró la serie de conciertos en Madrid, ya que Zoila, apremiada por la gravedad de su padre tuvo que regresar a Cuba. Los Rico se quedaron solos, dirigiéndose a París en busca de un mejor horizonte y de sustento.”[14]

En París

Antes de que Robert Desnos regresara de Cuba cargado de discos de pizarra con sones, rumbas y guarachas cubanas; antes de que mostrara esos discos en escucha pública abierta con la complicidad de Alejo Carpentier; antes de que llegaran Rita Montaner, Sindo y Guarionex Garay, Paco Lara, el pianista Rafael Betancourt y los bailarines Julio Richard y Carmita Ortiz en 1928, cuatro mulatos cubanos (una pareja de hermanos y padre e hijo) habían llegado a París en 1926: eran Emilio y Marino Barreto, e Isidro y Heriberto Rico.

Ni Heriberto, ni mucho menos Isidro eran ajenos a lo que ocurría en la música cubana más allá del ámbito sinfónico o de concierto, cuando se afianza el son que, junto con la guaracha y la rumba ocupan espacios cada vez más amplios en la sociedad y se benefician de los avances tecnológicos que llegan a la Cuba, como la radio y el inicio de las grabaciones fonográficas eléctricas. Como muchos músicos virtuosos, negros y mulatos, la rigurosa formación de academia y su inserción en el mundo sinfónico no les impedía una mirada amplia hacia otros géneros de la llamada música popular cubana y aquéllos, cuya influencia llegaba desde los cercanos Estados Unidos. Y esa mirada ecuménica y el sentido de la oportunidad marcará para ellos la diferencia, ¡pero nada como ser de los primeros en llegar!

Narró Sergio Alpizar en la citada entrevista: “Ese año 1926 Isidro Rico se dirigió al Cónsul de Cuba en París, el señor Clausó, en demanda de ayuda para formar una orquesta cubana. Clausó acogió la idea con entusiasmo y con la cooperación del cubano Panchón Vázquez llevaron a París a dos músicos que faltaban para completar el conjunto de los Rico. No fue fácil la tarea. El sendero de todo pionero está erizado de obstáculos, de incomprensiones y amarguras. Sin un centavo, viviendo de milagro, Isidro Rico y su hijo bregaron sin descanso por lograr implantar los ritmos cubanos en París. Era la época del apogeo del jazz y Paul Whiteman era monarca indiscutible en la Ciudad Luz. Nadie quería arriesgarse a contratar una orquesta cubana por temor al fracaso económico.”[15]

Isidro y Heriberto contaron al periodista de Noticias de Hoy que, una vez formada la orquesta de los Rico y tras varios ensayos, la Orquesta de Isidro Rico

“…ofreció su primera audición en el Boulevard Pereire No. 99, en la residencia de los hermanos Bacardí. El primer paso estaba dado. El segundo ocurrió en la rue de Richelieu, en el local del diario parisino Le Journal, que abrió sus puertas acogedoras a los cubanos. Después con la ayuda oportuna de Juan Bruno Zayas, attaché comercial de Cuba en Francia, los Rico y su conjunto criollo tocaron en el boulevard de Clichy en el restaurante El Radio.”

Anuncio publicado en el diario Paris-Midi el 20 de julio de 1928. Archivo de la autora.

En julio de 1928 se presentaban en el restaurante Du Bois en Longchamp, según reportaban los periódicos Paris-Midi y Le Journal. De estos primeros años en París, la información sobre la actividad de los Rico es escasa, pero ellos mismos contaron a Noticias de Hoy en 1948, que Isidro no pudo saborear los triunfos que ya conquistaban, pues los duros tiempos iniciales en Madrid y París mellaron su salud y enfermo, fue a parar al hospital Lariboisière. Isidro permanecía recluído allí, viendo con desesperación que los músicos de su orquesta partían hacia España, ahora bajo la dirección de un norteamericano de apellido Cox, pero se recuperará.

En cuanto a Heriberto Rico, explicaba en esa entrevista que, al desbandarse la orquesta cubana de su padre, marchó a Bélgica con una orquesta brasilera. Según el investigador y coleccionista francés Alain Boulanger, en 1928 encontramos a Heriberto integrando la jazz band Jackson Rhythm Kings dirigida por Johnny Dunbar que se presentaba entonces en los países nórdicos.[16] Su condición de multinstrumentista –tocaba aquí la flauta y el saxo alto- y su formación musical aumentaron sus posibilidades de contratación en tiempos de gran popularidad del jazz de las big-bands en parte de Europa –Francia en los primeros lugares- y al igual que muchos músicos cubanos que llegaban a París a finales de los 20 encontró trabajo como sideman en diversas bandas de jazz que tocaban en Montparnasse.

En su libro, Boulanger sitúa después a Heriberto

“… en una jazz band dirigida alternativamente por el haitiano Bertrand Depestre Salnave y el martiniqués Florius Notte, de la que el cubano se convertirá más tarde en director como resultado de manejos que hoy aún algunos viejos músicos cubanos sobrevivientes de esa época recuerdan no obstante con una pequeña punzada en el corazón. Este episodio de la carrera de Rico permanecerá siempre en la oscuridad.”[17]

En la entrevista con Noticias de Hoy, los Rico omiten el recorrido que detalla Boulanger en su libro, pero al hablar del auge de la música cubana en París a partir de la llegada de nuevos músicos y la creación de nuevas orquesta: “Más tarde, se organizó otra orquesta cubana dirigida por Eduardo Castellanos, en el cabaret Palermo, donde tuvieron bastante éxito, pero se desorganizó al terminar el primer contrato.”[18] La constatación de que no se trataba de la primera banda cubana que respaldaba, y datos sobre su integración, se detallaban en el informe que Juan Bruno Zayas, el attaché comercial de Cuba en Francia, enviara al Secretario de Estado cubano para ilustrar su gestión:

“…sin desfallecer, he vuelto este año a realizar todas las gestiones convenientes, venciendo hasta el presente todas las dificultades y desplegando siempre la mayor actividad para organizar otra orquesta cubana, bajo mi entera responsabilidad como director único de la misma. Los músicos que la integran trabajan con ahinco y personalmente son intachables. Ellos son: Eduardo Castellanos, director artístico, Rogelio Barba, Pedro L. [Lugo] Machín, Isidro Rico, Luis Fuentes, Fermín Jova y Jorge Barreto.” [19] Y termina afirmando que pudo conseguir para la orquesta un contrato en el cabaret Palermo, en su opinión “el más reputado de París desde el punto de vista del baile”, así como menciona la salida de los primeros prensajes de discos con sones cubanos por las marcas Odeon y Parlophone.

Si bien la orquesta de Isidro Rico parece ser la primera orquesta que define lo cubano como marca de identidad en el París de finales de los años 20, es la dirigida por el manzanillero Eduardo Castellanos –y donde figura también Isidro- la que primero graba música popular cubana en esa ciudad: dos danzones (Bruno Zayas, dedicado al diplomático cubano) y Cuba en París) y dos sones (Cumbamba y Mi tumbao), todos de la autoría de Eduardo Castellanos. La grabación bajo la marca Odeon se realiza el 25 de enero de 1930.

Heriberto Rico pisará los talones de los Castellanos cuando 21 meses después, en septiembre de 1931 hará sus primeras grabaciones con su orquesta Rico’s Creole Band de La Coupole, pero bajo la dirección de Moisés Simons.

Simons y la banda de La Coupole

Resulta evidente lo mucho que ayuda a Heriberto Rico la influencia de Moisés Simons, el prestigioso autor de El manisero y compositor de canciones y zarzuelas, recién llegado a Francia en 1930 y conocido en sectores del ambiente musical e intelectual en París por aquel tiempo. El respaldo de Simons a Heriberto y su orquesta contribuirá a que el joven cubano sea valorado como uno de los pilares de la música cubana en París.

En la citada entrevista con Noticias de Hoy, los Rico sugieren que, tras el fracaso inicial de la banda de Castellanos, “Heriberto decidió organizar otra orquesta cubana, para tocar en La Coupole.” Es la Rico’s Creole Band y Simons se pondrá al frente de ella.

La Rico’s Creole Band en los años 30, donde puede verse a Heriberto con el saxo.

En el París de 1930, La Coupole era, según algunas fuentes, la brasserie más emblemática y el epicentro de la vida social y artística del barrio de Montparnasse. Inaugurada el 20 de diciembre de 1927, se consolidó durante la década de 1930 como el símbolo del esplendor de los «años locos» y el período de entreguerras. Desde su apertura La Coupole atrajo a la bohemia parisina. Ernest Hemingway, Man Ray, Kiki de Montparnasse, Marc Chagall, Jean Cocteau, Fitzgerald eran habituales, al igual que Josephine Baker, Picasso y Luis de Aragón. La Coupole será decisiva en la carrera de Heriberto Rico, como veremos más adelante.

La primera referencia a la Rico’s Creole Band de La Coupole que encontramos es, precisamente, la grabación que hace con Moisés Simons como director en septiembre de 1931. Registran Los tres golpes (clasificada como rumba cubaine) y el son A una rosa, que se publican en el disco Gramophone K6362.

Primer disco de la Rico’s Creole Band. Moisés Simons, como director. París, 1931.

Un mes después, el 2 de octubre de 1931, Heriberto con su Rico’s Creole Band dan un “palo” que aumentará su ventaja frente a sus coterráneos en París: la famosa Mistinguett se apresura a subirse en la ola de la “rhumba craze” que llegaba de Nueva York y a la moda creciente de la música cubana en París y decide grabar su versión de El manisero acompañada de la banda de Heriberto, que lleva a disco la firma Pathé (X 94101). Una semana después la vedette graba La rumba d’amour, una pieza de la revista Paris qui brille 1931 del Casino de París. Las grabaciones de La Mistinguett con la banda de Heriberto Rico constituyen, quizás, uno de los acontecimientos más trascendentes para el cubano. Mistinguett era la gran vedette de la belle époque, la diva del Moulin Rouge y Folies Bergère, un ícono de la escena parisina.

Mistinguett. Foto tomada del blog Vestuario Escénico, de la profesora Diana Fernández.

El manisero. Disco de Mistinguett con la Rico’s Creole Band. París, 1931. Cortesía de Colección Gladys Palmera.

En 1931 Heriberto con la Rico’s Creole Band dirigida por Moisés Simons grabó otras dos rumbas y dos sones: Con picante y sin picante cantando Nena Guerra, La Niña del Pinar; además, La negra Quirina, otra versión de Los tres golpes y Chivo que rompe tambó, todos de la autoría de Simons.

Pero los músicos cubanos tocaban en muchos sitios e iban perfilando una zona y un ambiente de música cubana en torno a la rue Fontaine que atraía a franceses, cubanos y franceses de ultramar y norteamericanos que residían o estaban de paso por la gran ciudad.

Heriberto Rico y la temprana voracidad empresarial de Alejo Carpentier

Ayudado por el fotógrafo y escritor francés Robert Desnos, que lo introdujo clandestinamente en el barco, Alejo Carpentier llegó a Francia en 1928 con 24 años, huyendo de la dictadura de Gerardo Machado, cuando Isidro y Heriberto Rico llevaban 2 años en la ciudad y ya habían formado una orquesta cubana. El recién llegado intenta ubicarse con rapidez y comienza a escribir como reportero para medios franceses y cubanos. Uno de los temas que concita su mayor interés es la escena musical cubana en la Ciudad Luz y en cuanto a esto, al parecer, intuyó que estaba en el lugar adecuado en el momento oportuno: la música sería un valor adicional inesperado, pero jugoso en sus planes. En sus primeras crónicas desde París, en 1928, se refiere a la sorpresa y alegría de encontrar caras conocidas en el jazz band del club Le Jungle, en Montparnasse, dos músicos que, según él, había visto y escuchado dos años antes en un concierto de la Filarmónica de La Habana. Aunque no los nombra, Boulanger supone que se refería a Emilio Barreto y Heriberto Rico.[20]

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Tarjeta de promoción de Rico’s Creole Band con la foto de Heriberto (Filiberto) Rico. Cortesía Colección Gladys Palmera

Heriberto Rico también está presente, con cierto rol protagónico, en lo que, tanto Boulanger como Carpentier, consideran el momento que marca la gran explosión de la música cubana en París, un día memorable: el 16 de febrero de 1932, cuando 2200 personas asistieron al salón Wagram a una exhibición de baile –la llamada «rumba», como expresión aglutinadora de todos los ritmos cubanos, empezando por el son-, seguida de un debate en torno a una pregunta: ¿Estás a favor o en contra de la rumba? Carpentier funge como abogado defensor de la rumba y para sustentar sus argumentos invitó a los músicos cubanos más célebres en ese momento en París: Moisés Simons, la cantante Maricusa Cuadrado y Filiberto Rico, rodeado de los músicos de su orquesta, entre ellos, Emilio Barreto y algunos bailarines y bailarinas que ya eran populares. El evento había sido convocado por el Club du Faubourg, una asociación interesada en una variedad de temas eclécticos del arte, la cultura y la sociedad. Heriberto y los músicos de Rico’s Creole Band encendieron el ambiente con sus sones y rumbas. El eco del suceso y el destaque del desempeño de Heriberto y su banda llegaron a Cuba a través de la crónica de Carpentier La consagración de nuestros ritmos, publicada en Carteles:

“Heriberto Rico se instala en el tablado, con los seis virtuosos de su admirable orquesta. Claves y maracas. Cornetín. Barreto, que hace primores con el tres. Y las voces de los tocadores que se alzan, graves y profundas, como bajo el cielo de Cuba. La negra Quirina, Con picante, Chivo que rompe tambó. Los aplausos se suceden, como granizada de marzo.”[21]

Asombra constatar de su puño y letra, las verdaderas motivaciones que gestionaba la adrenalina del joven Carpentier respecto al auge de los sones, rumbas y guarachas cubanas en Francia y el rol que adjudicó a Heriberto Rico en su temprana estrategia por trascender la pobreza en busca de una estabilidad económica, una idea, que, según algunos estudiosos de la obra carpenteriana, lo obsesionó durante sus años juveniles.

Exactamente un mes después del gran suceso del Club du Faubourg, el 16 de marzo de 1932, Carpentier y Heriberto Rico firman una carta que dirigen al músico cubano Alejandro García Caturla, que se recoge en La música en Cuba. Temas de la lira y el bongó:

París, 16 de marzo de 1932

Mi querido Alejandro:

Te escribo conjuntamente con el señor Heriberto Rico a quien conoces -lo viste en París durante tu último viaje- y que dirige la máxima orquesta cubana que actúa en París.

Heriberto Rico y yo, hemos fundado una casa editorial de música -Édition de Musique Híspano-Américaine- en esta capital, para propender a la difusión de la· música cubana en Europa, y reeditar y lanzar obras de carácter popular, aptas a pegar en este ambiente.

Hace tiempo ya que los compositores del patio son lindamente explotados aquí, en vista del éxito creciente de la música cubana. Se les reedita clandestinamente, y no perciben el menor derecho por ello. Nosotros queremos traer orden en todo esto, estableciendo un centro de ediciones legales y de propaganda por nuestros ritmos.

Por ahora, nos dedicaremos exclusivamente a dos géneros populares: son y rumba; y si bien sé hasta qué punto estás especializado en los géneros sinfónicos y serios, no olvido tus sorprendentes capacidades para escribir o transcribir cosas de puro ambiente popular.

«El manisero», «Mamá Inés», y algunas cosas de Simons están haciendo

zafra en Europa. En estos momentos de crisis, tales zafras no son de despreciar. Abren la vía del disco y del cine sonoro. El mismo Honegger nos ha largado ya su primera opereta …. ¿Por qué no probarías tu chance en este sector? Tienes toda la habilidad necesaria para estudiar los resortes interiores del hit y las razones que lo hacen triunfar. Escríbenos un son, o una rumba –o varias- de fácil ejecución, de los que pegan desde el primer momento y se meten en las entrañas del público. Nosotros te lo editamos, y si el éxito llega el que menos podrás quejarse serás tú, ya que los beneficios son de primer orden … El Consulado de Cuba en París controlará nuestra editorial, y en él depositaremos legalmente todo duplicado de estado de cuenta, liquidaciones, derechos percibidos por utilización por la vía del disco y del fonógrafo, etcétera. Además, al hacerse la edición firmaremos contrato en regla. Las cuentas claras hacen amigos.

Te ruego me envíes cuanto antes el manuscrito -o los manuscritos solicitados. Haz algo bien popular, criollo y sabroso. ¿Por qué no añadir a tus ya numerosos triunfos, el de ser autor de una cosa folklórica que, como El manisero, se extiende por el mundo como una epidemia? Eres capaz de ello y, te lo repito, en nada afectaría el prestigio de tu labor sinfónica, ya que hombres como Honegger y Milhaud han dado el ejemplo.

Recibe los más amistosos saludos de tus amigos,

Alejo Carpentier Heriberto Rico

Posdata: En carta próxima te hablo de «Manita en el suelo» y mis proyectos de «mise en escene».

Una semana después, el 23 de marzo, el joven Alejo escribe a Toutouche[22], su madre, detallando planes en los que evidencia escasa consideración hacia su socio –Heriberto Rico- en cuanto al control del negocio y de sus dividendos. El encabezado de la misiva sugiere haber sido escrita en una suerte de papel corporativo:

Ediciones de Música Hispano-Americana (E.M.H.A.)

Boulevard Pereire No. 57 Directores-propietarios

Dirección telegráfica: ALEJO CARPENTIER

RI CARPENTIER Publicista

R.C. Seine No. 611018[23] Corresp. De Periódicos Extranjeros

FILIBERTO RICO

Editor

Querida Toutouche:

Para que veas que no soy tan vago como pareces creerlo algunas veces, te presento esta sorpresa: mi nuevo negocio. Negocio bien sencillo, pero que, como el huevo de Colón, había que encontrarlo. La música cubana setoca en París por todas partes. La edición de una pieza —secreto absoluto—¡cuesta menos de cien francos! El asunto es sencillo: reeditar la buena música popular publicada ya en La Habana y lanzarla en París. Mientras no se caiga sobre un exitazo, se cubrirán los gastos. Cuando se caiga sobre un exitazo, como El manisero” de Simons o “Mamá Inés” de Grenet, se gana un millón de francos. Por ahora acaparo la producción cubana en París. Toda tiene que pasar por mis manos, ya que soy miembro de la Sociedad de Autores Franceses y mi empresa está patentada. Y espero el exitazo que se producirá dentro de algunas semanas, o algunos meses. Es todo.

Mi asociado es otro hallazgo. Es el director de la única orquesta cubana que hay en París. Como necesito lanzar mi música, lo intereso en el negocio. Ya su orquesta sólo tocará en los dancings la música editada por mí. Es decir: el lanzamiento asegurado. Además, pone dinero en la empresa y yo no desembolso un centavo. Y si el negocio camina, a fin del año tengo un francés que entregará 25000 francos para comprar máquinas. Dentro de un mes, el Melodi’s Bar único dancing cubano de París, sólo tocará música editada por mí. Y todas las noches, los derechos de publicación pasarán a mi bolsillo —por ejecución de cada pieza. Por ahora la guerra es ruda, pues hay que sacar de manos de los editores franceses toda posibilidad de editar música cubana. Y ya se van obteniendo resultados.

Te envío un beso muy, muy tierno Tu hijo

Alejo Carpentier [24]

No es objeto de este trabajo analizar los resultados de la empresa editorial conjunta de Carpentier y Rico, pero sí subrayar que tal alianza evidenciaba al menos, la necesidad del joven escritor de validarse en el ámbito musical a través de un músico, cuya solvencia había aquilatado.

Casi ocho meses después del evento del Club du Fauburg, en la crónica La rue Fontaine, calle cubana, Carpentier dibuja un fresco del avance de nuestra música, que suena ya en diversas boites y sitios de la noche parisina, y sitúa a Heriberto tocando también en el Melody’s, el nuevo bastión, donde se posicionan los hermanos Marino y Emilio Barreto con su orquesta. No se ahorra elogios :

“La orquesta de Barreto -virtuoso de la guitarra-, con el estupendo Heriberto Rico, para quien el clarinete o el saxofón no guardan secretos. Maracas, cencerros y timbales. Y, por todo haber, el encanto de nuestros cantos vernáculos. El dueño del Melody’s decidió jugarse el todo por el todo, confiando a estos músicos «exóticos» el cuidado de levantar los menguados valores de su cabaret. Y el milagro se realizó. Noche tras noche, vimos cómo la concurrencia se iba haciendo más brillante, más numerosa.”[25]

Pero sin dudas, el nombre de Heriberto Rico estuvo ligado esencialmente a La Coupole en los años sucesivos de la década de los 30 y durante 40 años. Según Boulanger, “…en los comienzos de los años 30 Rico intentó convertirse en el único director de la Creole Band de La Coupole. Parece que no lo logra definitivamente hasta 1934”, pero aclara que se desconoce si esa orquesta fue la misma que con frecuencia se presentó en ese escenario bajo los nombres de Original Creole’s Band Salnave y Notte and His Creole’s Band, o la propia Rico’s Creole Band. “En realidad, no existe hoy ninguna certeza.”[26] Pero en todas ellas alineó Heriberto Rico alguna vez.

Fernando Collazo y la Rico’s Creole Band

El Diario de la Marina, en su edición del 19 de junio de 1933, daba fe de la presencia del gran cantante Fernando Collazo en España -a donde había viajado en compañía del pianista Armando Valdés Torres- cuando, desde Madrid, participa en una transmisión especial Radiodifusión Iberoamericana de Madrid (EAQ) transmitida desde Madrid y captada en La Habana, en honor a los pilotos Barberán y Collar, que acababan de realizar el primer vuelo a través del Océano Atlántico y celebraban en la capital cubana, antes de su misteriosa desaparición. El periodista señala que Collazo estaba acompañado por Isidro Rico “que tanto ha laborado por nuestra música en España”.[27] Al año siguiente, Collazo llega a París, probablemente gracias a las gestiones de Isidro Rico. Collazo era entonces ídolo de multitudes en la isla y probablemente el primer galán mediático de la música cubana. La revista Semaine à Paris (citada por Boulanger) lo anuncia como parte de la Rico’s Creole Band en los tés bailables y veladas en La Coupole en noviembre de ese año.[28] Collazo era un consagrado y reafirmó sus lauros los escenarios de esta famosa boite cubana, y también en La Cabane Cubaine, con un éxito rotundo que prolongó por dos años sus presentaciones en Francia, donde arrasó con los sones basados en los poemas de Nicolás Guillén. Heriberto y su Rico’s Creole Band acompañaron a Collazo en los únicos 6 temas que grabó en París, todos para Gramophone.

Artículo en Noticias de Hoy con la entrevista con Isidro y Heriberto Rico. La Habana, 8 agosto 1948. Archivo de la autora.

Como la mayoría de los músicos cubanos en París, Rico abandonó Francia a fines de 1937-inicios de 1938, con la amenaza cierta de la Segunda Guerra Mundial. Hay un vacío informativo en los años siguientes, pero la aparición de Heriberto e Isidro fotografiados en La Habana en entrevista publicada en Noticias de Hoy en agosto de 1948, hace suponer que en algún momento estuvieron temporalmente en Cuba por ese tiempo. Heriberto regresó a París tras la guerra, retomando su actividad musical.

Las grabaciones de Heriberto Rico

La profusa discografía de Heriberto Rico, principalmente con la Rico’s Creole Band y una formación que aparece en créditos como Orquesta Típica Cubana de Heriberto abarca numerosos géneros y estilos en la música cubana, caribeña e internacional, y se extiende hasta 1954 y lo sitúa como nombre influyente en la escena de la música cubana y caribeña en París durante varias décadas. Grabó con su orquesta para los sellos Gramophone, Pathé, Odeón, La Voix de Son Maitre y Séfono, acompañando a cantantes como Antonio Machín –durante su etapa en Francia-, Chiquita Serrano, Fernando Collazo y Chiquito Socarrás. En la carpeta autora de sus grabaciones figuran Moisés Simons, Ernesto Lecuona, Eliseo Grenet, Rosendo Ruiz, Ignacio Piñeiro, Alberto Socarrás, José Riestra, René Izquierdo, entre otros, aunque también registraron piezas de autores internacionales.[29]

En 1993 el sello Harlequin publicó dos discos recopilatorios con buena parte de las grabaciones de Rico’s Creole Band.

Rico’s Creole Band en 1951. Heriberto Rico, con la flauta. Sentado, el director del sello La Voix de son Maitre) Foto tomada del libro citado de Alain Boulanger.

Heriberto Rico compositor

Su obra no fue prolífica. A juzgar por los registros oficiales de SACEM (Société des Auteurs, Compositeurs et Éditeurs de Musique), de Francia, apenas 7 obras aparecen acreditadas a Heriberto (Filiberto Rico e Izquierdo): Se acabó, Biguine amoureuse, Una dama del beso y Quiero vivir. En co-autorías con compositores franceses: Padre pobre (con Adrien Poterat Jacques), Nuites de Paris (con Louis Combes), Fleur de cacao (con Gino Rocchi, Fernand Bonifay y Aldo Torre). En SGAE (Sociedad General de Autores y Editores de España) aparecen registradas en co-autoría con su padre Isidro: Rico en París, Cabo de guardia, Lamento libre y El voto feminista.

Heriberto (Filiberto) Rico en una promoción de Rico’s Creole Band para el sello Barclay

Sin embargo, en la discografía de Heriberto Rico aparecen otras obras firmadas por él y no consignadas en los registros autorales oficiales: el son Visión de Venus (grabada en 1933 por la Orquesta Típica Cubana de Heriberto y en 1934 por la Rico’s Creole Band); las congas 1,2,3, Yep (grabada en 1935 por la RCB cantando Chiquita Serrano), Gai Souvenir y Rien qu’un baiser (grabadas en 1940 por la RCB cantando Fernando Collazo y Weeno); Fantasie orientale (grabada en 1941); la guaracha Sabrosura (1949), el bolero Magdalena (1950), la rumba Rumba d’un Soir (1952), todas por la RCB.

En 1957, Heriberto Rico fue uno de los músicos invitados por Gaspar Pumarejo a la gran reunión-homenaje en La Habana por el 50 aniversario de la música cubana por el mundo.

La Rico’s Creole Band llegó activa a los años 60, con un repertorio ahora más ecléctico e internacional, quizás con menos énfasis en lo cubano y con la voz de Chiquita Serrano como su cantante estrella por muchos años. Durante más de 3 décadas de ininterrumpida actividad, por la Rico’s Creole Band pasaron, como músicos y cantantes de Cuba, Francia y el Caribe francófono. En su permanencia en La Coupole, en sus actuaciones en otros sitios y en grabaciones alinearon el guadalupeño Abel Beauregard; Adrien Terme; los cubanos Aldo Jova, Antonio Picallo, Carlos Petrel, Chiquita Serrano, Doris Marnier, Emilio Armengol, José Bandera, Fermín Lorenzo Jova, Pedro Lugo Machín, Luis Gody, Oscar López, Simone Alma, Vincent Ricler, la cantante martiniquesa Isabelle Achille “Yanilou”, y o tros.

La huella musical de Isidro y Heriberto Rico ha continuado en el linaje de la familia Frontela Rico con las notables pianistas Ivet e Ivón Frontela Rico y el no menos destacado violinista Irving Frontela Rico, integrante de una de las más legendarias e importantes orquestas cubanas: Los Van Van. José, su bisabuelo, era hermano de Isidro.

En palabras de Alain Boulanger, “es necesario rendir homenaje a Filiberto (Heriberto) Rico, compositor fecundo, instrumentista de talento y conocedor de varios instrumentos, cuya flauta fue la primera en revelar a los franceses las lindas florituras de los sones cubanos tradicionales…”.

Sin más datos acerca del final de Isidro Rico y Valdés, y según datos de Boulanger, Heriberto Rico e Izquierdo falleció el 22 de diciembre de 1976[30], sin que hayamos podido esclarecer el lugar y la causa de su deceso, ni dónde reposan sus restos mortales.
© Rosa Marquetti Torres

Agradecimientos muy especiales a Ivet Frontela, Juana Rico, Tommy Meini y Colección Gladys Palmera, Dan Vernehettes y Manuel Iglesias

NOTAS

[1] Alpízar, Sergio P.: El cubano que introdujo la música criolla en Europa. En Magazine de Hoy. Noticias de Hoy. 8 de agosto de 1948. Pag. 1. También:l Del personal. En Diario de la Marina, 4 diciembre 1925 Pag.5.

[2] Reparto de premios en la Academia Municipal de Música. En Diario de la Marina, 1 de octubre de 1917. Pag. 2.

[3] Reparto de premios en la Academia Municipal de Música. En Diario de la Marina, 1 de octubre de 1917. Pag. 2.

[4] Escuela Municipal de Música. Reparto de premios. En Diario de la Marina, 3 de octubre de 1917. Pag. 5

[5] Escuela Municipal de Música. En Diario de la Marina, 27 septiembre 1918. Pag. 6.

[6] La Unión Fraternal. Los programas. En Diario de la Marina, 2 diciembre 1918. Pag. 3

[7] Vigésimo aniversario de la fundación de la Banda Municipal de La Habana. En Diario de la Marina, 27 de septiembre de 1919. Pag.6.

[8] NOEP: De Guanajay. Homenaje a las señoritas Gálvez y Fortuny. En Diario de la Marina, 1 noviembre 1923. Pag.6. Idem. 2 febrero 1924. Pag.6

[9] Coffigny Ortiz, Alberto: El recital del Club Atenas. En Diario de la Marina, 4 junio 1924. Pag.4

[10] Radiotelefonía. Estación 2LC. En Diario de la Marina, 18 diciembre 1923. P. 18.

[11] Alpízar, Sergio P.: El cubano que introdujo la música criolla en Europa. En Magazine de Hoy. Noticias de Hoy, 8 de agosto de 1948. Pag. 1.

[12] Heriberto Rico. Embarcó el flautista. En Crónica Social. Diario de la Marina, 12 de septiembre de 1925.

[13] Lista de Pasajeros del SS Montevideo. 27 de agosto de 1925. Consultado en www.ancestry.com

[14] Alpízar, Sergio P.: El cubano que introdujo la música criolla en Europa. En Magazine de Hoy. Noticias de Hoy, 8 de agosto de 1948. Pag. 1.

[15] Alpízar, Sergio P.: El cubano que introdujo la música criolla en Europa. En Magazine de Hoy. Noticias de Hoy, 8 de agosto de 1948. Pag. 1.

[16] Boulanger, Alain y Vernhettes, Dan: La Habana en Paris. Músicos cubanos en París (1925-1955).Jazzedit. París, Francia. 2ª edición (primera en español). 2025. Pag. 104.

[17] Boulanger, Alain y Vernhettes, Dan: La Habana en Paris. Músicos cubanos en París (1925-1955).Jazzedit. París, Francia. 2ª edición (primera en español). 2025. Pag. 104.

[18] Alpízar, Sergio P.: Entrevista citada.

[19] La música cubana en París. Informe sobre la introducción de la música y los bailes cubanos con fines de propaganda y comerciales. En Diario de la Marina, 17 de noviembre de 1929. Pag. 38

[20] Boulanger, Alain: Op. cit. Pag. 12.

[21] Carpentier, Alejo: La consagración de nuestros ritmos. En Carteles, La Habana. 10 de abril de 1932. Consultado en: Carpentier, Alejo: La música en Cuba. Temas de la lira y el bongó. Ediciones Museo de la Música. La Habana. 2012. Pp. 448-452

[22] Toutouche era el apelativo con que Carpentier se dirigía a su madre, conocida como Lina Valmont. En “Cartas a Toutouche” el editor la define así: “Lina Valmont, nombre con el que se conoce a Ekaterina Vladimírovna Blagoobrázova (1884-1964), madre de Alejo Carpentier. Éste se dirige siempre a ella con ese cariñoso apodo cuyo posible significado a partir de la lengua francesa o acaso (menos probable) del ruso sería pura especulación.”

[23] En el libro “Cartas a Toutouche” se indica en nota del editor, que esta cifra aparece circulada a mano y con una leyenda manuscrita que dice: patente oficial.

[24] Carpentier, Alejo: Cartas a Toutouche. Lectorum. 2019. Carta # 92. Pag. 206

[25] Carpentier, Alejo: La rue Fontaine, calle cubana. En Carteles, La Habana, 9 de octubre de 1932. Consultado en: Carpentier, Alejo: La música en Cuba. Temas de la lira y el bongó. Ediciones Museo de la Música. La Habana. 2012. Pag. 454

[26] Boulanger, Alain: Op. cit. Pag. 104.

[27] Franco elogió por radio a Barberán y a Collar desde la estación EAQ. En Diario de la Marina, 19 de junio de 1933. Pag.1

[28] Boulanger, Alain: Op. cit. Pag. 148.

[29] Para detalles sobre las grabaciones de Heriberto Rico y Rico’s Creole Band, remitirse al libro citado de Alan Boulanger y también a www.discogs.com

[30] Fecha aportada por Alain Boulanger en su obra citada.

Alquízar, Cuba. Soy una apasionada de la historia de la música y los músicos cubanos, de la memoria histórica y de asegurar su presencia historiográfica en las redes. Me gusta la investigación. Trabajo además en temas de propiedad intelectual y derechos de autor. Escucho toda la música... y adoro....la buena. Desmemoriados... es la interaccción. Todos los artículos son de mi autoría, pero de ustedes depende que sean enriquecidos.

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