Pepín Vaillant: retrato de un showman con trompeta

I

La legendaria trompeta de Pepín Vaillant tenía que haber sido muy conocida en ciertos ambientes del París noctámbulo de 1961 para que el gran Federico Fellini uniera de modo singular su nombre y su obra con el del peculiar y talentoso músico y showman santiaguero. No se sabe si Fellini, Nino Rota, Carlo Ponti o Anita Ekberg lo vieron tocar alguna vez en Le Robinson, el mítico Moulin Rouge, en L’Elephant Blanc o en alguna de aquellas otras boites y clubes de Montparnasse donde Pepín desplegaba gracia de cubano cosmopolita y talento de showman, siempre trompeta en mano.

Lo cierto es que en 1962 el famoso director italiano lo incluye en su entonces más reciente obra,  no sólo para que toque  su personal versión del clásico C’est si bon, sino también para que el propio santiaguero se interpretara a sí mismo y apareciera varias veces, llamativo y delirantemente inconexo con la historia narrada en el cuento La tentazioni del dottor Antonio, uno de los cuatro que integran el filme Boccaccio 70.  Aquí se precisa una acotación: este filme unió a grandes nombres del neorrealismo italiano: los directores Vittorio de Sicca, Luchino Visconti, Federico Fellini y Mario Monicelli; Carlo Ponti, como productor y Cesare Zavatini, como gestor de la idea original. La banda sonora estuvo a cargo de otro grande, Nino Rotta,  pero ni él ni los productores se dignaron a incluír en los créditos no ya al grupo de músicos cubanos que, según el filme, llega inesperadamente al lugar en que se trata de instalar un cartel donde una exuberante Anita Ekberg anuncia una marca de leche, ni tampoco a quien los lidereaba –Pepín Vaillant- quien en su estilo característico, sosteniendo la trompeta con una sola mano, lanzaba al aire las notas de su personal versión del clásico tema, al tiempo que con la otra los invita a seguirle, como un émulo de aquel músico de Hamelin que cuenta la leyenda.[1]

La versión que hace Vaillant  del clásico C´est si bon delata acaso la intención del director, o su consecuencia, de contrastar el dominio del instrumento  que muestra el cubano y su garra para atrapar a quien se aventure a presenciar su original y depurado show.

II

Bobby Carcassés, nombre imprescindible si se habla del jazz en Cuba, insiste en hacer responsable a Pepín Vaillant de una influencia decisiva en la carrera que desarrollaría tras el período en que compartieron trabajos musicales y vivencias únicas en París, a inicios de los años sesenta. El relevante músico y showman cubano  identifica ese magisterio lo mismo en su ejecución de la trompeta y fliscornio, como en su propia proyección corporal y  escénica, dominio y comunicación con el espectador y desarrollo de recursos propios para validar la entrega artística.  Bobby no ha ahorrado oportunidades para resaltar el legado recibido de Vaillant, a quien le unió una amistad de rápida factura y perdurable aliento.[2]

III

Electo Rosell Chepín le dedica el danzón Diamante Negro en fecha tan temprana como en 1946.[3] Chepín compartía entonces la dirección de su  orquesta con Bernardo Chauvin Villalón Chovén y se deja seducir por la genuina habilidad y el original desempeño  de Pepín Vaillant con el instrumento, cuando no era más que un muchachón que lo único que quería era tocar y gozar la trompeta y ni por la cabeza le pasaba la idea de que saldría de su zona oriental, llegaría a La Habana y viajaría el mundo. Pepín tocó en la orquesta Chepín-Choven, una de los estandartes musicales de la ciudad de Santiago y por ello, de Cuba.

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Ante estos tres hechos desconcierta constatar la paradoja que atraviesa la vida de este hombre y su trompeta inseparable, que lo ha invisibilizado por muchos años en su propio país, después de haber alcanzado renombre en otros lares, dando cuerpo a la clásica máxima de que nadie será profeta en su tierra.

¿Quién es el protagonista de estos tres momentos afortunados que lo proyectan más allá de la isla caribeña? Busco en vano: su nombre está ausente en compilaciones biográficas y diccionarios; no hay discos que hayan registrado para siempre el sonido de su trompeta, ni su voz; la prensa escasamente le menciona en contadas circunstancias y únicamente su presencia en dos filmes lo mostrarán corpóreo y sonoro. Si fue, como dicen, un showman de altos kilates, que se encontraba en un momento alto de su carrera cuando decide dejar París y regresar a su tierra, ¿qué ocurrió para que su legado llegara fracturado y endeble a este presente?  Con un pensamiento generalizador, debo concluír que el género en que se movía cayó en franca decadencia, las estrellas como él han sido olvidadas y los contadísimos que sobreviven, lo hacen sabiendo que asisten al final de una especie. Pero si particularizamos, hay que preguntarse: ¿Quién es Pepín Vaillant? ¿De qué está estaban hechos su musicalidad y su carisma para encantar a quienes se aventuraban a verle actuar en sus años dorados? ¿De dónde vienen lo  original y lo auténtico en su entrega sobre el escenario?

Pincha aquí para ver a Pepín Villant en el filme Boccaccio 70

Cuando Federico Fellini lo encuentra, ya Pepín Vaillant había recorrido medio mundo con  su niña (su trompeta) a cuestas.  Llevaba varios años entre Italia, Francia, España, Egipto  y otros países de varios continentes, y muchos años más desde que salió de su natal Santiago de Cuba.

Sus padres José y Petronila lo habían traído  al mundo en el barrio de Flores en Santiago de Cuba, el miércoles 1º de mayo de 1929, en la calle Segunda de Paraíso No. 52 en el reparto Flores bajo el nombre de José Felipe Vaillant Frómeta.[4]  Acaso la influencia musical le llega a Pepín principalmente a través de su padre, quien toca el bombardino en la Banda Municipal de Bomberos, en paralelo a su labor como albañil y maestro masón, pero por la línea materna también viene el vínculo musical:  su tío Melecio Frómeta, hermano de Petronila, cantaba y tocaba la guitarra y aún más:  Siro Rodríguez, del mundialmente famoso Trío Matamoros era primo segundo de Pepín por la vía materna.

Su vida a partir de que tiene conciencia de su existencia, contada por él, será eso que definía Gabriel García Márquez en conocida sentencia:  “…la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda…”.  Y tal como la recordaba, Pepín Vaillant tuvo tiempo para contársela al musicógrafo santiaguero Lorenzo Jardines Pérez, quien la convirtió en punto de partida para su texto inédito “Del reparto Flores al mundo”, una profunda investigación sobre la vida de Pepín, que bien valdría la pena que fuera editada y publicada.

Es evidente que muy temprano en su niñez  Pepín demostró inclinación por la música, y en particular por la trompeta; mientras toma clases con el profesor Ruiz en la calle Trocha, se le ve, con poco más de doce años, tocando lo mismo en carnavales que en verbenas, luego en academias de baile y hasta en velados prostíbulos con grupitos como “Nila-Lina”, el primero que logra articular con mañas de liderazgo y cuyo nombre es un guiño al apodo por el que conocían a su madre.  Acaso serán estos comienzos el inicio de una ruta desinhibida que llevará a Pepín, sin contradicción por los extremos,  a través de  ambientes  lo mismo ingenuos que sórdidos; a escenarios de glorias pasadas  y a otros de  encumbrados presentes.  Si figurar en la nómina de una agrupación marca el inicio de la vida profesional de un músico, la de Pepín tiene su comienzo en el Conjunto de Hilario  Wilson en 1944, con escasos quince años de edad, donde también aparecen músicos como Guido Suárez, Filiberto Bridón y  el entonces cantante novel Ibrahim Ferrer, quien luego sería la gran voz del Buena Vista Social Club.[5]

Pepín en el Conjunto de Horacio Wilson (primero a la izquierda).La fecha indicada parece ser la de la creación del conjunto.  Cortesía de Osmel Reyes Vaillant.

Dos años después está como trompetista con la orquesta de Mariano Mercerón  y también con la Chepín-Chovén, en la que sus directores, al decir de Jardines Pérez “…discuten si valía la pena incorporar al joven trompetista, cuyo excentricismo provocaba cierto rechazo, sobre todo en el maestro Chovén.  Finalmente, acuerdan asumirlo (…)”.[6]  Comenzaba de esta manera a manifestar una tendencia que iría in crescendo:  Pepín no se contenta con tocar muy bien la trompeta y busca con persistencia vías poco convencionales de expresión.  Con la Chepín-Chovén va tocar a Bayamo, pero la orquesta regresaría a Santiago sin él, pues le apetece quedarse a trabajar en una “academia de baile”, y ya sabemos lo que eran estas instituciones.  Del lupanar a una orquesta local haciendo la suplencia al trompetista fijo, once valses y una paga de diez pesos cada noche,  y de ese modo lograr reunir el dinero necesario para emprender viaje hacia La Habana, cumpliendo así la premonición de una de las bailarinas Marvels, a quien conoció mientras tocaba con la orquesta de Mercerón en un show: la chica lo instaría a “irse pa’La Habana” a probar suerte como músico profesional.

Pepín Vaillant a fines de los cincuenta, en España. Foto: Cortesía de Osmel R. Vaillant.

Aquí logra solidaridad de sus colegas.  Chappotín lo valora como músico, y en 1950 lo llama cuando debe asumir la dirección del conjunto que dejara Arsenio Rodríguez, el Ciego Maravilloso, antes de radicarse en Estados Unidos.  Pepín es fundador del Conjunto Todos Estrellas, el conjunto de Arsenio sin Arsenio, ahora con nuevo nombre y  luego conocido como Chappottin y sus Estrellas, en una nómina que integraban además en las trompetas Aquilino Valdés y Cecilio Seriz;  Luis Martínez Griñan “Lilí”, en el piano; Sabino Peñalver en el contrabajo, Félix Alfonso “Chocolate”, en la tumbadora; Antolín Suárez “Papa – kila”, en el Bongó; Ramón Cisneros “Liviano” en el tres.[7]

En esos años iniciales de la década de los cincuenta, Jardines Pérez lo sitúa también por breve tiempo en la orquesta Casino de la Playa, que entonces fungía como banda de planta en el afamado cabaret Montmartre.[8]  No abandona del todo a su Santiago y hay idas y vueltas en ese período.  En 1953 y por breve tiempo se le ve integrando como trompetista el conjunto de Pacho Alonso, que lo completaban Angelito Villavicencio, Pastor Manzano, Tatá Castañeda, Alfonso Lazo, Cecilio Lazo, Euclides Mc Carthy y Reinaldo Chovén.[9]

Y parece ser que por este tiempo, inquieto e inconforme con las limitadas posibilidades expresivas que un conjunto o una orquesta le reserva a un músico de filas,  comienza a tomar cuerpo el Pepín Vaillant que llegaría a ser después, perfilado en un momento dorado de la música cubana, donde era muchos los buenos cantantes y los buenos trompetistas y donde, él lo sabía, tenía y quería marcar la diferencia.  Maduraba estas ideas, cuando se presenta su primera oportunidad de viajar y conocer otros mundos.  Esta vez el viaje será corto: Tampa y Miami, en contratación provisoria con el Conjunto Camacho, una agrupación más de las muchas que en ese tiempo solicitan su trompeta.

La próxima salida sería decisiva y por largo tiempo:  pondría rumbo hacia Nápoles, integrando una compañía musical  dirigida por José Urfé.  Pepín,  en trance onírico, contaría siempre la historia acaecida en Italia:  trabajan en un pequeño teatro y es allí donde conoce al mafioso napolitano Charles “Lucky” Luciano.  “Obligado por una deuda de juego – confesaría  el santiaguero- acepté la proposición de un americano, Míster Johnson, un gangster que reunía a un grupo para una gira a Europa. Nosotros embarcamos sobre el paquebote Auriga y tocamos durante toda la travesía.  Mi número triunfal cada noche era Nature Boy, como si estuviera ebrio, con mi trompeta en una mano y una botella en la otra”. El escritor y poeta Marino Wilson Jay narra  que Pepín Vaillant aseguraba haber estado en Sicilia y actuado allí en 1957, aproximadamente.  “Es así que andando por un parque, un hombre que iba custodiado por otros dos, lo llama y le dice:  “Oye, no eres el que tocó anoche en el teatro? Me resultaría placentero que lo hicieras ahora para mí”.  Como Pepín andaba con su trompeta invariablemente, pudo hacerlo. No sabía que tocaba para el capo de los capos, para el jefe de todos los jefes de la mafia.  Le deslizaron un billete de mil por la chamarreta.”[10] Así también se cuenta su encuentro con Lucky Luciano.  Nadie se atreve a afirmar cuánto estuvo Pepín en Sicilia, pero fue lo bastante como para aprender a hablar como los habitantes de la famosa isla italiana, lo que para algunos de sus amigos quedó comprobado muchos años después al encontrarse con un siciliano en Santiago de Cuba y sostener con él un diálogo sin fisuras lingüisticas, ni tiempo.  A su paso por Italia y de su encuentro  en Roma con un contorsionista hindú aprendió Pepín, según contaba, los rudimentos rutinarios del yoga para controlar la respiración, técnica que le ayudó a flexibilizar su cuerpo y a mejorar su rendimiento con la trompeta.  Hasta el final de sus días, Pepín los practicaría.

Promoción de cuando se hacía llamar Pepín el Caballo, el Río Club de Santander. Cortesía de Osmel Reyes Vaillant

La década de los cincuenta se acercaba a su final y con poco más de veinte años, Pepín Vaillant estaba listo para retar al mundo.  Continúa la gira por Italia y llega después a Francia y España.  En este último se hacía presentar como “Pepín El Caballo”, en un performance con su trompeta, donde canta, baila y realiza todo un espectáculo de dominio escénico.  Vive un tiempo en Sevilla, donde con su peculiar manera de andar y vivir es aceptado por la gitanería.  Actúa de manera habitual en Cádiz y León, ciudades en las que también residió y  algunos sueltos promocionales dan fe de su paso por la sala de fiestas Río Club, en El Sardinero, Santander, región de Cantabria.

Flyer de promoción de Pepín Vaillant en Río Club, Santander. Finales de los 50. Cortesía de Osmel Reyes. Vaillant.

Trabaja como solista con las orquestas respectivas de Dámaso y Pantaleón Pérez Prado y en constante superación toma clases de canto y arte dramático en ambos países.  En París está listo para multiplicar sus opciones de trabajo, tanto como músico de atril con su trompeta, como en su proyección de showman, enriquecida por la acumulación de estudios y saberes.  Solía contar la extraña coincidencia de que en París es un profesor de apellido Ruiz – casualmente el mismo apellido de su maestro inicial de la santiaguera calle Trocha- quien la enseña a colocar la voz “mi voz de tenor ligero, que me enseñaron a endulzar…” solía decir, según cuenta Jardines Pérez en la obra citada.  Con buen pie y mejor hacer, consigue que lo designen para conducir la animación en el exclusivo cabaret parisino Éléphant Blanc. Eran proverbiales su personalidad, la exquisitez de sus trajes y su innato carisma y sentido del humor, de cubanía intrínseca,  pero cosmopolita, todo eso, sumado a la excelencia en la trompeta.  En el famoso cabaret y entre los muchos famosos con los que se topó allí,  conoce al mítico playboy dominicano Porfirio Rubirosa, quien elogia sus actuaciones.

Pepín Vaillant pasa una buena parte de la década de los cincuenta en Europa en un constante crecimiento en el dominio escénico y creatividad.  Ubicado en los mejores sitios de las noches parisinas, llega a trabajar como trompetista en la orquesta del mundialmente famoso Moulin Rouge.  Muy importante en sus éxitos dentro del mundo artístico parisino es la amistad que llega a unirle a Raúl Sequeira, tío del baterista Gilberto Valdés Sequeira y promotor artístico cubano que solía reunir casi noche a noche a músicos cubanos en un bar de Pigalle.  Sequeira había llegado a París antes de 1959 desde Estados Unidos, donde se había radicado tras ser piloto de caza durante la Segunda Guerra Mundial.    En Pigalle, contaba Pepín, la mafia corsa controlaba el segmento mayor de los espectáculos en París y también a figuras de la farándula musical.  Raúl intentaba alejar a los cubanos de ese camino comprometedor, y casi siempre lo conseguía.

En 1956 Pepín Vaillant realiza una extensa gira por la antigua República Federal Alemana, y regresa a París para conquistas aún mayores:  trabaja como animador en el teatro Olympia y es invitado a formar parte del elenco artístico del festival que conmemoraría el bicentenario de Lafayette, el 6 de septiembre de 1957.

Por aquellos años en que se rueda Boccaccio 70, Pepín Vaillant vive en la capital francesa, devora con intensidad la generosa entrega de las noches en la Ciudad Luz. Hay quien le compara con un duende noctámbulo y juguetón, con prisa perpetua para no perder un minuto de música y disfrute.  Cada noche sube con su trompeta a la pista  del cabaret Le Robinson, en pleno corazón de Montmartre.  Allí lo conocería Bobby Carcassés, quien llega al lugar de la mano de Rafael Pina Machín Pacolo, otro cubano, cantante por demás,  que también vivía y trabajaba en París por ese tiempo.  “Esta noche te voy a llevar a conocer a un gran artista –le dice Pacolo a Bobby, y le lleva al Le Robinson.  Y fuimos al camerino antes de la actuación de Pepín, que estaba preparándose para salir a escena, con unos tirantes, un negro grandísimo como de seis pies y pico, que cuando todavía no se pensaba usar el afro en Cuba, ya él tenía un afro; unos pantalones campana, con botines de punta estilete, y un vestuario muy característico, con un saco que se mandaba a hacer muy especial, largo y con una flor roja en la parte izquierda con un lacito de tirita sobre una camisa blanca.  Entonces hablamos de una forma afable, pues era un hombre así, totalmente campechano, natural y sobre todo, que mantenía el acento oriental, el que siempre tuvo incluso viviendo en Europa.  Supe que él había tenido una trayectoria con varias agrupaciones de alto nivel como Chepín y Mercerón.  Cuando terminó la conversación fui a sentarme en el público donde vi a Pepín Vaillant haciendo una versión de “Sexy Boom” con ritmos cubanos.  Pepín salió con la trompeta en la mano derecha y con su mano izquierda esas de larguísimas uñas, ilustraba todo lo que hacía con la derecha, el fraseo y todo lo demás.  Con su cuerpo hacía contorsiones,  un baile medio rumba, medio flamenco, luego tocaba las congas, en fin, hacía todo un show que dejaba a los parisinos y a todo el público literalmente de cabeza y por supuesto, a mí también.”[11]

Bobby Carcassés, Pacolo,Pepín Vaillant en París.Año 1960. Foto cortesía Tommy Meini.

Bobby, Pepín y Pacolo se harían inseparables y según cuenta el primero:  “Andábamos y desandábamos juntos los tres por París, y nos decían que parecíamos, yo francés, Pacolo argelino, y Pepín africano. No había manera de que nos relacionaran con cubanos.[12]  De los tres, Pepín era el que llevaba más tiempo viviendo en París, ciudad que para él se convierte en una especie de oasis soñado en medio de las peripecias de su vida anterior. Y claro que hubo empatía! Se suman al grupo otros cubanos, como el percusionista Gilberto Valdés Sequeira  y Abel Cortina, quien, como Bobby y Pacolo, había participado en el Festival Mundial de la Juventud en Austria y había decidido permanecer un tiempo en París antes de regresar a La Habana.   Carcassés estaba ya en el camino de asimilar los elementos que le harían el showman y el jazzista talentoso que ha llegado a ser.  Trabajan juntos en varios sitios de la noche parisina:  en L’Elefant Blanc con el saxofonista cubano Julián Fellove,  en un pequeño grupo que Bobby Carcassés calificaría de “terrorífico” por su calidad. Comparten en un grupo de jazz que tocaba en un sitio exclusivo de poderosa clientela donde arrebatan con su versión de Tea for Two.    Luego Pepín y Bobby integran la  big band  de  Benny Bennet, músico de Trinidad y Tobago, nacionalizado inglés, haciendo giras por toda Francia, con el propio Pepín como líder de la sección de vientos.[13]   Habrá que investigar la discografía de Benny Bennet para identificar si la trompeta de Pepín Vaillant está presente en algunos de esos registros.

En Cuba había triunfado la Revolución y las noticias sobre los radicales cambios y la nueva situación en el país llegan también a París.  Se produce la invasión de Girón y Carcassés decide volver a La Habana; Pacolo lo haría un año después y Pepín, entusiasmado por lo que escucha decir y las noticias que le llegan de familiares y amigos, también decide regresar.  Cuando aumenta el éxodo de músicos y artistas cubanos, que deciden abandonar la Isla,  Pepín Vaillant se apresta a hacer el viaje a la inversa, a regresar a Cuba en momentos en que sus valores como músico y showman alcanzaban en Francia y en Europa cotas notables. El Maestro Harold Gramatges, insigne músico y compositor también santiaguero, es el embajador de Cuba en Francia en ese momento y ayuda a los tres amigos en su afán de reencuentro con su tierra para ser parte de los caminos de cambios y creación, y de ocupar el espacio que debía corresponderles en la nueva sociedad donde, están seguros, ya son impensables  la  discriminación y el prejuicio racial, de origen o de género.

“Cuando en 1962 con 34 años regresa, lo hace de manera natural, sin presiones ni compromisos que no sean los de su deseo y su conciencia e cubano. Pepín está vinculado al mundo del espectáculo, de la farándula, a la manera del capitalismo[…] desde que tenía 13-14 años, en su natal Santiago de Cuba.  Rodeado de ese ambiente recorre toda Cuba y envuelto en él viaja a Estados Unidos y regresa, para luego trasladarse y permanecer en Europa y Africa hasta el regreso.  De todo tomó un poco, pero especialmente de la refinada cultura europea, que contribuyó a depurar sus modales, a conformar un artista culto, conocedor del mundo del espectáculo y de su instrumento.  Pero todo ello fue posible, porque al salir de Cuba por primera vez, tan joven, era ya un diamante con luz que jamás se apagaría.” Así resume su biógrafo Jardines Pérez el momento en que Pepín deja París y llega a La Habana. Llega no sólo con el virtuosismo de su trompeta, sino con una propuesta escénica que le hace clasificar como showman de altos quilates

Algunos medios resaltan la presencia de Pepín en Cuba, como lo hace la revista Cinema con su artículo “””Quée…? Pepín Vaillant”[14]

Pepín Vaillant en uno de sus acrobáticos performances, en La Habana. Foto: Revista Cinema, 1963

Según la prensa cubana, las primeras presentaciones profesionales de Pepín Vaillant a su regreso no se producen en el circuito nocturno de primer rango en La Habana, sino en uno de los recién creados clubes de El Vedado de cierto renombre:  el club Atelier, donde ya en octubre de 1962 se podía ver a Pepín con su espectáculo.[15] Luego pasa al Palermo donde hace época desde marzo y hasta finales de 1963. Recibe un reconocimiento especial junto con otros artistas que como él habían regresado a Cuba para trabajar en su país, como Bobby Carcassés, Pacolo, Nelia Núñez y otros. Pero no es hasta abril de 1964 que Pepín logra ser tomado en cuenta para presentarse en el cabaret Copa Room del Hotel Havana Riviera, uno de los principales del circuito de alto rango de la noche habanera.   Allí y por espacio de varios meses comparte escenario con Luis Carbonell, Vicente González Rubiera Guyún, Ela Calvo, el saxofonista Cosme Peñalver; Miguel Angel Piña y otras figuras.   En octubre se le podía ver en el Cabaret Nacional, de Prado y San Rafael y en los meses y años siguientes, lleva su espectáculo junto a Tabaquito a los cabarets Sierra, Alí Bar, el Palermo de nuevo.

Eran años complicados, pero cruciales en el desarrollo de la música cubana donde surgen figuras y movimientos capitales (Irakere, la Nueva Trova) o se empiezan a gestar otros como lo que viene haciendo Juan Formell desde la orquesta de Elio Revé.  No era el cabaret lo que, precisamente deseaban quienes trazaban los caminos musicales que, según ellos,  eran los que necesitaba Cuba en Revolución. Las medidas que trajo la llamada Ofensiva Revolucionaria de 1967 dejan huellas indelebles y perdurables en el cuerpo estremecido  del gremio artístico, sobre todo los del mundo de la noche.  Aun así, Pepín vive la realidad, trata de entenderla y aceptarla, vence recelos y desconfianzas, se incorpora a todo lo posible, desde las brigadas de artistas al campo hasta las evaluaciones artísticas, que casi le hacen partir de cero para poder continuar haciendo lo que sabía hacer y muy bien,  primero como solista y luego  haciéndose acompañar en su espectáculo por Faustino Mario Chappottín Tabaquito, conguero fundador de la orquesta de Benny Moré.  Pepín es incluído en embajadas artísticas oficiales que viajan a la Europa ex-socialista, pero se percata de que, por primera vez, no será él quien perciba los honorarios que personalmente recibía por su trabajo, acostumbrado como estaba a tener estas incursiones foráneas como la fuente mayor de sus ingresos. El sistema de pagos era diferente, pero a pesar de eso  Pepín Vaillant siguió integrando este tipo de espectáculos con los que agregó a su ya larga lista de países donde actuó, otros como Hungría, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, Canadá, Bélgica, Inglaterra, Alemania y un nostálgico retorno a las ya conocidas  España e Italia.  Alterna estas giras con presentaciones habituales en centros nocturnos cubanos, sobre todo en La Habana (hoteles Capri,  Nacional y Riviera) y Varadero (hotel Bellamar, Las Cuevas, La Patana y otros) y también en programas de radio y televisión en Cuba.  En 1972 había creado su grupo Interson, con una base de percusión respaldada por una guitarra eléctrica y tres bailarinas. Con formatos similares haría Pepín sus espectáculos hasta 1986, cuando su incesante vida artística internacional  queda trunca.

Como paradoja, Pepín logró insertarse como artista y hasta que contaran con él para empeños importantes, pero, al parecer, nunca asumió  la realidad que estaba viviendo, a la que concurría  como un outsider, sin terminar de comprenderla del todo, ni de insertarse como los demás esperaban de él. La desgracia y el desgaste físico y emocional marcaron su vida artística a partir de aquí y comenzó una especie de cuenta regresiva que le llevó de La Habana a Varadero, ya sin su grupo; luego a Santa Clara, para finalmente llegar y quedarse definitivamente en su Santiago de Cuba, decidiendo vivir, al decir de Bobby Carcassés “en otra dimensión”.  En su obra inédita citada, Lorenzo Jardines Pérez se acerca a las causas posibles:  “Pepín siempre tuvo que nadar –vale decir, vivir en Cuba- a contracorriente para llevar a cabo sus proyectos artísticos, una vez que regresó definitivamente desde París.  Siempre tuvo grandes opositores para salir a representar al país al exterior.  Las mismas razones que generaban las dudas, era sus fortalezas:  el tiempo que pasó fuera de Cuba antes de 1959.  Esa acumulación de conocimientos pocos la poseían, su calidad como trompetista y showman era indiscutible y su grupo, pequeño y por tanto fácil de transportar. Con ese proyecto triunfó desde los primeros años de la década de los 70 hasta mediados de los 80.  Cuando existieron las condiciones para sustituírlo prescindiendo de sus servicios, se apeló a razones subjetivas.  Qué de reprochable tuvo la conducta de Pepín Vaillant en aquella época?  El irrespeto a leyes no escritas, pero leyes al fin, que prohibían tener relaciones normales, hasta afectuosas, con artistas cubanos considerados disidentes.”  Pepín, que no se fue de Cuba después de 1959, sino que regresó de su larga vida anterior en Europa, vuelve a viajar, ahora dentro de los patrones oficiales, y “…regresa a un mundo  archiconocido, un mundo que no le es nuevo ni ajeno, que domina, donde tiene y encuentra amigos, colegas a los que trata con naturalidad, como antes, como siempre, como es él, alguien que, no debe olvidarse, por regresar también tendría detractores.  Es este el recodo del camino donde tropieza con las prohibiciones, a veces innecesarias, exageradas, establecidas por un país obligado a defenderse de quienes cruzaran las fronteras como enemigos.” Y podría agregarse: en momentos en que tienen poder de decisión   personas incapaces de demostrar respeto por el talento y la vida de músicos y artistas que ya habían demostrado con creces su valía en el panorama cultural cubano.

Pepín Vaillant con Hilario Wilson en 1982,Santiago de Cuba. Foto cortesía de Patrick Dalmace.

La gente común no era así.  En Santiago de Cuba era recordado y respetado, trabaja de manera estable en algunos sitios turísticos, de los pocos existentes en esa ciudad en la década de los ochenta.  Sin casa propia, ni recursos económicos, sin la posibilidad de vivir con decoro de su propia música, y con la salud deteriorada, aun así Pepín no deja de tocar la trompeta y de hacer su show allí donde le fuera posible.  Es homenajeado en 1994 en el Teatro Oriente en ocasión de su 65 cumpleaños y también  en 1996, organizado por la Casa de las Tradiciones, en el que participa toda la barriada del Tívoli.

Cuando en el 2000 el director franco-tunecino Karim Dridi prepara su documental  Cuba Feliz, descubre a Pepín Vaillant desandando las calles santiagueras con su inseparable trompeta  constató asombrado que estaba ante una figura carismática e importante  de la música en Santiago de Cuba, con alcance universal.[16]  La elegancia gestual y la educación de aquel hombre casi en trance de indigencia, que se comunicaba en un perfecto francés con un acento que mezclaba el español con el inglés,  lo cautivaron.  Y ya fue el clímax cuando lo vio en acción, trompeta en la mano derecha, mientras que con la izquierda pantomímica describía sonidos y palabras, y con los mismas acrobacias que le hicieron famoso en París, pero sobre todo, en interacción con un veterano colega de mil batallas, el gran trompetista santiaguero Inaudis Paisán, y con su discípulo Aníbal Avila.  Momento especial es la descarga de Pepín con los jóvenes raperos encabezados por  Mario Sánchez Martínez (que se identifica como Juan) donde es evidente el swing que todavía caracteriza al veterano showman.

Pepín Vaillant con El Gallo y Aníbal, durante el rodaje de Cuba Feliz.(Imágenes de promoción del documental)

La vida que recordaba Pepín, según la máxima garciamarquiana, y que contó a Dridi y a su co- guionista Pascal Letellier lo situaba “…tocando con Louis Armstrong una noche que enfermó un músico y lo llamaron para reemplazarlo.  En Francia toqué en la orquesta de Moulin Rouge, viví en la calle Fromentin junto a la nueva Era, cabaret nudista con mujeres que en realidad eran hombres  Yo estaba protegido por la mafia corsa.(…)”[17]

Pincha aquí para ver a Pepín Vaillant con raperos santiagueros en descarga. Fragmento del documental “Cuba Feliz”.

La imagen y la trompeta de Pepín Vaillant volvieron al mundo y la modernidad le hizo justicia al singular músico cubano, preservándolas a través de sitios webs y redes sociales como una de las figuras protagonistas del promocionado documental.  Para la premiere de Cuba feliz Pepín fue invitado a volver a su querido París, junto al trovador Miguel de Morales, en oportuna coincidencia con una invitación que le extiende la UNESCO para homenajearle como uno de los músicos que ha colaborado con esta institución de alcance mundial, y cuya prueba documental, firmada por el Secretario General de la ONU, guardaría celosamente. [18] La felicidad por su resurgimiento y homenaje tendría fecha de caducidad  poco menos de doce meses después. Nadie podía predecir que la aparición de Pepín Vaillant en el documental Cuba feliz sería su testamento audiovisual.

Pincha aquí para ver completo el documental Cuba Feliz, de Karim Dridi

Cuando el 20 de febrero de 2001 el santiaguero Ibrahim Ferrer festejaba su 74 cumpleaños y  la fama universal que con el Buena Vista Social Club le había llegado ya en las cercanías del fin,  Pepín Vaillant, santiaguero, músico, compañero de conjuntos y orquestas,  con la misma suerte, pero a la inversa, agonizaba para morir al día siguiente, el 21 de febrero en medio de una miseria material desoladora, sin el mínimo confort que su educación y su largo camino artístico debieron haberle asegurado y con una cuota de soledad que no mereció nunca.

Algunos conocedores lo señalan entre los grandes trompetistas cubanos, quizás lo fue, o estuvo cerca de serlo, pero Pepín prefirió muy temprano el show solitario y las luces de la noche a la soledad del músico tras el atril.  El ocaso del showman como figura genérica y hasta importante del cabaret terminó siendo también el ocaso de su vida amable y distinguida. Aun así, su camino fue trascendente, o mejor, como él diría para calificar algo de esa magnitud: caballístico!

Agradecimientos especiales al Ing. Osmel Reyes Vaillant, sobrino de Pepín, quien puso a mi disposición materiales  y textos valiosos.  A Lorenzo Jardines Pérez por permitir con generosidad la utilización de su libro inédito “Del Reparto Flores al Mundo”. A Bobby Carcassés, por compartir sus recuerdos.  A Jorge Moreno-Burgos y a Jaime Jaramillo, por su apoyo en la obtención de los materiales audiovisuales.

Rosa Marquetti Torres

NOTAS

[1] www.imdb.com/Boccaccio 70.  También correspondencia vía email de la autora con Gilberto Valdés Sequeira.  Enero-Febrero 2017.

[2] Correspondencia la autora con Bobby Carcassés – 3 de febrero 2017

[3] Lino Betancourt:  Lo que dice mi cantar. Colección A Guitarra Limpia.  Centro  Pablo de la Torriente Brau. La Habana, Cuba. 2015. Pag. 284

[4] Lorenzo Jardines Pérez:  “Del reparto Flores al mundo” (texto  biográfico inédito)

[5] Con información adicional de:  Reinaldo Cedeño y Michel Damián Suárez:  Son de la loma: los dioses de la música cantan en Santiago.  Andante. Editora Musical de Cuba. La Habana, 2002. Pag. 148.

[6] Lorenzo Jardines Pérez:  Obra citada. Pag. 10

[7] Radamés Giro:  Diccionario Enciclopédico de la  Música Cubana. Editorial Letras Cubanas. La Habana, Cuba. Tomo I. Pag. 285

[8] Lorenzo Jardines López:  obra citada

[9] Alberto Veloso Serrano:  Sección “Radiofónicas Orientales”.  En Radiomanía y Televisión.  Año 18 No. 1. La Habana, Cuba. Enero de 1953. Pag. 31

[10] Entrevista realizada a Marino Wilson Jay por Lorenzo Jardines Pérez para su libro inédito “Del Reparto Flores al mundo”. También conversación de la autora con Marino Wilson Jay. 15 de febrero de 2017.

[11] Entrevista a Bobby Carcassés por Lorenzo Jardines Pérez para el libro inédito “Del Reparto Flores al mundo”.

[12] Bobby Carcassés:  Email a la autora.  3 de febrero de 2017

[13] Entrevista de Lorenzo Jardines Pérez a Bobby Carcassés para el libro inédito:  Del Reparto Flores al mundo.

[14] Revista Cinema.  La Habana, Cuba. 31 de marzo de 1964.

[15] Adriana Orejuela Martínez:  El son no se fue de Cuba. Claves para una historia 1959-1973.  Editorial Letras Cubanas. La Habana. Cuba. Año 2006.  Pag. 456

[16] www.imdb.com/Cuba Feliz

[17] François-Xavier Gómez en periódico “Liberation”. París, Francia.  7 de junio de 2000

[18] Conversación de la autora con Marino Wilson Jay.

8 comments on “Pepín Vaillant: retrato de un showman con trompeta”

  1. humberto dice:

    estelar como siempre, Rosa. Gracias por ayudar a rescatar a estos músicos y esas páginas embarajadas de las historias nacionales. es posible indagar quiénes eran los músicos que integraron su grupo? pues me llama la atención la inclusión de la guitarra eléctrica. gracias nuevamente. se impone otro libro pronto.

  2. Ernesto D Marquez dice:

    Honor a quien honor merece

  3. Osmel Reyes Vaillant dice:

    Hola Rosa, qué puedo decirte? Muy emotivo y revelador. Me gustó mucho el título!! De los integrantes del grupo, además de Tabaquito, recuerdo que en los ’80 tocó con Pepín, Gastón Lasserie (Lapicito), sobrino de Rolando Lasserie. Él falleció muy jóven con 48 años, no recuerdo el año, pero la edad me la acaba de decir Patricio Lasserie (viejo amigo y sobrino de Lapicito). Gracias Rosa por seguir iluminando con tu trabajo los rincones menos visitados de nuestra memoria musical y colectiva.

  4. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Gracias, Mandu, por leer y opinar. A continuación copio lo que dice Lorenzo Jardines en su libro inédito sobre los músicos y bailarinas que integraron el grupo INTERSON en diferentes momentos:
    “De 1976 a 1979, aproximadamente, los músicos son:
    Ismael Olides Sánchez. (Míster Bemba). Paila. Bailarín.
    Faustino Mario Chapottin. (Tabaquito). Percusión.
    Pedro González Hernández. Bajo y administrador
    Vitico Revé. Guitarra eléctrica
    Pepín Vaillant. Director. Trompetista y percusión menor.
    En 1980 entran las bailarinas. Fueron: Cari Legro Bueno,
    Nury Santisteban y Mery Macate. También hay algunos
    cambios:
    Faustino Mario Chapottin. Tabaquito). Percusión
    Pedro González Hernández
    Librado Orestes Barbachán. Batería
    Antonio Matute Bell.
    Mario Simón Cuesta (estuvo también en este grupo, al
    entrar por Barbachán.)”

  5. Jaime Jaramillo dice:

    Rosa- Supe de Pepín Vaillant a través del documental Cuba Feliz de Karim Dridi que vi en un VHS cuando vivía en Puerto Rico y me fascino su personalidad moderna compartiendo por igual con los veteranos y los más jóvenes. Quise saber más de él pero no pude conseguir información hasta que recibi de parte tuya su biografía que, como todo lo que tú escribes son joyas musicales biográficas que nos dejan asombrados por la cantidad de detalles, información inédita, fotos, videos y que nos enseña cómo se debe escribir una biografía.
    Me fascinó ver el video de esa película de la época del surrealismo italiano “Bocaccio ‘70”, una serie de historias dirigidas por Vittorio de Sica, Federico Fellini, Mario Monicelli y Luchino Visconti donde aparece Vaillant tocando trompeta en este clásico.
    Con lo que has escrito te has forjado una posición merecida como una de las grandes escritoras sobre música cubana y espero que sigas produciendo mas de esas obras maestras.

    Jaime Jaramillo

  6. Jaime Jaramillo dice:

    Rosa> Olvidaba anotar que basado en tu escrito sobre la vida casi surrealista de Pepin, debias escibir el libreto para esa pelicula

    Jaime Jaramillo

  7. Me sorprende Rosa con sus artículos. No sé en qué tiempo escarba, investiga, saca información estupenda de músicos que, si no, quedarían en el olvido. Sabes que soy tu fan, suerte y sigue dándonos más.

  8. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Mayra querida: ni yo misma sé de dónde saco el tiempo. Solo te puedo decir que quisiera que el día tuviera más de 24 horas y la semana, como la de Manzanero, más de siete días para poder dedicarle más tiempo a esto, que me apasiona tanto como a ti. Yo también soy fan tuya y de tus maravillosas e incomparables entrevistas, ya casi de cabecera para el que quiera saber de nuestra música.

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