Numidia Vaillant: piano-woman, jazz-woman

Encontrar por azar en Youtube su asombrosa versión de Round Midnight , del gran Thelonius Monk, fue más que un regalo a los sentidos, un llamado de conciencia. Dónde estuvo esta mujer de nombre inasible y asombroso desempeño, dónde estuvimos nosotros que no la encontramos antes???!!! El nombre de Numidia Vaillant suena lejano, poco conocido; llega unido para siempre en un haz de luz, a París…., a Santiago de Cuba, al jazz y a cuanta buena música haya de ser tocada sobre las teclas de un piano. Es evidente que el sonido acrisolado de su piano le debe a Duke Ellington, a Frederic Chopin lo mismo que a Ignacio Cervantes, César Portillo de la Luz, a Marta Valdés, a José Antonio Méndez y hasta a la conga de Los Hoyos. Su refinamiento estilístico y su personalidad se anclan en París, Oslo, Tel Aviv o Japón, lo mismo que en La Habana y Santiago de Cuba. Y sobrevienen entonces las interrogantes: ¿Quién es Numidia Vaillant? ¿Qué motivó el silencio –o su posible autosilencio-; por qué la ausencia de noticias acerca de sus éxitos, de su vida, de su excelencia? ¿En qué circunstancias de vida se fraguó ese pianismo increíble y esa personalidad que se anuncia extraordinaria, y quizás precursora como exponente primigenio y raro del pianismo femenino en el jazz en Cuba?

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Quien vea y escuche a Numidia Vaillant moviéndose a su antojo por la intrincada selva donde la tientan lo mismo Ellington, Gershwin, que Tom Jobim con su Insensatez, y Kozma con Les feuilles mortes, quedará sin aliento ante Lullaby in Birland (G. Shearing-B. Y. Forster) o frente a uno de los grandes estudios de Chopin. Quien sea capaz de estremecerse ante su magia; quien pueda intuír las marcas de su identidad en el abordaje rítmico de un mundo sonoro que podría parecerle ajeno, sabrá que tras esa mujer y su piano, o más bien desde su interior, late una riqueza musical y cultural en el sentido más amplio, una devota concentración y dedicación al piano y su circunstancia, y una capacidad para llevar de la mano la puridad de la academia, un creativo virtuosismo y un estilo personalísimo para expandirlo a través de un lenguaje de rampante universalidad. Tocó de manera habitual en la meca parisina del jazz: el Blue Note y en famosas y olvidadas boites de jazz de Saint Germain-de-Pres; se codeó de tú a tú con Bud Powell y Stan Getz; fue reverenciada en escenarios tan disímiles como Israel, Finlandia, Italia o México. Pero pocos saben que era santiaguera; que se marchó de Cuba hacia París en noviembre de 1958, para nunca más regresar, tras el sueño y el mito de la Ciudad Luz, dejando atrás una carrera ya iniciada y en curso, pero que ella sabía insuficiente.   Poco, por no decir nada, se ha sabido de ella en este lado del Océano Atlántico, aunque por fortuna Youtube nos la devuelve en los últimos tiempos de su larga vida y asistimos asombrados a la magia de un pianismo que da fe de profundos estudios académicos, pero también de lo que surge y se aprende tras una búsqueda incesante y la inigualable experiencia de revelarse noche a noche como pianowoman, centro de la energía en un club de jazz, en una boite de jazz, en cualquier ciudad del mundo.

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La opacidad signó la presencia y el recuerdo de Numidia Vaillant en su propio país: las noticias acerca de sus éxitos y su vida dejaron de aparecer en los medios de prensa, a pesar de su probada cercanía, en etapas, incluso posteriores a 1959, en que en cierto momento frecuenta los círculos diplomáticos cubanos en París y según sus propias palabras, llega a colaborar con Alejo Carpentier en algunos proyectos musicales cuando el gran escritor era también el consejero cultural cubano en Francia.[1] Su nombre no se menciona cuando se habla de pianistas en Cuba, a pesar de que su vida, la vivida en Cuba y París, la hace notable y  vinculada a momentos significativos de la historia musical cubana.

Santiago de Cuba le dio la bienvenida a este mundo el 29 de octubre de 1927[2]. Sin esta ciudad y sin conocer el entorno socio-cultural y familiar en que Numidia creció y vivó su niñez y adolescencia es imposible comprender las raíces de su sensibilidad, el ansia del conocimiento, su apego a la música y la personal aprehensión del jazz desde el piano. De inestimable valor para saberlo por ella misma resulta la entrevista que la Vaillant concediera a los periodistas Mireya Palma y Claude Couffon el 5 de marzo de 1998,  cuarenta años después de salir de Cuba, y que ambos publicaran bajo el tíulo “Yo tenía la ilusión de París” como parte del libro “El Mito de París: entrevistas a intelectuales latinoamericanos en París”:

“Yo vengo de una familia de músicos de tres o cuatro generaciones –les contó Numidia -. En casa se tocaba piano, pero mi abuela tocaba guitarra clásica. Papá era decorador, él tocaba todos los instrumentos de cuerda, el violoncelo, el contrabajo. Entre los jóvenes de mi generación había por lo menos cuatro pianistas. Mi prima, Ana Luisa, que fue alumna de mi mamá, tocaba piano clásico. Mi prima Nereida tocaba piano popular para bailar. Sólo dos no tocaban nada. Un primo abogado que trabajaba en la Base Naval de Guantánamo, tocaba jazz. El me enseñó la música americana. Allá él tuvo la ocasión de oír todos esos músicos de jazz de la época, que venían de Estados Unidos, como Louis Armstrong. Otro de los primos hermanos que era arquitecto tocaba flauta. Pepecito que era médico tocaba algunos motivos, pero no era profesional. Mi mamá y mi tía Anitica eran profesoras de piano; antes de que yo naciera tocaban piano en las películas mudas. Mi abuelo enseñaba música. Mi tía Anitica me enseñó el piano. Ella tocó hasta que se murió, casi hasta los 100 años.”[3] El músico y compositor santiaguero Rodulfo Vaillant –quien no se relaciona por vía familiar con Numidia- afirma que el padre de la pianista, Concepción Vaillant “Conchito” era pintor decorador de muebles cuando vivían en las calles Santo Tomás y San Mateo en la barriada de Los Hoyos y era muy apreciado por su talento y educación.[4] Según relata William Navarrete el abuelo de Numidia, Maximiliano Villalón fue maestro de solfeo de grandes músicos de la vieja trova, como Miguel Matamoros.[5]

LA FORMACION

“Desde que me acuerdo toco piano. Toda mi infancia fue música. Todo el mundo tocaba, todo el mundo hacía música.   Mi abuelo murió cuando yo tenía dos años y ya yo tocaba. Mis tías nunca supieron cuando empecé. Todos los chicos del barrio jugábamos en casa a tocar piano. (…) A los dos años aprendí a leer música, antes de aprender a leer y escribir. Cuando mi tía daba clases yo oía todo lo que pasaba. Mi mamá que era profesora de cuarto grado, me llevaba a la escuela en donde trabajaba. Cuando entré en el kindergarten a los seis años más o menos, yo tocaba una marcha para que marcharan los niños.”[6]

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Numidia en los cincuenta.  Cortesía de Marta Valdés

Decisiva sería para Numidia la influencia familiar y también de aquella sociedad negra y culta que aunó a ciertos sectores de maestros, empleados, músicos, profesionales afrodescendientes en la ciudad de Santiago de Cuba en las décadas de los 20 y 30 del pasado siglo. “Los amigos de la familia también eran músicos. Teníamos un círculo social de la alta sociedad negra de aquella época. (…) en mi casa, cuando yo tenía 10-11 años, se hacía una vez por semana, en la tarde, las llamadas tertulias literarias de poesía y teatro. (…) Mi mamá escribía teatro, se tocaba música clásica europea y cubana.”[7]  Y aclara de inmediato: “Esa sociedad era alta en el sentido de la cultura. No teníamos dinero. Había algunos familiares que estaban muy bien. Mi familia había estado muy bien antes de que se hundieran los bancos en Estados Unidos. Muchas familias, como la mía que tenía dinero allá, lo perdieron todo. Era la época de Machado y las personas como mi mamá que trabajaban en la escuela pública, pasaban a veces ocho meses sin que les pagaran un centavo, pero tenían que seguir trabajando, no podían decir: me paro. Probablemente cuando nací había cierto nivel económico, pero la cosa empezó a descomponerse. Recuerdo que todo era muy difícil hasta que terminé mis estudios en la Escuela Normal para Maestros. No se comía todos los días, pero no era sólo en mi familia, en las otras también. Pero de esas cosas no se hablaba. Había familias que estaban mejor, otras peor. Todas trataban de mantener un alto nivel cultural. Nos habían enseñado que lo más importante, lo que no se podía perder, era la cultura. El dinero se podía perder, pero la cultura no. Es decir, que pasara lo que pasara nosotros teníamos que seguir estudiando. Y rememora: “En Santiago de Cuba se recibía a las grandes compañías de teatro, de ópera, que venían de Europa y que entraban por el puerto de Santiago. Así recibimos a Enrico Caruso, al Teatro Japonés … La vida en Santiago de Cuba era muy rica desde el punto de vista cultural. Los cabarets no eran bien vistos, se veía un turista, una o dos veces al año.”[8]

Cuenta Numidia a Mireya Palma y Claude Couffon que en Santiago realizó estudios de bellas artes con su tía y durante 8 años se forma en el conservatorio de la profesora Dulce María Serret en la misma ciudad. Después toma clases con el maestro Benvenutti. Y en paralelo se hace maestra normalista, como se les llamaba a los egresados de la Escuela Normal para Maestros, que existían en algunas de las principales ciudades cubanas. Pero la vida de Numidia era absorbida por la música y los sueños: “…yo tocaba ocho horas de piano al día. Mis primas pensaban en novios a los nueve años y yo no, yo pensaba en Beethoven. Para soñar tenía el cine y los libros. En casa tenía muchos libros. Muy cerca de la escuela superior estaba la gran biblioteca del Museo Bacardí. Yo la conocía mejor que los bibliotecarios. Salía de la escuela y allí me metía. Me gustaba leer sobre las grandes obras del mundo, cómo se habían construido las pirámides, los grandes puentes, me gustaba leer cosas de historia y sobre todo de pintura, me encanta también la astronomía, las plantas.”[9]

Inquieta, dispuesta a beber de todas las fuentes de saberes y excelencias, en la segunda mitad de la década de los cuarenta Numidia Vaillant se vincula a Luis Carbonell, quien aún no había alcanzado fama bien ganada como El Acuarelista de la Poesía Antillana y como el gran músico que llegó a ser, y fungía entonces, como repertorista y director de programas musicales en la radioemisora CMKC de la ciudad natal de ambos, Santiago de Cuba. Carbonell organiza un programa estelar para cantantes, que se transmitía todos los sábados a las ocho de la noche, y decide de su propio sueldo como profesor de inglés –su ocupación alternativa- pagar 20 pesos mensuales a Numidia para que actuara como pianista acompañante de los cantantes, además de Nené Velarde, quien era pianista oficial de la emisora.[10] Pero la santiaguera escucha las recomendaciones de Carbonell, quien le antecede en el empeño, y muy pronto enfila sus pasos hacia la capital.

LA HABANA

Aunque parece ser que ocurrió a finales de la década de los cuarenta, resulta difícil precisar la fecha exacta en que Numidia Vaillant se establece en la capital, ni ella misma dejó constancia del dato. De lo que sí dio fe fue de su percepción de aquel momento, de lo duro que resultó para ella la inserción en un medio que, a priori, le resultaba del todo extraño y ajeno: “Como mujer para mí era una catástrofe porque no era bella, no sabía bailar, no tenía costumbre de arreglarme, de maquillarme, de nada. En Santiago siempre había brillado porque tocaba bien. En La Habana eso no bastaba. En Santiago nunca pensé en el aspecto mujer, porque era niña. En La Habana las otras chicas se reían de mí porque no tenía conversaciones de cosas de mujer. Las tías que me criaron eran solteronas. En casa no se hablaba de ciertas cosas. El lenguaje era muy purificado. Como mujer, en La Habana me sentí muy mal, llena de complejos. Naturalmente, las experiencias eran desastrosas. Yo no estaba preparada para el ambiente de La Habana y digamos que fue allí en donde verdaderamente adquirí la madurez que me permitió después ver mejor Europa.”[11]

NUMIDIA, MARTA, ELA Y DORIS

Numidia, sin embargo, vence obstáculos y estereotipos y comienza a insertarse, paso a paso y no sin dificultades, en el mundo musical habanero. No deja de crecer: matricula en el Conservatorio Municipal y recibe clases de Joaquín Nin Culmell[12].   Se hace notar, hace nuevas amistades, es valorada entre los músicos por su innegable talento y, como siempre ocurre, el talento atrae: por ese camino, Numidia conoce y se relaciona con quienes llegarían a ser verdaderos portadores del vanguardismo en la composición musical dentro de la canción y el bolero –el grupo del feeling- reconociendo la valía de sus obras recién nacidas y anticipando un entusiasmo irrefrenable por lo que se gestaba. Se relaciona con algunos de los que serían las cabezas de ese grupo creativo; realiza transcripciones para César Portillo de la Luz y según algunos testimonios, la pianista se ufanaba de haber realizado una de las primeras transcripciones de Contigo en la distancia. Numidia, diligente, promueve amistades, crea alianzas y difunde creaciones de colegas aún desconocidos, pero que considera notorias, hechos que, vistos desde la distancia del tiempo, la convertirán en hacedora de encuentros que repercutirán en la historia de la canción cubana.

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Numidia Vaillant y Doris de la Torre.  Foto Cortesía de Marta Valdés

El email que la compositora Ela O’Farrill[13] escribe a su colega y amiga Marta Valdés varias décadas despúes no puede ser más elocuente: “Como ya sabes, mi primera canción fue “Ven mi amor” que compuse en 1943, a los 13 años (soy del 30). (…) Esa canción la estrenó Pepe Reyes en un programa radial de los domingos en la tarde en CMQ. Se la enseñó Numidia [Vaillant] años después, sería como en 1948. En 1953, también Numidia le dio al Conjunto Casino el bolero “Son cosas que pasan”, lo estrenaron en el programa del mediodía en CMQ TV con Germán Pinelli. En 1954 en una “descarga” solitaria en el portal de mi casa en Varadero, Numidia y yo compusimos una canción que titulamos “Milagro del cielo”. Nada más la cantó ella.[14]

Marta Valdés resume a la autora sus recuerdos sobre el testimonio que, en entrevista con el realizador audiovisual villaclareño Raúl Marchena, legara Ela O’Farrill durante su viaje a La Habana en 2012: “Siendo una adolescente menor de 15 años aficionada a cantar acompañándose a la guitarra, [Ela] comenzó a componer canciones y conoció a otra joven vecina admirablemente dotada para el canto y conocedora de un vasto repertorio de canciones de moda cubanas y norteamericana, Doris de la Torre, con quien comenzó a reunirse para escuchar música y cantar en sus ratos libres. Doris viajaba con frecuencia a La Habana, donde permanecía por temporadas. Un amigo de la familia O’Farrill llamado Guzmán Estrada, al conocer la vocación de Ela por la música, le contó de su admiración por una joven y muy talentosa pianista santiaguera: Numidia Vaillant que estaba viviendo en La Habana, y le propuso propiciar un encuentro entre ambas, seguro de que el resultado sería enriquecedor. El padre de Ela, persona muy amante de la música (incluso aficionado a tocar el violín) e interesada en favorecer la vocación de su hija, le ofreció invitar a la joven a que se pasara unos días compartiendo con su familia en Santa Clara.  Ela relata con verdadera emoción aquel encuentro con la artista que, poco después de haber tocado algunas piezas breves en el piano de su casa interpretó, completamente de memoria, la Rhapsody in blue de Gershwin. Numidia también apreció el valor de las canciones que Ela comenzaba a componer y el intercambio fluyó y se convirtió en una gran amistad y una relación de familia con viajes de ida y vuelta, incluso en los que los O’Farrill planeaban temporadas en La Habana y Ela llevaba su guitarra para continuar aquellos intercambios.

“En uno de los viajes de Numidia a Santa Clara, coincidió con Doris y se quedó admirada de su talento, a tal extremo que le ofreció apoyarla en La Habana relacionándola con compositores como Orlando de la Rosa e Isolina Carrillo entre otros, lo cual fue aceptado e influyó notablemente en el curso futuro de la carrera artística de quien llegaría a ser una de las más grandes intérpretes en la historia de la canción cubana.

Numidia había conocido de cerca, en aquellos años 40, a autores noveles como César Portillo de la Luz, cuya canción recién compuesta “Contigo en la distancia”, dio a conocer a Ela y determinó que ésta le pidiera ponerse en contacto con el autor, a quien quería llegar a tener como maestro de guitarra. Temporadas enteras de la joven compositora en La Habana, siempre en contacto con Numidia, dieron como resultado, a partir del enriquecimiento de Ela en el dominio de la guitarra, la llegada al mundo de varias de sus más hermosas canciones que tuvieron en la santiaguera el fiel apoyo para que creciera y se diera a conocer la obra de esa otra santaclareña que se cuenta entre los creadores más relevantes de la canción cubana en la segunda mitad del siglo XX.”[15]

NUMIDIA, LUIS CARBONELL Y ESTHER BORJA

Su amigo y coterráneo Luis Carbonell la llama para un proyecto que acaricia concretar y que deviene al final una de las proezas técnicas más notables en la discografía cubana: la grabación en 1955 del disco “Esther Borja canta a dos, tres y cuatro voces”(sello Antilla LP-101 y de inmediato publicado también por Kubaney con idéntica referencia numérica), donde Esther Borja canta haciendo todas las voces acompañada al piano indistintamente por los dos pianistas santiagueros. Fue un proyecto de Carbonell, inspirado y realizado por él con la decisiva participación del ingeniero Medardo Montero, al que trajo a su coterránea y amiga, seguro de que haría valer su excelencia ante el piano. Carbonell elige para la Borja un repertorio del cancionero clásico cubano: Te odio (y”Me odias?”), En el sendero de mi vida, Noche azul, Es el amor la mitad de la vida, Ausencia, La tarde, Ojos brujos y Longina. Numidia destaca, entre otros momentos, en uno de los dos instrumentales: La hija de Oriente, de José Marín Varona, y en la danza Los tres golpes, de Ignacio Cervantes, montada para dos pianos, donde Carbonell toca el piano junto ella.[16] Casi de inmediato, a juzgar por la referencia Kubaney MT-102, Numidia escoltaría de nuevo a su amigo en otro proyecto discográfico: “Luis Carbonell en la poesía afroantillana”, encargándose del acompañamiento musical al piano, junto al llamado Trío Antillano (Nelia Núñez, Isaura Mendoza y Francis Nápoles), a partir de arreglos del propio Carbonell. [17] Este disco se grabaría en Cuba, aunque se fabricaría en Nueva York. Serían, a todas luces, las primeras huellas que hemos encontrado como legado fonográfico de Numidia Vaillant en Cuba y que se asocian, sin dudas, a dos momentos relevantes de la discografía cubana.[18]

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Numidia Vaillant al piano en programa de CMQ TV dirigido por Enrique Pineda Barnet.  En el clarinete, Juan Jorge Junco. 1953.Foto Cortesía de Enrique Pineda Barnet.

Se le ve en diferentes escenarios desdoblada en una especie de show-woman, lo que habla de su ductilidad y capacidad para abarcar diferentes estilos y de su decisión de no detenerse en la búsqueda del espacio que creía merecer…, y merecía! Con una formación clásica, entrenada además como pianista acompañante, arreglista y repertorista, la búsqueda de trabajo la apremia a sumar sus condiciones vocales y un inesperado histrionismo, que le permiten mayores posibilidades de inserción en espacios radiales, televisivos y de cabarets. Ya en mayo de 1954, la revista Show llama la atención sobre Numidia cuando afirma: “…la gran pianista y comediante es un hit en televisión”.[19] En efecto, a inicios de la década de los cincuenta, Numidia es contratada por la CMQ, participa de manera regular en varios espacios televisivos y, en su faceta eminentemente pianística, se convierte en esos momentos en la única mujer frente al instrumento en la orquesta de conciertos de esa radioemisora, dirigida por Enrique González Mantici.[20] El reconocido cineasta cubano Enrique Pineda Barnet atesora amables recuerdos sobre la Vaillant: en 1953 dirigía en CMQ Televisión un programa de televisión que, puntualmente, dedicaba una edición a la ciudad de París; en el set la Vaillant brilla como pianista y cantante de temas icónicos franceses. “Numidia era una mujer que nació músico –rememora Pineda Barnet-. No era una hembra, no era una modelo, no era sofisticada, era una muchacha muy común, pero absolutamente imposible de repetir. Era un alma, tocando de una manera maravillosa y como ser humano, era muy amiga, era ese tipo de mujeres que se da en el arte: mujer confidente. Con ella logré esa compenetración a nivel de confidencia.” Y concluye rotundo: “Numidia fue importante en esos años, moviéndose, a diferencia de otras mujeres pianistas, en la cuerda del jazz y de la bohemia.”[21]

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Foto tomada del blog musicubamyblo.blogspot.com, del investigador cubano Roberto García

Como compositora y viviendo aún en Cuba, Numidia avanza algunos pasos: el gran cantante franco-hispano Luis Mariano graba su mambo Juanita la Chismosa (RCA Víctor V23-6455, fijado el 22 de julio de 1954.[22] Meses antes, en marzo, el Conjunto Casino le graba, para el sello Panart, el bolero No sé por qué no me quieres, en la voz singular de Rolito. (P-1640)

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Numidia Vaillant en descarga en residencia de los arquitectos Lanz del Pozo. La Habana.  Años 50.  Foto cortesía Marta Valdés

En enero de 1956 la revista de los espectáculos, Show, destaca a los llamados pianistas excéntricos, en su selección anual de 1955, que singulariza en Ignacio Villa “Bola de Nieve” y Numidia Vaillant.[23] En el programa “Show de Medianoche” en Radio Continental (de Prado y Colón, en La Habana), en agosto de 1956 figura entre las prominentes y numerosas figuras que desfilan por los micrófonos del popular espacio.[24]   Son los tiempos de sus recordadas noches en el Club 21, un lugar que aún señala esa esquina de N y 21, pero ya hoy muy diferente, frente al hotel Capri, en El Vedado habanero y donde nadie recuerda ni sabe ya de aquella muchacha que todas las noches maravillaba con su piano.

EL TWENTY-ONE

Numidia consigue fidelizar a un grupo de selectos degustadores de su pianismo y su voz, cubanos y extranjeros de clase media y alta que frecuentaban el Club 21 y que comenzaron compartir con ella una relación cálida y amistosa.

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Marta Valdés y las Hermanas Benítez. Casa de los arquitectos Lanz del Pozo. La Habana, 1958.  Numidia no se ve, pero estaba al piano.Foto cortesía de Marta Valdés

Los recuerdos de Dámaso Rodríguez “Yuyo”, chef del night-club y gran aficionado al canto, dibujan a la Numidia de aquellas noches del Twenty-One –como también le llamaban al sitio preferido: “Fue la primera pianista del Club 21. Ella era de carácter risueño, pero que no era de medias tintas, porque le decía al pan pan y al vino vino. No era guarachera, lo de ella era Edith Piaf, Michel Legrand, Lecuona, Cesar Portillo, José A. Méndez, etc, y por eso gustó mucho a los clientes de la alta sociedad de aquel entonces. Fue la primera pianista que me montó repertorio y por ello hicimos buena mancuerna. Su gran admirador era un remero del Habana Yacht Club, Titi Longa, familia de la famosa escultora, a él le gustaba cantar y ella gustaba de acompañarlo. Una noche la acompañé al restaurant Chez Merito en el Hotel Presidente y como había un piano me invitó a cantar y yo que no me parecía a nadie pues la complací. Cada vez que escucho La Vie en Rose la recuerdo.[25]

A instancias de Titi Longa, Numidia accede a acompañarle en la grabación de un disco LP, que se publica bajo el título “Cita en el 21” por el raro sello Hi Havana (LM-500).[26] El disco incluye los temas No puedo ser feliz, Que seas feliz, Tú mi delirio, Vuela Coloma, Tú me acostumbraste, Por qué volviste a mí, Profecía, Qué dirías de mí, Sensualidad y Mañana será hoy, esta última de la autoría de la Vaillant.[27]

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Numidia acompaña a Las Hermanas Benítez en descarga.  Junto a ellas, el compositor Giraldo Piloto. La Habana, 1958. Foto cortesía de Marta Valdés

Es también en el Club 21 donde por primera vez Marta Valdés se encuentra con la Vaillant, probablemente, en el verano de 1956, según los recuerdos de la compositora habanera, cuando su amiga Renée Barrios cantaba también allí, en uno de sus espacios de la noche, e interpretaba dos o tres de las canciones de la Valdés. Todas jovencísimas y arrebatadas por la canción. Allí coincidió Marta con el matrimonio de arquitectos Lanz-del Pozo, cuya residencia les abre a todas los brazos para que voces y piano experimenten, unan sentimientos y afloren nuevas canciones.   Numidia, Marta, las Hermanas Benítez la frecuentaban y hacían habitual la magia reiterada de los reencuentros con sus anfitriones e invitados.[28]

LAS HERMANAS BENITEZ Y ESTADOS UNIDOS

Beatriz, Pilar, Petry, Beba y Juanita, las Hermanas Benítez formaban en 1956 un quinteto vocal, al que se vincula la Vaillant en calidad de pianista acompañante, en una labor que como ya señala Marta Valdés, abarca también el montaje de voces y la realización de arreglos.   Muy pronto surge un contrato para presentarse en Estados Unidos. El vuelo 951 de Aerovías Q llevará a Numidia y las Benítez en su primer viaje a Key West el 17 de enero de 1957, quienes se presentarían bajo el nombre comercial de The Cuban Cuties and Numidia Vaillant. Para la pianista, la de 1957 sería también su única experiencia de permanencia en ese país.[29] Sus motivos tuvo para no regresar, y la impresión que aquel periplo dejó en ella, logró sintetizarla en la citada entrevista con Palma y Couffon: “Fue en 1957, que era muy difícil, y mi impresión del Sur fue tan desagradable en ese aspecto [el racial] porque del resto aprendí muchísimo jazz y de todo. Yo me dije: “A este país no volvería ni de casualidad”. Así fue. (…) Por poco voy a la cárcel. En una tienda del sur de Mississipi compré unas cosas y después quise tomar un jugo de naranja y no me lo sirvieron. Yo no me quise ir y les dije: “Si mi dinero no es bueno para un jugo de naranja, devuélvame el dinero que he gastado, que no será bueno para las otras cosas”. Llamaron a la policía, los bomberos cerraron la cuadra, evacuaron todo y vinieron como fieras. Yo hice como que no hablaba inglés. En español les dije: “Soy ciudadana cubana y ustedes no tienen derecho a hacer eso”. Fue un incidente muy grande. Con las chicas con las que viajaba, estuvimos en la primera plana en el periódico. Por la noche, mucha gente de todas las razas vino al concierto. En Baltimore no había hotel para nosotras. Tuvimos que dormir en el coche en la montaña, y veíamos explotar las bombas abajo, porque eso fue en el 57. En Little Rock, tuvimos que dormir con la policía acostada al lado de la puerta. El cabaret donde fuimos a tocar tenía un policía cada dos metros para protegernos, y nos desplazábamos en los autos de la policía negra. Recorrimos todo el Sur desde el mar del Caribe hasta el Océano Pacífico. Después nos fuimos para el norte hasta Seattle y ya fue otra cosa. El viaje por el centro fue diferente. Luego hubo que hacer el Sur, Carolina del Norte, Carolina del Sur.” [30]

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En julio de 1957, antes de continuar la gira por Estados Unidos, Numidia y las Benítez se destacan en el show del Casino Parisién del Hotel Nacional de Cuba, donde son contratadas por dos semanas, con un repertorio ecléctico que va, desde Seventeen, Arrivederci Roma, Morirat, Bailando Calypso hasta el Yerbero Moderno, y que provocó elogiosas críticas y el contrato para presentarse en noviembre de ese año en Miami Beach en los hoteles Algiers y Sevilla. “Después de Miami, regresé a Cuba, a mi casa –contaría Numidia-. Teníamos un contrato para volver. Cuando volví para trabajar con la orquesta, no me dejaron tocar el piano. Sólo me dejaron dirigir la orquesta. El director del sindicato de música dijo que aunque yo tocara muy bien, no me lo iba a permitir porque había norteamericanos que tocaban mejor que yo. No me quiso dar el permiso para tocar.”[31]

En efecto, la nota aparecida en la revista Show lo corrobora: “…la Unión de Músicos que preside Mr. Petrillo impidió la actuación de la pianista Numidia Vaillant, que acompaña siempre a las Benítez.[32] Las Hermanas Benítez con Numidia siguen despertando interés de los espacios nocturnos habaneros y al año siguiente, en enero de 1958, están presentándose en el bar del Cabaret Sans Soucí, valoradas por la empresa como un verdadero acierto de elección. Numidia sigue con sus presentaciones como pianista en el selecto Club 21.   También en 1958 hace parte de un memorable concierto donde el flautista Roberto Ondina dirige una orquesta de cámara secundado al órgano por Sara Jústiz y Numidia al piano, y como cantantes solistas, Marta Pérez, Tomasita Núñez, Luisa María Morales, y otros.[33]

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Numidia y Las Hermanas Benítez.  La Habana, 1957. Revista Show

En un período anterior a 1958, según la misma fuente, estuvo en México, probablemente coincidiendo o junto a Las Hermanas Benítez, donde permaneció seis meses (entre 1957 e inicios de 1958), pero a consecuencia de una actitud malintencionada de una supuesta amiga, nunca obtuvo el permiso para trabajar. Las Benítez terminaron radicándose en el país azteca y luego desperdigándose por el mundo, alejadas de los escenarios y entregadas a las familias que decidieron crear. Pero antes, durante su período mexicano, nos cuenta el Dr. Cristóbal Díaz Ayala que dejaron una serie de grabaciones que acaban de ser referenciadas, lo que ameritará una investigación más exhaustiva para tratar de identificar la posible presencia de Numidia Vaillant y su piano con ellas en estos registros fonográficos. De ese período data la grabación que hicieran Las Benítez del tema Bailando  calypso de la autoría de Numidia, registrado por el sello Musart (01962) en marzo de ese mismo año. Ese mismo sello acoge la grabación que el dúo chileno Sonia y Miriam hiciera su tema A través del mar, en noviembre de 1962, con la referencia 03309.  La pianista santiaguera también menciona haberse presentado en Colombia y Bahamas, probablemente antes de viajar a Europa, aunque sin precisar fecha. Mientras permanece en La Habana, trabaja, aprovecha el tiempo, continúa sus estudios de francés en la Alianza Francesa.

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Numidia con Las Hermanas Benítez en el Hotel Nacional de Cuba. 1957.  Revista Show

Las reflexiones de Numidia, tras el viaje a los Estados Unidos, transparentan varias conclusiones que implicarían cambios definitivos en su vida: “Después del viaje me puse muy violenta, muy salvaje contra las costumbres cubanas.[34] De regreso a La Habana me di cuenta de muchas cosas que no veía antes. Entonces me dije que en un país en donde mi abuelo había sido uno de los fundadores, yo no podía soportar que se me tratase mal. En aquel entonces si uno protestaba por un maltrato racial, decían que uno estaba hablando mal del gobierno y lo metían a la cárcel. Es decir, que era verdaderamente una catástrofe. Entonces me puse a reunir dinero. Yo tenía buena posición, trabajaba en un club muy exclusivo [se refiere al Club 21] donde ni los sirvientes eran negros. La única negra era yo, la pianista. Allí conocí a Nat King Cole. Allí conocí a muchas familias europeas que me dijeron:   Usted tiene que ir a París. Me hablaron de La Calavados.[35] Mi profesor de piano en el conservatorio me decía lo mismo. En un año reuní dinero suficiente y me fui a París.”[36]

Una decisión con sabor a decepción, un halo de romanticismo, y hasta de ingenuidad, pero también con ganas de comerse el mundo en pos de su realización personal, que no deja indiferentes a algunos: en editorial titulado “Ante el desastre”, el director de la revista Show, Dr. Carlos Manuel Palma escribía: “…el éxodo de grandes figuras preteridas se nutre con otro nombre glorioso, pero desgraciadamente olvidado. El de Numidia Vaillant, la excelsa pianista y compositora, que huye avergonzada del vacío que la rodea. Se va sin contrato, con admirada valentía, hacia la vieja Europa (…) Ojalá que este conmovedor suceso sirva de ejemplo y de lección objetiva, sobre todo a los que dilapidan fortunas en importarnos artistas que vienen a hacer su aprendizaje ante nuestras cámaras de televisión.”[37] En el número siguiente, la revista reproduce un fragmento de una carta del cantante Miguel D’Gonzalo, desde Caracas y dirigida a Palma: “Lo que dices de Numidia Vaillant vale un capital: pensar que desde que tenía (ella) 8 ó 9 años, está sentada en ese piano, pues somos de Santiago de Cuba los dos, como lo es Luis Mariano Carbonell, que también puede dar fe de lo estudiosa que siempre fue Numidia y que después de demostrar que puede ser concertista eminente, pianista popular y excéntrica excelentísima, como también compositora de fibras muy hondas, tenga que irse a Europa, avergonzada del trato que los advenedizos productores de nuestra asqueada TV (aún a sabiendas de los valores incalculables que tenemos para regalar, si se nos diera la ansiada oportunidad con constancia) le da a ella, como a un Pepe Reyes que afortunadamente se encuentra fuera del terruño, no así Reinaldo Henríquez, Olga Rivero y otros, por no mencionar la lista innumerable de artistas de verdadera valía que hay en Cuba y que apenas se le atiende.”[38]

PARIS, PARIS

Numidia Vaillant llega a París el 3 de noviembre de 1958, mecida quizás en brazos de aquella rara sensación que le provocaban las lecturas adolescentes de Dumas, Hugo o Balzac: “el sueño de Europa”. “Me daba ilusión pasearme algún día por las calles donde había vivido tanta gente interesante. Quería conocer la historia de Francia, vivir por lo menos un año, ver París, los monumentos, las iglesias, los puentes, la torre Eiffel. Me habían dicho que en París los libros eran baratos, sobre todo los libros de estudio. Me habían dicho que aquí se podía estudiar lo que uno quería, que había posibilidades para todo el mundo. Que había lugar para todas las nacionalidades. Yo tenía deseos de estudiar, de aprender cosas, historia del arte, por ejemplo. Había leído muchas obras que hablaban de París, de la vida de los grandes músicos que decían que no se consideraban consagrados, si no habían sido aceptados por el público de París. Yo tenía la ilusión de estudiar en el conservatorio. Mi profesor de La Habana, Joaquín Nin, que había sido profesor en el Conservatorio de París, me había dicho: “Usted tiene que ir a París a estudiar”. Por eso escogí París.”[39] Más razones confesaría la Vaillant para sustentar su ilusión de París: “Soñaba que iba a tener una vida brillante como músico y que iba a tocar con una gran orquesta y que luego en Europa algún rey me iba a convertir en marquesa y que iba a ser la primera belleza negra del mundo”– confesaría en tono infantil, reconociendo que “eran cuentos de hadas”.[40] Junto a la fascinación por la Ciudad Luz y el mito de París construido minuciosamente en sus sueños, parece ser que la talentosa pianista está decidida a enfrentar al mundo con tal de triunfar con sus manos sobre el teclado y conquistar el reconocimiento del que se sabe merecedora.   Trae consigo cartas de recomendación de aquellas familias aristócratas que acudían a aplaudirla al Club 21, y que iban dirigidas a otras familias parisinas, que, asegura la pianista, la acogen en fechas difíciles como navidad, fin de año y otras memorables, “para evitar que el choque fuera demasiado fuerte. La primera familia francesa que me acogió con la cual guardo una amistad enorme, como si fuera mi propia familia, fue la de mi profesora de la Alianza Francesa de segundo año, Madame Pagniez. Sus hijos son como si fueran los míos.” –aseguró alguna vez.[41]

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Numidia en París. 1959.  Cortesía de Marta Valdés

Tuvo la suerte de que su primer trabajo fuera en una boite de jazz, nada más y nada menos que el famoso Blue Note, franquicia parisina de excelencia del famoso club neoyorkino que tiene plazas en las más importantes ciudades del mundo. De hecho el de París era el de mayor renombre y prestigio en Europa y allí, donde tocan los grandes, Numidia fue contratada por un mes, pero la cubana volvería una y otra vez, llamada nuevamente en diferentes momentos de su vida parisina. Siempre reconoció lo importante que fue en su aprendizaje su paso por el Blue Note y poder ver y también en ocasiones acompañar a grandes del jazz como Stan Getz y Bud Powell.  En el Blue Note, el BeBop y muchos otras boites de  jazz de Saint-Germain des Près dejaría la santiaguera el sonido de su piano y ellos, en ella, la huella indeleble del mito. Después de su primera incursión en el Blue Note, según cuenta ella misma, trabajaría en aquel restaurant chic y famoso del que tanto le habían hablado sus amigos franceses en el habanero Club 21: La Calavados, un sitio donde por las características de los asiduos, exigían cantar en cinco o seis idiomas, lo que para Numidia no fue nunca un problema, pues cantaba además en inglés, francés, italiano y portugués. A poco más de un año en París, ya la santiaguera anda con pasos firmes en la vida nocturna de la gran ciudad.

En esos años todavía llegan a La Habana noticias sobre Numidia: la revista cubana Carteles, en mayo de 1960, resume sus éxitos en París y comenta en su sección De la farándula, fragmentos de una carta suya al columnista Arturo Ramírez:   “…He sido presentada en el Blue Note, en los Campos Elíseos, en el nite-club Suzzy Palydor. Pasé luego a Cataluña para presentarse en el lujosísimo Club Garbi, en S’Agaró de la Costa Brava.El público se encantó con las cosas del folklore cubano y con las interpretaciones de las danzas españolas de Lecuona, que toqué junto a las de Albéniz. Tanto en París como en Cataluña mi arreglo pianístico del zapateo cubano ha gustado muchísimo”-escribiría Numidia al cronista de la revista cubana Carteles. En Barcelona se presenta de manera destacada en la televisión y a su regreso a París, la llevan a Tele-París donde es entrevistada e interpreta una selección de composiciones propias. En 1959 se le pude ver en Le Boeuf sur le toit, con un programa de temas populares de Centro y Suramérica, entre otros.[42] Allí –comenta Numidia- “…tuve la suerte de encontrarme con personajes como el actor Jean Marais, que se interesó mucho por mi música y mis canciones.”[43] Para entonces, había comenzado a componer en francés, auxiliada por un diccionario, con lenguaje y temas de la vida diaria, que reflejaban las emociones de su nueva vida y de su nueva ciudad. Y esas canciones gustaron! Allí en Le Boeuf sur le toit, acompaña también al piano al cantante cubano Sergio Fiallo, quien había sido parte del elenco del show del Casino de Capri en La Habana. Los ecos de la buena acogida que han tenido los cubanos llegan hasta La Habana: “Numidia Vaillant y Sergio Fiallo triunfan en un cabaret de nombre raro “Buey sobre el techo” leyó la revista Show donde su nombre aparecía entre los reyes del piano cubano. Fiallo canta obras de Frank Domínguez, Facundo Rivero, Marta Valdés. Tiene a la gente en éxtasis” –reportaba desde la Ciudad Luz el cantante Roland Gerbeau, que también hacía las veces de corresponsal de la revista del espectáculo en Cuba.[44] Ciertamente, en La Habana aún el nombre de la Vaillant no había caído totalmente en el olvido: entre las “maravillas del teclado” aparecía el de la santiaguera junto a los de Mario Romeu, Paquito Godino, Rafael Somavilla, Bebo Valdés, Rafael Ortega, Adolfo Guzmán, René Touzet, Armando Oréfiche, Frank Emilio, Carlos Ansa, las dos Zenaidas –Manfugás y Romeu-, Enriqueta Almanza, y otros.[45]

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Numidia en París. Fotos cortesía de Marta Valdés

En su obsesión por los estudios, en 1959 es aceptada en el Conservatorio de París. “Me aceptaron sin derecho al concurso, porque tenía treinta años, que era la edad límite. El profesor me aceptó como alumna privada, gratis. Le gustó mi modo de tocar y me preparó un concierto con el Quatour Margand, que era muy importante. Fui al Conservatorio de París hasta 1961. Cuando terminé con ese profesor tocamos un quinteto de Cesar Frank y algunas obras contemporáneas con la presencia de un compositor como Rolland Manuel y Daniel Lesur. Allí estuvo mi antiguo profesor de armonía en el Conservatorio de La Habana, Harold Gramatges, un gran musicólogo, compositor y gran pianista que estaba de Embajador de Cuba en París. Eso me dio mucha alegría. Después seguí tocando otras cosas, sobre todo música cubana del siglo XIX, que ya tocaba en Cuba para la radio y la televisión.”[46]

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Poster del filme Yo vaï païva, con foto de Numidia Vaillant

Los inicios de los 60 definen el período finés de Numidia Vaillant, marcado por su debut cinematográfico en 1962 en el filme Yö vai päivä (Noche o día), de los directores Risto Jarva y Jaakko Pakkasvirta (Finlandia), asumiendo como actriz uno de los roles principales, además del de compositora, pues en la banda sonora del filme aparecen temas suyos de los cuales el más difundido entones resultó Puumala Calypso. Dos famosos actores fineses -Eino Krohn y Elina Salo- tenían a su cargo los personajes protagónicos y Kari Rydman, el crédito de la banda sonora.[47] En Finlandia, Numidia realizó escasas grabaciones y al menos se ha podido identificar el registro de Puumala Calypso en extended play bajo el sello Filminor , referencia YEP 84 / YEP 85, aunque es presumible que el piano de la santiaguera se haga escuchar en los otros tres tracks . La etapa finesa de la Vaillant dejó una huella indeleble en su vida: allí, en Finlandia, encontró el amor; un amor que la hizo dudar en quedarse allí para siempre o regresar a París. También recibió el amor del público finés: “…jamás imaginé que tendría tanto éxito. Durante dos meses, todos los días, había una sala llena con cuatro, cinco mil personas. En Finlandia tuve premios de películas donde tenía el rol principal. Este período fue muy importante. Estaba enamorada, por poco me quedo. Fue un momento muy intenso de mi vida. Era tratada con respeto, admiración. Desde el punto de vista artístico fue fantástico. Eso duró dos años.”[48] Son años de amor, y de él, nace su hija Anaita.

Pincha aquí para escuchar a Numidia en Blue Monk (CD Jazzísimo, 1984)

Ya Numidia destacaba en los circuitos jazzísticos. Desde su columna “Paris Scratchpad” en la revista especializada Jet, y durante los años 1969 y 1970 el cronista norteamericano Art Simmons se ocupa de destacar el paso de Numidia por diversos escenarios: en el Blue Note durante las fiestas navideñas y de año nuevo en diciembre de 1968; durante la temporada de deportes de invierno, se le pudo ver animando las noches en el Cintra Restaurant, en Grenoble; la edición de Jet del 22 de mayo de 1969 anuncia la aparición de la destacada pianista cubana en el Tel Aviv Hilton Hotel, en Israel, donde permanecería seis meses, tras los cuales Jet anunciaría el regreso de Numidia a sus espacios habituales en la Ciudad Luz, desde donde viajaría sin cesar con su música y encantaría sobre los escenarios de Roma, Estocolmo, Reikiavik, Madrid, Ginebra, Zürich, Cannes, Montecarlo…..[49] Pero siempre volvía a París, que ya era definitivamente muy suyo. Construyó su familia elegida, amasada con sus manos de piano, y que unía a sus amigos que la adoraban sin reservas, no perdían ocasión para elogiar su talento a toda prueba, la seguían sin esconder el entusiasmo de sus aplausos a todos los sitios parisinos que continuaron acogiéndola: el Theatre de la Vieille Grille, Le Mars Club, Le Living Room, Chez Papa, Hotel PLM St. Jacques y su entrañable y exclusivo Sofitel Paris.

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Numidia en los 60-70

Entre las cosas que añoraba en 1998 y que lideraban su lista de pendientes deseados, estaba la grabación comercial de un disco, algo que nunca consiguió, expectante quizás porque alguna casa discográfica mostrara iniciativa.   Sin embargo, uno de esos amigos divinos logró acercarla lo más posible a ese sueño: a Jean-Michel Delaroche y a su familia habrá que agradecerles siempre habernos legado esos discos, que, desde la más admirada devoción decidió producir para preservar el legado de la pianista santiaguera. Quien quiera conocerla y ahondar en la música que salía de sus manos, acrisolada por un conocimiento monumental y una sensibilidad extrema, tendrá que convertir en fonogramas de cabecera esos discos. Jazzísimo fue grabado en 1984, en plenitud de su desempeño musical, su vitalidad, pero sobre todo su sentido del ritmo y su virtuosismo, que le permiten obtener un resultados que trascienden la supuesta soledad sonora del pianista y nos hace escuchar mucho más, como si de un trío rítmico se tratara. En Numidia Vaillant au Passage du Désir, la santiaguera aborda, en la cercanía de sus ochenta, un repertorio ecléctico de standarts de jazz junto a piezas del repertorio latinoamericano que van de Moisés Simons (El Manisero) a Atahualpa Yupanqui (Luna Tucumana); de Jobim y Moraes (Garota de Ipanema) a temas de la tradición popular caribeña en Haití y Guadalupe, hasta su personalísima versión del Zapateo Cubano). Live à Menilmontant es el último de estos fonogramas, y recoge el concierto ofrecido por la Vaillant el 4 de julio de 2010 en Menilmontant, con dirección artística y coordinación de Jean Michel y Romaine Delaroche; sonido al cuidado de Sebastian Poirel y Thomas Marmounier y mezclas en HotSpot Studio, en París En todos, el repertorio aborda standards de jazz y obras del american songbook (desde Fletcher Henderson, George Gershwin, Thelonius Monk, Duke Ellington, George Shearing, hasta Bill Evans) y también piezas latinoamericanas, finesas, clásicas y hasta alguna de su propia autoría, como es el caso de Numidia’s blues en el CD Jazzísimo. Todo ello, complejizado en su propia manera de decir y de comunicar.

Pincha aquí para escuchar a Numidia en Satin Doll (CD Jazzísimo, 1984)

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En 2010, ya con casi 83 años, la Vaillant regresa al cine, esta vez interpretando el papel de Louissane en el corto francés de ficción Le Piano con guión y dirección de Raphäel Schultz. Tras perder su hogar y mudarse con su familia a una casa móvil , la niña Chloe –interpretada por Inés Chaaraoui-Mattei- se encuentra con la anciana pianista Louissane, y ese encuentro le cambiará la vida. [50]

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Numidia había perdido la visión tras una intervención quirúrgica, y aunque nunca dejó de tocar, este accidente se sumó a la cuota de pesares que debió enfrentar en paralelo a su exitosa vida musical: la incapacidad invalidante de su única hija Anaïta, quien además le antecedió en la muerte, y la imposibilidad de ver en ella la continuidad de aquella estirpe depositaria de saberes y cultura que fueron las familias Vaillant y Villalón. [51]

Aquí puedes ver a Numidia Vaillant en Round Midnight

Cuando se sentó al piano aquella tarde-noche primaveral de mayo de 2015 en el Sunset Sunside Jazz Club, probablemente no sabría que sería la última vez que lo haría en público, aunque quizás lo intuyera. [52] Su estado de salud ya era precario, se sentía cansada, y meses más tarde fue vencida por la enfermedad.

Fallece víctima de cáncer a la edad de 88 años el 1 de octubre de 2015 en rodeada de sus amigos, esa familia que siempre la arropó y cuidó, hasta su último aliento y más allá. Sus restos descansan en Gouvieux, cerca de Chantilly, y junto a los de su hija Anaïta.

No encuentro precedente femenino alguno en la pianística cubana del jazz, y acaso, es Numidia Vaillant, esa santiaguera soñadora, pero pragmática, la que abrió ese camino a las piano-women cubanas. Probablemente, Lilia Expósito “Bellita” nunca escuchó a la Vaillant; quizás tampoco lo hicieron Neisy Wilson y Marialys Pacheco, aunque sin saberlo, con su persistencia y la aún escasa difusión de sus respectivas carreras, han estado continuando ese camino que para Numidia tuvo su punto culminante cuando hizo suyo el mito de París.

 

Agradecimientos especiales a Marta Valdés, Raúl Fernández,  Jaime Jaramillo, Enrique Pineda Barnet, Rembert Egües,  Dámaso Rodríguez “Yuyo” y a  amigos de Numidia en París que, sin saberlo, han colaborado con este trabajo.

NOTAS

[1] Mireya Palma y Claude Couffon: “El mito de París: entrevistas con escritores latinoamericanos en París” Ediciones Indigo) 2004. Pag.208 Entrevista realizada a Numidia Vaillan el 5 de marzo de 1998 en París

[2] Datos obtenidos de SACEM, sociedad francesa de derechos de autor.

[3] Mireya Palma y Claude Couffon: “El mito de París: entrevistas con escritores latinoamericanos en París” Ediciones Indigo) 2004. Pag.197 Entrevista realizada a Numidia Vaillan el 5 de marzo de 1998 en París.

[4] Conversación de la autora con Rodulfo Vaillant. La Habana, 5 de julio de 2016.

[5] William Navarrete: Falleció ayer primero de octubre en Francia la pianista y compositora cubana Numidia Vaillant. En www.diariodecuba.com

[6] Ibidem

[7] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pp. 197 y 198

[8] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pag.198

[9] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pp.203-204

[10] Raúl Fernández: Luis Carbonell: Música y Memoria Cómica. En: “El arte de Luis Carbonell”. Ediciones Museo de la Música. La Habana, 2013. Pag. 15

[11] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pp. 201-202

[12] Joaquín Nin Culmell (Berlín, Alemania, 5.9.1908 – Oakland, California, Estados Unidos, 14.1.2004) Músico y compositor cubano de origen español hijo del también compositor cubano Joaquín Nin Castellanos y hermano de la escritora Anaïs Nin. (Nota de la autora)

[13] Ela O’Farrill: (Sta.Clara, 28 de febrero 1930—México D.F. 24 de octubre de 2014)

[14] Email de Ela O’Farrill a Marta Valdés. Año 2012. Transcripción de Marta Valdés.

[15] Notas de Marta Valdés a la autora.

[16] Raúl Fernández: Artículo citado.

[17] Ibidem. También información y notas del disco.

[18] En sus memorias, Mateo San Martín, dueño y productor de los sellos Antilla y Kubaney encomia el papel de este disco dentro del catálogo de sus sellos y lo considera su estreno en calidad de productor. Véase: Mateo San Martín: ¡Disquero!. Mateo San Martin Agency, Miami, USA, 1998. Pp. 36-40

[19] Revista SHOW. Año 1 No. 3. Mayo de 1954.

[20] Bobby Collazo. La última noche que pasé contigo. 40 años de farándula cubana. Pag. 375. También: Revista SHOW. Año 3. No. 25. Marzo de 19565. Pag. 42.

[21] Entrevista de la autora a Enrique Pineda Barnet. La Habana, 5.9.2016.

[22] Cristóbal Díaz Ayala: Cuba Canta y Baila. Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana /Luis Mariano.

[23] Revista SHOW. Año 2 No. 23. Enero de 1956. Pag. 19.

[24] Revista SHOW. Año 3 No. 30. Agosto de 1956. Pag. 29.

[25] Email de Dámaso Rodríguez “Yuyo” a Marta Valdés.

[26] Todo parece indicar que fue una producción personal de Titi Longa, aunque se han encontrado otros fonogramas bajo el sello Hi Havana.

[27] https://www.discogs.com/es/Titi-Longa-y-Numidia-Vaillant-Cita-En-El-21-Con/release/7081312

[28] Testimonio de Marta Valdés a la autora. La Habana, 1 de septiembre de 2016.

[29] Datos obtenidos en www.ancestry.com

[30] Mireya Palma y Claude Couffon. Obra citada. Pp. 200, 202-203.

[31] Mireya Palma y Claude Couffon. Obra citada. Pag. 203.

[32] Revista SHOW. Año 4. No. 48. Febrero de 1958. Pag. 73.

[33] Comisión Nacional Cubana de la UNESCO. Boletín 1958.

[34] Del contexto en que se haya la cita, se deduce que Numidia se refiere a las manifestaciones de racismo y discriminación en la Cuba de esos años (Nota de la autora)

[35] Le Calavados es un restaurant parisino, un clásico de alto standing en el ambiente de la ciudad, y reservado a clientes habituales y estrellas del espectáculo. (Nota de la autora)

[36] Mireya Palma y Claude Couffon. Obra citada. Pp. 200-201

[37] Carlos M. Palma: “Ante el desastre”. En Revista SHOW. Año 5. No. 57. Noviembre de 1958. Pag. 3.

[38] Revista SHOW. Año 5 No. 58. Diciembre de 1958. Pag. 90.

[39] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pag. 195

[40] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada, Pag. 204.

[41] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pag. 202

[42] Numidia en Europa (anónimo) En: Revista Carteles. La Habana. No.20. 15 de mayo de 1960.

[43] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pag. 196

[44] Revista SHOW. Año 7 No. 81. Noviembre de 1960. Pag. 26

[45] Revista SHOW. Año 7 Bo. 79. Septiembre de 1960. Pag. 33

[46] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Pag. 196

[47] www.imdb.com/numidiavaillant

[48] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada. Sólo hemos localizado el citado filme Noche o Día (Nota de la autora)

[49] Art Simmons: “Paris Scratchpad” en revista Jet: Enero 23, Abril 10, Mayo 22, Diciembre 12 de 1969.

[50] www.imdb.com/numidiavaillant

[51] Mireya Palma y Claude Couffon: Obra citada

[52] William Navarrete. Trabajo citado.

One comment on “Numidia Vaillant: piano-woman, jazz-woman”

  1. Lorenzo Jardines Perez dice:

    Mire, sencillamente espectacular.Le hare llegar mi trabajo en algun momento. Llenare mis lagunas citandola. Jardines

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