Jefe de qué?  Las contradicciones de Daniel Santos y la violencia contra la mujer.

“Durante aquellos años, diecisiete dólares apenas alcanzaban para vivir. Fue entonces que me metí a chulo. No era que protegía a las putas, sino que les quitaba el dinero. Lo que pasa es que yo era bien parecido y ellas accedían a estar conmigo. Tenía cinco mujeres cuando cantaba en ese lugar. A las doce de la noche, después de haber estado buscando el billete por la Quinta Avenida y esos lugares, las cinco llegaban al cabaret, se sentaban conmigo, pedían un traguito y me pasaban el dinero por debajo de la mesa, una por una. Se sentaban en la cantina en lo que yo terminaba mis tareas para ver cuál se iba conmigo esa noche. Entonces concluía el espectáculo y me llevaba a ésta, al otro día a la otra… y así todo el mundo estaba contento. A veces me llevaba a más de una. A veces me las llevaba a las cinco y aquello terminaba en una bacanal. Pasé esos años en el vacilón, entre cigarros, mujeres, vicios, el juego, la trampa, marinos y contrabandistas, boliteros y chulos, busca-broncas, traqueteros, guapos, vagos, burdeles, cabarets y trabajadoras del oficio más antiguo del mundo.”

Daniel Santos*[1]

Ese era Daniel Santos, así se describía a sí mismo y expresaba su cosmovisión como síntesis de lo que fue su muy cuestionable hoja de vida social y su particular visión de la mujer, incluídos su papel y lugar en la sociedad, y el modo en que se relacionó con ellas. Aquí, es obvio, no hablaremos de las virtudes del Daniel músico y sus contribuciones al cancionero y a la discografía latinoamericana. Aquí hablaremos –cierto, no todo lo que se debería- del Daniel “…macharrán, parrandero y tomador, conquistador, mujeriego, pendenciero, guapetón y coqueto”, como bien lo describe uno de sus biógrafos, el prestigioso periodista e investigador boricua Josean Ramos, en calificativos que resumen su alarmante y controversial relación con las féminas.[2]

En los años cuarenta y hasta los cincuenta –cuando Daniel reinó como el anti-héroe abusador, viviendo “apasionadamente, sin mayor preocupación que hacer lo que se le apetecía cuando le apeteciera”[3]-, el mundo estaba aún muy lejos de estructurar una plataforma reivindicativa de los derechos de la mujer, de condena a la violencia de género y de aceptar una percepción muy diferente de la masculinidad; de rechazar el concepto de la mujer como un objeto de placer, caprichos y decisiones masculinas y de que las mujeres dijéramos ¡basta! y empezáramos a condenar en voz alta los abusos y agresiones violentas y machistas.

Los textos de muchas canciones en el continente americano, comenzando por el repertorio del son y la guaracha en la Cuba de los veinte, treinta y hasta los cuarenta, son una perfecta bitácora del abuso y la subvaloración a la mujer. Ahí están El Castigador y Sobre una tumba, una rumba, Para las niñas y las señoras, Cerebro como plancha y muchísimas otras.

Ni esto, ni el tiempo transcurrido impiden –sin embargo- que hoy a más de sesenta años llamemos la atención sobre este componente de la leyenda de ese gran músico y controversial personaje que fue Daniel Santos, componente que, cuando menos, debería dejar de recibir el tratamiento superficial y paternalista, casi como una palmadita en el hombro y una sonrisa cómplice, por parte de quienes no hacen distingo entre el hombre y el cantante al ensalzar su incuestionable huella en la música popular de Latinoamérica.

Cuando llega a La Habana el 16 de agosto de 1946 Daniel Santos era poco menos que un desconocido en Cuba, aunque ya había destacado en Nueva York en el Cuarteto de Pedro Flores y sustituyendo a Miguelito Valdés en la orquesta del catalán Xavier Cugat en el Waldorf Astoria, hasta que al enrolarse en el Army, la guerra le llevó a los lejanos Hawai y Japón. Medró en la ciudad de los rascacielos, entre el errático manejo de un restaurante donde cantaba, y varios turbios incidentes, como la puñalada que le propinaron en el tórax y que por poco lo traslada sin contemplaciones al otro barrio.

Pero pronto gracias a la magia de la radio y de la interacción con el público en los estudios, su nombre comenzó a ser cada vez más conocido en la capital cubana. Su coterráneo Bobby Capó ya trabajaba en la principal cadena radial cubana de entonces –la RHC Cadena Azul- y lo presenta a su fundador y director, el magnate Amado Trinidad, El Guajiro, quien lo contrata para trabajar durante ocho días en el programa Bodas de Plata Partagás. Comenzaba cada día cantando El anacobero, del puertorriqueño Andrés Tallada, y todo lo que vino después hizo obligado el calificativo que antecedió a esa palabra y por el que sería conocido desde entonces. El Inquieto Anacobero.

Y lo de inquieto, como decimos en Cuba, fue porque quisieron «llevarlo suave», pues Daniel, gracias a su carisma, abrió un crédito de popularidad que iba de la simpatía a la antipatía; despilfarró la popularidad conquistada, el favor del público y pretendió hacer de sus anti-valores un cheque al portador para coquetear a su favor entre los políticos corruptos, y medrar entre los aventureros, el bajo mundo y la gente más simple y llana, que, paradójicamente, lo admiraba con sinceridad impoluta. Lo de Daniel comenzó a pasarse de castaño oscuro.

Daniel Santos en Radio Progreso, Cuba.

Apropiaciones

En el plano artístico, y aunque hoy parezca lo contrario, Daniel no tuvo que esforzarse demasiado en ser creativo, a la vista de la propia historia de la radio y el espectáculo en Cuba: listo como el hambre, solo tuvo que fijarse un poco en el entorno para reproducir ciertos patrones que, aderezados con la simpatía que sabía poseía, de inmediato le produjeron dividendos de diversa índole: el personaje del chuchero[4] en el programa radial que patrocinaba la marca Partagás, que supuestamente “creó” para sí mismo, no fue su invención sino que lo copió a José Aparicio, creador de una figura cómica idéntica: El Botecito, que aparecía en la misma emisora, pero en el horario anterior al de Daniel. No es necesario decir que aquello terminó en bronca, reseñada por la revista Bohemia, y que no fue a mayores gracias a la intervención de algunos artistas amigos, que se empeñaron en evitar la escalada de la trifulca.[5]

A Bobby Capó debió agradecer también su siguiente escalón hacia arriba, esta vez en Radio Cadena Suaritos, cuyo dueño el español Laureano Suárez le extiende un magnífico contrato por seiscientos pesos mensuales, que ante el éxito del cantante, enseguida es aumentado a mil. A pesar de todo lo bueno que su coterráneo Bobby Capó le había propiciado, con él, como veremos más adelante, vendría uno de los mayores y más sostenidos escándalos artísticos del paso de Daniel Santos por Cuba y su inveterada costumbre de querer pasarse de listo.

Y no es que a Daniel le faltara creatividad, de la que dio muestras sobradas en las numerosas guarachas que compuso y cantó y que eran verdaderas crónicas del día a día habanero, lo que pasa es que la iniciativa de cronicar los sucesos cotidianos a través de la radio tampoco se le ocurrió a él, no fue él quien lo inventó: por el contrario, tenía ya larga data en Cuba, pues casi 11 años antes de que Daniel llegara a La Habana, Joseíto Fernández, entonces cantante de la orquesta de Alejandro Riveiro, estrena por la radioemisora CMCJ, en las calles Monte y Estévez, y a iniciativa de éste, la Guajira Guantanamera[6].

La letra y la música, según explica Oscar Luis López en su libro «La radio en Cuba», “…llevaba una espinela escrita por él y fue siempre de tipo denuncia. Pronto se hizo popular, y en 1940 era el tema de la orquesta de Joseíto Fernández. En 1943, Joseíto es contratado por la firma Crusellas para incorporar la Guantanamera a un espectáculo que se titulaba El Suceso del Día, que se radiaba por la CMQ de Monte y Prado, y cuya característica era escenificar los sucesos de la crónica roja. El autor inicial del libreto fue Germinal Barral (Don Galaor) y las espinelas que cerraban el espectáculo las escribía Chanito Isidrón, con la melodía de la guajira Guantanamera interpretada por Joseíto Fernández.”[7] Después la destacada repentista Nena Cruz, La Calandria, se sumaría haciendo dúo con Joseíto.

Daniel Santos en los años en que vivió en La Habana

Oportunismo mediático y violencia. Patricia y Elvira la manzanillera

Daniel Santos debió percibir el éxito de aquellas décimas campesinas en clave de crónica roja, que prácticamente paralizaban a la gente junto al radiorreceptor, y decidió hacer lo mismo, pero del modo en que mejor sabía hacerlo: a ritmo de guaracha. En este contexto ocurre el famoso y entonces publicitado incidente del que fue centro la exótica bailarina norteamericana Patricia Schmidt, quien el 8 de abril de 1947 dentro del yate Satira, fondeado en la bahía habanera en el que vivían, dispara con una pistola calibre 22 a su abusador amante, el norteamericano Jack Lester Mee. El baleado fallece cinco días después.

Con un desbordado reflejo en los medios de prensa, y un juicio de enorme exposición mediática, Patricia, recluída en la cárcel de mujeres de Guanabacoa, es condenada a 15 años de prisión. Entonces, en Radio Progreso Bobby Capó estrena la canción que había compuesto y dedicado a la infeliz Patricia, cuyo caso tenía dividida a la opinión pública. La revista Bohemia daría fe del enorme disgusto de Capó al conocer que su coterráneo Daniel Santos, ya con una popularidad mayor, le había copiado la idea y cantaba todos los días, supuestamente compungido, al acto de legítima defensa que, reconocía, había significado la decisión extrema de Patricia frente a los abusos y maltratos de su amado amante. Los últimos versos de la canción de Santos titulada «Ya ves, Patricia», dicen:

“…no lo hiciste por odio ni venganza,

defendiste bravamente tu debilidad y honor”

Detengámonos aquí y analicemos esta especie de declaración de principios resumida en el último verso: ¡así que Daniel Santos elogia el modo en que Patricia defendió su honor y su supuesta debilidad como mujer! ¿Y qué hay con las muchachas que temblaban bajo las amenazas del Inquieto Anacobero, caían bajo sus puñetazos y golpes y luego, con heridas y moretones visibles eran señaladas como las provocadoras de la ira del untouchable boricua, subestimadas por las autoridades y hasta compulsadas a retirar las acusaciones en las estaciones de policía? Estas muchachas, dentro de la escala de valores del cantante, ¿no merecían también defenderse de sus desmanes y abusos?

Pincha aquí para escuchar a Daniel Santos cantando «Ya tu ves,Patricia»

La evidente contradicción de Daniel Santos al maltratar a las mujeres de su entorno, de un lado, y de otro, y su opinión expresa en el caso de Patricia Schmidt, podría conducirnos a pensar que su defensa a la bailarina norteamericana fue un acto de premeditado oportunismo mediático y no un respaldo consciente al derecho que le asistía a la joven de defenderse, a como diera lugar, de los maltratos físicos y la violencia reiterada. Viendo el filón propagandístico para hacerse promoción a sí mismo, Daniel no hizo más que sumarse al desbordado reflejo mediático del crimen del yate Satira, y que llegó incluso a provocar que la revista Bohemia –la de mayor circulación entonces- publicara a partir del 31 de abril de 1947 y por entregas, un reportaje seriado de corte sensacionalista acerca del suceso, sus protagonistas y circunstancias.

La radiodifusión, un artista en la cima de la popularidad con un alcance similar a lo que hoy es en las redes sociales un influencer, y sus vínculos con el poder político representado por su amigo, el entonces Presidente de la República Ramón Grau San Martín, además de los buenos oficios de Carlos Manuel Palma Palmita, abogado defensor de la joven, propiciaron que el 2 de octubre de 1948 se firmara el indulto a Patricia Schmidt.

Daniel, excelente relacionista público de sí mismo, convocó una colecta en un acto-homenaje que organizó en un centro nocturno habanero y le hizo entrega a Patricia de 200 pesos para que pudiera pagar su pasaje de regreso a Estados Unidos. Con el ego un poco desplazado de su eje normal, Daniel ¡se quejaría públicamente de que Patricia se marchó de Cuba sin despedirse de él! Con el caso de Patricia, Daniel sumó muchas más muestras de simpatía por parte del público femenino que valoró más que todo el favorable desenlace, e incluso como una muestra de buena fe y comportamiento del díscolo y controversial cantante.

No bien se había apagado el affaire del Satira, ya Daniel Santos estaba envuelto en otro incidente de irrespeto a una mujer, en este caso, una colega recién fallecida: circuló un rumor creciente, según el cual el cantante se habría expresado negativamente sobre la infortunada y popularísima actriz María Valero, precisamente el día de su funeral, tras morir en trágico accidente de tránsito. Santos acudió a la prensa para desmentirlo categóricamente y expresar su admiración por la desaparecida.

Por esos días finales de 1948 aprovecha otra oportunidad similar a la del caso Patricia, y que resultara en su canción Elvira la manzanillera, inspirado en Elvira Cardedes, residente en la cubana ciudad de Manzanillo, quien, frente al abuso extremo y el maltrato por parte de su pareja, decidió también tomar la justicia por su mano. En la canción pone a prueba su legendaria ascendencia sobre el inquilino del Palacio Presidencial cubano e implora, dramático, el perdón para la muchacha. Un advenedizo podría pensar que el disco Victor 23-1128 grabado en La Habana el 29 de diciembre de ese año por Daniel con el Conjunto Casino (aunque el crédito aparece como «Daniel Santos y su Conjunto») es un símbolo de su postura contra la violencia y el maltrato femenino y en apoyo al derecho de las mujeres a defenderse, y hasta de su indulgencia: por una cara, Patricia, y por otra, Elvira, la manzanillera.

Pincha aquí y escucha «Elvira la Manzanillera» (le acompaña en realidad el Conjunto Casino)

Reincidente múltiple

Pero sabemos que nada estaba más lejos de esto: Daniel no dejó que terminara el año 1948 sin otro incidente de violencia de género: esta vez la víctima fue su propia esposa, Eugenia Pérez, madre de su hijo Danielito, provocándole lesiones leves “que ésta, entre sollozos, denunció en plena estación de policía. Daniel negó los hechos y días más tarde la propia agredida retiró los cargos,” según puede verificarse en la prensa, que se ocupó en detalle del suceso.[8]

Al finalizar 1948 Daniel acumulaba tal cantidad de incidentes negativos, actos violentos contra mujeres, escándalos y broncas por su peligrosa unión con los tragos, que la Asociación Cubana de Artistas se vio obligada a intervenir públicamente. Por su parte, la revista Bohemia, en su artículo “Demasiado inquieto El Inquieto Anacobero”, dedicaba casi dos páginas a ventilar una especie de listado de daños y perjuicios provocados por el boricua, y que Helio Orovio, en su citado libro, resume con gran poder de síntesis:

A fines de diciembre de 1948, la sección Radiolandia de la revista Bohemia, hacía un rápido inventario de escándalos recientes del boricua. Durante una gira por Oriente con una troupe de artistas criollos, Santos agredió a golpes en Santiago de Cuba, a una conocida cantante de tangos. Semanas después en la playa de Santa Fe, escenificó un match de boxeo con una de sus mujeres, Rosa Santos, que había venido de Nueva York a reencontrarse con él. En esos días fue denunciado por una vecina, desde cuyo teléfono realizó múltiples llamadas a Nueva York y se negaba a devolverle los 500 pesos que importaban las comunicaciones.”[9]

Daniel Santos, en una fiesta en Santiago de las Vegas, Cuba. Años 50-50

La revista Bohemia, en el citado artículo agrega, a los anteriores hechos, la golpiza que Daniel propinó a dos mujeres en la barriada de Marianao, en un altercado muy comentado en la crónica roja de los diarios habaneros por la magnitud del escándalo a altas horas de la noche, pero al día siguiente, ante los micrófonos de la radio, el boricua estrenaría una guaracha donde narraba estos sucesos, jactándose de su papel en la agresión, lo que motivó que la Asociación Cubana de Artistas considerara que ya aquello era demasiado y decidiera censurarla, como un elemento más dentro de las acciones que anunciaba emprender frente al comportamiento público del boricua.[10]

Al año siguiente, Daniel se vio obligado a salir de Cuba, pero tampoco paró: desde República Dominicana llegaban las noticias que le mantenían en los titulares de la prensa cubana. El 16 de julio de 1949, en el periódico Noticias de Hoy, el columnista Sergio Nicols escribía:

“El cable nos trajo la noticia de que Daniel Santos, que además es cantante popular, golpeó brutalmente en Ciudad Trujillo (Santo Domingo), a su secretaria particular Pura Márquez. La secretaria, que no debe tener gran experiencia en eso de guardar secretos, se fue con el soplo a la “jara” dominicana, quien demostró también no tener gran experiencia en eso de tratar a los guapos que pegan a las mujeres, al dejar en libertad bajo fianza, al cantante popular que, además, se llama Daniel Santos. Tenorio que está dejando en pañales al personaje de Zorrilla que hizo famosa la frase “y donde quiera que fui, fue el escándalo conmigo”. Nadie debe creer que ésta es una manera de darse popularidad […] Eso, como dar golpes a las mujeres para hacerse popular, sólo tiene un nombre: (CENSURADO)”.[11]

Pocas semanas después la revista Bohemia da más detalles de los sucesos de Santo Domingo, en su artículo “La historia vuelve a repetirse…”, que comienza así: “Por lo visto Daniel Santos, El Inquieto Anacobero, seguía tan inquieto como siempre: no había perdido la costumbre de propinarle, con los puños, fuertes golpes a sus amigas”. Ya para el 8 de agosto, el boricua y Pura Márquez Zayas habían comparecido ante el juez dominicano, en juicio precedido de un gran despliegue mediático provocado, según Bohemia, por los incidentes mismos y por el asombro que tal conducta provocó en el público dominicano, al parecer, desconocedor de esta característica del cantante. Como de costumbre, la muchacha se retractó de las acusaciones que, toda golpeada, hiciera ante el fiscal Mejía Feliú tras poder escapar del hotel Europa, donde se hospedaba con su supuesto “jefe”.[12]

Daniel había tenido que salir huyendo de La Habana, pero sabía que, de querer regresar a la larga lo conseguiría. Así lo contaba la revista Bohemia en su sección Tele-Radiolandia el 5 de noviembre de 1950: “Su último –mejor, penúltimo- acto delictivo, el que le había obligado a abandonar estas tierras, no se diferenciaba en mucho de los demás que ya formaban una larga y execrable lista: había agredido a una mujer, ellas eran sus víctimas de siempre, golpeándole el cráneo con la culata de un revólver. Recientemente, sin embargo, de una nave aérea llegada a Rancho Boyeros, Daniel había descendido.

«Cuando lo identificaron, agentes policíacos se hicieron cargo de él, lo convoyaron hasta una estación donde iba a ser remitido al Vivac. Como otras veces, sus influyentes amigos políticos destacados del régimen actual, prestaron la elevada fianza que lo capacitaba para gozar de libertad entre nosotros, y también para reincidir en su pasatiempo favorito: golpear a la primera mujer que se pusiese a su alcance. El desaprensivo cantante, que no había logrado encontrar contrata en otros países de la América, estimaba que podía volver a actuar en la que siempre había sido su plaza más fructífera. De ahí su inesperado regreso”.[13]

Politiquería y reacción popular

Esta vez, Daniel enfrentó la negativa de la Asociación Cubana de Artistas a presentarse ante los micrófonos de Radio Progreso, a pesar de la connivencia de los propios directivos de la emisora y de sus amigos políticos, aunque esto no duró mucho tiempo.

Días después, la revista Survey en su edición del 19 de noviembre de 1950 confirma que Santos ha sido “procesado y pagó 7,000 pesos de fianza, por desfiguración de rostro a Nora Calvo y Consuelo Peña.” Para esas fechas, ya el Inquieto Anacobero era muy amigo de los Prío (Carlos, el Presidente de la República, y sus hermanos Antonio y Paco) y para rematar, había logrado convertirse en el cantante preferido de Doña Regla Socarrás, la venerada madre de esta terna de la política criolla. Las respectivas agresiones a Nora y Consuelo se diluyeron en un regaño del Coronel Bernardo Caramés, jefe de la Policía de La Habana, también fan confeso del cantante boricua.[14] La situación de las dos muchachas no importó mucho más a quienes debían impartir justicia.

La prensa cubana reflejaba también el estado de opinión a nivel de pueblo en torno a Daniel y su polémico comportamiento: «¿Es posible que se le perdone una vez más a ese señor que nunca ha mostrado intenciones de escalar el “ring” del Palacio de los Deportes para enfrentarse a un hombre, y en cambio siempre se muestre dispuesto a pegar a las mujeres?[…] ¿Acaso olvidó la Asociación [ACA] que “el anacoberillo” les pega a las mujeres, y esas mujeres son cubanas?”-se preguntaba el lector Alfonso F. López, en carta a la redacción de la revista Bohemia.

Pero Daniel tuvo y tiene defensores en algunos de sus congéneres, como resultó ser otro lector identificado como Juan Pérez, para quien las mujeres se dividen en buenas y malas, respetables o golpeables: “No es que yo bata palmas por su actuación. No podría como hombre y persona decente. Es criminal pegarle a una mujer, mucho más cuando esto se hace en forma continuada; pero en favor de dicho cantante hay muchas cosas buenas que enfrían todo esto. […] Lo de Daniel Santos es recriminable; pero las mujeres que él ha golpeado no son más que mujeres escandalosas y faltas de moral…”. ¡Un argumento inaudito e inadmisible!

Así y todo, Daniel movió influencias y volvió a afincarse en La Habana, incluso inició una campaña en la que pretendía limpiar un poco su imagen, ayudado por sus amigos: a la semana siguiente de la polémica epistolar entre lectores de Bohemia, esta revista publicó un amplio reportaje firmado por Don Galaor donde se mostraba al Anacobero en su rol de padre ejemplar y esposo amantísimo, junto a su trabajo con el conjunto Jóvenes del Cayo. [15]

Pero poco después se involucró en una riña tumultuaria donde al intentar dale un piñazo a uno, se interpuso la esposa de ése y resultó con una herida de dos centímetros perpetrada por el grueso sortijón que solía llevar el cantante. Cumplió sanción en la habanera cárcel de Castillo del Príncipe, de la que salió gracias a otro ardid, a su fértil imaginación y a sus sostenidos vínculos con el poder político: le hizo una canción a la madre del entonces presidente de la República, Carlos Prío Socarrás, en la que traza un paralelismo entre ella y la virgen negra patrona del pueblo del mismo nombre: Regla. Obtuvo el indulto presidencial.

Daniel, como muchos otros cantantes en la época, hay que reconocerlo- no tuvo reparos en cantar y hacer populares muchas letras machistas, como esta guaracha de Pablo Cairo, en la que se da a entender que el tema del respeto a la mujer era entonces algo tan risible como lo podía ser un personaje o una situación pintoresca:

Yo no hablo de las mujeres

Ni con motivo ni con razón

Pero hay alguna que otra

Que se merece un pescozón,

Yo sé de una que si un día

La agarro fuera e´la población

Yo la mato o pide perdón,

Mira qué cosas tiene la vida.

Claro que Daniel Santos no fue el único que puso voz a canciones como ésta. Sólo que en su caso, tales textos se suman al universo machista y violento que hizo suyo como señal de identidad, y que sus seguidores y admiradores masculinos en muchos casos pretenden enfocar erróneamente como méritos de hombre mundano y denominación de origen del machoman latino. Hay que decir que los escritores y musicógrafos que se han ocupado de la vida y el legado de Daniel Santos no han ocultado estos hechos de violencia de género que el cantante protagonizó con una insólita tenacidad, sustentada por su condición de mujeriego que, por supuesto, infravaloraba a la mujer, tratada como objeto en el mejor de los casos, y en particular, como propiedad suya cuando se trataba de la mujer que elegía en cada momento de su vida.

Maquillando la verdad

Helio Orovio, quien primero investigó y escribió sobre Santos en Cuba, en su citado libro “Daniel Santos en su Habana”, no deja de mencionar estos hechos. En ocasiones con suficientes detalles, y sin adjetivos, sitúa el machismo y la violencia hacia la mujer como uno de los pilares de la visión que del mundo tenía el Inquieto Anacobero. Orovio logra distanciarse suficientemente de su admirado héroe musical y no elogia al Daniel violento, simplemente narra los hechos, algunos de los cuales pudo presenciar en momentos en que coincidió con el alocado boricua en sus muchísimas inmersiones en la bohemia habanera.

Pero aún hoy, en otros textos sus autores no consiguen apartarse de la fascinación que les provocan los aspectos más controversiales, sórdidos y condenables de la personalidad de Santos, que deberían llevar necesariamente al enjuiciamiento crítico de su actitud hacia la mujer. Asombra al extremo, incluso, leer textos escritos por mujeres periodistas o musicógrafas, quienes, con tal de exaltar los méritos musicales o la filiación política nacionalista e independentista de Santos, han optado por silenciar su abultado expediente de acciones violentas, esencialmente, pero no sólo, contra mujeres.

Pocos nombres en la música popular del hemisferio occidental resultan tan interesantes y controversiales como el de Daniel Santos. Al innegable lugar que ocupa como uno de los cantantes más notables e influyentes en América Latina, el polémico Anacobero suma su coherente posición en favor de las luchas sociales y políticas sobre su Borinquen natal y por las que en otros sitios significaban la reivindicación de los derechos de los más desposeídos. Pero nada de esto podría considerarse un bálsamo paliativo a su contradictoria larga y condenable trayectoria como abusador de mujeres, que, recorriendo ya el segundo milenio, es imposible ignorar y mucho menos dejar fuera de un análisis valorativo de una figura de arraigo dentro de la latinidad musical y social.

Carismático, atractivo, con un abultado expediente de servicios a la gozadera, Daniel ha sido biografiado y exaltado por sus congéneres masculinos hasta acuñar, junto al de El Inquieto Anacobero, otro apelativo que tiene pretensiones de superar a éste, por lo contundente, sonoro y breve –El Jefe-, dentro de la lógica perversa de enaltecer, por resultar empáticos, los rasgos más negativos en la personalidad de ciertas figuras públicas, hasta convertirlas en íconos de adoración. A Daniel Santos se le reconocen sus innegables virtudes musicales y su contribución al repertorio musical de Latinoamérica.

Sin embargo, es necesario dejar de apoyar los intentos de revalorizar y hasta perdonar esos escandalosos anti-valores que ya hoy, como mínimo, están en franco cuestionamiento, por no hablar de rechazo y condena, en un mundo donde el estigma de la violencia hacia la mujer y la alarmante y creciente cifra de feminicidios tienen sus antecedentes en la cultura de la exaltación del machismo y del sometimiento de la mujer. Nadie que haya abusado de una mujer puede ser considerado con elogios. Un abusador no puede ser jefe de nada.

© Rosa Marquetti Torres

Fuentes

[1] Helio Orovio: Daniel Santos en su Habana. Ediciones Extramuros. La Habana, Cuba. 2015. Pag.12

[2] Josean Ramos: Vengo a decirle adiós a los muchachos. Publicaciones Gaviota. San Juan, Puerto Rico. 2015. Pag. 230

[3] Idem. Pag. 210

[4] El chuchero era un personaje popular cubano, que se caracterizaba por una vestimenta estrafalaria y un argot peculiar en el hablar. Tiene un símil en el pachuco mexicano. (Nota de la autora)

[5] Revista Bohemia. 13 de abril de 1947. Sección Radiolandia. Véase también: Helio Orovio: Ob.cit. Pp. 14-15

[6] Víctor Pérez-Galdós Ortiz: Joseíto Fernández y la Guajira Guantanamera. Ediciones Unión. La Habana. 2011. Pp.27 y 30

[7] Oscar Luis López: La radio en Cuba. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 2002. Pag. 143

[8] Helio Orovio. Op.cit. Pag. 50

[9] Helio Orovio. Op.cit. Pag. 47

[10] Demasiado inquieto el Inquieto Anacobero. En Radiolandia. Revista Bohemia. 12 de diciembre de 1948. Pp. 40-42

[11] Radio-Video. Sección Radiofilia. En Noticias de Hoy. 16 de julio de 1949. Pag. 6.

[12] La historia vuelve a repetirse. En Radiolandia. Revista Bohemia. 7 de agosto de 1949.

[13] La Directiva dijo no. En Tele-Radiolandia. Revista Bohemia. 5 de noviembre de 1950 Pag. 48

[14] Helio Orovio: Op.cit. Pag. 34

[15] Don Galaor: Daniel Santos de regreso… . Revista Bohemia. 11 de febrero de 1951. Pp. 58 y 59

22 comments on “Jefe de qué?  Las contradicciones de Daniel Santos y la violencia contra la mujer.”

  1. Avatar Narciso Alfonso dice:

    Excelente artículo

  2. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias por leer y opinar, estimado Narciso!!

  3. Avatar Jair Lopez Zambrano dice:

    Excelente articulo muy descriptivo y asombrado de la Vida que llevaba el señor Daniel Santos , de verdad que para mi es una desilución saber esto , pero cuando hablamos de un artista se deberia hablar de toda su vida y comportamiento en su vida personal y Social.
    Muchisimas gracias por documentarnos de estos pequeños pero muy gigantes acontecimentos de la personalidad y comportamiento de Daniel Santos.

    Gracias …!!!! ❤💯

  4. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias, Jair, por comentar. Si a través de este texto investigativo has conocido algo más de la vida de Daniel Santos, se cumple el cometido de Desmemoriados, que es compartir información, datos y conocimiento sobre la música cubana y sus hechos. Gracias por estar en la familia Desmemoriados.

  5. Avatar Jaime Jaramillo dice:

    Rosa- Daniel Santos, un cantante que en nuestra juventud en Barranquilla Colombia, en la década de los 50s fue tal vez el más popular para aquellos que nos inclinábamos hacia la música tropical y los boleros. Sin darnos cuenta, este deleznable individuo a la vez realizó una labor de inculcar entre esos jóvenes un comportamiento que desafortunadamente sembró la semilla que permitió que la imagen que se debe tener de la mujer se desdibujara de tal forma que la discriminación se diseminara en la conciencia de esos jóvenes que rodeados de una sociedad y religión permisiva ha perdurado hasta estos tiempos.
    Rosa, al escribir este artículo esperamos que aquellos jóvenes que ahora son adultos pensantes puedan darse cuenta que nuestras madres, hermanas, esposas o novias, e hijas son seres tan valiosos que la naturaleza les ha dado la labor de procrear la humanidad y de hacer de ésta una sociedad que de alguna forma se espera que esté conformada de individuos que contribuyan al bienestar de esa misma humanidad, asi que no importa que haya personajes ponderados como artistas que se supone suministren ejemplos de respeto hacia las mujeres, siempre haya personas como tú que se encarguen de iluminar la senda y hacernos caer en cuenta que no solo es necesario tener una voz musical de grandeza para influir en la juventud sino una entereza de carácter y moral intachable.

    Jaime Jaramillo- Medellín

  6. Es un placer leerte. Saludos.

  7. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias, Dairo! Feliz de tenerte en la familia Desmemoriados!

  8. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias, querido Jaime Jaramillo. Es muy grato saber que comprendes la importancia de clarificar estos aspectos nefastos en la vida de un ídolo de multitudes en Latinoamérica. Su legado musical es un hecho, pero es hora de reflexionar sobre lo negativo de su conducta y sobre todo, en la huella machista de las masculinidades en América Latina. Gracias siempre por tu lectura y apoyo.

  9. Avatar Carlos Darío Patiño G dice:

    Respetada y apreciada Rosa, soy Carlos D. Patiño el de Medellín. Expondré algo en relación con tu escrito y con lo dicho por Jaime Jaramillo. Cada cosa en su respectivo contexto. Daniel Santos también respondía a un momento histórico tanto de la masculinidad hegemónica imperante, como de la industria del gusto, del placer y de la diversión, y en eso, según lo que he leído en tus textos y en los de otros autores insignes que versan sobre la música del caribe, no excluye a La Habana, Caracas, Maracaibo, San Juan, Veracruz, Barranquilla, como tampoco a Medellín, ciudad donde se crió mi padre, profundo admirador de Daniel Santos, a través del cual supe qué era eso de hacerse hombre en la calle (además también de otras buenas enseñanzas). En mi niñez y mi adolescencia, Daniel era un cantante de cantina, de bares; y al igual que a otros (mexicanos para más señas y de otras latitudes), se le idolatraba por los que se presentaban ante nosotros como los modelos de hombre que debíamos seguir, y no fueron pocos los que así procedieron, me excluyo por cuanto no he sido de bares y menos de aquellos que se ufanan de sus actividades sexuales con mujeres que hacen del trabajo sexual su oficio, pero el mundo que me circundaba, si. Daniel ha simbolizado el guapo, macho latinoamericano, pero a la vez, su mundo no fue su invento, detrás de ello hay un modelo patriarcal y un modo de hacer de la diversión, las prostitutas, algunas canciones, las películas y otros modos del entretenimiento, una fuente de riqueza económica. Son las condiciones para que produzcan machos de ciertas características, y mujeres empleadas para el placer y cuando no, el maltrato, pues esa misma sociedad, cosifca a hombres y mujeres. Pero a la vez, no podemos hacer apología de una masculinidad en decadencia. Hoy hay que deshacer los ídolos de barro, deconstruir imágenes sociales que albergan consigo la defensa de un tipo de hombre que poco bien le ha hecho a la humanidad, y no solo es asunto de Daniel Santos. Es asunto de un modelo de humanidad, que ha hecho crisis.

  10. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias por leer y comentar, estimado Carlos. Comprendo la preocupación suya por el contexto en que DS cometió sus desmanes contra mis congéneres, pero yo ni he evadido ni he dejado de mencionar -incluso lo he hecho con detalle- ese contexto. Hoy se juzga a depredadores como Harvey Weinstein; se acusa a «ilustrados seductores» como Plácido Domingo, en países donde el accionar de estos hombres no tuvo una repercusión tan decisiva y acabada en el comportamiento masculino a nivel social, como sí lo tuvo el de DS en todo el ámbito latinoamericano y caribeño, por exaltar y hasta encarnar un patrón masculino que se identifica con lo que han querido que sea el macho latino. No veo por qué en ese mismo ámbito latino tengamos que ocultar este defasto «pedigrí» de alguien que fue mucho más que un notable y popular cantante: llegó a ser a través de su canciones una especie de lider de opinión o paradigma, que incluso promovió una postura positiva sobre temas importantes como la independencia de su tierra natal. Por último, debo decirle que, al menos en mi caso, no me importa la condición que tenga la mujer agredida: es mujer igual, es una mujer violentada y vejada, lo mismo si es de la llamada «alta sociedad» que de los estratos más bajos y criticados. Gracias de nuevo por aportar a este análisis, estimado Carlos.

  11. Avatar carlosolivaresbaro@hotmail.com dice:

    Investigación rigurosa… se me cae la imagen de Daniel Santo… ya no puedo escucharlo igual que antes!!! Gracias, Rosa Marquetti…

  12. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Gracias a ti por leer y comentar, Carlos. Muy valiosa tu opinión.

  13. Avatar Carlos Darío Patiño G dice:

    Estimada Rosa, en absoluto acuerdo, mujer es mujer, cualquiera sea su condición, y hoy los hombres estamos aprendiendo nuevas cosas, entre ellas, desnaturalizar nuestra soberbia con las mujeres, y a la vez, desmilitarizar nuestros corazones y pensamientos. No más machos ni hembras, queremos ser mejores humanos, adoptando el principio de diferencia en la igualdad. Gracias por su escrito.

  14. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias, querido Jaime, por compartir tus reflexiones y comentarios.

  15. Querida Rosa,

    Disculpa la demora en leer tu excelente investigación, que a diferencia de otras, deja en evidencia la realidad de un personaje que fue muy popular en Cuba, pero que a su machismo, sumaba el placer de golpear a las mujeres.

    Con Daniel Santos me pasa lo mismo que con Woody Allen: por un muy bueno que sea un actor o director, lo saco de mi grupo de artistas admirados. O de deportistas: después que leí lo que Kobe Bryant le había hecho a una joven y que por su fama y dinero, quedó impune, mi admiración disminuyó bastante después de su trágica muerte.

    En Cuba también han habido y hay maltratadores dentro del arte, la música y la cultura y de los cuales algún día habrá que escribir, pero creo que ninguno tan violento como el inquieto anacobero.

    Cuando estos meses de coronavirus pasen, lo voy a reproducir en mi blog. Un abrazo, Tania

  16. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias, querida Tania, por compartir tu valiosa opinión sobre este tema tan complicado. Un abrazo.

  17. Avatar Esther Suárez Durán dice:

    Muchas gracias, querida Rosa, no conocía este sitio. Excelente toda la info que pones a disposición. ¡Felicidades! Y , de nuevo, muchas gracias!

  18. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Esther querida: Me da mucha alegría reencontrarte aquí en mi blog Desmemoriados. Eres muy bienvenida a esta familia de melómanos e interesados por la música cubana y por desentrañar historias y personajes olvidados, poco recordados o no enfocados antes en los diferentes medios. Soy la única persona que publica aquí, lo llevo yo sola y hago todo lo que ves (búsqueda y adaptación de fotos, videos, y por supuesto, la investigación que está detrás de cada texto o entrada. Espero pues que te sea útil y ya me dirás qué te parece. Un abrazo distante, que pronto espero pueda ser real y cercano. Bienvenida!!

  19. Avatar Jorge Luis Mora Franco dice:

    Al parecer, la historia de este ídolo musical latinoamericano, se tejió a punta de canciones, bohemia, vicio y machismo a ultranza. Se dice que conoció las cárceles de todos los países que visitó. En Colombia, en Ecuador, no fueron la excepción. Y su familiaridad con los lúgubres ambientes del bajo mundo fue el común denominador de su vida. De hecho, su deceso en Ocala, Florida está plagada de comentarios de su cercanía con las drogas y el alcohol (vaya Ud a saber…). Excelente artículo. Felicitaciones. Gran página, grato visitarla habitualmente.

  20. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Muchas gracias Jorge Luis. Sé que Daniel Santos, por su postura independentista, es un personaje muy querido de muchísimos hermanos boricuas, pero su vida fue así de contradictoria y su relación con las mujeres estuvo marcada por la violencia. Es un tema complejo.

  21. Avatar Alejandro Ávila dice:

    Admirada Rosa, siempre es un placer leerla.

    En lo personal me encantó tanto el contenido como la intención del artículo, pues estoy muy de acuerdo con la desmitificación de personajes como Daniel Santos. Como usted bien lo dice, el personaje en cuestión no sólo se convirtió en un referente musical latinoamericano, también en uno cultural que, desde mi perspectiva, alimentado por una sociedad hispanoamericana que en muchos sectores simpatiza con el “sensacionalismo”, obtuvo un lugar en el podium de los personajes más afamados de nuestra cultura y música tropical debido – en gran parte – a su “enigmática” personalidad (que aquí por ejemplo poco a poco se va develando) y a las controversias más diversas en las que se vio involucrado. De ello parece que hicimos una construcción social y referencial de personajes como él cual si fuesen voces y representaciones de las más íntimas preocupaciones, encantos, desencantos, deseos reprimidos, anhelos y vivencias más profundas de la cotidianidad de nuestro países hermanados circunstancial e históricamente; de ahí que considero peligroso seguir reforzando esa imagen del “macho” y “mujeriego” como algo de imitar o admirarse y de todo eso que usted muy bien denuncia y que podríamos decir es el “entre líneas” del “vive como yo vivo si quieres ser bohemio”.

    En lo personal desde hace algunos años me ha parecido conflictivo aquello de “separar al artista de su obra”, pues no puedo concebir que esas dos cosas actuen en dimensiones distintas. Por tal razón creo que lo más valioso que me aporta su artículo, además de no callar frente a las injusticias y desigualdades trátese de quien se trate, es esa invitación a tener una escucha crítica y hacer algo de justicia para las víctimas, así nos toque a destiempo, en tanto no debemos seguir exaltando de manera ciega a quien fue su victimario y abusador. En mi país, Colombia, pasa algo muy similar con un personaje muy querido en nuestra cultura popular vallenata que es Diomedes Díaz. Día a día es idolatrado, existen hasta monumentos en su honor, le han adaptado telenovelas, le escuchan con fervor desde niños hasta adultos mayores y los mensajes de sus canciones son replicados por do quier. Sin embargo, pareciera que sólo pocas y pocos queremos enfrentar el hecho de que ese señor también es representante de muchos de los estereotipos que existen sobre los colombianos que necesitamos con urgencia superar, porque sí, no sólo se celebra su música (como debiera ser) sino también su personalidad del parrandero, del despreocupado, bochinchero, derrochador, mujeriego y bueno, eso por no hablar de lo peor: Que el tipo estuvo preso por verse involucrado en un feminicio en 1997. En fin.

    Por último, creo que no podemos justificar el actuar de estos personajes amparándolos en el “régimen de historicidad” ni en las condiciones de su crianza y circunstancias de vida; lo primero porque como bien Rosa nos ilustró con ejemplos, a pesar del machismo generalizado de la época, sabemos ahora que para la entonces los abusos del señor Daniel Santos eran condenables y lo segundo, porque precisamente la intención es identificar los factores de riesgo que están presentes en nuestra sociedad y que pueden constibuir a la formación de abusadores para poder mitigarles, transformarles y ojalá descartarlos de nuestra cultura para siempre.

    Gracias por tus letras. Me disculpo por lo extenso en mi comentario. Un saludo afectuoso desde Bogotá.

  22. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Alejandro, no sabe cuánto me ha alegrado leer su enriquecedor comentario y comprobar cómo usted defiende otro sentido de la masculinidad y critica lo criticable en ese buen cantante que fue Daniel Santos. Me he buscado más de una ojeriza en algunos melómanos fanáticos y defensores de Daniel. Me apena que sus familiares constanten su controversial actitud a través de mi texto, pero como bien dijo su biógrafo, el amigo boricua Josean Ramos, esto fue dicho en su biografía, solo que ahora pude ofrecer la versión desde mi mirada, y las pruebas de que en aquella época también fue criticado y hasta sancionado por su proceder hacia las mujeres. Es importante ir desterrando del repertorio latinoamericano, esas letras machistas que todavía hoy están presentes en nuevos géneros. Así que agradezco enormemente su contribución a esta tema. Nada que disculpar. Su comentario es un texto muy útil y argumentado

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