Divina y terrenal Celeste Mendoza

Cuando partió, con Celeste Mendoza se eclipsó un modo de cantar, de bailar, de hacer.  Y no es que en los rumbones de los barrios  las mujeres no canten ya guaguancó, pero lo cierto es que Celeste Mendoza dejó el trono vacío y hasta hoy su reinado ha prevalecido más allá de la muerte y de todas las rumbas que en su honor suenan por toda la Isla, y dondequiera que haya un cubano.  Celeste  hizo trizas el mito de la preeminencia masculina en el género y de paso, lo volvió un acto vocal solitario;  y lo hizo desde una fiera sensualidad, con artes de conquista desmedida y pasión desafiante, pero dejando intactos el ritmo y la cadencia que les son esenciales al guaguancó.  Su poder de seducción habitaba en esa bien timbrada voz de contralto, en la desmesura del gesto, en las bondades explícitas de su cuerpo que se empecinaban en transgredir los escasos centímetros de su angosta falda de medio paso, cuando ya parecían atacar su busto prominente y el sobresaliente moño o el  empinado turbante.  Tan fuerte y tan grande fue lo que conquistó, tan demoledor el poder de su imagen, que quizás para  las que vinieron después continuar el camino resultó inalcanzable.  Ya Celeste no era terrenal: era  un mito. Y su corona aún espera por que sea ceñida sobre una cabeza de mujer que, si no supere, al menos iguale su proeza.

Nunca se lo agradeceremos lo suficiente. De no haber sido por ella, el guaguancó no habría irrumpido en voz y cuerpo de mujer y con una excelencia irrepetible en salones, pistas de cabaret y medios de difusión masiva. Era un reto  no sólo musical, sino también de género.  La Mendoza llegó, abriéndose paso, como una tromba arrasadora que mostraba exultante su dominio escénico, su cantar desinhibido,  acercando sin pedir permiso, y del modo más natural,  el guaguancó a la aceptación popular más absoluta.  Ella, que era santiaguera, asumió este subgénero del complejo de la rumba, lo hizo suyo para entregarlo aderezado con su gestualidad de fiereza desafiante, de guapería  femenina –inseparable de su singular fraseo-, la soltura de su cuerpo y sus gestos  y su irrefrenable sabrosura, pero no se contentó con esto, pues no hubo género o estilo popular que se le resistiera:  lo mismo el bolero, la ranchera-mambo que un son tradicional se dejaron mecer en la voz y las caderas de Celeste, a golpe de  guaguancó. Quien se asome a los inicios de su vida comprenderá que no podía ser de otro modo:  según ella misma contó en televisión, pocas horas antes de su nacimiento había llovido torrencialmente y enseguida se sintió un fuerte temblor de tierra.  Sería el aviso premonitorio de lo que venía?[1] “Nací el 6 de abril de 1930 en el barrio de Los Hoyos, en Santiago de Cuba.  Desde muy pequeña me empezó a atraer la música. No se me olvidará que me sentaba en la puerta de mi casa – contaría Celeste. En la esquina estaba la carnicería  de Perucho, un negro más buena persona que el carajo. Se formaban tremendas rumbas los sábados y los domingos. Eso era muy grande. Con un cajón de bacalao, dos cucharas, y la clave era otra cuchara con una botella. En unos calderones grandísimos se hacían chicharrones, ahí mismo en la calle. Los litros de ron blanco y cerveza que se consumían era lo más grande de la vida.

   Yo era chiquitica y me metía en la rumba, me desguazaba. Cuando se enteraba, mamá iba y me sacaba. Yo lloraba. Le decían: “Déjela, Cecilia. Es tan simpática”. Me sentaba. Cuando ella se iba para la cocina a hacer sus cosas, yo volvía a meterme en la rumba. A veces mi tía Margarita se llevaba a mamá y la entretenía. Mi madre me recuerda a cada rato: “Ay, hija, yo que tanto te castigué”. La música la llevo en la sangre desde que nací.” [2]

Celeste Mendoza en 1959.  Revista Show.

En 1943  la niña rumbera se muda con su familia a la capital del país y su vida transcurre de modo normal, sin grandes sobresaltos; con el tema El golpe de Bibijagua concursa en un programa de participación en la radioemisora CMQ, que conducía Germán Pinelli,  hasta que en 1951, con casi 21 años, decide presentarse y es aceptada para integrar el cuerpo de bailes del cabaret Tropicana, dirigido por Roderico Neyra “Rodney”.  Con nostalgia cómplice recordaba Ofelia Fox el paso de Celeste por el famoso cabaret bajo las estrellas:   “…a mediados de 1953, Rodney había decidido presentar, tras el show titulado “Omelen-ko”,  una serie de cuadros o segmentos que evocaban, como los anuncios proclamaban, “el tipo y la picaresca de 1800”. Uno de ellos lo centraba Celeste Mendoza. La profunda voz de la Mendoza y su entrega desinhibida de canciones populares y boleros en un estilo guaguancó tenía poco que ver con lo que los anuncios ingenuamente proclamaban.”[3]  Por esos meses con Omara Portuondo, Gladys León y su hermana Isaura Mendoza forma un cuarteto vocal-instrumental dirigido por el pianista y compositor Facundo Rivero, avezado en esas lides de formar conjuntos de voces.  En Tropicana fue parte del respaldo coreográfico en las presentaciones de Carmen Miranda y Josephine Baker, de quien se cuenta hizo entonces una memorable imitación. Por ese tiempo participa en el rodaje del filme Tin Tan en La Habana (o El Mariachi Desconocido) que protagonizaran Germán Valdés Tin Tan y Rosita Fornés y donde se le puede ver como parte del cuerpo de bailes.  En 1952  canta  en  el programa Alegrías de Hatuey, en la emisora Radio Progreso, acompañada por una orquesta dirigida por Ernesto Duarte  y un año después se produce su debut en televisión como solista, en el programa Esta noche, de CMQ, dirigido por Joaquín M. Condall, en el que cantó a dúo con el bolerista Miguel de Gonzalo. “Fui una de las primeras en cantar el bolero ranchera, sobre todo cuando interpreté “Que me castigue Dios”, acompañada por la orquesta de Ernesto Duarte y sus interpretaciones, de cualquier género, las hice en tiempo de guaguancó.”-diría Celeste.[4]

Celeste en 1959. Revista Show.

El cabaret Sierra no estaba en el circuito de los de primera línea.  Algunos lo situaban en los llamados “ de segunda”, otros en un segmento indefinido entre los primeros y éstos;  se ubicaba en un barrio obrero, en la intersección de Concha y Cristina, en las inmediaciones de lo que hoy conocemos como el barrio de Atarés, a cierta distancia del centro de la ciudad, pero aun así, resultaba muy popular.  A inicios de 1958,  Celeste debuta en el Sierra, donde permanece por varios meses y se convierte en el centro de la atracción de ese night club. Allí la vio y escuchó por primera vez Guillermo Arenas, empresario artístico colombiano afincado en Venezuela,[5] y fue, probablemente, uno de los primeros en  valorar  el fenómeno que comenzaba a representar aquella guapachosa muchacha:  “Celeste domina el guaguancó, que es el género de la locura –declararía Arenas-. Tiene lo más difícil de conseguir en una intérprete: ángel.  Es originalísima, puede que sea un poquito Laserie y otro poquito de Benny Moré, pero en una mujer es excusable.  Ella sufre y vive lo que canta.” Y no vaciló en augurar que sería “… la próxima gran estrella de Cuba”.[6]  Se planteó llevarla a Europa, como parte del elenco que debía triunfar bajo su égida, y la contrata de inmediato para una serie de presentaciones en Venezuela, pero hubo problemas con Celeste, quien, inexperta, no supo a tiempo qué tipo de compromisos implicaba un contrato e hizo públicas unas declaraciones donde acusaba de Arenas de no honrar los pagos convenidos, lo que fue totalmente desmentido por el empresario y algunos de sus allegados cubanos.  Con tales desavenencias como telón de fondo, el colombo-venezolano Arenas,  le imputó  el incumplimiento del contrato a causa de una serie de incidentes.  La cantante regresa a La Habana desde Caracas y a mediados de año  se le ve en la pista del Casino Parisién del Hotel Nacional en el show “Espíritu Burlón”, pero sólo por breve tiempo.  Después, en su reapertura el 1 de octubre  del propio 1958, el Alí Bar recibía la voz de trueno y la sabrosura del guaguancó de la Mendoza, quien era excelentemente acogida, en un cartel de lujo: Benny Moré, Fernando Alvarez, Roberto Faz y su Conjunto, entre otros.  Se le encuentra también por ese tiempo alternando en Las Vegas Club, frente a Radio Progreso. Ya para entonces, la llamaban la reina del guaguancó. [7]

Celeste Mendoza y Rolando Laserie en un programa de televisión. La Habana, ca. 1958.  Archivo de la autora.

Viaja a Nueva York a mediados de 1959, contratada por el empresario  Catalino Rolón, para presentarse en el teatro Puerto Rico, del Bronx, con un espectáculo que centraban la vedette cubana Olga Velosky y el mexicano Fernando Fernández. La revista Show anunciaba que el 17 de junio, Celeste se presentaría en el teatro La Perla, de San Juan, Puerto Rico.[8]  En julio ya está de regreso en La Habana y debutando en la pista del cabaret “Night and Day”, junto a Marta Picanes y a quien luego sería también una diva incontestable: Gina León.  En septiembre comparte  con Benny Moré, Orlando Vallejo, Rolando Laserie y Ramón Veloz uno de los shows más populares de 1959, esta vez en la pista del Alloy Night Club, calificado como una “tremenda demostración de cubanía. “Noche tras noche, decenas de personas colmaban el cabaret y otras tantas aguardaban pacientemente por entrar.” [9]

Celeste, cerca de 1960. Foto cortesía  Ing. Luis Díaz Mijares (Tienda Memorias)

Nótese que ninguno de estos night clubs era considerado de primera categoría, sin embargo, el Alí Bar, Alloy, Las Vegas, el Autopista, el Nacional, el Palermo, y como ya dijimos, el Sierra, constituían el circuito más popular y accesible para el público que adoraba el tipo de repertorio y estilo de los cantantes más populares y por tanto, muchos de los artistas más exitosos preferían y decidían  reverenciar ese fervor popular.

Es en este año que Guillermo Alvarez Guedes, entonces dueño y gestor del sello Gema, decide tener a la Mendoza, junto a Rolando Laserie y Fernando Alvarez  entre los lanzamientos discográficos inmediatos que fortalecerían su marca, de la que Bebo Valdés era entonces el director musical.   Celeste confesó alguna vez que sus primeras grabaciones fueron Besos Brujos y Que me castigue Dios, que figuran en su primer disco de larga duración producido por Gema, y que incluye además  Nada te puedo brindar, Para que sufras, Juanpampiro, Soy tan feliz, Nena, No he de volver, Con locura y Caprichoso.  Los temas La confianza, y Zoraida y Juan José fueron cantados por la diva con único acompañamiento de percusión.[10] Durante 1959 Celeste se presentó también dentro de una muy popular programación que ofrecía el Coney Island Park en la Playa de Marianao, con el respaldo de la orquesta Sabor de Cuba, dirigida por Bebo Valdés, y que incluía a figuras de gran arraigo y fama en ese momento,  como Rolando Laserie, Fernando Alvarez, Jorge Bauer y Pío Leyva.[11]

Celeste en 1959. Archivo de la autora.

Al iniciarse 1960 Celeste vuelve al Alí Bar, donde comparte escenario  con Blanca Rosa Gil, Reinaldo Hierrezuelo y Ñico Membiela, cantantes de amplia popularidad a partir de sus éxitos de victrola.  Es el año de su éxito en el Cabaret Parisién del Hotel Nacional, en el circuito de primera línea.  Allí fue memorable, en los meses de agosto y septiembre, la rivalidad de la Mendoza con Gigi Ambar, una excelente y bella cantante cubana, con mucho rodaje internacional,  a quien venció en contienda que seguiría más allá de la pista.[12]  Así lo reseñaría la revista Show: “El  duelo Gigi vs. Celeste es la comidilla del mes del renglón artístico en la vida nocturna habanera y por su sensacionalismo resultaría un suceso en cualquier parte del mundo, aún hasta en los sitios donde no se tuvieran anticipos de nuestro folklore criollo.”[13] Celeste interpreta Blancas Azucenas, Sobre una tumba una rumba, Aquí na’má y Rumba  Rica. Gigi, por su parte, canta Serenata Mulata, Plegaria Alaroye, Noche de Ronda, y también Rumba Rica.  Tras varias semanas, los decibeles  de la apasionada controversia de cada noche subieron a niveles alarmantes –narra la misma fuente- y resultó en una desavenencia personal entre ambas intérpretes, de tal magnitud, que la dirección del Cabaret Parisién se vio precisada a cambiarlas de camerinos, y, reforzando el poderío de la Mendoza, instar a Gigi Ambar a abandonar el show.[14]

Un mes después, el jueves 27 de octubre, Julio Sandor estrena un nuevo show en el mismo cabaret, con música cubana y brasilera. Celeste mantiene su reinado en el escenario, escoltada por René Cabel, el Cuarteto D’Aida –ya sin Elena Burke y Moraima Secada-, en sustitución de Los Modernistas, la bailarina Ana Gloria y la pareja de bailes Guille Averhoff y Willy, además del Conjunto Casino en alguna esporádica presentación.[15]

 En 1961, con la partida Olga Guillot, en ese momento figura principal del show del Casino de Capri, Celeste es una de las cantantes que su productor Anido hace pasar, aunque fugazmente, por su pista para intentar cubrir el vacío que definitivamente y luego de varias candidatas, será cubierto de modo espectacular por la no menos grande Gina León. También son recordadas ese año sus presentaciones en el club Scheherezada junto a Pacho Alonso y el Combo de Peruchín, sitio donde también cantaba, centrando su propio espectáculo, otra de las grandes: Elena Burke.  Con Rolo Martínez construyó en el popular cabaret Sierra una corriente de fanáticos que acudían a adorarles al night club de la calle Concha, donde La Reina mantendría su corona por mucho tiempo. 

Celeste en los sesenta.  Foto cortesía Ing. Luis Díaz Mijares (Tienda Memorias)

Celeste Mendoza fue parte de un relevante suceso cultural organizado por el musicólogo y promotor Odilio Urfé:  el Primer Festival de Música Popular, que llevó al escenario del antes exclusivo Teatro Auditorium a los mayores nombres de los distintos géneros musicales. Celeste cerró el programa del 26 de agosto de 1962, dedicado a la muestra del llamado “folklore criollo”.  Este evento tuvo su segunda edición –y la última- en agosto de 1963, dirigido esta vez por nadie más y nadie menos que Alejo Carpentier; uno de los momentos más relevantes fue la reposición dentro de su programación de la pieza “La casita criolla”,  un clásico del teatro vernáculo cubano que data de 1912 en la cual, Celeste Mendoza tuvo a su cargo uno de los papeles principales.[16] Poco después, la grabación en 1964 de “Echale Salsita”, de Ignacio Piñeiro y con arreglos de Generoso Jiménez, parece ser un momento destacable en la carrera de Celeste, en un orgánico acercamiento al género sonero con resultados encomiables.

Celeste Mendoza, Benny Moré y Olga Navarro.  Foto: Cortesía Sergio Santana Archbold

Un suceso que para ella sería trascendente ocurrió en 1965 y la llevó a presentarse en París, en el famoso teatro Olympia como parte del espectáculo Music Hall de Cuba, que, bajo la dirección musical de Tony Taño y la producción de Rogelio París, llevó a la Ciudad del Sena a ciento veinte cubanos, entre músicos, coreógrafos, bailarines y cantantes. El elenco habla por sí solo de su altura:  Elena Burke, Bola de Nieve, Celeste Mendoza, Enriqueta Almanza, Los Papines, la Orquesta Aragón, Los Zafiros, José Antonio Méndez, Georgia Gálvez y Pello el Afrokán con su orquesta, además del Conjunto Experimental de Danza, dirigido por Alberto Alonso.  Tras el éxito de París, continuaron viaje a Polonia y Rusia.

Pincha aquí para ver a Celeste Mendoza en el Music Hall de Cuba

En noviembre de 1966, integra el elenco del espectáculo que sube a escena en en saludo al Festival del Teatro Latinoamericano, junto a Bola de Nieve, Aurelio Reinoso, Luisa María Güell, Pío Leyva, Los Zafiros, Los Bucaneros, entre muchos otros. En 1993, Celeste Mendoza, asiste, en el verano, al Encuentro con el son cubano, en la Casa de América, de Madrid y cuyo principal inspirador fue el músico Santiago Auserón. El evento reunió a músicos y musicólogos cubanos y españoles; la intención era dar continuidad, en tierras andaluzas, al proyecto iniciado  en las jornadas de ese centro cultural.[17]

Celeste Mendoza tuvo en su haber una rica discografía, marcada toda por su singular estilo y ese guaguancosear todo lo que cantaba.   En agosto de 1959, el sello Seeco produce la grabación de cuatro temas con la orquesta de Ernesto Duarte:  Un congo me dio la letra /Yáñez y Gómez; Qué bien me siento contigo(G. Inclán); Te dí un beso sin importancia (E. Díaz Valera) y Ponme la mano(Eduardo Saborit).  Ese mismo año un tema en su voz –Estoy borracha– se incluye en el LP “Ernesto Duarte, su orquesta y sus intérepretes en el Náutico de Marianao”, del sello foráneo Duher, aunque fue grabado en los Estudios Radio Progreso.  También en 1958-59, el sello Kristal incorpora dos temas cantados por la Mendoza en su LP “Creadores de Exitos”, con la orquesta de Ernesto Duarte:  Puro engaño, Como un perro y también Estoy borracha.  Sus orquestas acompañantes estuvieron dirigidas por grandes nombres:  Ernesto Duarte, Bebo Valdés, Generoso Jiménez, Rafael Somavilla.  Cantó con verdaderos mitos, el primero de todos, Benny Moré, con quien no dejó grabaciones, pero sus tremendas actuaciones en el Alí Bar quedaron fijadas en el imaginario de los trasnochadores de los cabarets populares donde ambos reinaron con el denominador común de voces irrepetibles, estilos personalismos y carisma para repartir. 

Celeste grabó más tarde con Los Papines y gracias a Juan de Marcos González, la idea de llevarla nuevamente a un estudio de grabación, nos legó el registro de su voz, ya en sus años grises, junto al Conjunto Sierra Maestra

Aquí puedes ver a Celeste Mendoza en “Nosotros la música”

El cine cubano también se ocupó, por fortuna, de registrar  su voz y su imagen en el momento de su gran esplendor: en 1964, el realizador Rogelio París la incluye en ese fresco de lo mejor de la música cubana en ese momento, que es “Nosotros, la música”, devenido  clásico de la documentalística cubana, que nos devuelve a una Celeste Mendoza en plenitud y excelencia, en el marco ideal de un solar habanero y acompañada por rumberos y coro de claves, y en uno de las escenas, en un espectacular dúo con Carlos Embale.  En 1968, José Limeres le dedica el corto “Celeste Mendoza” con 10 minutos de duración, filmado íntegramente en escenarios del Hotel Nacional de Cuba y su Cabaret Parisién.

Pincha para ver fragmento del docu Celeste Mendoza,de J.Limeres (1968)

Y de pronto Celeste se volvió inasible, apresada por el silencio aplastante de su ausencia de los escenarios y programas de televisión.  Una serie de sucesos de índole personal, cambiaron el curso de la carrera que tan altas cotas había alcanzado.

Su última actuación fue en el programa televisivo Perlas Cubanas, cantando su himno del mea culpa: Que me castigue Dios.

Celeste Mendoza vivió su religiosidad apegada a sus santos, protegida por las aguas azules de Yemayá,  bálsamo  para su temperamento de trueno y el gracejo jacarandoso en exceso,  que debían tener, al menos, un cauce para entregarse y una lucidez para detenerse cuando falta hiciera.

Permaneció en Cuba y el paso del tiempo y el olvido  la confinaron a  su apartamento en el piso 18 del edificio del antiguo Retiro Radial, que ocupa una de las esquinas de las calles Línea y F, en El Vedado.  De ahí salió pocas veces para reaparecer de modo fugaz ante su público.  Allí, en esa soledad cultivada, pero también obligada la encontró la muerte, que no creyó en su alegría perenne, ni en la sabrosura que, a pesar de todo, parece que nunca la abandonó.  En esa soledad el alma de Celeste partió el domingo 22 de noviembre de 1998, seguramente inspirada por su propia voz,  la voz tremenda de La Reina.

Nadie cuestiona su lugar en la música cubana.  En el texto que a modo de memorias personales, Ofelia Fox incluyó, junto a los de Celia Cruz, Olga Guillot, Omara Portuondo Elena Burke, Xiomara Alfaro, Merceditas Valdés y Miguelito Valdés, el nombre de Celeste Mendoza entre “los más grandes, los mejores” que de manera regular se presentaron en Tropicana.[18]  Pero, sin dudas, mejor aval se lo dio Rita Montaner, La Unica, cuando tras presenciar una de sus actuaciones, comentara elogiosa a su hijo Curro sobre las bondades interpretativas de Celeste, frase que fue más allá del entorno familiar para proyectarse a  la posteridad.  Celeste Mendoza es la Reina del Guaguancó.”

© Rosa Marquetti Torres

OTRAS FUENTES

Alicia Valdés:  Diccionario de Mujeres Notables en la música cubana.  Ediciones Unión, La Habana, 2005. Pag. 234.

Rosendo Rosell:  Vida y milagros de la farándula de Cuba. Ediciones Universal, Miami, Florida, 1994.

Francisco Gutiérrez Barreto:  Libro de la Farándula Cubana 1900-1962. Tomo III.

NOTAS

[1] Programa “Te quedarás”. Guión y dirección:  Gloria Torres. Cubavisión. Televisión Cubana. La Habana, 1991.

[2] Entrevista realizada en 1993 a Celeste Mendoza por el periodista Luis Báez.  Tomado del blog cubalaislainfinita.blogspot.com

[3] Rosa Lowinger y Ofelia Fox:  Tropicana Nights. The life and times of the legendary cuban night club. A Harvest Book-Harcourt, Inc. USA. Pp. 210 y 211.

[4] Idem.

[5] Guillermo Arenas.  Empresario artístico colombiano que entonces se había radicado en Caracas.  Casado con la cantante Morenita Rey (Nota de la autora).

[6] Revista Show.  Año 5. No. 51. Mayo de 1958.  Pag. 55

[7] Revista Show. Año. 5 No. 56. Octubre 1958. Pp. 58 y 74

[8] Revista Show. Año 6. No. 64. Junio 1959. Pag. 43

[9] Adriana Orejuela:  El son no se fue de Cuba. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 2006. Pag. 120

[10] Cristóbal Díaz Ayala:  Enciclopedia Discográfica de la Música Cubana.

[11] Idem. Pag. 130

[12] Revista SHOW. Octubre 1960. Año VII. No. 80. Pág. 37

[13] Revista SHOW. Septiembre 1960. Año VII. No. 70. Pp. 14 y 15

[14] Revista SHOW. Octubre 1960. Año VII. No. 80. Pág. 37

[15] Revista SHOW. Noviembre 1960. Año VII.No. 81

[16] Adriana Orejuela. Obra citada. Pag. 243

[17] Rafael Lam: Esta es la música y Crónicas de la Música Cubana. (Inéditos)

[18] Rosa Lowinger y Ofelia Fox: Obra citada. Pag. 285. Ofelia Fox fue la esposa de Martin Fox, dueño del cabaret Tropicana en sus años de mítico esplendor y testigo los triunfos de grandes nombres de la música cubana en sus escenarios (Nota de la autora)

4 comments on “Divina y terrenal Celeste Mendoza”

  1. Mario A. García dice:

    Estimada Rosa: No se si darle la Medalla de Oro, el Corazón Púrpura o inventar un galardón para Ud. solita. ¡Es tan importante su labor!, para que los Pinos Nuevos de allá y de donde quiera, sepan de esa época de tanto esplendor de la música cubana, lo que hoy no ocurre, aunque todavía quedan destellos de ella, y que tengo fe que algún día renacerá y no se volverá a llamar, injustamente, ni música caribeña, ni tropical ni la oportunista salsa y que, sin chovinismo alguno, se reconozcan la autenticidad de nuestro ritmos, como sabemos nosotros los cubanos, respetar el MERENGUE, que es DOMINICANO, LA BOMBA y LA PLENA, que son de P.RICO, LA CUMBIA de COLOMBIA, EL JOROPO VENEZOLANO y cualquiera otro ritmo que haya dejado su huella en nuestra música, sin que perdiera su raiz y autenticidad, ni su merecido nombre original. Le vivo agradecido, por su forma de hacer patria y, de todo corazón la felicito una vez más. Mario.

  2. Nestor Proveyer dice:

    Su ultima grabacion fue para el sello Tumi Music,un numero que canto en un disco de Clave y Guaguaco,La noticia de su muerte la dio el fallecido periodista Bladimir Zamora en espacio nocturno que tenia creo qeu Cadena Habana o algo asi,

  3. Margarita dice:

    Gracias Rosa por esta magestruosa crónica ,si se le puede llamar así, son historias olvidadas o quizas nunca contadas que deberian difundirse, para no olvidar a tantos diamantes de artistas que hemos tenido y no estan, y en el mayor de los casos muchos de nuestros jovenes no conocen,por no se promovida,ni difundida esta musica , o ,por no ser estudiada, por razones de comercialización. La historia y musica de Celeste, Mercedita Valdes, Toña la Negra, Moraima Secada , Gina Ambar, Los Bucaneros Blanca Rosa Gil ,entre otros muchisimos artistas, llegará el tiempo en que será una pagina olvidada de la música , sino se incluye como estudio de la música cubana.

  4. Rosa Marquetti Torres Rosa Marquetti Torres dice:

    Gracias nuevamente, Margarita!!

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